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FCAT: presente y futuro del cine africano

Alejandro de los Santos 9 octubre, 2012

El próximo sábado 13 de octubre la ciudad de Córdoba extenderá la alfombra roja para la inauguración de la 9ª edición del Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT), que por primera vez cambiará de localidad tras la celebración de las ocho ediciones anteriores en el municipio de Tarifa.

En total se proyectará una selección de 85 películas, distribuidas en diferentes secciones entre las que destacan los largometrajes de ficción, cortometrajes, documentales, animación y dos retrospectivas que servirán para encuadrar algunas de las creaciones más notables del cine africano en su contexto histórico. Algunos de estos títulos contarán con la presencia de los propios directores, que presentarán sus producciones al público y abrirán el micrófono para que los espectadores comenten su punto de vista acerca de las obras. Además, el FCAT dispone de una variada programación paralela, con la participación del coreógrafo mozambiqueño Horácio Macuácua, ganador de la bienal de danza contemporéanea Danse l’Afrique Danse en 2010, que impartirá algunos talleres de esta disciplina y varias sesiones de animación en los barrios de la ciudad. También habrá espacio para un curso de cine africano, exposiciones, cuenta cuentos, talleres de percusión y danza tradicional.

Hemos tenido la oportunidad de conversar con Marion Berger que, tras seis años al frente de la programación del FCAT, probablemente sea una de las especialistas con mayor conocimiento sobre cine africano en España. A través de la siguiente entrevista nos ofrece una panorámica bastante completa sobre la situación de las cinematografías de África, sobre el grado de aceptación que existe entre el público español y sobre las dificultades económicas que está atravesando el festival debido a la crisis.

Después de la celebración de ocho ediciones del FCAT en Tarifa, ¿con qué expectativas llega el FCAT a Córdoba?

El hecho de que el FCAT se instale en Córdoba implica novedades a diferentes niveles: quisiera sobre todo destacar el compromiso por parte de la ciudad de Córdoba de cara al festival y también por la manera en que se han involucrado las asociaciones locales con la realización de una serie de actividades culturales en los barrios de la ciudad. A modo de ejemplo más concreto, puedo comentar que los 80 voluntarios del festival son cordobeses, las salas de proyecciones de cine de la Filmoteca de Andalucía y del Teatro Góngora han sido puestas a nuestra disposición y nos beneficiamos de la estrecha colaboración de los responsables de estas instituciones. Muchos de nuestros proveedores son empresas cordobesas. También se han creado dos nuevos premios: el premio Córdoba solidaria y el premio ASECAN de la crítica. El primero será entregado por representantes de cinco ONG cordobesas que paralelamente animarán los debates de algunas de las películas; el segundo será otorgado por la Asociación de Escritores de Cine de Andalucía. Además, por ser una ciudad universitaria, Córdoba nos ha permitido poner en marcha muchas actividades pedagógicas con los estudiantes.

“Sur la planche” de Leïla Kilani (Marruecos)

Por otra parte, este año haremos por primera vez una incursión en las cinematografías de Oriente Próximo con la sección fuera de concurso panarábica, puesto que nos pareció que Córdoba, cuna de civilizaciones, resultaba el lugar idóneo para alargar la programación hacia una zona con la que comparte tantos años de historia. Hay una cultura común entre el norte de África y el Próximo Oriente que es interesante subrayar, sobre todo después de los eventos de la llamada Primavera Árabe.

Además de este monográfico sobre las cinematografías de Oriente Medio, ¿qué puede destacar de la programación de este año?

No ha sido fácil montar la programación de este año debido a los recortes que sufren hoy en día el sector cultural y la cooperación en España. Pero por otro lado, la falta de medios es generadora de imaginación y creatividad. Obviamente tuvimos que reducir el número de películas, que este año será de 85, y proponemos muchos títulos de nuestro fondo fílmico que hemos seleccionado y traducido ya en ediciones anteriores. Pero esta exploración de nuestros fondos fílmicos ha dado lugar a retrospectivas monográficas o temáticas que, añadiendo algunos títulos inéditos en el FCAT, presentan un conjunto coherente de contenidos y se introducen desde una perspectiva bastante original en el panorama de los festivales de cine africano. Podemos destacar de esta forma la retrospectiva Cine y Urbe, sobre la ciudad africana como protagonista en el cine, o la retrospectiva Argelia: 50 años de historia y cine que propone diez títulos de la cinematografía argelina que estarán acompañados de mesas redondas centradas en la cuestión de cómo puede (o no) el cine representar el pasado, y por qué tiene (o no) el cine que ser comprometido. También propondremos la sección La pequeña filmoteca de Abderrahmane Sissako, compuesta por títulos cuya selección en un festival de cine africano sorprenderán a más de un espectador. La idea es profundizar en el estudio de la obra del autor maliense-mauritano, que se encontrará entre nosotros, presentando cuáles fueron las obras que más marcaron e influyeron en su obra. Se trata también de volver a colocar las películas africanas en un contexto cinéfilo internacional e intentar romper con la inevitable “guetización” que sufren los festivales especializados en cine africano.

“Ici on noie les algériens” de Yasmina Adi

Así pues, podemos destacar películas de gran calidad seleccionadas en las secciones a concurso, como la premiadísima Sur la planche de Leïla Kilani (Marruecos), la casi inédita Virgem Margarida del mozambiqueño Licínio Azevedo, uno de los muy escasos largometrajes de ficción producidos por este país, o la muy innovadora Matière Grise del ruandés Kivu Ruhorahoza, primer largometraje de ficción de la historia del cine de Ruanda. En la sección documental, hemos privilegiado películas narradas en primera persona que a menudo borran los límites de la ficción y del documental como La vierge, les coptes et moi de Namir Abdel Masseeh, o la sudafricana Gangster Project de Teboho Edkins. También hemos dejado espacio para películas más tradicionales en su forma pero de alto interés temático, pues aclaran episodios hasta ahora ocultos de la historia. Es el caso de Ici on noie les algériens  (Aquí se ahogan los argelinos) de Yasmina Adi, gran trabajo de investigación acerca de la masacre de centenas de argelinos por parte de la policía francesa en París el 17 de octubre 1961.

Además de las películas a concurso de este año, en la programación se aprecian numerosos títulos más conocidos. ¿A qué se debe esta retrospectiva del cine africano tan diversa?

Como explicaba anteriormente, las cuestiones económicas de este año no nos permitían dar mucho espacio a los títulos inéditos, con lo cual hemos decidido valorar películas de nuestro fondo fílmico ya subtituladas en castellano. Son títulos más conocidos para la gente ya conocedora de la escena africana, pero probablemente no lo son tanto por parte del gran público. Nos pareció oportuno que al llegar a Córdoba se permitiera a su público descubrir “grandes clásicos”, si me puedo expresar así. Además intentamos presentárselos bajo una perspectiva original, como en Cine y Urbe, concebida para romper un poco con la visión estereotipada de una África rural, cuando realmente es el continente con más crecimiento urbano hoy en día.

Tras nueve años de batalla para acercar el cine africano a los españoles, ¿piensa que ha aumentado el interés del público español?

Aunque es un valor difícil de medir, creo que sí ha aumentado. La cuestión de la demanda depende mucho de la oferta. Cuanto más cine africano se vea en España, más crecerá el interés del espectador. Pero para esto sería importante que algún día, como ocurrió con el cine asiático, los cines africanos disfruten de una salida comercial y televisiva. Mientras tanto, nosotros hemos puesto en pie, casi simultáneamente al festival, el programa Cinenómada, que consiste en una especie de distribución cultural de películas africanas a través de ciclos. A pesar de la crisis, seguimos teniendo bastantes solicitudes por parte de asociaciones, ONG y otras instituciones para organizar proyecciones en todo el país. Esto es buena señal. Claro está que de momento afecta a un público minoritario, pero es muy importante que siga existiendo una ventana abierta sobre estos cines, de lo contrario nuestra labor durante estos nueve años habría sido en vano. En Córdoba, considerando la importante asistencia a las proyecciones al aire libre que se han organizado en los barrios hasta el momento, tenemos bastantes esperanzas en cuanto a la adhesión de público.

“La vierge, les coptes et moi” de Namir Abdel Masseeh (Egipto)

Se aprecia un tímido incremento de las coproducciones entre España y África y de películas españolas relacionadas con el continente, ¿piensa que en general se suele trabajar con conocimiento?  

Las coproducciones españolas son más numerosas con los países del África del norte, y con Marruecos en particular. Imagino que se debe al vínculo histórico que une a los dos países. También es verdad que vemos emerger algunas coproducciones con países como Senegal o Mozambique, que a menudo son realizadas por directores españoles y no siempre rompen con ciertos estereotipos o con un cierto paternalismo, pero ya es un punto a favor ese interés por ir allí a rodar con una aportación local. Creo que las cosas no pueden cambiar del día a la mañana, las relaciones culturales entre España y África en la era contemporánea son bastante recientes. Por otro lado, hay otras películas que son muy buenas, miradas de cineastas españoles tal vez no obligatoriamente conocedores del continente, pero muy honestas y puras. Están filmadas desde una postura humilde pero llenas de avidez por observar, por comunicar y por intercambiar antes de juzgar.  Y sobre todo son obras a través de las cuales los directores son capaces de cuestionarse a sí mismos, lo que explica el punto de vista con que se acercan muchos cineastas españoles a África. Estas películas me parecen muy honestas y muy reales: es verdad que poco sabemos del enorme continente africano por lo que, a mi juicio, la mejor actitud cuando uno decide ir a filmar sus realidades, es hacerlo siendo consciente de ese desconocimiento, con una cierta “virginidad” en la mirada.

En cuanto a las coproducciones realizadas por directores africanos, aunque no quiero avanzar demasiado, creo que son todavía muy escasas. Pero como decía antes, es un proceso que lleva su tiempo, sobre todo en el caso de un país como España que casi acaba de empezar sus relaciones culturales con África.

África y urbe: “Moi, un noir” (1958) de Jean Rouch (Francia)

¿Se aprecia algún un avance de la producción cinematográfica africana desde que celebraron la primera edición del festival en 2003? ¿Cree que ha llegado el momento de que algunos países con mayor capacidad de recursos como Sudáfrica o Marruecos financien proyectos de directores de otras nacionalidades africanas?

En términos generales, creo que la producción cinematográfica está avanzando en África, aunque hay muchas disparidades entre los países. En los últimos años se ha optado por un tipo de producción más económica gracias a las nuevas tecnologías, con un material más ligero y más barato. Desde finales de la década pasada ha surgido una nueva generación de cineastas africanos que plantean una manera muy distinta de hacer y producir cine respecto a la primera generación, e incluso la segunda. Estoy pensando sobre todo en el caso de países como Mozambique o Argelia, donde en una cierta época hubo un sistema nacional de producción eficaz. Actualmente existe una nueva generación de jóvenes directores que, independientemente de los medios que disponen, están decididos a llevar a cabo sus proyectos pasando por alto el complejo y burocrático sistema de las ayudas internacionales. Hacen películas, cortos y documentales de bajo presupuesto, pero con una frescura inédita en su estilo y en sus temáticas. En este sentido, hay que destacar el caso particular de Sudáfrica, donde existe hoy en día una industria muy prolífica que funciona por si sola. De hecho, se está convirtiendo poco a poco en coproductor de obras de otros países africanos, como es el caso del productor sudafricano Steve Markowitz, que está respaldando proyectos de jóvenes cineastas keniatas como Wanuri Kahiu o Hawa Essuman. Por su parte, Senegal está desarrollando mucho la producción de documentales, gracias a la creación de un máster de realización documental y a la organización de Les rencontres tënk, una especie de mercado de cine documental. Y no podemos olvidar el crecimiento que está experimentando Marruecos en ese sentido: en 2011 produjo nada menos que 23 largometrajes de ficción, una cifra record a tener muy en cuenta. Este país está apoyando igualmente proyectos argelinos como la última película de Fatma Zohra Zamoun Kedach Ethabni, que recibió el apoyo del Centro Cinematográfico Marroquí.

Argelia: 50 años de historia y cine. “Bab el Oued City” (1994) de Merzak Allouache

Por lo tanto, pienso que las cosas están cambiando, hay una voluntad evidente por parte del sector cinematográfico africano por dar un giro a los dispositivos de financiación. Obviamente la crisis en Europa está afectando a los fondos de ayuda internacional. En el caso de Francia, por ejemplo, el Fonds Sud, que ha permitido la realización de muchísimas películas en las décadas anteriores, se ha fusionado con la Ayuda a las películas en idioma extranjero, llamándose ahora Ayuda a los cines del mundo a la coproducción internacional, privilegiando los proyectos con una aportación francesa importante y penalizando las pequeñas producciones extranjeras, entre ellas las películas africanas que hace algunos años podían beneficiarse de las ayudas del Fonds Sud. Independientemente de ello, el sector cinematográfico africano muestra la necesidad de ser cada vez más autónomo en su manera de producir cine, y no verse afectado en ningún caso por unas reglas que siguen estando impregnadas de un cierto paternalismo. En el fondo, se trata simplemente de querer ser más libre.

En las últimas semanas el FCAT lanzó una campaña de crowdfunding para recaudar fondos que garanticen la celebración de esta próxima edición. ¿Qué futuro depara al Festival de cara a los próximos años ante la situación económica que vivimos actualmente?

El crowdfunding es un medio de financiación cada vez más utilizado en el sector cultural y cinematográfico, y también es muy útil para completar presupuestos, pero necesita un equipo de trabajo especializado y dedicado al 100%. Y esta tarea el FCAT no ha podido rematarla del todo.

Por lo demás, creo que es difícil hacer muchas predicciones acerca del futuro: por un lado, llegamos a una nueva ciudad que nos ha acogido con los brazos abiertos. No creo arriesgarme mucho diciendo que no sería de su interés el no seguir apoyándonos y  hacer todo lo posible para que sigamos existiendo. Sin embargo, las perspectivas económicas de España no son para entusiasmarse, sabemos que los presupuestos de cultura y cooperación, de los cuales dependemos principalmente, son siempre los primeros en sufrir recortes, en España y en todas partes. Este año la realización del festival ha sido una verdadera cruzada, hemos preparado esta edición como no habíamos hecho nunca antes, sin tener ni siquiera la certeza de si íbamos a poder celebrar su 9ª entrega. Al final creo que va a ser una edición muy digna y rica, a pesar de las dificultades. La clave para salvar el FCAT es el empeño, la energía y las ganas que siguen imprimiendo en el proyecto la directora, Mane Cisneros, y todo el equipo. En 2013 tendrá que haber una nueva edición, por supuesto reduciendo la programación a la medida de nuestros recursos, si no queremos que se cierre definitivamente el festival. Y eso sería una verdadera lástima ya que durante muchos años el FCAT ha sido casi la única ventana al cine africano que existe en España.

Para más información, descargar la programación y el catálogo: www.fcat.es

El tráiler de una de las películas favoritas de este año, Virgem Margarida de Licínio Azevedo:

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