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Amal Sewtohul: “En Mauricio no tenemos el sentido de la memoria histórica”

Javier Mantecón 8 diciembre, 2016

Es fácil olvidarse del Océano Índico africano. A parte de resorts de ensueño y playas de arena fina, ¿qué imagen tenemos de esta región del mundo? Comoras, Reunión, Seychelles, Madagascar, Mayotte y Mauricio. Lugares olvidados que han vivido y viven procesos migratorios continuos que han propiciado una mezcla cultural específica de esta región. La cultura índico-africana cuenta con expertos y facultades propias en estos países que estudian y desgranan la idiosincrasia de la zona, formada por un mosaico de poblaciones llegadas de África continental, Arabia, India, Malasia y Europa entre otros. Existe también una literatura índico-africana que se define y reconoce como tal, que parte de este marco de mezcolanza demográfica para contar y desarrollar su relato. Hoy afribuku charla con Amal Sewtohul, una de las grandes figuras de la literatura de Mauricio. Su excelente obra “Made in Mauritus” fue galardonada con el premio Cinco Continentes de la Francofonía. En ella, Sewtohul nos muestra un Mauricio poliétnico en el que la infancia de un niño está expuesta a tantos inputs culturales como podamos imaginar.

Ganó usted el prestigioso premio “Cinco Contientes” otorgado por la Francofonía. ¿Piensa que este tipo de premios ayuda a la difusión de la literatura africana y, en particular, de Isla Mauricio, fuera de la comunidad francófona?

Sí, claro que ayuda, para empezar porque es un premio muy democrático en su funcionamiento. Se trata de una convocatoria para todos los países francófonos en la que se premian a los autores que más han gustado. Además, hay cuatro comités de selección y otros cuatro comités de lectura, uno en Francia, otro en Bélgica, otro en Suiza y otro en Senegal, que se leen todas las novelas. En 2013 se presentaron 109 novelas del mundo entero. Los cuatro comités se las leen, seleccionan a diez autores y lo envían al comité internacional. Es muy abierto en su concepción y no siempre ganan las grandes editoriales, en algunas ocasiones el premio se lo han llevado empresas más modestas. Es un galardón que prima la diversidad en su concepción.

¿Usted escribe normalmente en inglés?

El manuscrito de mi primera novela lo escribí en inglés y luego lo reescribí en francés. Personalmente, tengo mucha influencia inglesa, mi padre era profesor de inglés.

La Organización Internacional de la Francofonía es a veces algo polémica porque no sale del circuito francófono.

En mis influencias literarias ha habido mucha influencia anglosajona pero también francófona. Anglo-india también, porque mi padre leía mucho a los escritores indios de expresión inglesa. Pero yo reescribí el libro en francés, saltamos mucho de una cultura a otra.

Su novela muestra la idea de la multiculturalidad natural en su isla, ¿trata usted de ser realista sobre Isla Mauricio como un lugar de encuentro o lo que transmite tiene más que ver con un futuro de esperanza, diferente?

Digamos que trato de traducir el tono de encuentro que hay en Mauricio. Hay que decir que cuando lo escribí no estaba tan fascinado con esa idea de la multiculturalidad de la isla. Eso sorprende a la gente. Me interesa mucho más hablar de las diferencias dentro de las clases sociales. Como es una isla muy pequeña, puedes encontrarte con gente de diversas clases que después van juntos al colegio, incluso dentro de la misma familia, hay ricos y pobres entre primos. Y eso me parece especialmente interesante porque, si comparamos con grandes países como por ejemplo China, donde he vivido, si eres de la clase media vives en un apartamento y a tu alrededor hay miles de personas que son del mismo nivel social que tú. No te mezclas con la gente más pobre. Vas a la escuela y son todos de la misma clase. Es tan grande que al final te pasas la vida en una misma situación, no conoces a gente más rica o más pobre. Mientras que en Mauricio esa especificidad me fascina, el hecho de que haya gente de mundos diversos. En el fondo es la clase social lo que determina la manera de pensar, más que la cultura. Si eres indio o criollo no hay tanto problema de entendimiento que entre alguien de la burguesía y un obrero, por ejemplo. Lo que interesa mucho de mi novela es que uno de los personajes es indio y el otro chino, y la gente se hace más preguntas en este sentido porque es más visible.

Cuando damos inicio a un sistema basado en la raza hay que saber cómo podemos desprendernos de ello posteriormente

Al fin y al cabo es más interesante hablar de diferencia de clases que de culturas…

Por supuesto, y es algo que viví en la escuela. Iba a un buen colegio público y había gente de diferentes clases. Cuando llegábamos al último año de instituto les preguntaba a quienes venían de familias más pobres qué iban a hacer después y te comentaban que querían hacerse policías. Mientras que los que venían de familias cuyos padres habían estudiado te respondían que iban a hacer Derecho o estudios de letras, lo tenían todo planificado, sabían a qué se querían dedicar. Los otros se dedicaban a ser policías o enfermeros en un hospital, pues sus padres no comprendían tan bien la sociedad en la que viven.

¿En el fondo ve la multiculturalidad de Mauricio como ejemplar?

Hay muy pocos países en el mundo que no sean multiétnicos, tal vez Corea del Norte, y más aún en las grandes ciudades. El hecho diferencial de Mauricio tal vez sea que el concepto multiétnico está muy integrado incluso a la política, en cuya base es fundamental la negociación étnica para compartir el poder, lo que también puede ser algo peligroso. Si ponemos el ejemplo del Líbano comprobaremos que no ha funcionado muy bien y que les llevó a una guerra civil. El problema que tenemos en Mauricio es que la cuestión étnica está incluso inscrita en la Constitución, en el reparto de votos. No siempre me parece buena idea que el poder se distribuya según criterios de etnicidad. Yo soy más partidario de un “sistema laico” en el que se elija a la gente por quienes son, simplemente. Hay países donde es un tema aún más complicado, si observamos Sudáfrica por ejemplo. Evidentemente se han llevado a cabo reformas positivas. Pero el principal problema de ese sistema es cómo hacemos para ir más allá, cuando damos inicio a un sistema basado en la raza hay que saber cómo podemos desprendernos de ello posteriormente.

También la religión es un problema, pues el mundo cada vez está más polarizado. Y luego se convierte en algo difícil de franquear, lograr que avancen más las ideas que las creencias. Ya en el siglo XVIII hubo revoluciones para que saliésemos del mundo de las creencias en favor de las ideas. Y ahora que las religiones están en auge, no sabemos cuál será el espacio para las ideas. Las creencias se escudan siempre en el respeto, pero a fuerza de respetar, ¿dónde queda la discusión o el debate? En Mauricio no llegamos nunca a discutir de nada pues la gente se atiene a la religión y a que las cosas son así porque sí. No hay ni principio ni fin del debate.

Aunque en sus libros los personajes tienen una relación muy natural.

Sí, en efecto, no quería insistir en esa división, son niños y realmente me interesaba abordar los personajes como seres libres. En esa amistad trato de minimizar las diferencias y todas las especificidades.

Eso es justamente lo que me preguntaba, si esa situación la ve como una posibilidad.

Sí, aunque el hecho de que sea posible no significa que suceda. El bien no siempre triunfa. No hay un camino inevitable hacia el progreso. En otros tiempos se creía fielmente en eso del progreso y las luces pero se ha visto que eso no tiene por qué ser así.

En relación a sus libros anteriores, vemos que en la narración se repite el antihéroe. ¿Por qué le atraen los personajes de estas características?

Me interesan sobre todo porque son personas con defectos. Tampoco yo tengo mucho de heroico que digamos. Tal vez quienes crean héroes se basan en proyecciones de su persona, pero no es en absoluto mi caso. La gente que suelo conocer mejor tiene más que ver con un perfil no muy heroico. Me influyeron mucho las novelas del escritor indio R. K. Narayan, en las que siempre había un personaje un poco tímido que es conducido a todo tipo de aventuras inverosímiles por alguien con más determinación y que acaba siguiéndole a veces en contra de su voluntad. Era una técnica que desarrolló para meter al lector en la historia.

Made in Mauritius me ha parecido una especie de libro de viajes en un período concreto. ¿Qué es lo que le ha llevado a centrarse en una época determinada?

Me di cuenta de que la gente en Mauricio no sabía nada de aquel momento histórico, sobre todo los que nacieron en 1980. No conocieron los años 60 ó 70, incluso los 80, y me parecía una verdadera pena porque hubo acontecimientos interesantes. En Mauricio no tenemos el sentido de la memoria histórica, no es como en otros países donde hay una cultura de la historia o de los archivos, las cosas desaparecen muy rápido: los documentos, las huellas audiovisuales. Por ello había que revivir aquellos momentos, a pesar de que es una novela histórica imaginaria, pues se desarrollan hechos bastante improbables, pero al mismo tiempo es una forma de revivir aquel período. No creo que fuera capaz de escribir una novela histórica desde el punto de vista más riguroso, no forma parte de mi temperamento.

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¿La historia que cuenta es en cierta medida autobiográfica?

No, yo nací en los años 70, Laval (protagonista) nace en los 60, pero a través de los relatos de la gente pude reconstruir el contexto.

Dado el desconocimiento general que hay sobre Isla Mauricio, permítame que le pregunte sobre la escena cultural nacional. ¿En qué estado se encuentra?

Tampoco conozco la escena cultural de Mauricio en su totalidad pero en el plano musical es bastante activa. En el ámbito literario, diría que está mejor que antes, pues está más organizado, los más veteranos alientan a los más jóvenes, hay como una especie de grupo que se conoce y se frecuenta. No es que haya un problema de producción, eso lo hay en todos los países, pero pueden faltar infraestructuras, la gente a veces pinta cuadros pero luego no hay galerías donde exponerlos, por ejemplo. Y ese realmente el problema que tiene Mauricio, la conservación, la protección y la promoción. Habría que intentar que la Galería Nacional de Arte o los archivos históricos audiovisuales estén mejor conservados.

La cultura es una industria con diferentes fases y hay que pasar por cada una de ellas. Si no puedes escribir ahora una novela, en treinta años nadie podrá encontrarla. Y lo mismo ocurre con la música o el cine. Es un problema común que tienen los países en vías de desarrollo. Hay muchos artistas pero, si tratas de buscar archivos audiovisuales o imágenes de hace 10 años, es imposible encontrar casi nada. En la mayoría de los países del sur se vive en un presente continuo. Mientras que en los países del norte hay una noción de la historia, cada generación conserva lo que considera más importante, y eso fortalece a las culturas.

¿Y a nivel popular hay interés por la cultura?

La literatura da un poco de miedo, pues es percibida como algo muy elitista o abstracto, aunque hay bastante gente que lee. En general la música interesa más. Lo que realmente sí falta en Mauricio es el teatro, que no va muy bien, y que es a la vez una manifestación popular y literaria. Podría habernos aportado una cultura popular más fuerte. Y no es fácil que surja de la nada, porque implica bastantes técnicas como la dramática, la literaria, la puesta en escena, la iluminación, el espacio físico… Pasa lo mismo con el cine, que está bastante olvidado.

¿Sus libros son publicados en Mauricio?

Sí, se pueden encontrar y se pueden leer allí.

Aprovechando su conocimiento de la comunidad china, que no es algo tan habitual en África, ¿cuál es su opinión sobre las acciones de China en el continente?

Bueno, como soy diplomático no puedo hacer demasiados comentarios al respecto, pero puedo decir que África en general está aprendiendo a defenderse. En nuestra época, la gente se da cuenta de los defectos que existen, por ejemplo, a la hora de firmar un contrato con una multinacional minera si no se aportan suficientes beneficios a nivel local. Lo que creo que sí haría falta sería incentivar más la colaboración entre los países africanos para aprender los mejores métodos de defensa. Por ejemplo, en Zambia están revisando todos los contratos del sector minero no solo con China sino con multinacionales de todo el mundo. Esa es la forma de actuar que África tiene que poner en práctica para defenderse de las multinacionales y no estar siempre a la merced de los gobiernos de las grandes potencias que vienen para sacar el máximo beneficio, ya sea en el campo de la pesca, de los minerales… Si hay más cohesión y si todo el mundo comparte el mismo discurso y los mismos estándares y se reduce la rivalidad entre unos y otros, estaremos en condiciones de que la Unión Africana contribuya a que se negocie mucho mejor, no solo de cara a China sino también a Occidente, Japón o América Latina. Tal vez esta sea la próxima fase en la que tendría que trabajar la Unión Africana, en una economía de cohesión.

En relación a su carrera literaria, digamos que hay ciertos puntos en común en los personajes de sus novelas. ¿Quiere seguir trabajando en esa misma línea?

En estos momentos estoy trabajando en un proyecto de cómic manga. Bueno, no sé exactamente si será manga o una novela gráfica. Llega un momento en que siempre apetece hacer cosas novedosas.

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