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Boddhi Satva: «Mi misión es elevar a la gente a través de la música»

Boddhi Satva

Es uno de los DJs y productores africanos más famosos. Padre del estilo «Ancestral Soul», Boddhi Satva lleva cerca de 20 años en la música, y los celebra con un primer recopilatorio. Hombre de puro en la mano y aspecto de mafioso, el centroafricano Boddhi Satva es en realidad un carácter generoso y accesible, algo que se traduce en su manera de abordar la producción musical.

La pandemia de COVID-19 ha supuesto una verdadera sacudida para el mundo de la cultura, y muy especialmente para la música. En tiempos de distanciamiento social y con casi todos los directos anulados, muchos artistas han optado por traspasar su actividad a la dimensión virtual. Concretamente, los DJs han estado asegurando que no nos faltase el servicio mínimo durante este periodo. El pasado mes de abril, un artículo de la revisa Pithforck lanzaba sin embargo una pregunta al respecto: ¿Quién paga las facturas de esos DJs? Una de las voces más presentes durante la cuarentena ha sido la del centroafricano Boddhi Satva, que nos ha regalado lives diarios, los Quarantaine Grooves, pero que también ha impulsado conversaciones con otros artistas y agentes culturales. Discusiones ricas e inspiradoras, y mucha reflexión sobre la situación actual desde el sector de la música y el continente africano.

Boddhi Satva lleva 18 años en la industria musical cosechando éxito. Su estilo, conocido como Ancestral Soul, lo ha llevado por los cuatro rincones del planeta. Desde sus inicios colabora con grandes nombres del continente, como la diva maliense Oumou Sangaré en «Invocation», su álbum de 2012 con el que empezó a hacerse un verdadero nombre en la escena electrónica. Más tarde, conseguiría juntar en un mismo single a los que probablemente sean los dos músicos más importantes del pop africano: Dj Arafat y Davido. Acaba de lanzar un primer recopilatorio para celebrar su mayoría de edad, incluyendo colaboraciones como el caboverdiano DJ Satelite o el estadounidense Alton Miller. Declarado panafricano, Boddhi Satva ha traspasado esas barreras lingüísticas, heredadas de la colonización, que generalmente agrupan a los artistas africanos. Un reflejo tal vez de su propia identidad cosmopolita, pues nació y creció en República Centroafricana, de madre estadounidense y padre franco-centroafricano, y más tarde vivió en Bélgica. Hoy está instalado en Lisboa, desde donde responde a nuestras preguntas.

¿Dónde y cómo has pasando la cuarentena? 

Diría que la cuarentena ha ido bien. He estado en Lisboa, que es mi casa desde hace tres años. Estoy feliz de haber podido pasar este tiempo en casa y de no haberme quedado bloqueado en algún viaje en el extranjero, por haber estado pinchando en otro país. He estado haciendo shows diarios, los Quarantaine Grooves, que ahora se han transformado en un directo dos veces por semana, los miércoles y sábados. Así que eso me ha mantenido bastante ocupado y con la mente sana. De hecho, creo que he estado más ocupado durante la cuarentena que nunca. 

Este tiempo me ha dado una amplia perspectiva sobre mi propio trabajo y sobre lo que he estado haciendo hasta ahora, y también lo que podría estar haciendo. Ha sido productivo, lo he aprovechado bastante. Me niego a que me afecte negativamente. 

Hablemos de tus orígenes. Hiciste hip hop durante tu adolescencia en la República Centroafricana. ¿Cómo fue esta experiencia y de qué manera ha influenciado en tu carrera musical? 

Sí, cuando era adolescente el hiphop era lo mío. La experiencia con mi banda de entonces, los Gbekpa Crew, fue fundamental en muchos sentidos, especialmente en mi sentido del trabajo o al formar parte de un grupo y comprender esas dinámicas. Y también a la hora de hacer música. Para ser sincero, nunca me vi a mí mismo como un rapero, no creo que fuera el mejor rapero del mundo (risas), pero siempre tuve un don para crear beats y sonidos. Imagino que en ese sentido tuvo una fuerte influencia para crear música que se saliera de la norma. Fue algo muy positivo. 

¿De dónde viene tu nombre artístico? 

Viene del budismo mahayana. Hay diferentes formas de Boddhi Satva, pero creo que la descripción más conocida es la de una persona que es capaz de alcanzar el Nirvana pero que rechaza hacerlo o, más bien, lo aplaza para permanecer en la tierra y ayudar a otros a encontrar su propia luz y elevación. En otras palabras, experimentar la compasión y ayudar a aliviar algunos de los sufrimientos por los que otros seres pasan. Boddhi Satva es, en mi opinión personal, un guardián y un guerrero de la luz. Tiene muchas misiones, y una de ellas, la que yo estoy cumpliendo, se realiza a través del sonido para elevar la mente, el alma y los sentidos de las personas. Esa ha sido y continúa siendo mi ambición, a través de la música. 

También eres productor. ¿Cómo eliges con qué artistas colaboras?

Siempre me guío por las sensaciones, busco un tipo de energía muy específico. No tienen por qué ser nombres establecidos o muy conocidos, aunque algunos de los artistas con los que he ido trabajando hasta ahora lo sean, sino también otros completamente desconocidos o emergentes, que tienen mucho talento pero que no han tenido la oportunidad de brillar. Ni siquiera se trata de “elegir”, sino de un proceso muy orgánico. Una de las cosas esenciales en las que me fijo, antes de todo, es la personalidad. No me gustan para nada los artistas presumidos, o esos que tienen un ego enorme: No me gusta nada trabajar con artistas así. Y ellos tampoco trabajan conmigo (risas). Mi proceso de selección se basa, obviamente, en la calidad de la voz y las letras, las emociones que me transmiten. Y, por supuesto, la personalidad, humildad, generosidad. 

 Leí por ahí que viviste con el músico y productor Alton Miller. ¿Es verdad? 

Sí, Alton Miller y yo fuimos compañeros de piso durante tres años y medio, en Bruselas, y fue una experiencia fantástica. Tuve la gran oportunidad de compartir espacio y tiempo con una leyenda como él, una verdadera enciclopedia musical, y de aprender y trabajar en mi propio sonido… Como aprendiz del oficio que era, yo estaba dispuesto a recibir todo el conocimiento que él me podía ofrecer. Fui su protegido, él me enseñó todo lo que pudo. Fue algo definitivamente especial, una bendición. 

Tu estilo «Ancestral Soul» ha tenido mucho éxito en Europa. ¿Cómo sientes que ha cambiado la escena afrohouse en este continente? ¿Crees que hay más audiencia y más demanda por parte de los clubs hoy en día? 

Sí, absolutamente. El Ancestral Soul está trazándose un camino, pero dentro del género afro se ha hecho un verdadero nombre. Ha sido un pilar para la autenticidad del sonido. Hay una demanda que está creciendo, no solo en Europa, sino por todo el mundo. Y creo que si no hubiera sido por la COVID-19, este año hubiera sido grande. Así que, con la situación que tenemos en este momento, los clubs no están programando. La gente todavía está intentando imaginar cuándo podremos volver al trabajo. Siento que el movimiento musical es fuerte y que sigue fortaleciéndose, pero solo podremos valorarlo cuando se ponga en marcha de nuevo el negocio musical, de aquí a un par de meses, eso creo yo. Tendremos que volver a hacer una entrevista de aquí a entonces. 

¿Cuáles son para ti las mejores ciudades en África respecto a su escena club? ¿Cuáles han sido tus mejores experiencias en el continente?

Algunas de mis mejores experiencias: Luanda, en Angola, por ejemplo. Dakar… Casablanca… Nairobi… Lagos… Johannesburgo… Gaborone… Me lo pasé de escándalo en Goma, en Congo, fue increíble. Esa sería mi lista, y por ese orden. 

¿Por qué has decidido lanzar una compilación de tu trabajo justo en este momento?

Siempre he tenido aquello de querer celebrar los 18. Cuando era niño, recuerdo que tenía la impresión, sin duda influenciada por mis padres, de que 18 sería la edad de la libertad, de alcanzar la capacidad de tomar mis propias decisiones. Así que quería celebrar mis 18 años en la industria de la música. La gente suele celebrar los 20 años de carrera, pero yo me dije, “no, quiero celebrar mi mayoría de edad”. No tenía ni idea de que nos iba a caer la tormenta de la COVID-19 que, como puedes imaginar, ha tenido un fuerte impacto. Pero bueno, es lo que es. Nadie se lo esperaba, y ahora tendremos que encontrar nuevas formas de promocionar y reactivar esto que queremos dar a la gente para que disfruten. 

Muchos músicos, sobre todo DJs, han ido compartiendo sesiones en sus redes durante la cuarentena, de manera gratuita. Mientras tanto, los directos en locales y festivales se han cancelado. Como DJ que eres, y también como productor, ¿cómo ves el futuro a corto plazo para los músicos?

Parece que la moda ha sido dar shows online y, a medida que las cosas vuelven a la normalidad y la gente vuelve al trabajo, también está cambiando las dinámicas. Es difícil describir el futuro próximo. No tengo ni idea de cómo van a ir las cosas, para ser honesto. Por el momento, parece que la alternativa es hacer las cosas online e intentar encontrar maneras de rentabilizarlas económicamente. Si eres productor, como es mi caso, tocas tu propia música y haces streaming por Youtube. Porque, por desgracia, en plataformas como Facebook e Instagram han caído los directos. Youtube es el más comprensible y nadie te corta el live. Tiene la desventaja de que no se puede rentabilizar, sin embargo, sí que puedes ganar suscriptores.

«Esta situación ha expuesto la necesidad, para los artistas del continente, de tomarse en serio su presencia en internet».

Todo depende de cómo consideras la situación, desde qué ángulos, eso definirá la manera de generar algo de dinero. Especialmente, si aparte del streaming en Youtube consigues tener muchos suscriptores, es posible que consigas algún espónsor. Es otra manera de sobrevivir. O que la gente haga donaciones también, claro. Pero como te decía, en estos momentos no tenemos ni idea de cómo irán las cosas. Estamos todos intentando imaginar maneras de gestionar esto de la pandemia.

 ¿Te has unido a alguna iniciativa colectiva de apoyo artístico? ¿Qué acciones se podrían llevar a cabo para apoyar a los profesionales? 

No, no lo he hecho. Y tampoco se me ha informado de ninguna iniciativa en este sentido, al menos aquí en Portugal. ¿Cómo se podría organizar ese apoyo? ¿A quién estaría dirigido? ¿De qué manera se realizaría? Por desgracia, son preguntas que quedan sin respuesta por el momento. Personalmente, me interesan más las acciones concretas. Una de las formas que estamos considerando es la de crear un fondo mutuo para los DJs, junto a un par de compañeros míos. Es algo que podría considerarse un apoyo al negocio, que podría beneficiar a todos los DJs, tanto a los actuales como a los futuros, y que puede servir en momentos como este. Es lo que estoy intentando poner en marcha. Pero, si ya es difícil federar a tu propia gente, podrás figurarte la dificultad cuando hablamos de unos cien o doscientos. Cada uno tiene su propia idea e impresiones. No es una tarea fácil, pero llegaremos. 

¿Cómo ves la situación en el caso de los artistas africanos basados en el continente?   

Bueno, el continente ha sufrido menos la COVID-19, o al menos es lo que parece. Sin embargo, el hecho de que la gente esté aisladas o que se les haya pedido que se queden en casa, etc, no va a ayudar a los artistas en el continente, que ya estaban luchando por encontrar maneras de sobrevivir de manera sostenible. Yo creo que a medida que nos vamos desconfinando y vuelve cierta normalidad, la mayoría de los artistas podrán volver a trabajar. También esta situación ha expuesto la necesidad, para todos los artistas del continente, de tomarse en serio su presencia en internet y encontrar maneras de monitorizar su música a través de las plataformas, y también trabajar en los aspectos relacionados con el streaming en el continente. Creo que hay esperanza, desde luego existen alternativas en las que se puede pensar. 

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