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Artistas encarcelados por acusación infundada de posesión de estupefacientes en Túnez

Javier Mantecón 15 diciembre, 2015

Ismaël Léamsi, sábado. 12 de diciembre de 2015.

Jueves 19 de noviembre de 2015. Una tarde tranquila en el barrio periférico de Nabeul. Ala Eddine Slim y Yosra Nafti, su esposa embarazada de 8 meses, reciben a Fakhri El Ghezal y Atef Maâtallah en su domicilio. Dos horas después, la tranquilidad de la tarde se ve interrumpida por una quincena de policías armados que se introducen en el domicilio de la pareja y detienen a los 4 amigos. Tras un interrogatorio de algunas horas, liberan a Yosra. El martes 8 de diciembre, condenaron a Atef, Ala y Fakhri a un año de cárcel por posesión de estupefacientes. Van a pasar mucho tiempo en la cárcel, demasiado tiempo por ser individuos que no han hecho absolutamente nada de malo a nadie y que pasaban una tarde tranquila entre amigos en un lugar privado y cerrado. Fakhri El Ghezal es fotógrafo y artista plástico. Acaba de terminar la posproducción de su primera película, un mediometraje documental producido por Ala Eddine Slim. Licenciado en Bellas-Artes, está casado con una profesora de universidad y es hijo único. Es también gerente de una empresa de diseño. Sus obras artísticas han sido expuestas en el New Museum en Nueva York, en el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo en Marsella, en el Beirut Art Center, en el Museo de Cartago y en decenas de exposiciones, de festivales y de manifestaciones artísticas organizadas en el mundo entero. Ala Eddine Slim es director, guionista, montador y productor de cine. Es gerente de la productora Exit Productions que ha producido unas 20 películas, algunas de ellas realizadas por cineastas tunecinos emergentes de los 10 últimos años. Licenciado en el Instituto de las Artes Multimedias, está casado también con una profesora universitaria. Las películas de Ala Eddine Slim han representado Túnez en más de 100 festivales y han sido galardonadas en varias ocasiones, inclusive con uno de los más prestigiosos premios que haya recibido nunca el cine documental tunecino, el Gran Premio del festival internacional FID de Marsella en 2012. Ha sido miembro fundador de la Asociación Tunecina de Acción para el Cine y está a punto de finalizar la posproducción de su primer largometraje de ficción. Atef Maâtallah es pintor y dibujante. Soltero, licenciado en Bellas-Artes, sufre una grave enfermedad crónica, la enfermedad de Crohn. En 2012 creó con Fakhri El Ghezal el colectivo de artistas políticos. Sus obras han sido adquiridas por una decena de instituciones y de particulares en tres continentes. Es uno de los pocos tunecinos (si no el único) que tiene una obra en la colección permanente del Centro Georges Pompidou. Por otro lado, recibió el 2º premio del salón internacional DDessin de dibujo contemporáneo.

Tres amigos artistas, que han dedicado su vida a su oficio y su obra, gracias a ellos el país ha sido representado, reconocido y honorificado en los museos, festivales y medios de comunicación más prestigiosos del mundo. No tienen antecedentes penales, difunden y defienden, a través de sus obras, valores de libertad, de solidaridad y de humildad, sin embargo se sospecha de ellos que estén implicados en actividades terroristas.

El orden de registro emitido por el fiscal de Nabeul estipula explícitamente las sospechas de la policía sobre supuestas actividades terroristas en el domicilio de Ala Eddin Slim. Las imputaciones: unos individuos barbudos que visitan con frecuencia la casa de la pareja. Aquel jueves, la policía pensaba tener las pruebas suficientes. Dos individuos llegan a casa de Ala y Yosra, uno de los dos tiene barba (Atef) y el otro  lleva una “extraña” bolsa (Fakhri). Y precisamente por esa bolsa se emite una orden de registro y la policía irrumpe en el domicilio de Ala. En la bolsa hay una cámara Panasonic que Fakhri utiliza para iniciar un nuevo proyecto fílmico.

En un abrir y cerrar de ojos, mientras que la policía lleva semanas controlando la casa, el desarrollo normal de esta tarde entre amigos se convierte en un absurdo embrollo policial. Tres brigadas distintas compuestas por unos quince policías armados y protegidos con chalecos antibalas irrumpen en la casa, para desmantelar una supuesta peligrosa célula terrorista. Se encuentran con tres artistas que toman algo y una profesora universitaria embarazada de 8 meses. La música invade el espacio cuyas paredes exhiben, entre otras, obras de los mismos artistas que visitan a la pareja y según la policía son terroristas.

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La policía abandona entonces la coartada de la misión oficial basada en informaciones evidentemente erróneas y se decanta por un asunto de estupefacientes. La policía detiene entonces a la flor y nata del arte tunecino de los años 2000 por consumo de estupefacientes, de cannabis en este caso. También se lleva los ordenadores portátiles de Ala y Fakhri, la torre del ordenador de Yosra y el coche de Fakhri. Durante 6 días, Ala, Fakhri y Atel (como todos los otros detenidos tunecinos) están entre las manos de la policía sin tener derecho a visitas y sin que sus abogados puedan consultar sus dossiers ni conocer los cargos contra ellos. Se les somete tres veces a un test de orina que determina según la Ley 52 la presencia de THC en el organismo. A pesar de la tozudez de los policías, se niegan a orinar tres veces en cápsulas para conservar el control de su integridad física, rechazando los procedimientos humillantes de esta ley obsoleta.

El miércoles 25 de noviembre pasan delante del fiscal quien les convoca en el tribunal de primera instancia de Nabeul el 1 de diciembre. Entre tanto, les transfieren a la cárcel de Mornag donde se les separado y casi no se pueden ver. Frente al juez, Fakhri, Atef y Ala niegan haber consumido cannabis y defienden su derecho constitucional decidir sobre su propio cuerpo y de no someterse al test de orina.

El expediente de la policía estipula de manera contradictoria: en una frase, el registro de “10 gramos de zatla (cannabis)” y en otra frase, unas líneas más abajo, el registro de “3,7 gramos de una materia rígida pero desmenuzable de color marrón”. No solo nos encontramos frente a una contradicción, sino también a un procedimiento viciado, ya que el elemento registrado no era el objeto de la orden de registro que alega actividades terroristas. El procedimiento legal exige en este caso una nueva orden que permita a la policía embargar la supuesta “materia rígida y desmenuzable de color marrón”. Sin embargo no se ha emitido ninguna nueva orden. Y es más grave aún, en la medida en que no hubo delito flagrante.

El día de la audiencia, el análisis farmacéutico exigido de la muestra supuestamente extraída del elemento registrado no aparecía en el dossier transmitido al juez. Éste aplaza entonces la audiencia finalmente fijada al martes 8 de diciembre. Hasta el lunes 7 de diciembre por la noche, los abogados esperan los análisis. El martes por la mañana, cuando llegan al tribunal, los análisis están como por milagro en el dossier de los acusados. El juez dicta un acto de sobreseimiento pero condena a Ala Eddine Slim, Fakhri El Ghezal y Atef Maâtallah a un año de prisión firme y una multa con 1000 dinares a cada uno por posesión de estupefacientes.

De esta forma se les manda a prisión, al igual que a otros miles de detenidos tunecinos que han sido encarcelados a causa de la Ley 52 del 18 de mayo de 1992. Una ley única en el código penal tunecino: ninguna circunstancia atenuante que pueda ser contemplada, ninguna posibilidad de prórroga. Una ley que utiliza datos personales y la violación de la integridad física para obtener supuestas pruebas materiales. Una ley que criminaliza una sustancia y hace de su consumidor un delincuente cuando esta misma sustancia es menos nociva que el tabaco o el alcohol y que puede ser benéfica ya que es transformada en medicamento y es recetada como complemento para curar de decenas de enfermedades (en más de 20 países en el mundo).

El tabaco y el alcohol son causa de miles de muertos cada año en este país y sin embargo se vende de forma legal y el Estado cobra tasas astronómicas derivadas de su venta. El cannabis, que no provoca la muerte de nadie ni en Túnez ni en el resto del mundo, es un pretexto para llenar las cárceles: un tercio de la población carcelaria está acusada de consumo de cannabis. Las sustancias que matan llenan las cajas del Estado y una sustancia que cura acaba enviando a su consumidor a la cárcel por un año como mínimo (la pena  es de uno a tres años). Algunas instituciones penitenciarias son a menudo superpobladas por las mismas autoridades y las ONG internacionales y los observadores tunecinos consideran que ofrecen condiciones de vida extremadamente difíciles y fomentan las frustraciones sociales y las tentaciones extremistas.

La aplicación a menudo abusiva y liberticida de esta ley retrógrada (Adnène Meddeb y Amine Mabrouk han sido condenados a un año de cárcel por el simple hecho de poseer un paquete de papel de liar) por un Estado que se considera “en guerra contra el terrorismo” y que no sabe o no quiere saber que el yihadismo contemporáneo (tipo Daech) ha nacido y prolifera en la cárcel, evidencia, en el mejor de los casos, la inconsciencia del Estado, y en el peor, su complicidad con la difusión del pensamiento yihadista.

No apoyamos a Atef Maâtallah, Fakhri El Ghezal y Ala Eddine Slim porque son unos de los artistas tunecinos más interesantes, talentosos, prometedores y reconocidos de su generación, ni porque han dado a este país muchísimo más de lo que recibieron a cambio, sino porque son la víctimas de un fiasco policial que les considera como terroristas en primer lugar y acaban justificando este fiasco con una falsa acusación de consumo de cannabis. Les apoyamos porque el informe de la policía está lleno de inexactitudes, de contradicciones y de cuerpos de delito añadidos al dossier, aparecidos por milagro una hora antes de la audiencia, mientras que los acusados llevaban 19 días encarcelados.

Les apoyamos porque son víctimas de una ley antigua de hace 23 años que llena las prisiones de inocentes para transformarles en criminales o en terroristas antes de liberarles para llenar las calles de violencia. Los apoyamos y apoyamos sin excepción a todos los consumidores detenidos por la Ley 52, pues las estadísticas oficiales del mismo Estado y los estudios rigurosos realizados por científicos eminentes garantizan hoy en día que, sin la menor duda, el cannabis es una sustancia muchísimo menos nociva a nivel de salud pública, pero también para el equilibrio personal, que decenas de productos y medicamentos vendidos con toda legalidad en los comercios y farmacias. Apoyamos a los miles y miles de víctimas de esta ley única y absurda y pedimos que se respeten inmediatamente las promesas electorales del partido en el poder y del presidente en ejercicio y que se proceda a la entera revisión de la Ley 52, que se prohíba el encarcelamiento de los consumidores y que el Estado haga un mayor esfuerzo para desmantelar las redes de traficantes de droga en vez de enseñarse con los meros ciudadanos que consumen lo que se vende en cada esquina.

Porque este Estado es de nuevo cómplice. O por lo menos, es el único responsable de la porosidad de las fronteras. Cuando sabemos que Túnez no es un país productor de cáñamo y que esta sustancia entra masivamente desde el exterior, tenemos el derecho de apuntar la responsabilidad del Estado en cuanto a esta situación. Pedimos al Estado, al cuerpo policial y carcelario y a la justicia que asuman sus responsabilidades y cesen inmediatamente de mandar a inocentes a la cárcel después de arrestarles de forma arbitraria y hacerles padecer procedimientos humillantes e inhumanos: enmendad la Ley 52, liberad a todos los consumidores detenidos, concentrad los esfuerzos en el desmantelamiento de las redes de tráfico de drogas.

La liberación de Fakhri, Atef y Ala, así como los miles de consumidores de cannabis encarcelados en los centros penitenciarios tunecinos no es una petición sino una exigencia ciudadana y de legitimidad constitucional.

Túnez, 12 de diciembre de 2015.

El comité de apoyo a Fakhri El Ghezal, Ala Eddine Slim y Atef Maâtallah

 * Traducción: Marion Berger

Firmar la petición para la liberación de los artistas: https://secure.avaaz.org/fr/petition/le_tribunal_de_premiere_instance_de_Nabeul_Liberation_immediate_des_amis_Atef_Ala_et_Fakhri/?tigoZjb

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