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“En esos días”, por Umar Turaki

Invitado 31 julio, 2016

Este relato corto es el primero de nuestra serie de “Lecturas de verano”, en colaboración con la revista AFREADA. 

Se desnuda en un baile elegante, girando y haciendo piruetas, mudando la piel en una tira interminable de bucle amarillo, hasta ser una perfecta bola de blancura.

Así es cuando la madre de Ronke pela una naranja. Lo ha hecho más veces de las que Ronke puede contar, mostrando lo fácil y poco esforzado que debería ser.  Pero, cuando Ronke coge una naranja fresca, la mano empieza a temblarle mientras está cortando y lo único que hace su madre es despotricar por cómo agarra el cuchillo y por lo pequeñas que son sus manos para hacer cualquier cosa bien. Cuando Ronke la mira, le pregunta por qué está sonriendo. Le dice a Ronke que no sonría tanto.

Ronke prefiere los días en los que su madre tiene que irse de casa al amanecer para hacer el turno de mañana, antes de que la matrona llegue y empiece a protestar por las manchas abominables que las pacientes dejan en las sábanas. En esos días, Ronke puede librarse de tener que pelar las naranjas antes de ir a la escuela porque sabe que llegará a casa con tiempo para coger su bandeja y salir antes de que su madre vuelva a media tarde. En esos días, no gana mucho dinero porque tiene que pelar las naranjas en el puesto y, a pesar de su luminosa sonrisa, los clientes a veces se impacientan y se van. En esos días, se sienta en la playa bajo una palmera solitaria y pela como ella sabe pelar, lentamente, con golpes amables y cortos, trozos de piel de naranja cayendo en la arena como si fuera pelo esquilado. A veces se come una naranja o dos.

El último de esos días, vende naranjas a un joven simpático que le compra una botella fría de Mirinda y, cuando él se va, se sienta durante mucho tiempo y se queda dormida en la arena. Se despierta al atardecer y el mundo le parece desequilibrado por un brevísimo instante. Sus naranjas están intactas; el dinero está ahí en el bolsillo de su falda. Lo único que le falta, se da cuenta, es su ropa interior, rosa con pequeños conejitos mordisqueando esa especie de flores que nunca ha visto con sus propios ojos. Va a casa y su madre está allí, con las manos oliendo a Izal, los ojos llenos de preguntas que Ronke consigue evitar entregando las ganancias del día junto con las naranjas que no se han vendido. Nada parece estar fuera de lugar.

Aunque su madre sale al amanecer para trabajar, Ronke se despierta y pela las naranjas antes de la escuela. Las pela todas. Después de la escuela, coge la bandeja y se dirige a la calle, donde bosteza sin sentarse, donde vende las naranjas sin sonreír.

Foto: UA.X

Foto: UA.X

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* Umar Turaki es un escritor y realizador residente en  Jos, Nigeria. Sus relatos cortos han aparecido en AFREADA, Short Sharp Shots, the Ake Review, y en la antología de SSDA, Migrations. Pueden seguir a Turaki en Twitter y en su blog

* Este fue el relato finalista del primer concurso fotográfico organizado por la revista AFREADA. El desafío consistía en contar, en un máximo de 500 palabras, la historia de la chica de esta imagen del artista y fotógrafo UA

Conozcan el trabajo de UA pinchando aquí

* Traducción: Ángela Rodríguez Perea. 

 

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