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¿Cómo pueden apoyar los festivales el recorrido de las películas que seleccionan?

Invitado 17 octubre, 2019

Autor: Olivier Barlet (Africultures)

“Más allá del trampolín”: una mesa redonda ha reunido a un gran número de representantes eminentes de festivales especializados en las cinematografías mediterráneas durante la segunda edición del Festival Tunecino Manarat, cuya ambición es impulsar una colaboración más intensa entre las instituciones y profesionales de cine alrededor del Mediterráneo. Fueron invitados seis ponentes para preparar una introducción a la cuestión, mientras que otros seis panelistas acudieron a reaccionar a esas mismas intervenciones, aportando igualmente su experiencia, con la moderación de Olivier Barlet. Después se abrió el micrófono a los asistentes para un intercambio de opiniones. 

Esta mesa redonda partía de una constatación: la proliferación de los complejos multicines reduce el número de salas comprometidas con el cine de autor, al que le faltan pantallas de exhibición en la mayoría de los países. Desde entonces sólo emergen algunas películas que tienen el privilegio de ser premiadas. Un buen número de películas procedentes de África u Oriente Medio no tienen el recorrido internacional que merecen. En cuanto a los espectadores, las grandes plataformas digitales que invaden las pantallas del mundo entero formatean la percepción y reducen el espíritu crítico o analítico.

Hay un término que causa cierta controversia y que escuchamos a menudo a día de hoy: “película de festival”, obras sospechosas de ser realizadas únicamente para este nicho cultural y que no llegan al gran público. Catherine Bizern, que dirije el Festival Internacional del Film Documental (Cinémas du réel, París, que celebró su 41ª edición del 15 al 24 de marzo de 2019), se alzó contra su uso en el título de la mesa redonda: “Me disgusta ese concepto: apareció en Francia en cierto momento, surge como una serpiente marina, por la cuestión de que se sabía que muchas películas no encontraban sitio en las salas. Es un problema potenciado por los grandes que no quieren dejarle espacio a las películas pequeñas. Es por lo tanto un término del enemigo, que le echa la culpa a los autores y a los festivales, mientras que es el mercado quien determina la entrada en las salas. Con lo cual no es un concepto que tengamos que retomar”. 

¿Qué hacen los festivales?

Dicho esto, claro está que organizar un festival no es nada simple: hay que arrimar el hombre durante todo el año y muy a menudo se enfrentan a restricciones de presupuesto. Los festivales tienen dificultades para innovar en su modo de apoyar a las películas “más allá del trampolín” que les ofrecen durante el evento. Todos los que participaban en la mesa redonda tienen el mismo problema.

Algunos son activos en esas competencias. Un número significativo de películas se benefician, además de los premios especiales de los festivales, de las acciones paralelas de apoyo a la industria como los mercados de cine, las subvenciones al desarrollo, a la producción y a la finalización, los talleres de apoyo profesional a los proyectos, etc. 

Durante el año los cineclubs también son un apoyo eficaz para la visibilidad de las películas que no reciben o que disfrutan en menor medida de difusión comercial. Es algo que destaca Azza El Husseiny, directora del Festival de Cine Africano de Luxor (Egipto), que celebrará su 9ª edición del 13 al 19 de marzo de 2020: “Cuando éramos estudiantes frecuentábamos un cineclub con muy buena reputación de la calle Sherif, número 36, el Film Club. Allí descubrimos los cines internacionales, sobre todo el occidental. Este club distribuía una publicación semanal con análisis de las películas proyectadas: una contribución importante a la difusión de una cultura crítica. Aunque me licencié en el Instituto Superior de Cine, mi formación se desarrolló sobre todo fuera del Instituto. Y debo decir que el crítico Samir Farid contribuyó ampliamente a nuestra apertura hacia otros horizontes, invitándonos a ver las películas proyectados en diferentes centros culturales extranjeros de El Cairo. La Fundación de los Jóvenes Artistas Independientes (que organiza y gestiona el Festival) había lanzado el proyecto Nawafez (que quiere decir “ventana”) de apoyo a los cineclubs en colaboración con el Ministerio de la Juventud de Egipto, en 25 ciudades del país. Desgraciadamente, este proyecto sólo duró dos años, a pesar de todos nuestros esfuerzos. El primer año se realizaron proyecciones y debates con un crítica después de la película. El segundo, introdujimos algunos talleres que alentaban a los jóvenes de provincias a descubrir su propio talento y a desarrollarlo. Queríamos producir cortometrajes el tercer año, pero infelizmente el proyecto acabó parándose. Pero no había que desesperarse: en 2017 creamos el Club de Cine Africano gracias al Fondo de Desarrollo Cultural. Las proyecciones tuvieron lugar en el Hangar, en plena Ópera. Poco a poco, surgieron otras ramificaciones en Alejandría y recientemente en Luxor, para que las proyecciones continúen a lo largo de todo el año. Se proyectan las películas premiadas en el LAFF, pero también los metrajes que decidimos apoyar. Y un crítico de cine se dedica a moderar el debate sobre la película”. 

Una iniciativa reciente cofundada por Leila Aoudj, programadora de los Encuentros Cinematográficos de Bejaia (Argelia), que celebró su 17ª edición del 21 al 26 de septiembre de 2019, en un país sin industria cinematográfica propiamente dicha, ha creado una red entre Argelia y Túnez que aglutina a 24 cineclubs: “Tuvimos un primer encuentro con todos los actores culturales en Hammamet y tendremos otro en Argelia a mitad de octubre. El objetivo es que en el año 2020 haya una programación a base de películas que queremos apoyar. La ausencia de salas culturales en Argelia hace que la cosa devenga urgente”, añade, no sin destacar que “no nos ceñimos a reglas comerciales estrictas, ¡lo que es ya toda una ventaja! Surge mucha creatividad como consecuencia de la ausencia de salas de cine de autor”. 

Hanna Attalah, que dirige los Palestine Cinema Days, cuya 6ª edición se celebró del 2 al 9 de octubre de 2019, observa la ausencia de salas de cine en Palestina. “Sin embargo, es posible organizar algunas actividades, sobre todo temáticas”, afirma, retomando igualmente la experiencia de los cineclubs. 

“Empecé con un cineclub y mi motivación no ha cambiado: ver lo que no podemos ver”, testimonia Maria Teresa D’Arcangelo, del Festival Cinema e donne, de cine femenino de Florencia (Italia), que presentará su 41ª edición en noviembre de 2019. “El fascismo había creado Venecia y Cinecittà para promover su ideología, con mucha eficacia. En los años 80, la generalización de la televisión captó a los espectadores. La respuesta del cine italiano fue la comedia comprometida, sociológica y política, con un gran éxito que se fragmentó en los años 2.000.  Los festivales evolucionaron. Su multiplicación correspondió con el desarrollo del terrorismo en Italia, donde no sabíamos si podíamos salir por la noche o no. Nos ayudaron a vivir. Comemos en el festival, se hacen talleres, se forman a los alumnos, es algo con mucha vida…”. De esta forma se refleja el mundo: “Actualmente el cine es más interesante que la política italiana”, añade. “Ahí es donde encontramos los problemas reales. Los grandes críticos han desaparecido. La formación en cine en las escuelas sigue siendo muy limitada. Habría que compartir nuestras experiencias y actuar en colectivo. En Toscana, los festivales están en relación entre ellos dentro de una estructura colectiva y tenemos además una sala de cine donde trabajamos todo el año. Las mujeres tienen ahora más responsabilidades, sobre todo en televisión, pero ellas siguen siento una herramienta individual de visión de las imágenes. Los festivales sirven para ver las películas en colectivo”. 

Invitación de programadores y los estrenos

Otro camino para ayudar a las películas a circular mejor es la invitación de programadores de otros festivales y de profesionales: “Todos apostamos por acoger a profesionales: distribuidores, plataformas de internet, que son nuevos espacios donde los espectadores descubren igualmente las películas”, comenta Catherine Bizern. “Creo que la crisis del cine depende ampliamente de la cobardía de los distribuidores”, responde Teresa Cavina, que trabaja en los Venice Days y en el Festival d’El Gouna (Egipto) cuya tercera edición está prevista del 19 al 27 de septiembrede 2019. “Lanzo este desafío pues me ocurre a menudo que los distribuidores árabes me digan que si una película va a los festivales y también si es galardonada, el público no la verá. De hecho, no compran la película para sacarla en los cines sino que nos vuelven a contactar y nos cobran para venderla a las televisiones o a las plataformas de VOD. No todos son así afortunadamente y conozco a dos que colaboran estrechamente con los festivales, que además tiene que improvisar varios roles: productor, vendedor, etc. Hay que trabajar con gente de la profesión que tenga esa actitud. Podemos hacerlo todo: nuestro laboratorio, las invitaciones de los distribuidores y vendedores, etc., pero si a algunos profesionales no les interesa, estamos condenados a que las películas circulen en festivales, aunque a menudo se trata de una red muy pequeña. Hay que hacerlo para que la película tenga oportunidades, invitando a programadores de festivales”. 

“Hay tres estilos de festivales”, apunta Nejib Ayed, que dirige las Journées Cinématographiques de Carthage (Túnez), cuya 30ª edición tendrá lugar del 26 al 2 de noviembre de 2019. “Los grandes festivales históricos que siguen siendo militantes, los festivales que realmente sirven de trampolín para las películas, pero están también los gorrones, esos festivales chupasangre que hacen de la invitación de los cineastas una forma de comercio. Sembène Ousmane dijo: “valgo más que un billete de avión y la estancia en un hotel”. Es lo que hacen la mayoría de los festivales. Algunos son creados por hombres de negocios, ciudades o Estados que buscan defender su imagen de marca. Las películas son canibalizadas por los festivales que no saben qué hacer con ellas pero que buscan su propio prestigio gracias a los estrenos. Las JCC no necesitan necesariamente ningún estreno, lo más importante es mostrar películas estupendas a nuestro público. Somos el mejor trampolín de Túnez, que en estos momentos tiene unas cincuenta salas, y quizá de nuestra región geográfica, pero obviamente no en el resto del mundo. Ahora podemos ver cómo algunas películas llegan a tener 350.000 espectadores en Túnez. Las JCC, con 200.000 entradas vendidas en 8 días, existen para algo”. 

¿Hay que tener necesariamente estrenos para reforzar la dimensión del festival y fidelizar al público? Fatma Cherif, delegada general del Festival Internacional de Cine Árabe de Gabès, convertido en el Gabes Cinema Fen, cuya última edición fue del 12 al 18 de abril de 2019, comprobó en el Festival de Cannes la competencia de los festivales de cine árabe por conseguir las películas que allí se encontraban.

La misma situación ocurre en España según Eduardo Guillot de la Mostra de Valencia – Cinema del Mediterrani (España). Creado en 1980, el festival tuvo que parar durante 6 años por el hecho de que se congeló la ayuda del ayuntamiento, hasta que se incorporó un gobierno de izquierdas en 2018 (la próxima edición será del 24 de octubre al 3 de noviembre de 2019). “En España, es la ley de la selva, una guerra de verdad entre festivales, puesto que todos quieren las mismas películas”, afirma. “Si tienes dinero, ¡tendrás las mejores películas!”. 

“Hay que parar con eso de que todos quieran el estreno mundial de las películas de todo el mundo”, dice Catherine Bizern. «Personalmente, exceptuando las películas en francés, poco importa si la película es presentada aquí o allá, todo lo contrario. No obstante, en cuanto a las películas francesas, pido una programación inédita puesto que mi objetivo es movilizar a profesionales, justamente para darle una oportunidad a las películas. Aunque eso no quita que pueden estrenarse mundialmente en otro sitio”. Por su parte, Azza El Husseiny opina: “claro que es interesante que tengamos estrenos, pero nosotros primamos la calidad artística y la temática”.

Igualmente, “los estrenos no son un problema: ¡podemos tener muchos dado el poco interés que hay por las películas!”, lanzó Ginella Vocca, del Festival Medfilm de Roma (Italia), cuya 25ª edición será del 8 al 17 de noviembre de 2019, evocando la dificultad de distribuir las películas del Sur en Italia: “la difusión de las películas mediterráneas – y no solo magrebíes – no existe en Italia: podemos hacer todo lo que se nos ocurra para visibilizar las producciones e invitar al equipo de cada una, pero es difícil seguir el recorrido de las mismas”. El Medfilm, festival mediterráneo, es un evento político considerando los problemas actuales de comprensión entre las dos orillas: «Hemos entrado en una lógica de resistencia. Es un peso sobre nuestras espaldas ¡pero el público es númeroso!”. 

Cine comercial o cine creativo

“Hay también que parar con esa dicotomía de cine comercial/cine creativo”, apuntala Teresa Cavina. “Si no hubieran existido Ben Hur o Cleopatra, Fellini nunca hubiera hecho sus grandes películas: los productores podían financiarlas, y la profesionalidad de los técnicos y de los escenógrafos era de la más alta calidad. Si el cine comercial va bien, hay un lugar para el cine creativo. Los multicines pondrían optar por los dos, ¡sin olvidarse de las películas de autor!”. “No tratamos de cambiar las películas pero tampoco hay que crear un gueto con las películas de “arte y ensayo”, dice Eduardo Guillot, que también comentó que «el objetivo es el gran público”. “Nosotros intentamos hacer del LAFF un festival para todos los públicos, proyectando también películas populares en Louxor y en Qena, ciudad más próxima a Louxor – un equilibrio que hay que encontrar”, comenta Azza El Husseiny

Pero entonces, “¿de qué películas hablamos?”, retoma el debate Leila Aoudj: “Comprendo el rechazo de la apelación “película de festival” pero asistimos a una cierta uniformización, incluso en el cine de autor, que nos lleva a buscar vías originales para alejarse de ésta».

“Todo el año, trabajamos en la educación a través de la imagen, y desarrollamos relaciones con mediatecas que constituyen una red de proximidad para el público”, dice Jackie Buet, del Festival de Cine de Mujeres de Créteil (Francia) que celebró su 41ª edición del 22 al 30 de marzo de 2019. “Nuestro festival se sitúa en una casa de la Cultura de la periferia, no dentro de una sala de cine sino en un lugar donde se defiende el arte contemporáneo como algo para el gran público. Se trata de un enfoque político, centrado en las mujeres que aún tienen una visibilidad compleja en el mundo del cine. La resonancia que ofrece un festival son los talentos, los nombres, las obras. Es decir, inscribir en la historia del cine un lugar para las mujeres, algo que suponía prácticamente construir archivos”. 

El público y las redes de festivales

¿Y el público? Leila Aoudj nos invita a que escuchemos: “Hablamos de la educación del público a través de la imagen, pero el público también nos educa. Tratamos de adaptar la programación y de acompañar correctamente las películas”. La práctica cultural cambia, y a ella se adaptan los festivales. “Es un verdadero momento de acogida de público”, dice Catherine Bizern. «A la gente le gustan los eventos y se aplaude la multiplicación de los festivales para la circulación de las películas, puesto que los autores encuentran un público numeroso y encuentran espectadores. Hay que tener cuidado con los bulldozers».

“Cuando hemos querido hacer un gran festival en Turín, se han eliminado los pequeños festivales de la región”, recuerda Maria Teresa D’Arcangelo. “Vamos a tener que trabajar seriamente en conocernos mejor y colaborar puesto que la próxima plataforma Europa Creativa va orientar cada vez más sus ayudas hacia las redes que hacia apoyos individuales”, sostiene Catherine Bizern. “Hay que reflexionar sobre las posibilidades que esto abre ¡y reaccionaar inteligentemente!”. “La idea de la red de festivales, es muy buena idea y la había lanzado durante la reunión de los directores de festivales en marzo pasado durante el Festival de Louxor”, insiste Azza El Husseiny. “El obstáculo principal para algunos era el peso relativo que tiene cada festival”. 

Fatma Cherif retomó un comentario de Hanna Attalahe insistió sobre la diferencia entre los programadores locales y los internacionales: “Estamos ante una uniformización de la mirada. Cuando vemos que algunas películas sólo son promocionadas por los festivales importantes del Norte, algo que les abre las oportunidades de encontrar un vendedor internacional, distribuidores, etc., eso quiere decir que la mirada de los locales no puede existir. Los festivales locales, que buscan construir un público y una cinefilia, tienen que tener una multiplicidad de miradas. No tendríamos que seleccionar las películas en conjunto que van a circular por todos sitios: todo lo contrario, podemos darnos cartas blancas los unos a los otros, lo que aportaría una diferencia de miradas”. Una práctica ya puesta en marcha por Bejaia, según Leila Ajoudj

“Sería algo tentador hacer algo entre el festival y la distribución, siendo creativos y creando eventos, por ejemplo una semana temática”, propuso Teresa Cavina. “¡Tenemos que parar de mirarnos el ombligo! Desde el principio de los años 2.000, el mercado está en crisis. Fortissimo cayó en 2016 después de 20 años de distribución independiente en el mundo entero. Y no tenemos propuestas alternativas”.  

La descentralización y las salas multiusos en provincias

“No hemos hablado mucho de la descentralización”, declaró Mokhtar Laajimi, director del Festival de Cine Tunecino, “los César a la tunecina”, cuya segunda edición se celebró del 10 al 15 de junio en la Cité de la Culture de Túnez capital. “La misión de este festival es viajar al interior del país con un “best of”: los jóvenes tenemos la necesidad de algo así, puesto que los cineclubs ya no tienen el papel que tuvieron”.

Para Nejib Ayed,“la descentralización es imperativa y necesaria”. Los JCC la practican desde hace tiempo, “pero de manera bastante expeditiva con una caravana con películas y directores: habrá que hacerlo de forma más constructiva. Somos un país en déficit de festivales que permite que las películas se vean dentro del marco de los eventos, algo que fortalece su importancia de cara al público. Las JCC intentan crear antenas de festivales con medios técnicos correctos. Es necesario que la sociedad civil y las autoridades locales tomen el relevo, lo que no siempre es moco de pavo: hay ahora mismo tres festivales que se celebran en ocho ciudades en las que hemos trabajado”.

Dora Bouchoucha, directora del Festival Manarat respondió diciendo que “no solo tiene que haber festivales, puesto que una vez que se termina una edición, la energía vuelve a caer. Se necesitan pequeñas salas de cine multiusos donde los jóvenes puedan ir el fin de semana, y que también estén disponibles para los estudiantes. El festival es un trampolín pero las películas tienen que mostrarse durante todo el año: de esta forma sí que se va construyendo una audiencia”. Fatma Cherif recordó que el Festival de Gabès creó su sala de cine para asegurar esa continuidad. Es cierto que el objetivo hoy en día es que la sala sea un lugar vivo, es decir, ¡un festival permanente!”. 

El papel de los medios de comunicación

“Algunas cadenas de televisión puede ser un aliado de los festivales”, anotó Zina Berrahal (TV5 Monde) que desarrolló numerosas colaboraciones con festivales en países del Magreb. Compra de películas valiosas para la comunidad francófona, valorización de los festivales, premios que permitían que las películas circularan, apoyo a los jóvenes creadores a través de cortometrajes: son numerosas las acciones y también los riesgos. “Es indispensable que haya una red de festivales culturales del Mediterráneo”, añade. “No os olvidéis de los medios de comunicación, puesto que aumentan la visibilidad de las películas así como de los festivales”. 

“Hay que luchar contra lo excepcional y tratar de que las películas del Sur entren en la normalidad”, exclama Eduardo Guillot, insistiendo en el papel de la prensa para no reducir estos cines a una visión exótica. Para Teresa Cavina, la prensa europea no es seria. “Despedazó Yomeddine acercándola al neorrealismo italiano, ignorando que fue un trabajo amplísimo de guion. La crítica debería mirar con los ojos en lugar de pensar en lo que van a comer después de la proyección, ¡su principal problema en Cannes!”.

El crítico egipcio Ahmed Shawki reaccionó a esta opinión tan incisiva, insistiendo sobre la importancia de la prensa para comprensión de las películas y Eduardo Guillot continuó recordando que los buenos críticos son esenciales pero cada vez más escasos. “Los periódicos generalistas tienen cada vez menos espacio para hablar de cine”, añadió Catherine Bizern. “Los blogs los sustituyen sin que tengan necesariamente el mismo conocimiento suficiente, pero es cierto que los festivales también hacen un esfuerzo para formar a jóvenes en crítica cinematográfica, especialmente en Locarno. Es importante hablar con la prensa y explicarles nuestro punto de vista y nuestras elecciones, sobre todo nuestra posición de cara a la cuestión de los estrenos y por qué seleccionamos tal o tal película”. 

Dora Bouchoucha concluyó la mesa redonda diciendo que “tenemos suerte de no trabajar con la presión de la exclusividad. Enseñamos las películas al gran público en playas y no solo al público cinéfilo”. Y finalmente apuntaló: “Si hemos montado esta mesa redonda, es porque las películas se quedan fuera de juego debido a la ley del mercado, mientras que son de gran calidad”. 

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Artículo publicado originalmente en africultures: https://bit.ly/2MRJ652

Traducción: Alejandro de los Santos

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