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La Gentrificación de los estudios africanos

Invitado 23 enero, 2019

Autor invitado: Haythem Guesmi*

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El fenómeno de la gentrificación de los Estudios Africanos ha modificado el perfil social de su comunidad y ha generado una nueva serie de problemas. Denegación de visados, «hipsterización» de la academia, acceso restringido a la investigación crítica… Todo esto amenaza con excluir a los académicos basados en África, socavando su crucial contribución al área e, incluso, convirtiendo los Estudios Africanos en otro campo inútil y banal más.

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Se ha vuelto ya costumbre que las principales conferencias sobre la investigación y los hallazgos recientes en el campo de las culturas y sociedades africanas tengan lugar en países occidentales, como los Estados Unidos, Inglaterra o Alemania. El área académica de los Estudios Africanos es la única donde las conferencias más importantes, el encuentro anual de la African Studies Association (Asociación de Estudios Africanos, ASA) y la conferencia, también anual, de la African Literature Association (Asociación para la Literatura Africana, ALA), se celebran sistemáticamente en lugares de Norteamérica, con unas pocas excepciones. Esta realidad ha generado numerosas dificultades a los académicos y estudiantes basados en África, que se ven forzados a pagar cantidades exorbitantes y no reembolsables por los gastos de visado, en moneda extranjera de la que no siempre disponen y obligándolos a luchar para poder costearse seguros internacionales de viaje. Como consecuencia, a los africanistas que viven en el continente se los acaba desplazando y excluyendo, debilitando el verdadero objetivo e identidad de los estudios africanos. Un proceso patológico identificado comúnmente como gentrificación.  

¿Pero cómo, exactamente, se puede gentrificar un campo académico? El término «gentrificación» fue acuñado por el sociólogo marxista Ruth Glass en 1964 para examinar el desplazamiento forzado de los habitantes de clase trabajadora por residentes de clase media -los «gentry» o alta burguesía, en español- en algunas partes del Londres central, con los consecuentes cambios en la estructura social y el mercado inmobiliario. Las definiciones más actuales han ampliado la denotación del término, incluyendo las políticas urbanas neoliberales que favorecen el desplazamiento, la exclusión y la explotación de los marginalizados.

Describir el carácter económico, demográfico, comercial, cultural y físico de la gentrificación como «neoliberal» supone hacer entrar en nuestra discusión el triste destino de los estudios africanos. Sin querer limitarlo a una analogía provocativa, la gentrificación en cuanto que fenómeno complejo demuestra hasta qué punto el alejamiento y, a veces, la exclusión de los africanistas basados en el continente reflejan un proceso desastroso, similar a lo que ha venido sucediendo en espacios urbanos como Brooklyn, Londres y Ciudad del Cabo. Una cuestión central es el molesto e incómodo debate sobre lo que Glass llama «el carácter social» de una comunidad: los derechos ontológicos, éticos y políticos de aquellos que residen en el continente. La vocación de reunir a «todos los individuos e instituciones con un interés académico en África» no debería promoverse a expensas de la exclusión de los investigadores basados en África.

Fotografía: Nathan Dumlao
Fotografía: Nathan Dumlao

La gentrificación de los estudios africanos ha alterado el carácter social de su comunidad y ha generado una nueva serie de problemas, como los relacionados con la obtención del visado, la «hipsterización» de la academia y un acceso restringido a la investigación crítica, lo que amenaza con excluir a los investigadores que operan en el continente, socavar su crucial contribución en estas materias e incluso convertir los estudios africanos en otro campo impotente y banal más.

El desplazamiento y el problema del visado

Los investigadores que viven en África se enfrentan a dificultades insalvables para poder asistir a conferencias que son relevantes en sus respectivos campos y que, muy a menudo, se celebran en capitales occidentales como Nueva York, Londres o Berlín. Los desafíos que deben afrontar son, entre otros, sufragar viajes de avión y gastos de registro, el horrible proceso de solicitud de visado y el aumento de políticas hostiles a la inmigración, cuya consecuencia es la denegación de visado, cada vez más frecuente, con la que se topan los investigadores.

El tema de la denegación de visados se ha vuelto una norma política de exclusión y de discriminación para los académicos basado en África. Después del rechazo a la obtención de visado en Gran Bretaña y Estados Unidos, la Canadian Association of African Studies (Asociación Canadiense de Estudios Africanos, CAAS) ha denunciado que “cada año vemos cómo se les deniega a los investigadores africanos el visado para viajar a Canadá. A diez individuos provenientes de Sudáfrica (1), Etiopía (4), Camerún (2), Nigeria (2) y Togo (1) se les denegó el visado” para asistir a la conferencia anual del pasado 2018. Sakine Ramat Grena, una académica chadiana, gastó 600 dólares canadienses en una solicitud de visado en 2016, encontrándose más tarde con que se le había sido denegado con base en fondos insuficientes. A pesar del tímido apoyo que ha recibido la llamada para reubicar las conferencias internacionales de estudios africanos, es poco probable que estas demandas se materialicen. Tal y como sucede cuando se lanzan nuevas conferencias como ASAUK, la tendencia es organizar más y más convenciones en las principales capitales de Occidente.  

El arrinconamiento de los académicos que viven en el continente como consecuencia directa de la denegación de visado solo puede seguir aislándolos y excluyéndolos. Asistir a estas conferencias internacionales no consiste solo en presentarse y descubrir el trabajo de otros sino también, y más importante, tiene un valor crucial en las oportunidades de sociabilización y de creación de redes personales, tanto formales como informales. Negarles esto significa excluir a los investigadores de la significativa oportunidad que supone ser escuchados y que se de valor a sus trabajos.

Corpus Negro, trabajos blancos

El atractivo de los estudios africanos como campo académico y científico de investigación y pesquisa ha atraído, como era de esperar, a generaciones de nuevos estudiantes de fuera del continente interesados en aprender acerca de los aspectos sociales, políticos y económicos del continente. Esto ha acabado acomodando el contenido y la forma de la investigación académica africanista a los gustos y apetencias de un grupo de investigadores a los que llamo «hipsters académicos«. Debido al carácter abierto y penetrable de los estudios africanos, los nuevos académicos ocupan un lugar complejo ya que, por una parte, contribuyen a su desarrollo en direcciones novedosas e interesantes pero, por otra, modelan la trayectoria de los estudios debido al importante apoyo institucional y los grandes fondos de que disponen. Un ejemplo muy obvio de estos gustos hipsters es la división neocolonial de África en extrañas categorías como África Subsahariana, Magreb, África negra, etc. Además, la cantidad incomparable de publicaciones que producen determina el corpus que será analizado y la metodología. Esto obliga a los investigadores africanos a entrar en una lucha para poder publicar sus trabajos y para concentrarse en la excelencia investigadora y en su propias posibilidades de empleo. La idea de reciprocidad en términos de intercambio y colaboración académica parece más bien un sueño lejano.

En este proceso de gentrificación de los estudios africanos, llama la atención la tendencia hacia una hegemonía intelectual, que margina la presencia académica y el aporte de los africanos. Usando las palabras de Fanon respecto a cómo se enmarca al sujeto negro cual «producto de una situación cultural«, se me antoja sugerir que los estudios africanos se han transformado en «una constelación de postulados, una serie de proposiciones que, poco a poco y de manera sutil, con la ayuda de libros, revistas, escuelas y sus textos, publicidad, cine y radio, se abren camino hasta el interior de nuestra mente» o del campo de conocimiento. Los estudios africanos son hoy una máquina pensante cuyos postulados y proposiciones son definidos en gran medida desde fuera del propio continente.

Fotografía: Daniil Kuzelev.
Fotografía: Daniil Kuzelev.

La consecuencia de una situación tan terrible es un tema conocido en los estudios africanos. En primer lugar, el análisis del corpus y de los datos africanos se hace casi siempre a través del uso exclusivo de la teoría occidental, esto es, blanco. Siempre que se lee un artículo académico sobre figuras famosas de la literatura africana como Chimamanda Ngozi Adichie o Alain Mabanckou, se cita poco a importantes voces de África del mundo de la crítica literaria o de las ciencias sociales, con la excepción de los nombres recurrentes de Achille MbembeKwame Anthony Appiah o Mahmood Mamdani. Mi preocupación principal no tiene que ver con la elección de ciertos autores, dictadas por argumentos e hipótesis de investigación, sino comprender que existe una curiosa falta de diversidad y una ausencia flagrante de consideración hacia el aporte de notables críticos basados en el continente. En segundo lugar, estos académicos residentes en el continente, así como los africanos que trabajan en universidades occidentales, se ven a menudo excluidos del mundo intelectual público. Tanto en las noticias como en eventos públicos, existe una vergonzosa preferencia por invitar a africanistas blancos para que comenten todos y cada uno de los temas, desde la cultura oral de las mujeres hasta la violencia electoral, y todo lo que entra entre los dos extremos. Estos promueven argumentos blandos, si no erróneos, con la confianza y el poder de quien controla el saber desde hace siglos.

Lo que nos lleva a otra importante preocupación respecto a la canonización y la renovación: si se citan una y otra vez las mismas fuentes científicas y la mayoría de los trabajos pertenecen a africanistas blancos de universidades y centros de investigación occidentales, podemos cuestionarnos cuál será el porvenir de los trabajos y aportaciones de investigadores del continente. En el contexto de una neoliberalización agresiva de la universidad, la mercantilización del trabajo escolar, transformándolo en un valor del mercado neoliberal, conllevará que las contribuciones de los investigadores del continente sean ampliamente excluidas de las principales publicaciones. A su vez, estos académicos son víctimas del sistema predatorio de la publicación de revistas , debido a la presión constante de «publicar o morir».

La descolonización le costará 129.99 $ al año

La descolonización se ha vuelto un concepto liberal, un término a la vez radical y chic, que ha perdido sus inventivas y revolucionarias formas de acción y pensamiento. Gritar «descolonicemos esto» o «descolonicemos aquello» en espacios neoliberales no hará que la causa de África avance, sino que contribuye a una nueva gramática de cosificación de las políticas identitarias. La gentrificación de los estudios africanos ha alterado, de forma insidiosa, el potencial y los objetivos revolucionarios de la descolonización del saber.

La monetarización de los discursos decoloniales perjudica y discrimina a los académicos y a las fuerzas basados en África, forzándolos a adaptarse a la precariedad de la academia y al riesgo de depender de fuentes de libre acceso. Es necesario hacer frente a la terrible realidad de los investigadores basados en África, que tienen que enfrentarse constantemente con el acceso por pago, demasiado caro a veces, y los costes de las publicaciones especializadas. Mientras que los africanistas en las universidades occidentales tienen la ventaja de acceder con la subscripción de sus instituciones, los costes cada vez mayores de las revistas científicas son insostenibles, incluso en el caso de universidades canadienses, no digamos ya las instituciones académicas africanas.

Fotografía: Matt Hoffman
Fotografía: Matt Hoffman

Para empeorarlo aún más, existe esa recurrente reacción de culpar a los investigadores africanos y a sus gobiernos. A Sioux McKenna le parece adecuado decir que «África contribuye en muy poca medida a la creación internacioanl de conocimiento… porque los medios más comunes de divulgar este tipo de conocimiento es a través de la publicación académica y los países de África no se han centrado en desarrollar esta capacidad«. Por supuesto, McKenna basa su opinión en el ejemplo de Sudáfrica, haciendo sombra a las dificultades inherentes, demasiado importantes, con las que se encuentran otras universidades en otros países africanos como resultado de los problemas económicos y culturales causados por las fuerzas neocoloniales y neoliberales.

Negar el acceso a los académicos basados en África provoca una crisis de representación y de diversidad en los estudios africanos. De forma similar a la gentrificación urbana, el desplazamiento y la exclusión de estos investigadores tiene consecuencias reales, pues lleva a un deterioro y empobrecimiento significativos de la calidad y valor de los aportes en el campo de lo social y lo político. Este fenómeno de violencia epistemológica niega la posibilidad de una comprensión matizada y más profunda de las problemáticas africanas.

Los estudios africanos siempre fueron para los africanos y acerca de los africanos. Al escribir este artículo, quiero apelar a nuestra responsabilidad en cuanto académicos, escritores y activistas en pos de la reapropiación y la reinstitucionalización de un importante campo académico y cultural del activismo y la emancipación de África. La gentrificación de los estudios africanos es una amenaza para las contribuciones sociales y políticas de este ámbito y requiere, por lo tanto, de una intervención urgente y atenta.

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*Haythem Guesmi es doctor en Estudios Anglófonos por la Universidad de Montreal.

Este artículo fue publicado en Africa is not a country y ha sido traducido y reproducido por Afribuku con permiso de los editores. Para leer el original inglés, clic aquí.

Traducción : Ángela Rodríguez Perea.

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4 Comments

  1. Daniel 24 enero, 2019 at 11:36

    Interesante artículo donde coincido en gran parte de lo expuesto.
    Ahora bien, creo que la expansión de los estudios africanos refleja el interés que África está generando fuera del continente y en términos generales es positivo. Entiendo las reticencias, siendo lo ideal que se realice desde África y para África. Pero una de las finalidades es en sí colocar África en el contexto mundial que se merece y como bien dice Ngugi wa Thiong’o descomponer la hegemonía cultural y desplazar los centros de poder. Para ello sería idóneo y necesario que las conferencias y convenciones se realizaran en África. Aún así no creo que se deba menospreciar a aquellas personas quienes desde occidente han decidido estudiar y centrar sus esfuerzos intelectuales en África. La gentrificación no deja de ser una consecuencia de esa relevancia cultural que África está teniendo a nivel global. Por supuesto la relación sigue siendo desigual en términos académicos como en tantos otros. Pero más allá de esto, es deber de todos nosotros, seamos blancos, hipsters o autóctonos, separar el grano de la paja así como no perder el eje que vertebra todo esto que no es otro que África en sí. Ahí es donde debería articularse y generarse el grosso del pensamiento e investigación de los estudios africanos. Los esfuerzos deberían ir en esa dirección.

  2. Daniel 24 enero, 2019 at 11:41

    nteresante artículo donde coincido en gran parte de lo expuesto.
    Ahora bien, creo que la expansión de los estudios africanos refleja el interés que África está generando fuera del continente y en términos generales es positivo. Entiendo las reticencias, siendo lo ideal que se realice desde África y para África. Pero una de las finalidades es en sí colocar África en el contexto mundial que se merece y como bien dice Ngugi wa Thiong’o descomponer la hegemonía cultural y desplazar los centros de poder. Para ello sería idóneo y necesario que las conferencias y convenciones se realizaran en África. Aún así no creo que se deba menospreciar a aquellas personas quienes desde occidente han decidido estudiar y centrar sus esfuerzos intelectuales en África. La gentrificación no deja de ser una consecuencia de esa relevancia cultural que África está teniendo a nivel global. Por supuesto la relación sigue siendo desigual en términos académicos como en tantos otros. Pero más allá de esto, es deber de todos nosotros, seamos blancos, hipsters o autóctonos, separar el grano de la paja así como no perder el eje que vertebra todo esto que no es otro que África en sí. Ahí es donde debería articularse y generarse el grosso del pensamiento e investigación de los estudios africanos. Los esfuerzos deberían ir en esa dirección.

  3. benjamin de asis 29 enero, 2019 at 21:20

    ya, pero el problema es que los estudios africanos desde las exmetropolis solo brindan la vision blancocentrista y paternalista de la tematica africana

  4. Teodoro Bondyale Oko 30 enero, 2019 at 18:00

    Interesante reflexión sobre la temática africana. La falta e recursos es un elemento que frena el desarrollo y la participación de nuevos talentos africanos en el mundo. Hay que tener en cuenta, que repetir los postulados y mantras aceptados desde la colonización, no es lo más digno de un intelectual. Las nuevas perspectivas exigen una clara voluntad de avance hacia nuevas conclusiones, aunque desplacen los lugares cómodos en los que se repiten los discursos. La no participación de talentos procedentes de áfrica, es una pérdida para todas y todos.

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