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“¿Acaso no soy una mujer? Las mujeres negras y el feminismo” de bell hooks

Invitado 30 octubre, 2018

Autora: bell hooks* 

Cuando era pequeña sabía que quería ser escritora. Desde joven, que los libros me proporcionaban visiones de nuevos mundos, diferentes del que me era más familiar. Los libros, como las nuevas tierras, extrañas y exóticas, me aportaban aventura, nuevas maneras de pensar y de ser. Por encima de todo, me aportaban una perspectiva diferente, que me obligaban casi a salir de mi zona de confort. Me fascinaba que los libros fueran capaces de ofrecer otro punto de vista, que las palabras en una página pudieran transformarme y cambiarme, hacerme cambiar de ideas. Durante los años de la facultad, el movimiento feminista contemporáneo cuestionaba los papeles definidos por el sexismo, en una llamada al fin del patriarcado. En esos días embriagadores, la emancipación femenina era el nombre que se le daba a esa nueva y sorprendente forma de pensar el género. Como yo nunca había sentido que hubiese un lugar para mí en las nociones sexistas tradicionales de lo que una mujer debe ser y hacer, tenía ser partícipe de la emancipación femenina, quería crear un espacio de libertad para mí, para las mujeres que amaba, para todas las mujeres.

Mi intenso empeño en la creciente consciencia feminista me llevó a enfrentarme a la realidad de las diferencias de raza, de clase social y de género. De igual forma que me había rebelado contra las ideas sexistas sobre el espacio que ocupan las mujeres, también me rebelaba contra el lugar y la identidad de las mujeres en el seno de los círculos de emancipación femenina; no conseguía encontrar un lugar para mí en el movimiento. Mi experiencia como joven y negra no era reconocida. Mi voz y las voces de las mujeres como yo no eran escuchadas. Pero lo más importante era que el movimiento hubiera puesto al desnudo cuán poco sabía sobre mí misma, sobre mi lugar en la sociedad.

No podría pertenecer de verdad al movimiento hasta que pudiese hacer oír mi voz. Antes de exigir a los demás que me oyesen, tenía que oírme a mí misma, descubrir mi identidad. Frecuentar seminarios sobre estudios de mujeres me había llamado la atención para las expectativas que tiene la sociedad con respecto a las mujeres. Había aprendido muchos aspectos nuevos de las diferencias de género, del sexismo y del patriarcado y de los modos en que estos sistema daban forma a los papeles y a la identidad femeninas, pero poco había aprendido sobre el papel atribuido a las negras en nuestra cultura. Para comprenderme como negra, necesitaba ir más allá de las aulas, de los muchos tratados y libros que mis camaradas blancas escribían para explicar la emancipación femenina, y conseguir nuevas formas, alternativas y radicales, de pensar el género y el espacio de las mujeres.

Para forjar un espacio para las mujeres negras en este movimiento revolucionario a favor de la justicia de género, tuve que sumergirme en lo que entendía que debería ser nuestro espacio en lo más amplio de la sociedad. A pesar de estar aprendiendo tanto sobre sexismo y sobre cómo moldeaba la identidad femenina el pensamiento sexista, no se me había enseñado que la raza moldeaba la identidad femenina.

En seminarios y grupos de sensibilización, cuando llamaba la atención sobre las diferencias que la raza y el racismo habían creado en nuestras vidas, las compañeras blancas me trataban muchas veces con desdén, deseosas de establecer una relación ausente en ideas mutuas de sororidad. Y allí estaba yo, una joven negra resuelta del Kentucky rural, insistiendo en que eran las grandes diferencias las que moldeaban las experiencias de las negras y de las blancas. Mi esfuerzo por comprender estas diferencias, por explicarlas y comunicar su significado, preparó el terreno de la escritura de ¿Acaso soy una mujer? Las mujeres negras y el feminismo.

Empecé la investigación para este libro y a escribirlo en la facultad. Me deja estupefacta el hecho de que hayan pasado más de cuarenta años desde que lo comencé. La búsqueda de editor me empezó a provocar rechazo. En aquel momento, nadie se podía imaginar que hubiera realmente público para una obra sobre mujeres negras. La regla general, era mucho más probable en aquel entonces que las personas negras condenasen la emancipación femenina, entendiéndola como un cuestión propia de las mujeres blancas. Por esta razón, las negras que abrazaban el movimiento con entusiasmo estaban en muchas ocasiones alienadas y aisladas de otras personas negras. Éramos habitualmente las únicas personas negras dentro de círculos predominantemente blancos. Y cualquier debate en torno a la raza se entendía como un desvío de atención en las políticas de género. Por ello, no sorprende que las negras hayan tenido que crear un corpus autónomo y diferenciado que aglutine nuestra visión de la raza, de la clase social y del género.

Pronto decidí, al aunar la política feminista radical y mi voluntad de escribir, que quería publicar libros que pudiesen ser leídos y comprendidos transversalmente por diferentes clases sociales. En la época, las pensadoras feministas se topaban con el problema del público: ¿a quién queríamos alcanzar con nuestro trabajo? Para llegar a un público más amplio era necesario escribir de una forma clara y concisa, que quien nunca hubiese ido a la universidad pudiera leerlo, incluso quien no hubiera terminado la enseñanza secundaria. Al imaginarme a mi madre como público ideal – la lectora a quien más quería convertir al pensamiento feminista – cultivé una forma de escribir asequible para lectores de diferentes contextos sociales.

El acabar de escribir este libro, y años más tarde el verlo publicado cuando ya me acercaba a los treinta años, fue el culmen de mi propio esfuerzo, sentir que había alcanzado mi máximo potencial, el de ser una mujer libre e independiente. Cuando asistí al primer seminario de estudios sobre las mujeres, impartido por las escritora blanca Tillie Olsen, y la escuché hablar sobre el mundo de las mujeres que se esforzaban por trabajar y ser madres, mujeres tantas veces prisioneras de la dominación masculina, lloré cuando ella lloró. Leí su cuento tan estimulante, Aquí estoy planchando, y empecé a ver en una nueva luz a mi madre y a mujeres como ella, criadas en los años 50. Mi madre se casó pronto, siendo adolescente, fue madre joven, pero incluso sin haberse considerado nunca una luchadora por la emancipación femenina, había vivido el dolor de la dominación sexista, hecho que la condujo a sensibilizar a sus seis hijas en la educación, para que pudiésemos velar por nuestras necesidades materiales y económicas y que nunca dependiésemos de ningún hombre. Claro que tendríamos que encontrar a un hombre y casarnos, pero no antes de haber aprendido a hacernos cargo de nosotras mismas. Mi madre, también prisionera del patriarcado, nos incentivó a romper esas cadenas. Así pues, es lógico que una imagen de Rosa Bell, mi madre, adorne la portada de la nueva edición estadounidense de 2015.

Por encima de cualquier otro de mis libros, la relación con mi madre moldeó e inspiró la redacción de ¿Acaso soy una mujer? Esta es una de mis primeras obras, escrita cuando el movimiento feminista contemporáneo aún era incipiente, tiene muchos defectos e imperfecciones, pero sigue siendo un fuerte catalizador para quienes tengan interés en explorar las raíces de las mujeres negras y el feminismo. Mi madre ya murió pero no hay día que no piense en ella y en todas las mujeres negras que como ella, sin un movimiento político que las apoyase, sin ninguna teoría que les incitara a ser feministas, aportaron fórmulas prácticas para la emancipación, dando a las generaciones venideras el don de la escucha, de la libertad, de la plenitud de mente, cuerpo y ser. (…).

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*Gloria Jean Watkins, conocida por su pseudónimo bell hooks, es escritora estadounidense, feminista y activista social. Su extensa obra cuenta con más de treinta títulos publicados e incide esencialmente en la interseccionalidad de la raza, de la clase social y de género, y en la forma en que esas categorías producen sistemas de dominación, reforzando la estructura capitalista patriarcal. Bell Hooks da clases actualmente en el Berea College y vive en el estado de Kentucky, Estados Unidos.

Traducción del portugués al español: Alejandro de los Santos

Este artículo ha sido publicado originalmente en el portal buala.org: http://www.buala.org/pt/mukanda/nao-serei-eu-mulher-as-mulheres-negras-e-o-feminismo-pre-publicacao

La obra original Ain’t I am a Woman? Black Women and Feminism acaba de ser traducida en Portugal con el nombre de Não serei eu mulher? As mulheres negras e o feminismo.

Por el momento no existe ninguna traducción en español.

 

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