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Ana Paula Tavares: “No puedo escurrirme en la emoción fácil que la saudade y la distancia provocan”

Invitado 26 junio, 2019

Autora: Marta Lança

Ana Paula Tavares es la voz femenina más relevante de la literatura de Angola. Radicada en Portugal desde hace casi tres décadas, en esta entrevista de Marta Lança, fundadora del portal portugués Buala, revisa los inicios literarios de la escritora que coincidieron con los últimos días del colonialismo portugués, los primeros compases de la Independencia, el apoyo de Cuba, la guerra civil o la actualidad. Una personalidad que a pesar de encontrarse lejos de su país de origen no se deja arrastrar por la saudade.

¿Por qué se mudó a Portugal?

De las generaciones que estuvieron en Angola, yo fui la última de mi familia que se quedó por allí. El rencuentro con mi familia se dio en 1992. Me vine porque quería que mis hijos tuviesen más oportunidades para estudiar. Fue criada por unos padrinos, con quienes vine varias veces a Portugal, pero nunca había vivido aquí y por eso me costó. 

Empezó el trabajo muy joven y en varios puntos del país. 

Empecé a dar clases antes de la independencia. Después de la independencia continué con la docencia y todo lo demás a lo que había que dedicarse en la época, desde la alfabetización, la formación política, un poco de todo. Pensaba que estar fuera de Luanda me daría una mejor perspectiva del país, siempre fue postergando la idea de Luanda. Nací en Lubango, donde viví hasta los 20 años. Cuando me junté con mi marido, nos fuimos a vivir a Huambo, después a Kwansa Sul, Benguela y sólo después Luanda.

¿Le motivaba esa emergencia de que hubiera muchas cosas por hacer?

Enseguida en 1976 fue creado el Consejo Nacional de Cultura que sería el embrión del futuro Ministerio de Cultura (primero Secretaría), y estaba organizado con una estructura central y varias provinciales, llamadas delegaciones provinciales de la cultura, por ello fue promocionada a Kwansa Sul. Mi formación en Historia me dio la oportunidad de mirar hacia una provincia que no era la mía, donde las lenguas locales no tenían ningún parentesco con la región de donde procedía – de una sociedad de pastores del sur de Angola (los nhanheca) pasaba a una sociedad de pescadores, agricultores, gente ligada al cultivo del algodón y del café. Todo me trasladaba a otra realidad. Entonces cuando me asignaron el puesto, aprovechar para desplazarme por toda la provincia para conocer y escuchar esos idiomas y la tradición oral, encontrar los famosísimos monumentos de piedra de la Kibala, los túmulos de piedra seca, las pinturas rupestres. 

Hacer una investigación, era necesario documentar el país…

En el fondo había un problema de identidad. Habíamos salido de la situación colonial y habíamos acabado en otra situación de afirmación de las naciones. Era necesario reconocernos, saber quiénes éramos: en qué comunidad me integro ahora, qué se habla, e históricamente, cómo se relacionaron, como fue el tráficos de esclavos, qué memoria tienen de todo.

¿Guarda esa investigación como un momento de gran entusiasmo?

Un gran momento de alegría que por encima de todo coincidió con el hecho de estar embarazada. El país estaba naciendo y la gente estaba haciendo nacer sus vidas. Pero muy atribulado. En la independencia yo había huido dos veces, primero de Huambo cuando fue ocupado por la UNITA, en 1975, y hubo una persecución a los líderes que no eran simpatizantes de la UNITA (Evidentemente, hoy esas cosas parecen prehistóricas). Fue de las últimas personas en huir. Nos refugiamos, con miedo, en un cuartel del ejército portugués, que no quiso abrirnos las puertas y allí nos quedamos, éramos centenas de personas. Dijeron que al día siguiente saldría una columna en dirección a Luanda y que se queríamos podríamos arriesgarnos con ellos. Ahí me fue, en una fantástica fuga en un día algunos de nosotros acabarán contando. Mi marido había sido rector en el tiempo colonial en Sumbe y había sido expulsado a Lubango por una obra de teatro que incomodó a las autoridades coloniales. Entonces, cuando llegamos a Luanda, escuchamos que decían: “Kwansa Sul zona liberada” y nos fuimos para allá, donde podíamos ser útiles y trabajar. Sin embargo, pasados tres meses llegó la invasión sudafricana. Llegué a tener en mi casa a 20 personas refugiadas, amigos que venían de Lubango, de Benguela y huimos juntos. Y aún nos tocaría vivir la Independencia en Kwansa Sul, muchos de nosotros debajo de las mesas porque ya estábamos siendo bombardeados. Huimos a Lianda para reorganizarnos y después nos fuimos a Gabela. Empecé a sentirme mal y descubrí que estaba embarazada, me puse contentísima. No pensé en médicos ni asistencia. La única cosa que pensé, yo que no había vivido nunca con mi madre, es que ella em hacía falta. 

Ana Paula Tavares, fotografía de Marta Lança

¿Y qué hicieron en Gabela?

Hasta Sumbe todo estaba ocupado por el ejército sudafricano, Gabela era el frente donde se podía reorganizar la vida. Nos quedamos hasta marzo de 1976 y después regresamos a Simbe para rehacer nuestras vidas. 

¿Y cómo se hacía la investigación por el país, puesto que aún no había ciertamente muchos registros… Estudiaba las lenguas nacionales? 

Eso no se hizo inmediatamente, pero sí mucha recolección de la tradición oral, lo único es que teníamos pocos medios. El entonces Secretario de Estado, el poeta António Jacinto, envió unas cuatros casetes enormes para que yo filmase y enviase de vuelta, y las mandé pero probablemente se perdieron. No tenía cámara de fotos ni grabadora, apenas registraba y enviaba. Quizá haya estado en lugares donde nadie más fue, pues nadie preveía que quedaba poco para que la guerra comenzase otra vez. 

Pero en el marco de un trabajo institucional realizaba un trabajo militancia. 

En la base era de militancia y de gran inocencia.

Esos registros también le servían a título personal, con alguna repercusión en su obra ciertamente. 

Más como un campo experimental porque actualmente las sociedades que estudio no tienen nada que ver con aquellas, ni con aquella experiencia de vida, pero como disciplina, campo experimental, como norma y voluntad, evidentemente sí. 

En el área cultural, ¿quién eran las personas que estaban produciendo? Haciendo un paralelismo con la literatura, ¿cómo fue el periodo de las Brigadas Jóvenes de la Literatura? 

La Unión e Escritores Angoleños fue creada poco después de la Independencia que lanzó el apelo a los jóvenes para homenajear al poeta mayo, con elegías en torno a la figura de Agostinho Neto. Eso fue el lema, pero después sintieron casi la obligación de reunirse, de producir panfletos, periódicos, publicaciones. Y surgieron las Brigadas Jóvenes de la Literatura. Sobre todo en Luanda, pero las de Huambo, Benguela y Lubango también publicaron cosas interesantes. 

¿Qué piensa de ese tipo de literatura programática, que sirve a fines políticos?

Tal vez en la época no quedase otra. Pero algunos jóvenes empezaron a publicar por sí mismo o crearon proyectos como Luandanje.

¿Llegó a escribir ese tipo de poemas en la época?

No, me quedé calladita. Siempre escribí, desde pequeña, hasta para resolver mis propios miedos. Me veía como una persona mucho más mayor de lo que era, y crecía que estaba haciendo cosas tan importantes como alfabetizar, los inventarios culturales, ir en jeep hacia delante y hacia atrás, y la escritura iba al cajón. Sin embargo, fui guardando y, con 30 y pocos dije: “el público ahora ya no es público”. Entonces presenté un proyecto de Cuaderno a Luandino Vieria y a la UEA que tenía un conjunto de escritores consagrados que analizaban a las jóvenes promesas como escritores. Aquello huía un poco de la norma pero tuvieron la sensibilidad de publicar. Se llamaba Ritos de passagemy provocó alguna polémica que otra. 

¿Qué tipo de polémica?

Fui acusada de tener falta de hombre, resabiada, pornógrafa. Pero tuve un cierto eco. En aquel momento surge un grupo de gente que publicaba que no tenía nada que ver con el tipo de poesía de que hablábamos, por ejemplo, Ana Santana, João Maimona, José Luís Mendonça. Surge el proyecto Archite, un periódico que pretendía difundir la ficción y el ensayo, donde de una polémica entre Nelson Pestaba Bonavena, Luís Kandjimbo y Carlos Pacheco sobre el primer poeta que publicó en el siglo XIX (que era de Benguela), resultaron ensayos muy buenos y espoleó cierta vena ensayística en ellos, a pesar de haber seguido caminos tan diferentes. En esa época, personas como Ruy duarte y David Mestre publicaban poesía y ensayo respectivamente, sobre cine y literatura. Ruy duarte comenzó su trabajo sobre los Muxiluanda da Ilha, que daría origen a Ana a manda. Arnaldo Santos también publicaba ensayos. Una cosa fundamental era el suplemento cultural del domingo ene l Jornal de Angola, fue allí donde mucha gente publicó por primera vez. Y también la revista Mensagem e Novembro, además de la actividad cultural que empezó en los años 80 que era “Maka à 4ª feira” en la UEA para debatir sobre ideas y trabajos. 

¿Y había poco interés por lo que ocurría culturalmente en otras partes del mundo? ¿Cuáles eran las principales referencias? Intuyo que latinoamericanas…

Nos sumergimos en otras literaturas que empezaron a circular. Cuba era una referencias fundamental. Me da pena de la mala interpretación de la posibilidad de un encuentro de cubanos y angoleños, un equívoco aún no resuelto, puesto podría haber sido un encuentro potenciador para ambas partes. 

Ana Paula Tavares

Brasileños, colombianos. García Márquez llegó a visitar Angola.

Sí, y escribió un texto describiendo inmensos monstruos, lo que muestra que los prejuicios no son propios de una sola civilización. Jorge Amado también fue y le gustó, tenía muchos amigos, por ejemplo Luandino.

Actualmente continúa escribiendo, tiene un programa de radio, ¿hasta qué punto mantiene una relación activa con Angola?

Realizo un trabajo de investigación sobre las sociedades lunda y tchokwé. Estuve allí durante algún tiempo conversando con gente, en el fondo son el resultado de un imperio linda y un corredor de 3 o 4 imperios coloniales. Porque, en aquella región hay una frontera que fue belga (con la República Democrática del Congo), hay otra más con Zambia (con el Imperio británico) y toda una conjugación de intereses, belgas, franceses, británicos. Estudio a estos pueblos no solo en su dimensión y recorridos históricos – de cómo llegaron en un determinado momento, sino también como se dio la confrontación con un mundo de explotación que fue un modelo único en toda la Historia colonial de Angola – la historia de Diamang. Fue el objeto de mi trabajo de doctorado, en la Universidad Nova de Lisboa. 

¿Y tratas incluso el momento actual?

Privilegié el momento antes de que el modelo se implantarse hasta quedarse completamente cristalizado. Pero trabajé mucho con la memoria, es evidente que pasa por momentos actuales, la gente no se limita a hablar del tiempo de Diamang, cuenta su vida desde el punto de vista del yo y hasta ahora, con interrogantes hacia el futuro.

También tiene un fuere componente antropológico. ¿Y lingüístico?

Sí, es de Historia pero no soslaya otras aproximaciones, lengua e historia oral. Pero no hablo ninguna de las lenguas en cuestión, entonces tuve muchas cautelas. Hubo testimonios que no incluí porque no confié en el intérprete, que a veces lo mezcla todo. Di cuenta de cómo se transforman las lenguas y buscan préstamos de otras. Cuando las sociedades cambian las lenguas también lo hacen.

Y la relación con la literatura, que es otra forma de conocer el país, su escritura está muy relacionada con aquella tierra, las problemáticas y las inspiraciones que le vienen de allí. ¿Cómo es la experiencia de escribir sobre un país donde ya no se están?

Es emocionalmente doloroso pero al mismo tiempo es eso lo que mantiene el acceso a un cierto desafío. Cuando escribo estoy constantemente poniéndome en causa, no puedo escurrirme en la emoción fácil que la saudade y la distancia provocan, que martirizan. Tengo que controlarme mucho. Pero mantengo viva la relación con el espacio, territorio, tradiciones sin dejar de lado cosas de otros universos que leí, que vinieron para a mis manos. Por ejemplo, un libro que publiqué O lado da lua (que es una región e existe incluso de la cultura tchoké), ahí tengo un poema muy largo que se llamaJapón. Una señora y amiga me pidió traducirlo al sueco y me hizo un cuestionario cerrado: ¿qué tal fue vivir en Japón, ¿por qué Japón?, y yo respondí: “no conozco Japón, mi Japón es el de Mishima, etc”. No quiero decir que mi Angola también sea ficcional, porque sé que es uña y carne, miembros, estómago, corazón, pero obliga a una actitud un poco ambigua, esquizofrénica, que una cosa posibilite la otra par ano cae en la gran emotividad. Ahora que siento una saudade inmensa… Y se pierde mucho. El Angola que dejé en 1992 no tiene rigurosamente nada que ver con el Angola actual, y me parece bien que las cosas cambien. No tengo ninguna saudade del tiempo colonial, que era un tiempo de injusticia, incluso cuando iba al colegio y a la universidad y estaba en el lado privilegiado, se muy bien que es un sistema a olvidar (o a recordar=. Como también está resuelto sin nostalgia la relación con ese tiempo de implicación casi amorosa: la Independencia, el nacimiento de un país, criar a los hijos, una avalancha de cosas que nos ocurrían cuando teníamos 20 años.

¿Y piensa en regresar un día a Angola para quedarse?

Me gusta pensar que mi vida gira en torno al día de mi regreso. No para vivir en Luanda, si fuera posible en Benguela, Lubango o Namibe, donde pudiese entregar a los angoleños más jóvenes algunos de los conocimientos que fue leyendo y recolectando. 

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Entrevista originalmente publicada en el suplemento Mutamba del Novo Jornal, 2009 y recuperada recientemente en el portal Buala http://www.buala.org/pt/cara-a-cara/nao-posso-escorregar-na-emocao-facil-que-a-saudade-e-a-distancia-criam-entrevista-a-ana-

Traducción: Alejandro de los Santos

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