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cultura africana contemporánea

Africa Mia, la fantástica historia del grupo Maravillas de Mali

Maravillas de Mali

Fueron la primera orquesta afrocubana del continente. El propio Ché Guevara les hizo de intérprete cuando conocieron a Fidel. Su tema «Rdv chez Fatoumata» se convirtió en un clásico. El documental «Africa Mia», de Richard Minier, es una epopeya cultural y humana que repasa la fabulosa historia de este grupo.

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Autor Invitado: Olivier Barlet*

Es el primer documental de Richard Minier, pero le llevó más de 15 años hacerlo. Este apasionado productor musical nos lleva a Malí y a Cuba siguiendo los pasos de un mítico grupo de los años 60. «Tengo que explicarlo»: lo hace directamente, en voice over, a veces visible en la pantalla y siempre muy presente, organizando el regreso a Cuba de los viejos malienses, con una obsesión en su cabeza: reunirlos de nuevo en La Habana para hacer una grabación final. Se siente la energía de Buena Vista Social Club: música maravillosa, músicos notables, nostalgia de una música que hizo bailar a generaciones y un fondo de geopolítica. Habían desembarcado en Cuba durante la Guerra Fría en 1964, invitados por el gobierno de Fidel Castro a seguir un curso de formación para profesores de música. Permanecieron allí durante siete años y combinaron sonoridades para convertirse en el primer grupo afrocubano de la historia cuyo nombre rinde homenaje a un grupo cubano, «Las Maravillas de Florida». Su gran éxito «Rendez-vous chez Fatimata» emocionó a toda África en el período de entusiasmo poscolonial.

Africa Mia también recuerda el cálido encuentro humano y musical de Ahi na’ma – Lindigo en Cuba (2017, 52′) donde Laurent Benhamou y Valentin Langlois siguen al grupo Lindigo, uno de los grupos de maloya más populares en la Isla de la Reunión, cuando viajan a Cuba, una expedición que lleva a la grabación de tres temas de su álbum «Komsa Gayar» con los Muñequitos de Matanzas, histórico grupo de rumba de Matanzas, conocida como «la ciudad más africana de Cuba». El grupo recibe una invitación a Isla Reunión y esto lleva al concierto final, donde ambas bandas electrifican el escenario.

Por supuesto, también nos hace pensar en los viajes de ida y vuelta entre los Congos y Cuba que llevaron a la rumba congoleña. Primero, hace cinco siglos, las personas esclavizadas que trajeron con ellas la danza «Nkoumba«, más tarde llamada «rumba cubana», donde una pareja bailaba ombligo contra ombligo. A partir de los años 30, la rumba cubana se impuso en los Congos con los ritmos afro-caribeños y alcanzó su apogeo después de la independencia de 1960 con los grupos African Jazz (con Joseph Kabasele y su Indépendence Cha Cha), Victoria Brazza, TP OK Jazz, Cercul Jazz, Negro band, Bantous de la capitale, etc. Este último formó parte de la delegación congoleña invitada a Cuba en 1974-75, tras las estancias en el Congo del grupo cubano Conjunto Bolero en 1965 y de la Orquesta de Aragón en 1972, y regresó allí para el Festival de la Juventud en 1978.

Es por lo tanto una historia de estancias y de intercambios culturales y musicales que se traducen en músicas maravillosas. Había que encontrar a los sobrevivientes de esta decena de músicos olvidados y ancianos que vinieron de seis regiones de Malí. Empezando por Boncana Maïga, su director, que se exilió en Costa de Marfil bajo la presión del régimen de Modibo Keïta. Allí dirigió la orquesta de la televisión nacional y creó el grupo Africando. A lo largo de la película, las necrológicas siguen una muerte tras otra, pero la fibra permanece, y una vez que se convence a Boncana Maïga, el sueño puede hacerse realidad.

Richard Minier es productor y tiene el temperamento de un organizador: el proyecto se ha convertido en transmedia. Una nueva formación está de gira por el mundo a partir de 2018, con escala en La Habana, y el álbum se lanza al mismo tiempo que la película producida por Universal. Además, se celebra una exposición fotográfica, «Swinging Bamako», sobre los años sesenta en Malí, con grabados de Malick Sidibé, desarrollada conjuntamente con el historiador Pascal Blanchard, que también participó en la escritura y la aventura de la película, (1) comenzó su carrera en 2016 en los Rencontres d’Arles.

Roldán González, el cantante del grupo de rap cubano «Orishas», interpretó una nueva versión de «Africa Mia» de los Maravillas para la película. Fue Edouard Salier quien le presentó a Richard Minier y le aportó sus conocimientos como director y el equipo necesario para mezclar las imágenes de época, que Minier rodó solo al principio con una pequeña cámara y que la llegada de los socios financieros del proyecto ha permitido rodar más recientemente: ¡un total de 180 horas de rodaje! La espontaneidad de la experiencia y los encuentros ilumina los intercambios musicales, mientras que la película juega con el suspense de un proyecto que sólo llega a realizarse al cabo de muchas aventuras. «Eso es lo que hace que sea una película sobre el paso del tiempo», dice Richard Minier.

Es verdad que nos encontramos aquí co el síndrome de Buena Vista Social Club y Benda Billili: un occidental se compromete a reunir al grupo y traerlo de vuelta al escenario. Pone la energía necesaria y los medios en ello; suena a cuento de hadas. Nos gustaría tener más detalles sobre el proyecto de los músicos involucrados, las contradicciones encontradas en Cuba y las experiencias de los que se quedaron en Malí durante la dictadura.

En efecto, enviados a La Habana para convertirse en el símbolo de la amistad entre las dos revoluciones socialistas, los Maravillas no eran otra cosa que juguetes políticos de la Cuba de Fidel Castro y del Malí de Modibo Keïta. Este es derrocado en 1968, reemplazado por el dictador pro-occidental Moussa Traoré. El grupo es llamado a volver al país en 1973, pero está demasiado vinculado en la memoria popular del antiguo líder y no conocerá el destino de los grupos de rumba congoleños. Para los Maravillas fue el comienzo de un período purgatorio y de dispersión, y por lo tanto, de la imposibilidad de actuar en África.  Africa mia es así una evocación sensible de los primeros días de inestabilidad política en un país que acaba de experimentar otro golpe de Estado. Sin duda es en esta doble resonancia, histórica y musical, entre dos continentes, pero también en el compromiso que representa para dar cuenta de ello, que esta película encuentra su impresionante poder.

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*Artículo publicado en Africultures y reproducido con permiso del autor. Para leer el original en francés, clic aquí.

*Traducción: Ángela Rodríguez Perea.

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