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El tenso ennegrecimiento del cine brasileño

Invitado 17 octubre, 2018

Autor invitado: Joel Zito Araújo*

El cine brasileño vive un nuevo momento de mutación. La profunda diversidad que caracterizó a nuestra cinematografía en los últimos 30 años, después de superar la política de tierra quemada del gobierno ultraliberal Collor, en los años noventa, empezó, por fin, a incorporar la participación y la mirada de directores y directoras negras, pero con gran resistencia. Y el último Festival de Cine de Brasilia, que celebró 50 años de existencia en 2017, ha sido el escenario que ha dado gran visibilidad a esta nueva fase de la historia del cine brasileño y de las tensiones que vivimos.

El debate sobre la película Vazante de la experimentada directora Daniela Thomas, una historia que tiene como escenario y contexto las relaciones familiares y sociales en la primera mitad del esclavizador siglo XIX, fue la mecha de una especie de bomba de efecto retardado que polarizó las opiniones sobre la representación de los negros y de las negras en la historia del cine brasileño. Y en este festival, las actrices, los actores, los cineastas y un crítico de cine que se posicionaron orgullosamente por su ascendencia negra, en un país marcado por la fuerza de la ideología del blanqueamiento, insistieron en delimitar la existencia de una lectura específica sobre su grupo racial en la historia y en el mundo social y cultural brasileño.

Todas las investigaciones existentes demuestran que las telenovelas, así como el cine brasileño, han negado desde siempre representar la diversidad racial de Brasil,

Sin embargo, en el sector ya establecido del mundo del cine, la opinión de los negros y negras ha sido considerada equivocada, resentida y militante, por lo tanto distante de lo que sería justo. Un gran cineasta, que había tenido proyección internacional en los años sesenta, demostró un envejecimiento y una rigidez de los paradigmas de su generación, al calificar como una tontería de universitarios el concepto “lugar de habla”, muy empleado de forma crítica por parte de los negros y negras en el debate de Vazante. Y reutilizó, fuera de contexto, el término peyorativo “patrulla ideológica” que creó en los años sesenta para criticar una cierta miopía por parte de la izquierda en el análisis de las películas del momento, intentando ahora deslegitimar y ridiculizar con el mismo término la opinión y la reivindicación de los negros.

No es importante que ahora reproduzcamos los detalles del debate provocado por la película Vazante, pero sí cuestionar lo que explica y fundamenta la mirada, el imaginario y el discurso de aquellos que se dedican a producir cine y televisión en Brasil, pues justificaría la enorme dificultad de reconocer el protagonismo de los negros y negras en nuestra sociedad y el derecho de hacer y de expresar sus narrativas audiovisuales.

Fotograma de la película Vazante.

Para que empecemos a cuestionar la gravedad del episodio mencionado más arriba, es necesario comentar algunas obviedades. Quien conoce Brasil, según la experiencia del día a día, sabe que estamos lejos de ser una democracia racial. Y el segmento audiovisual es el que ha tenido resultados más dramáticos en lo que concierne al racismo estructural en la sociedad brasileña. Todas las investigaciones existentes demuestran que las telenovelas, así como el cine brasileño, han negado desde siempre representar la diversidad racial de Brasil, un país con una minoría blanca y con una población afrodescendiente constituida por negros y mestizos, que corresponde a un 54,9% del total de una población de 205 millones de habitantes [1], según la última PNAD de 2016 del IBGE, órgano oficial de estadística del Estado brasileño.

La investigación del GEMAA [2]sobre La cara del cine nacional resulta bastante ilustrativa en cuanto a la ausencia de negros y negras en el sector audiovisual brasileño. Al evaluar el contenido de las películas más populares de cada año en el período entre 2002 y 2014, para mapear la diversidad de género y racial y comprender el papel que asume esta diversidad en las películas, este grupo de investigación llegó a los siguientes resultados:

–           De los 919 actores y actrices muestreados en la investigación, el 71% eran de género masculino, el 28% de género femenino y el 1% era de personas transexuales.

–           Una “Desproporción similar de participación se da en relación al color de los personajes: blanco (65%), negro (18%), mestizo (14%), no identificada (2%) o indígena/amarilla (1%);

–           También la desigualdad se hace evidente detrás de las cámaras. De los largometrajes estrenados en este mismo período, el 80% de los directores son hombres blancos, el 14% son mujeres blancas, el 2% hombres negros y el 0% son mujeres negras[3].

ANCINE – la Agencia Nacional de Cine, en un estudio reciente realizado por la Superintendencia de Análisis de Mercado sobre Diversidad de género y raza en las películas brasileñas de 2016, confirmó las pesquisas del GEMAA. Se trata del primer estudio de este corte que realiza ANCINE. Se tomaron como muestra los 142 largometrajes estrenados comercialmente ese mismo año, compuestos por 97 ficciones, 44 documentales y una película de animación, y se constató que:

–   Los hombres blancos dirigieron 107 de las películas, un 74,4% del total;

–   Las mujeres blancas dirigieron 28, es decir, 19,7%;

–   Los hombres negros solo 3, lo que supone un porcentaje ínfimo de un 2,1%.

–   Y ninguna fue dirigida o se basó en el guion de ninguna mujer negra.

–   El análisis no solo apunta al dominio de los hombres blancos en la dirección, sino en las principales profesiones del cine, lo que evidencia que las historias proyectadas en las pantallas del país, producidas por brasileños, han sido contadas mayormente desde el punto de vista de los hombres: el 68% de ellos escribió el guion de las películas de ficción, el 63,6% de los documentales y el 100% de las obras de animación brasileñas de 2016. Los hombres dominan también en funciones como dirección de fotografía (85%) y dirección de arte (59%).

– La participación de los actores en estas obras también muestra una subrepresentación de la población negra (…) o del porcentaje de negros y mestizos en el elenco de actores de las 97 películas brasileñas de ficción estrenadas en 2016, que fue apenas de un 13,4%.[4]

El segmento audiovisual con mayor éxito de Brasil en términos de público, beneficio económico, y además extremadamente rentable en términos de exportación [5], siempre ha sido el de las telenovelas. En un tercio de las producidas en los primeros 35 años de historia de este género, exactamente en el periodo de 1963 a 1998, y que fueron estudiadas en mi libro A negação do Brasil – o negro na telenovela brasileira [6], no aparece ninguna persona negra, ni siquiera como figurantes. En los dos tercios restantes, el 90% de los personajes afrobrasileños representaban a negros destinados a ser eternamente subalternos, a servir a las élites y a la clase media blanca. Y en las pocas telenovelas que se trataba el persistente racismo de la sociedad brasileña, la figura salvadora era siempre blanca, un estereotipo inspirado en el mito de la princesa Isabel, siempre celebrada en nuestra historia como la persona que firmó la abolición de la esclavitud en Brasil.

En una investigación del GEMAA [7]sobre las telenovelas emitidas entre 1985 y 2014, se constató también que solo se contrató un 8,8% de actores o actrices no blancos para estas producciones.

Pero ahora me interesa reflexionar por qué persiste esa dificultad, declarada por un sector significativo del cine brasileño, en aceptar esa desigualdad, reconocer la importancia del protagonismo blanco y tratar de representar en sus obras a un país más cercano a la realidad de su composición racial y cultural.

Una de las explicaciones que encuentro es que todos, o casi todos los profesionales de la televisión y del cine de Brasil, en su proceso de formación, estudiaron y compartieron una interpretación histórica del país que después reflejaron en sus películas. Si citásemos aquí los nombres de la intelectualidad que se estudian en las universidades brasileñas y que forman parte de nuestra formación, encontraríamos en la cima a Gilberto Freyre, Raimundo Faoro, Fernando Henrique Cardoso y Sérgio Buarque de Holanda. Cabe destacar parte del debate que el sociólogo Jessé de Souza [8] abre en sus libros más recientes, demostrando que la izquierda blanca brasileña nunca construyó una interpretación alternativa a la lectura liberal de Brasil, que sitúa a los pensadores citados más arriba como los grandes constructores de la sociedad brasileña. Para ninguno de ellos nuestro mayor problema fue la desigualdad social y racial y por consiguiente el racismo, fundados en la esclavitud. El patrimonialismo oriundo de la colonización portuguesa sería el gran problema de Brasil, y éste habría moldeado a un brasileño eternamente sinvergüenza, premoderno, emotivo y corrupto.

Veremos que en los análisis y consideraciones de estos pensadores existe un elemento común: la comprensión de que la influencia negativa de las desigualdades y prejuicios fundados en la esclavitud, que duró cuatro siglos, habría dado lugar, como por arte de magia, a la abolición de la esclavitud y a la importación masiva de inmigrantes blancos de Europa. Esos inmigrantes, supuestamente, formarían exclusivamente lo que es nuestra clase obrera y serían los responsables del surgimiento del capitalismo industrial brasileño y de las bases de un país moderno.

Una abolición inconclusa y una vanguardia que continúa analizando el país de forma errónea

En el intento de hacer una amplia y rápida síntesis, voy a delimitar los aspectos más importantes de esta base teórica, que conforman una visión de lo que caracterizaría a Brasil y a los brasileños, y que continúa reflejada con diversos matices en todas nuestras películas hasta el estreno de Vazante.

La interpretación dominante y original de Brasil, que fue seguida o criticada por casi todos los intelectuales influyentes del país, fue creada por Gilberto Freyre, autor del clásico Casa-Grande y Senzala. Una interpretación que, en síntesis, afirma que procedemos de Portugal y tenemos una forma específica de ser por esa herencia lusa. En su visión romántica del colonizador, describía al portugués como “un español sin la llama guerrera ni la ortodoxia dramática; un inglés sin las duras líneas puritanas. El contemporizador. Sin ideales absolutos, ni prejuicios inflexibles[9].De estas características, que serían también resultado de la formación histórica mestiza de Portugal a partir de un largo contacto con los moros y los judíos en la Península Ibérica, nacería una colonización benevolente y la cara soft de nuestra esclavitud. Este conjunto de elementos, a su vez, posibilitaría en Brasil un mestizaje fundado gracias a coitos consensuales, desvergonzados y sensuales, entre el señor de la casa grande y la esclava negra e indígena, y una democracia racial sui géneris.

En el inicio del capítulo 4 del mencionado Casa-Grande y Senzala, Gilberto Freyre realiza una sentencia fundamental en la cual se vislumbra la clave de su lectura racial de Brasil: “Todo brasileño tiene incorporado en el alma, cuando no en el alma y en el cuerpo (…) la sombra, o la pinta, del indígena y del negro” porque habría sido “acunado por una mucama negra” o habría sido iniciado sexualmente “en el amor físico” por una “mulata” y también porque tuvo un “negrito” como compañero[10]. Y ahí hallamos el “lugar del habla” de Gilberto Freyre. El brasileño de Freyre era hombre, blanco y exseñor o hijo de un señor de esclavos. Este es el elemento clave para leer el cine brasileño de hoy en día y durante toda su historia. El negro siempre fue el otro, el indeseado. Se admite incluso que el brasileño lleve dentro de sí “un pie en la cocina” o en África, como diría Fernando Henrique Cardoso, o la marca de la influencia negra, como diría Gilberto Freyre, pero es naturalmente blanco. La eliminación de esta noción de alteridad en un país multirracial, de minoría blanca, y el centralismo del segmento blanco en la percepción del mundo, son parte, por lo tanto, de los paradigmas fundamentales que conformaron el cine brasileño y a sus autores.

Para el sector más a la izquierda de entre los cineastas brasileños también fue determinante la lectura y el pensamiento de Florestan Fernandes, que prácticamente fue el primer crítico de la idea de democracia racial brasileña, como expresa sobre todo en el estudio A integração do negro na sociedade de classes (La integración del negro en la sociedad de clases). En este y en otros escritos de Florestan, que a pesar de entender y revelar que la sociedad brasileña es profundamente racista, acentúa una interpretación equivocada que permanece en la cabeza de muchos sobre la participación de la comunidad negra en la historia nacional posterior a la abolición de la esclavitud. De la visión progresista de Florestan aprendemos que la situación de subalteridad y de explotación que sufrió el negro en la sociedad brasileña en el periodo posterior a la esclavitud, basada en el trabajo libre, procede de la experiencia deformadora de la esclavitud, que creó una “masa desagregada, inerte, inculta” e hizo del elemento negro un ser indolente, incapaz de competir con los inmigrantes blancos en una sociedad nueva, moderna, industrial y de clases. Es decir, seres incapaces de participar como ciudadanos libres en el surgimiento y en la expansión de un capitalismo dependiente, pues fueron conformados por una sociedad de castas que estaba en extinción. Al negro solo le correspondía el papel de “elemento residual del sistema social”, una gran masa al “margen de la vida social organizada y de toda esperanza, (que) sucumbe a la propia inercia. Esa lectura de la condición del negro en el periodo posterior a la abolición no se encuentra solamente en Florestan Fernandes, ya que también fue abrazada por intelectuales progresistas como Octávio Ianni y hasta por el mismo Celso Furtado en su Formação Econômica do Brasil. (Ver Onda negra, medo branco[11]).

¿Cómo no pensar que la falta de movilización y de indignación por parte de nuestros cineastas más de izquierdas para incluir en sus recetas políticas nuestro racismo cotidiano y la exterminación de los jóvenes negros de la periferia, fruto de una auténtica política de genocidio, no son consecuencia de esas lecturas?

Protagonismo negro. ¿Un relámpago en el cielo azul?

El año 2017 fue especialmente importante si atendemos a los premios que recibieron los negros. Varios festivales del país premiaron en repetidas ocasiones películas, a cineastas, actores y actrices negros. El Festival de Brasilia inauguró esta secuencia de premios con el reconocimiento al largometraje de ficción Café com canela, dirigido por la joven negra Glenda Nicácio, junto con Ary Rosa, que recibieron el Premio del Jurado Popular a Mejor película, Mejor actriz y Mejor guion por parte del Jurado Oficial. De igual forma, los cortometrajes de los directores y las directoras negras de Nada, Peripatético, Chico e Deus é uma mulher negra también recibieron varios premios en Brasilia y en otros festivales del país. Así pues, ha emergido un grupo significativo, una “nueva ola”, de nuevas actrices y actores negros. Sobre todo el cine reconoció la fuerza de la actriz y dramaturga Grace Passô, ya célebre en el ámbito del teatro, que obtuvo el Premio a mejor actriz en el Festival de Cine de Río, por su actuación en la película Praça Paris.

En la sociedad brasileña se ha producido una micro-revolución que ha contribuido a que surjan actores negros en el cine, en televisión, en teatro y en las redes sociales.

Pero el festival que demostró en mayor mediad la existencia de un nuevo momento en la historia del cine brasileño, con el surgimiento de una verdadera ola de cine negro, fue el Encuentro de Cine Negro Brasil, África y Caribe, creado por el icónico actor Zózimo Bulbul y que celebró 10 años de existencia en 2017. En la última edición del festival, que prefiere llamarse Encuentro, participaron 65 películas realizadas por negras y negros brasileños, de los cuales 3 largometrajes. Lo que supone un crecimiento de un cien por cien en relación a la edición anterior, en el que se presentaron 33 películas de cineastas afrobrasileños. Progresivamente, el Encuentro está dejando de ser un festival marcado por la proyección de películas internacionales para poner mayor hincapié en los estrenos nacionales. También se evidenció que un número cada vez mayor de jóvenes está produciendo sus películas de forma independiente, incluso sin el apoyo de convocatorias del gobierno o del sector privado. El deseo de hacer, en una especie de urgencia histórica, ha movilizado a individuos y colectivos en todas las regiones del país y ha dado lugar a una intensa producción que ha desembocado en un número récord de inscripciones en el proceso selectivo de este festival: 100 cortos, medios y largometrajes.

Fotograma de Café com Canela.

¿Pero cuál es el motivo de esta explosión de directores negros, si consideramos que hasta hace poco éramos pocos, hasta el punto de que se nos podía contar los dos dedos de las dos manos? En la sociedad brasileña se ha producido una micro-revolución que ha contribuido a que surjan actores negros en el cine, en televisión, en teatro y en las redes sociales. El germen de todo esto está seguramente en los miles de profesionales que pudieron estudiar a las universidades brasileñas gracias a la aprobación del sistema de cuotas para estudiantes negros y negras. En sus diez primeros años, el porcentaje de negros en las universidades brasileñas fue de casi el doble. “En 2005, un año después de la implementación de acciones afirmativas como las cuotas, tan solo un 5,5% de jóvenes negros y mestizos según la clasificación del IBGE (…) iban a alguna facultad. En 2015, el 12,8% de los negros entre 18 y 24 años llegaron al nivel educativo superior. (…) Sin embargo, este porcentaje equivale a menos de la mitad en el número de jóvenes blancos que frecuentan la universidad”[12]. Si traducimos este aumento porcentual a números, en tan solo en tres años, de 2013 a 2015 150.000 estudiantes negros accedieron por primera vez a las universidades brasileñas, lo que supone un incremento muy significativo.

Al igual que en el cine, el aumento exponencial de la presencia de negros en las universidades se produjo con una enorme resistencia por parte de ciertos círculos de intelectuales, incluso los que se consideran progresistas o de izquierdas [13]. Recordemos aquí que los grandes medios de comunicación brasileños también jugaron un papel preponderante en la difusión de estas reticencias. Como táctica para impedir que aumentara el número de universidades que acogieran el sistema de cuotas, los gran medios de comunicación ignoraron prácticamente a los intelectuales y artistas negros, así como la existencia de una opinión y de reflexiones sobre la cuestión entre los líderes negros. Sobre todo las de quienes formularon las políticas de cuotas y la ley sobre las directrices para la enseñanza de las relaciones étnico-raciales. Estuvieron prácticamente ausentes en los debates de los telediarios y en programas de televisión específicos sobre el tema. Asimismo, los grandes medios usaron regularmente la opinión de figuras fundamentales de la intelectualidad y del mundo artístico blanco con el fin de deslegitimar el discurso y las reivindicaciones de los negros. Y, en este contexto, en los pocos casos en los que se rompió el bloqueo, la palabra “militante” fue utilizada ostensiblemente para demostrar cuán irrelevante o parcial eran las opiniones de quien estaba a favor de este sistema, en un debate tan importante para el futuro de la universidad brasileña.

En mi opinión, tenemos aquí un amplio marco para entender la gravedad de la reutilización de la polémica sobre Vazante para calificar la opinión de los negros y negras como “equivocada, resentida y militante”. Llegamos a un punto de cambio o a un límite en el que el mundo del cine no puede ignorar más que el 90% de la producción cinematográfica actual continúa siendo realizada por blancos y blancas, que prefieren a actores y actrices blancas. Por lo tanto, continúa siendo un equívoco abordar la cuestión de la esclavitud, un periodo de la historia de Brasil que marca nuestras vidas hasta hoy, con una mirada que solo sale de la Casa-Grande. El lugar de habla, el lugar de la construcción narrativa del cine brasileño, va a continuar siendo cómplice de nuestro racismo cotidiano si expresa solo el punto de vista del brasileño blanco Gilberto Freyriano. Y continuaremos comportándonos como desvergonzados y colonizados si los negros siguen siendo tratados como una minoría, como la chusma indeseada que no conoce dónde está su lugar y/o como perturbadores de la marcha irreversible hacia el blanqueamiento.

A propósito de las críticas que los negros y negras recibieron por su protagonismo cuestionador en el Festival de Cine de Brasilia, una destacada cineasta de esta nueva generación, Viviane Ferreira, traduce muy bien la perplejidad de toda esta historia: “nuestra presencia mínima molesta más que nuestra ausencia histórica en estos espacios”.

[1]PNAD-C Distribución de la población por color y raza en 2016. Ver: https://agenciadenoticias.ibge.gov.br/agencia-noticias/2012-agencia-de-noticias/noticias/18282-pnad-c-moradores.html

[2]El GEMAA (Grupo de Estudos Multidisciplinar da Ação Afirmativa) es un grupo de investigacion con ese en el IESP-UERJ, creado en 2008 com el objetivo de favorecer estudios sobre acciones afirmativas partiendo de diversas miradas metodológicas.

[3]MORATELLI, Gabriela e CÂNDIDO, Márcia Rangel. A cara do cinema nacional (2002-2014): o perfil de gênero e cor dos atores, diretores e roteiristas dos filmes brasileiros. Coordenação de Verônica Toste e João Feres Junior. GEMAA-IESP-UERJ. Rio de Janeiro, 2016. Disponível em http://gemaa.iesp.uerj.br/infografico/infografico1/

[4]ANCINE presenta estudio sobre diversidad de género y de raza en el mercado audiovisual 25/01/2018. https://www.ancine.gov.br/pt-br/sala-imprensa/noticias/ancine-apresenta-estudo-sobre-diversidade-de-g-nero-e-ra-no-mercado

[5]SANTOS, Lidia. A telenovela brasileira : do nacionalismo à exportação. Caravelle. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien Année 2000  75 pp. 137-150. Fait partie d’un numéro thématique : Nouveaux Brésils – Fin de siècle.

[6]ARAUJO, Joelzito. A Negação do Brasil – o negro na telenovela brasileira. Ed. Senac, SP, 2001.

[7]CAMPOS, Luiz Augusto e JUNIOR, João Feres. “Globo, a gente se vê por aqui?” Diversidade racial nas telenovelas das últimas três décadas (1985-2014). Plural Revista de Ciências Sociais. V. 23, n. 1. São Paulo: Universidade de São Paulo, 2016. Disponível em http://www.revistas.usp.br/plural/article/view/118380/115938

[8]O sociólogo Jesse de Souza ha destacado como uno de los mejores críticos sobre las interpretaciones clásicas de Brasil creadas a partir de los años 30. Sus libros más conocidos son: A Elite do Atraso: da escravidão ao Lava-jato(2017);A Tolice da inteligência Brasileira (2015); A ralé brasileira: quem é e como vive(2009).

[9]FREYRE, Gilberto. Casa-grande & senzala: formação da família brasileira sob o regime de economia patriarcal. Lisboa: Edição Livros do Brasil, 1933/1983. p.191

[10]FREYRE, Gilberto. Casa-grande & senzala: formação da família brasileira sob o regime de economia patriarcal. Rio de Janeiro: Livraria José Olympio Editora. 8a. Edição – 2o. Volume. 1954. p.489.

[11]AZEVEDO, Célia Maria Marinho. Onda Negra. Medo Branco. O negro no imaginário das elites. Séc. XIX. São Paulo: Paz e Terra, 1987. Jornal UNIVERSITÁRIO. Porto Alegre, RS. Páginas 19-23.

[12]VIEIRA, Isabela. Percentual de negros em universidades dobra mas é inferior ao de brancos. http://agenciabrasil.ebc.com.br/educacao/noticia/2016-12/percentual-de-n…

[13] Marcus Eugênio OLIVEIRA LIMA, Paulo Sérgio Da COSTA NEVES e Paula BACELLAR E SILVA.  A implantação de cotas na universidade: paternalismo e ameaça à posição dos grupos dominantes. Revista Brasileira de Educação v. 19 n. 56 jan.-mar. 2014. http://www.scielo.br/pdf/rbedu/v19n56/v19n56a08.pdf

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*Joel Zito Araújo: Conocido por estudiar al negro en la sociedad brasileña, su obra incluye libro y película documental A Negação do Brasil, mejor película brasileña del festival ético Verdade 2001, el largometraje de ficción As Filhas do Vento (2004), ganador del Festival de Tirantes y de 8 Kikitos en el Festival de Gramado, los documentales Cinderelas, lobos e um Principe Encantado (2009) y RAçA (2013). Joel Zito Araújo hizo el doctorado en Ciencias de la Información en la ECA/USP y el posdoctorado en el departamento de Radio, televisión y cine de la Universidad de Texas, Austin, Estados Unidos.

Publicado originalmente en Cinémas d’amérique latine – Revue annuelle de l’Association Rencontres Cinemas d’Amerique Latine de Tolouse-(ARCAL – número 26) 2018.

Artículo reproducido de acuerdo en colaboración con la revista digital Buala.org. Artículo portugués en este enlace

Traducción del portugués al español: Alejandro de los Santos

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