afribuku.com

La belleza de un pueblo en transformación

Invitado 14 abril, 2016

Autor: Olivier Barlet (Africultures)

Paisajes de una belleza sobrecogedora, ruinas industriales, un charco, muros descoloridos, un hábitat sencillo… Son estas las imágenes que introducen Lonbraz kann (La sombra de la caña), al ritmo de cuerdas cristalinas de resonancia india, antes de que el viejo Bissoon eche agua por el suelo para su ritual de ofrendas. En tan solo algunos planos se anuncia la película: el fin de una historia ancestral, la pérdida de la tradición y de la fraternidad, el cierre del molino de caña de azúcar que permitía subsistir a la comunidad, la expulsión de los trabajadores para construir un complejo turístico, el desprecio de los jefes y de los dirigentes, los apaños de unos y la impotencia de otros, el amor imposible en los tiempos de angustia, la huida planeada por muchos…

lobrazz kann 2

Bissoon siempre hace como si no viese lo que ve Marco, su hijo adoptivo: la mujer desnuda que insinúan las montañas del horizonte. La sensualidad de los pasajes invade a los seres humanos, hasta el punto de despertar en Marco el recuerdo de una mujer desaparecida o de provocar el cruce de miradas con la vecina india, la mujer del capataz que sufre a veces el menosprecio de sus vecinos. En esta sociedad multicultural vibran las tensiones pero se reúnen en la truculencia del criollo (del cual sólo entendemos la traducción), ese “kreol morisien” (criollo de Mauricio) que hablan incluso los vendedores chinos y que facilita las relaciones y las reacciones. La amargura es más fuerte que una apisonadora en los juegos de intereses que existen en el campo de la isla en la transición del siglo XIX industrial y el siglo XXI globalizado. Marco es parco en palabras pero en los momentos cruciales su mirada habla por sí sola y también su rabia sorda. “¿Hubiéramos podido hacer cualquier cosa?”, le dice al activista que da un sermón a los demás sin éxito.

“Todo esto va a desaparecer”, suelta Bissoon, que recuerda que no ha nacido allí, en las montañas que dibujan una mujer desnuda. Crónica agridulce, Lonbraz kaan no se detiene sin embargo en la confirmación de la desintegración de un mundo. Es menos oscura que las andanzas de los jóvenes en la película Les Enfants de Troumaron de Harrikrisna y Sharvan Anenden. Pues cada uno de los personajes tiene la vitalidad de explorar otros frentes posibles, como la Otentik boutik, que no lograba vender ninguno de los productos chinos, se convierte en el Otentik snack y entonces se llena de turistas. Como en la gran Bénarès de Barlen Pyamootoo, es posible hacerse un hueco en el paraíso, aunque haya que partir más allá de las aguas.

LONBRAZ KANN 3

La película nos habla por lo tanto de una amenaza, la de una pérdida cultural y la de una desestructuración a favor de las reconversiones industriales y, bajo la presión de quien se aprovecha, de la pérdida de la Madre tierra. David Constantin nos la hace visible y latente, pues la atención que presta hacia los gestos y las personas, y la bella panorámica que muestra Lonbraz kann, no tiene nada de tarjeta postal y todo de empatía con un pueblo en transformación. Allí, en Isla Mauricio, los hombres y las mujeres tratan de sobrevivir movilizando los valores que fundamentan su belleza. Y esta película sabe exponerlos.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Artículo original publicado en Africultures.

Traducción: Alejandro de los Santos Pérez.

Like this Article? Share it!

About The Author

1 Comment

  1. Francisco Alvarado Agurre 15 abril, 2016 at 2:06

    La pérdida de la tradición y la fraternidad. Es algo que también sucede en mi país ECUADOR.
    Felicitaciones y muchas gracias.

Leave A Response