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El peligro de la internacionalización: Rokia Traoré

Javier Mantecón 8 abril, 2013

Las mieles del éxito y los cantos de sirena de Occidente no pertenecen únicamente al imaginario de las clases más bajas de África. El éxito del maldito Iphone, de los coches deportivos en ciudades sin asfaltar o de los zapatos de tacones en el barro van de la mano de esa idea, muchas veces distorsionada, de lo que significa modernizarse o formar parte del mundo “civilizado”. Las artes africanas han sucumbido en muchos casos a estos modos de comportamiento, ya no sólo buscando la moda del momento, sino el  acercamiento a su odiada pero a la vez envidiada Europa. En artes de creación más reciente y menos tradicional como las artes plásticas contemporáneas es quizá donde podemos encontrar más casos, debido a que en la mayoría de las ocasiones el formato en el que son plasmadas es importado. La música sin embargo ha recorrido un camino más peligroso, a veces con éxito, otras con resultados vergonzosos para el oyente.

Grandes figuras de la música africana como Baaba Maal, Salif Keita, Manu Dibango o actualmente Amadou & Mariam o Tinariwen han patinado en sus propuestas atraídos por el dinero rápido y fácil que el afropop globalizado facilita. No es difícil encontrar discos de éstos orientados al público extranjero, ese que paga sus casas y coches en sus países de origen además de la clásica segunda residencia en París o Londres, que muchas veces se convierte en primera. Hay ejemplos de cómo no llevar a cabo estas internacionalizaciones y de cómo sí hacerlas. La lista de aciertos y errores es sin duda subjetiva, pero es difícil no admirar los avances musicales obtenidos por Mulatu Astatke con los Héliocentrics de Holanda, ese maravilloso disco de Fela Kuti en directo con Ginger Baker de Cream o las fusiones realizadas en Songhai o Afrocubism por Toumani Diabaté o Bassekou Kouyaté.

Siendo claros, el nuevo disco de Rokia Traoré, “Beautiful Africa”, no parece que pueda añadirse a ese grupo de discos tocados por la varita mágica de la creatividad compartida. Rokia Traoré, hija de diplomáticos, es sin duda la músico maliense más internacionalista. Habiendo estudiado en Bruselas y pasado más de la mitad de su vida fuera de su país natal, su visión global del mundo está más que justificada. Dotada de una gran visión musical, siempre ha sabido arropar bien su preciosa voz con instrumentos más o menos tradicionales pero manteniendo la fragilidad de la misma dentro de su canciones. Cada uno tendrá sus favoritos, pero la calidad de sus anteriores referencias discográficas “Mouneissa” (1998), “Wanita” (2000) o “Tchamantché” (2008) es indiscutible.

En los últimos años Rokia Traoré había vuelto a residir en Bamako, buscando reencontrarse con sus raíces y aprender de ellas, y no era difícil verla como público asistente en la abundante y rica red de salas de conciertos de la ciudad. Hace un año decidió abandonar el país, como muchos otros, ante la situación de inestabilidad y peligro que allí se sentía. Producto de este exilio nace “Beautiful Africa”. En el álbum, producido por el gran John Parish (habitual de PJ Harvey), Rokia Traoré actualiza su sonido en la gran mayoría de sus cortes, introduciendo guitarras sucias, human beatbox y baterías que complementan al omnipresente y dulce ngoni de Mamah Diabaté, siendo éste sin duda lo mejor del álbum. La producción del disco, en muchas ocasiones demasiado limpia, no favorece el resultado final que, excepto los cortes más sencillos en instrumentación, suena demasiado artificial. A nivel vocal Rokia sigue manteniendo su encanto e incluso ampliando registros, pero las fuertes percusiones y guitarras de temas como “Kouma” o “Sikey” no le favorecen en absoluto. Estos dos temas unidos a canciones planas como “Tuit tuit” desdibujarían un disco que tiene algunos aciertos. “Lalla”, “Ka Moun Ké” o esa maravilla que ya puede incluirse entre lo mejor de su discografía llamada “N´Teri” salvarían los papeles si no fuera por tres despropósitos que podrían haber sido grabados por cualquier grupo de “afrofusión” de Lavapiés o Gràcia. “Mélancholie”, “Sarama” y “Beautiful Africa” forman parte de ese grupo de canciones que entienden mal la globalización cultural y hacen un desastroso uso de ella. Tres canciones que hunden al álbum en el fondo de nuestra estantería (o ahora, nuestra carpeta “Mi música”) para no volver a ser recuperado en un futuro.

Nos sobran los motivos para confiar en el talento de Rokia Traoré, que hasta ahora nos ha deleitado con grandes discos, plagados de grandes momentos. Sólo esperemos que “Beautiful Africa” sea un paso en falso y que, así como hizo su compatriota Salif Keita, corrija estos aires mestizos mal dirigidos. Sabemos que es una gran artista, sólo esperamos que la dirección que tome en el futuro la acerque más a conceptos de fusión manteniendo sus raíces, como los recientes discos de Bassekou Kouyaté o Bombino, que este fallido “Beautiful Africa”.

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7 Comments

  1. Nicolás de la Carrera 22 junio, 2013 at 15:03

    Excelente Javier…. muy bueno !!!

    • Javier Mantecón 22 junio, 2013 at 17:33

      Gracias Nico, a ver si nos vemos pronto!

  2. Javier Moralejo 22 junio, 2013 at 16:05

    Genial artículo, muy bien escrito y muy ilustrativo para aquellos que somos profanos.

    • Javier Mantecón 22 junio, 2013 at 17:35

      Gracias! no dejes de escuchar sus primeros discos, son una maravilla.

  3. wara 30 julio, 2013 at 19:01

    por favor digannme que esto lo escribio un africano

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