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Dar Al Naim Mubarak: “En Sudán hay quien piensa que las mujeres artistas no pueden tener ideas”

Sandra Quiroz 16 abril, 2013

Dar Al Naim Mubarak (España/Sudán del Norte, 1988) es una artista hispano-sudanesa. El arte contemporáneo sudanés es complejo y plural como su sociedad, en la que se unen dos mundos: el africano y el musulmán. La mayor parte del tejido cultural modernista de este país tiene su origen en el trabajo de algunos artistas sudaneses que emigraron en los años 60. Muchos han permanecido fuera como Ibrahim El-Salahi o Mohammad Omar Khalil, y otros volvieron como el reconocido Rashid Diab. Hoy una nueva generación de artistas trata de buscar su propio camino, buscando la modernidad y la innovación. Este es el caso de Dar Al Naim Mubarak (Dara), una joven sudanesa que representa una nueva forma de ver el arte contemporáneo, donde la mezcla de diferentes mundos es la base de todo su trabajo. Dara se encuentra actualmente terminando una residencia artística en la Galería All FireStation Arts de Oxford. Ha participado en varias exposiciones individuales en Londres, Berlín, Nueva York o Jartum. El próximo 27 de abril participará en una exposición colectiva en la Casa Batlló de Barcelona, organizada por la prestigiosa agencia Global Art. Afribuku ha tenido la oportunidad de entrevistar a esta joven artista, a esta “artesana del arte”.

¿Quién es Dar Al Naim Mubarak?

Soy una artista plástica sudanesa influenciada por el arte africano y el arte occidental.  Pinto, ilustro y hago grabados. Soy una mezcla. Así me siento como persona y como artista.

¿Cuál es tú formación?

Siempre tuve claro que quería dedicarme al arte. Antes de estudiar Bellas Artes, quería ser ilustradora porque la imaginación era lo más importante para mí. Siempre me ha gustado crear mundos que no existen. Acabé estudiando Bellas Artes porque que era la única carrera en la que sentí que podía ser complemente libre y trabajar en cualquier medio artístico que quisiese.

¿Qué es lo que te inspira a la hora de crear?

Como artista, mi origen multicultural y la naturaleza es lo que me inspiran. Me gusta entender el mundo sin concentrarme solamente en lo humano.

¿Dónde has crecido?

Mis padres se conocieron en la Facultad de Bellas Artes de Madrid. Mi padre es sudanés y mi madre española. Eso creo que ya es un “comienzo especial”. Nací en España y me consideré sólo española cuando viajé a Sudán con 10 años. Crecí, viví mi adolescencia y formé mi personalidad en Jartum, y sin duda son esos años tan importantes los que marcan siempre a una persona. Cada vez que viajo a Occidente me siento menos occidental, pero a la vez también me siento cómoda.Dara

¿Cómo definirías esa influencia multicultural?

Las dos culturas que siempre me han rodeado han sido la española y la sudanesa. Ambas forman parte de mí, pero especialmente Sudán. Es un país donde el contexto árabe y musulmán tiene mucho peso. Y cuando vives desde pequeña dentro de una sociedad como la sudanesa, te enseña y te influye mucho. Aprendes que cada uno es como se es. Te hace ser mucho más tolerante y aprendes a entender que no todos tenemos que ser necesariamente iguales.

¿Cómo encuadrarías tu identidad como artista?

Soy una dibujante y una pintora africana contemporánea. Aunque la cuestión identitaria me provoca quebraderos de cabeza, es muy difícil definirse, porque la identidad de un cuadro, no tiene necesariamente que ver con la identidad del artista. No tiene por qué haber un vínculo necesariamente directo. La identidad de una artista es muy diferente a la identidad de la vida de una persona, especialmente si estás siendo juzgado como artista, algo que ocurre la mayor parte del tiempo.

¿Cómo es tu trabajo?

Para mí, mi trabajo es africano porque soy africana. En Sudán mi obra parece muy contemporánea y en Europa muy africana. A veces siento que tengo que “educar el ojo” de la gente.

¿Qué tipo de materiales o bases utilizas en tus obras?

Para pintar siempre utilizo acrílicos y pintura. Y la mayoría de mis bases son materiales reciclados como cartones y objetos que encuentro. Me gusta mezclar todo. El reciclaje es muy importante para mí.

El color siempre está presente en tus obras ¿qué representa para ti?

Me encantan los colores puros. Me di cuenta cuando estaba estudiando que los colores son recuerdos que tengo de la luz de Sudán, de los colores que usan las mujeres. No sólo utilizo el color para expresarme, también tengo obras en blanco y negro.

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¿Qué crees que es lo que llama más la atención de tu obra? ¿Su técnica o su imagen?

Depende del trabajo. A veces lo que necesitas es que la imagen sea muy poderosa y otras veces necesitas crear una técnica diferente para que esa imagen tenga fuerza. En trabajos más abstractos creo que la técnica llama la atención, pero cuando me pongo a crear lo que espero es que sea la imagen y no la técnica lo que le guste a la gente.

¿Qué artistas te han influenciado dentro de esa amalgama multicultural que siempre te ha rodeado?

Desde que tengo uso de razón siempre he apreciado el arte antes de saber quiénes eran los artistas. Y hay mucha gente de diferentes partes del mundo que forman parte de mi influencia. Desde Frida Kahlo, pasando por Ibrahim El-Salahi o Gustav Klimt. También me inspira e influencia el arte urbano, hay trabajos increíbles en la calle de gente que no cobra por crear. Y por supuesto el trabajo de los artesanos. Para mí ellos eran los artistas antes de que el mundo se llenara de “fotocopias”. A veces prefiero cambiar la palabra “artista” por la de “artesano” y a veces me gusta llamarme a mí misma una “artesana del arte”. En la universidad me preguntaron una vez si estaba pintando o decorando porque todo lo que no valía de la calle como mesas, sillas y otros objetos que encontraba, los cogía y los transformaba. De alguna forma le daba un nuevo valor a ese objeto, una segunda oportunidad para que fuera apreciado y visto por la gente.

¿Has hecho alguna incursión en el mundo del arte urbano?

Sí (risas), y antes hacía mucho más. Hacía trabajos que ponía en la calle, sobre todo pegatinas y algo de espray.

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¿Tratas de transmitir algún mensaje a la sociedad?

¡Uf…! Creo que a veces caigo mucho en intentar producir algo que sea bonito y con un mensaje fuerte. Pero es el título lo que te ayuda casi a llegar a ese paso, a entender ese mensaje. No puedo saber qué es lo que cada persona interpreta, porque cada persona es un mundo.

¿Se puede interpretar tu obra de alguna forma?

Mi obra es un lenguaje visual, no es como las palabras que significan algo concreto. Creo que una imagen puede significar un millón de cosas dependiendo de la persona que lo vea. Si quieres entender mi mensaje exactamente o mi obra, lo mejor es conocerme. En una obra de arte no puedes entenderlo todo. No puedo dejar de crear, es como un impulso, ya que millones de ideas van y vienen constantemente en mi cabeza y necesitan salir. Lo que me importa es lo que mi obra hace sentir. No importa lo que piense yo misma. Una vez que he acabado mi trabajo y lo he colocado en una pared, ya me siento separada de esa creación. Es muy difícil hacer que el público vea lo que tú quieres exactamente que vea. Puedes ayudarle con un título, con un color, le puedes dar pistas pero luego la interpretación es de cada uno.

Tu herencia artística viene de tus padres, ¿hasta qué punto te han influenciado?

Mi padre es Rashid Diab, un artista contemporáneo sudanés. Su trabajo es abstracto y son obras de enormes dimenssiones, de dos y tres metros de ancho. El color de mis obras procede de él. Recuerdo de pequeña estar observando el trabajo de mi padre en el sofá de mi casa y pensar “qué color viene primero, qué color viene después, por qué ha puesto ese color ahí, por qué ese azul es tan azul…”. Hay mucho espacio en su obra. Mi forma de trabajar tiene mucho de mi padre, pintando a todas horas. De estar hablando contigo y pintar al mismo tiempo aunque fuera en una pequeña hoja de papel. Mi madre se llama Mercedes Carmona, pinta al óleo, bodegones y retratos. De ella he adquirido la paciencia por el detalle. Es muy meticulosa y yo soy igual. Mi visión artística es una mezcla del barroco español y del arte sudanés. Y con barroco me refiero al detalle, a la intensidad y a la fuerza.

¿Cómo suelen reaccionar los sudaneses ante tu obra?

La última vez que expuse en Jartum fue hace poco, a principios de 2013. Viajé para exponer mi último trabajo. Fue increíble cómo entendieron y aceptaron mi obra, incluso más que aquí en Europa. Allí la gente está acostumbrada a ir a las exposiciones, leer el título de la obra y observar lo que propones. Y no quería darles la oportunidad de creer saber lo que estaban viendo. En esa exposición no puse ningún título a las obras y era sorprendente cómo ellos mismos me daban directamente los títulos  y eran totalmente correctos. Lo que más les afectó o lo único negativo que vi fue que les impresionó la connotación del ojo (la mayoría de mis obras tiene algún ojo), por la cuestión del mal de ojo.

¿Qué significa el ojo para ti?

(Risas) Es muy gracioso porque depende de quién lo mire. Hay gente que me ha llamado ‘iluminati’ o cosas así pero a mí me parece divertido. En mi opinión es un símbolo, y dependiendo de donde seas lo interpretarás de una forma u otra. Para unos es buena suerte y para otros no. En Sudán significa protección contra el mal de ojo.

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¿Eres supersticiosa?

Bueno, un poco supongo. No me identifico con nada específico pero sí que tengo en cuenta lo que sueño.

¿Por qué dices que la gente en Sudán entiende más tú trabajo?

Porque no me preguntan “¿por qué es africano?”. Si estoy en Madrid o en Oxford siempre me dicen ¿por qué es africano?…

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Volver a Sudán después de la residencia en Oxford. Lo que tengo claro es que quiero trabajar por el mundo artístico de Sudán como hace mi padre en su centro cultural. Es un centro de arte gratuito donde se cultiva la cultura para que no se seque, se vaya y desaparezca.

¿Tienes alguna idea en concreto?

La última vez que estuve allí en enero me sentí muy mal. Me preguntaba por qué no estaba allí en vez de aquí, donde puedo ser mucho más útil. No sólo por ayudarme a mí misma a crecer como artista sino porque puedo ayudar a muchos más. No hay ningún tipo de red de artistas y menos de mujeres. Muchos artistas no reciben ningún tipo de apoyo y por supuesto no creen en sí mismos. Me gustaría crear algún tipo de “conversación artística” entre hombres y mujeres creadores.

En Sudán del Norte se aplica la ley Sharia, ¿tu trabajo se ha visto alguna vez afectado o perjudicado por esta ley?

Como mujer, persona y artista me molesta. Evidentemente si me pongo a dibujar mujeres desnudas no va a salir bien, como puedes imaginar. Soy muy consciente de la situación política que vive mi país.

¿Crees que es difícil ser mujer y artista en Sudán?

En Sudán hay quien piensa que las mujeres no pueden tener ideas. Tengo que reconocer que alguna vez he sentido cierta presión por no estar casada y por no tener hijos a mi edad. Pero sólo tengo 25 años…

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¿Crees que lo has tenido más fácil por ser hija de un artista famoso?

Creo que he sido una privilegiada. Soy consciente de que muchos artistas sudaneses no han tenido las mismas oportunidades que yo. Pero a mí tampoco me han regalado nada.  Todo es una lucha y más si eres joven. He tenido y tengo el apoyo de mis padres. Sin ellos yo no sería quién soy.

¿Cómo describirías el arte de Sudán del Norte?

Está en un terreno fértil, donde todavía queda mucho por hacer y crecer. Estoy convencida de que en un futuro dará mucho que hablar. Hoy en día hay mucho desconocimiento sobre el arte sudanés. Pero el acceso a medios de difusión como las redes sociales o el mismo internet es algo relativamente nuevo. Lo que le falta a los artistas es más acceso a los medios e información. Muchos no saben qué se está creando en el exterior. Yo quiero promover ese intercambio. Hay gente con mucho talento cuyo trabajo no llega al público como debería. No es fácil sacar a un artista y su obra fuera de las fronteras de Sudán.

¿Pero existen espacios en Jartum para los artistas locales?

No propiamente dicho. Hay artistas que ni siquiera pueden comprar los materiales para su trabajo o que no tienen un espacio donde crear o intercambiar ideas (ya sean pintores, cantantes, escritores…). El Gobierno y el Ministerio de Cultura tampoco facilitan las cosas. El Centro de Arte Rashid Diab es de los pocos lugares donde existe un punto de encuentro entre creadores. Mi padre no gana nada con ello, todo es gratuito. Desde los materiales hasta el uso de los espacios.

¿Crees en el arte como herramienta que puede transformar una sociedad?

Creo que sí, y es una de las mejores herramientas. Los artistas crean para enseñar y compartir con la sociedad. El artista con un elevado ego personal te va a enseñar simplemente lo que está pensando y no le importa lo que interprete el público. Luego hay otro tipo de artistas que queremos compartir nuestro trabajo para hacer pensar y reflexionar. Queremos que la gente piense. Cuando expones puedes tener muchas intenciones diferentes. Por ejemplo, hice un dibujo pequeñito en el que aparecía un señor con la cabeza rota, y de ahí salía petróleo y a la vez vomitaba dólares americanos. El señor tenía los rasgos de los sudaneses del norte de cierta edad, con los cortes en las mejillas, y desde su garganta hasta la parte de debajo de su cuerpo corría el río Nilo (donde se junta el Nilo Azul y el Nilo Blanco en Sudán). Este dibujo no tenía título, no ponía nada sobre Sudán pero tan sólo con verlo te das cuenta de que hay una segunda lectura política… Y cada uno es libre de interpretar lo que quiera…

 ¿Consideras que los artistas tienen un rol social?

El arte no es la solución para el hambre, pero los artistas pueden hacer cosas. Cuando tienes el poder de hacer algo con el arte, debes hacerlo.

 Describe a Dar Al Naim Mubarak en una palabra.

Multicultural.

 

Más sobre Dar Al Naim Mubarak: www.daralnaimart.com

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