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Hassane Kassi Kouyaté: «¿Y si empezamos por cambiar nosotros mismos?»

Hassane Kassi Kouyaté es uno de los grandes nombres del mundo del teatro del panorama francófono así como una de los grandes estandartes de la gestión cultural en África y en Francia. Kouyaté reflexiona sobre la crisis del Covid-19, partiendo del plano personal, para cambiar el futuro.

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Autora: Muriel Mingau*

Cuentacuentos, músico, actor, director de escena, Hassane Kassi Kouyaté dirige, en Limoges, «Les Francophonies, des écritures à la scène». Este cruce mundial de la creatividad francófona propone dos festivales, las Zébrures de Printemps dedicadas a la escritura y las Zébrures d’Automne, manifestación cultural pluridisciplinar en torno al teatro.

¿Hassane Kassi Kouyaté, cómo ve “la vida de después”?

Para empezar me apetece considerar la vida de hoy, “mi” vida de hoy. Sería una pretensión por mi parte querer hablar de la vida de después, del mundo de después, de la humanidad, etc. Existen especialistas para ello, es algo de lo que yo no lo soy. Además, hay tanta gente que se adueña del mundo y del futuro. Me parece agotador. Todo el mundo se ha convertido en especialista del mundo, de cuestiones políticas, geopolíticas, económicas, financieras, médicas, etc. Mi educación y mi cultura me dicen que el mundo es tan vasto y plural que desde mi humilde posición, plantear algo para todo eso, es demasiado. Prefiero hablar de “mi vida” de después. Cada uno, desde su humilde posición, debe comenzar a formularse preguntas sobre sí mismo. Esta situación de pandemia debe llevarnos a preguntarnos ¿quiénes somos, quiénes queremos ser, con qué, con quién, con qué medios? Si cada uno hace realmente ese trabajo, el mundo cambiará. 

¿De qué manera?

No lo sé, pero el mundo ya no será como antes. Por añadidura, son los políticos quienes deciden normalmente el futuro. Sin embargo, esas decisiones no llegan. Así que no nos queda otra que la introspección. ¿Qué puedo hacer para afrontar lo que llega? ¿Qué enseñanza sacar para que eso no se reproduzca? No estamos solos. Entonces, haciendo esa introspección, estaremos obligados a ir al encuentro del otro. De nosotros mismos surgirá una reflexión para ir hacia los demás. Tengo la impresión de que habrá más apertura.

Sus elecciones artísticas muestran que su sensibilidad ya le llevan ir hacia el otro. Poco cambio para usted…

Digo simplemente que si hiciéramos ese trabajo, todos nosotros iríamos hacia los demás. Conoceremos nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Nos escucharemos para juntar nuestras fuerzas, dejando nuestras debilidades de lado, para avanzar mejor, para que la vida prevalezca sobre la muerte. Para mí, es esencial que a la vida le dé vergüenza la muerte. Puede parecer complicado pero, para mí, es muy sencillo. No hay más capacidad de escucha en este mundo, debido a la rentabilidad a todos los niveles. La rentabilidad produce sectarismo, competencia malsana. 

En los barrios actualmente, se observan pequeños gestos de solidaridad entre vecinos hablándose más, haciéndose favores, haciendo la compra a los más mayores.

Es eso de lo que hablo. La apertura hacia al otro comienza ahí, en las pequeñas cosas. Solo con las pequeñas cosas podremos crecer, construir poco a poco un futuro duradero. En “la vida de después”, estas cosas permanecerán. No van a desaparecer. También observo que no será solo por teléfono. La gente confinada tiene mucho tiempo, así que se acuerdan de ti y te llaman desde el otro lado del mundo. Yo también llamo. Y eso va a quedarse. No puedo pensar que volvamos hacia atrás, como antes.

«La apertura hacia el otro comienza en las pequeñas cosas. Solo con las pequeñas cosas podemos crecer y construir construir poco a poco el futuro»

Hassane Kassi Kouyaté ©Stephane Lefèvre

¿No asusta que todo empiece enseguida como era antes?

Hay un proverbio que dice: «Quien a escuchado a un león rugir y quien ha visto a un león rugir no corren de la misma manera”. Quien vivió la Segunda Guerra Mundial no percibió el mundo como antes. Todo los que han vivido el confinamiento, con las consecuencias palpables o no palpables, no pueden ser como antes. ¿Cómo vamos a reaccionar? ¿Cómo va a evolucionar esto? No lo sé. Por el contrario, sé que las potencias económicas y financieras van a tratar de sacar partido de la situación. ¿De qué el forma el mundo le plantará cara a tal engaño? No lo sé. Es la gran cuestión. No nos dejaremos embaucar. Ellos no van a cambiar. El virus afecta a la bolsa pero no a las cuentas del banco. Son como gatos que recaen sobre sus patas. Tenemos que permanecer vigilantes, atentos a lo que organicen para retomar su lugar. Si tengo algún temor es ese, puesto que son fríos calculadores.

«Las potencias económicas y financieras van a sacar partido de la situación, ese es mi temor»

¿Cómo podemos permanecer vigilantes?

No sé cómo nos podemos enfrentar a esas personas. Es mi temor. Hablemos de mi sector, el arte y la cultura. Está ocurriendo algo hipócrita. Si no estamos alerta, vamos a caer en la trampa. 

¿En cuál?

La idea que se extiende es la siguiente. La solidaridad quiere que todos los festivales cancelados converjan en un gran evento común el próximo otoño. No estoy en contra, salvo que la voluntad es reagrupar para financiar menos. Hace diez años que Francia mutualiza para escatimar recursos. Es una trampa puesto que algo así puede provocar la perpetuación de este procedimiento. Además, si todo se reagrupa, se matan las especificidades culturales y la oferta artística en el territorio. La solidaridad sí, pero hay que estar atentos para proteger la especificidad de nuestras acciones, de nuestros eventos. Eso es lo que hace que haya una vida cultural en un territorio. La cultura no debe convertirse en un supermercado donde encontramos de todo, formateando, normalizando, matando las especificidades. Recordemos que las grandes superficies mataron a los pequeños comercios que daban vida a los barrios.

Eso plantea en efecto la cuestión de las “pequeñas” manifestaciones culturales.

Para mí no hay “pequeños”. Esas manifestaciones son necesarias en el territorio. Son diferentes. Esa apelación de “pequeño” alude a lo que decía anteriormente. Es una forma de ponernos en competencia. 

«La cultura no puede convertirse en un supermercado que mata las especificidades, al igual que los supermercados mataron al pequeño comercio que daba vida a los barrios»

Usted es franco-burkinés. ¿Cuál es su reacción al anuncio de la anulación de la deuda de África, convertida en moratoria de 12 meses? Se trataría en realidad de causarle un perjuicio a China, primer acreedor de África…

Eso forma parte de los engaños de ciertas potencias. Es pura manipulación. Son migajas de pastel concedidas para darnos la impresión de que participamos en la merienda, hacernos creer que no somos excluidos, para mantener el hilo que nos aprieta. Se trata en efecto de competencia entre las potencias, una forma de desestabilizar a China, que allí se encuentra para hacerse con el gran pastel que es África. Incluso la suspensión de la deuda no sería suficiente para ayudar a África. Así que una moratoria… En África, el coronavirus se suma al problema que más mata: la mala gobernanza. ¿De qué pueden servir los millones de ayuda anunciados en francos CFA, si a la población no se le educa, no se le cuida, si está mal gobernada, si la riqueza es saqueada? Por todos estos motivos la gente se muere… Hoy, los africanos no se mueren más que antes del coronavirus. El número de muertos declarados son los mismos que antes. ¿Quién se ha movilizado contra esta mafia internacional? Todas las acciones hacia África en razón del Covid-19 son una cortina de humo. 

¿Tiene noticias de Martinica, ya que usted dirigió el teatro nacional, el Atrium?

Hoy en día, el dengue causa estragos en Martinica. Es esto lo que le da miedo a la gente, no el virus. La Historia nos enseña que en diferentes épocas existen sistemas de limpieza. Es duro, triste, amargo, por supuesto. Pero eso quizá forma parte del ecosistema global. Actualmente, el debate en la población no versa sobre la muerte sino sobre la manera en que la situación es gestionada por el poder. Si el ser humano ve que se ha hecho lo máximo por la vida, acepta más fácilmente la muerte. Lo acepta menos cuando las cosas que podrían haber sido realizadas no han ocurrido. 

¿El qué, por ejemplo?

El material, el sistema de sanidad, las aglomeraciones autorizadas mientras el virus está ahí… Cuando se muere porque no hay camas suficientes en un país supuestamente “desarrollado”, esa muerte se convierte en algo difícilmente aceptable. 

¿Y los tratamientos?

En ciertos países, la gente prueba tratamientos diciéndose que no tienen más opción. Otros no. Cuando los lobbies de los laboratorios farmacéuticos no quieren que probemos ciertos tratamientos, pues eso puede perjudicar a su proyecto, tenemos un problema. Cuando, por dinero, se manda a la gente a trabajar mientras que sabemos muy bien cómo se propaga el virus, tenemos un problema. 

¿Y la ecología?

Con el confinamiento, contaminamos menos. Todo el mundo estaba de acuerdo antes del coronavirus con que había que actuar a favor del medioambiente. Con los aviones y los coches parados… Hay que continuar por ese camino. ¿Tenemos tanta necesidad de movernos? Yo el primero, ¿necesito ir tan frecuentemente de viaje de trabajo cogiendo un avión?

Aunque su profesión lo exige…

Cuando estoy en Limoges me desplazo a pie o con mi bonobús. Todo desplazamiento que no puedo hacer, no lo hago. En mi vida profesional, a veces es indispensable que vaya al extranjero, cuando se trata de descubrir a nuevos artistas. Pero, en ciertos casos, ¿no podríamos haber recurrido a personas de confianza que se encuentren en el lugar, por ejemplo? Todos tenemos que reinventarnos. Cada uno tiene que reinventar las cosas, desde su humilde posición, trabajando con los demás allí donde estemos operando. Eso significa, crear lo posible, vida. 

El arte y la cultura, el después en concreto.

Los artistas tiene que empezar a trabajar, ensayar. Está bien la música en vídeo, en las redes sociales pero eso no tiene nada que ver con las artes escénicas. Creo que hay otras cosas que son realizables. En principio, debería ensayar a finales de mayo una creación en la Chartreurse Les Avignon con diez personas. Se ha suspendido. ¿De qué forma en un país como Francia no es posible organizar esa residencia, haciéndole el test a todo el equipo? De esta forma nos quedaríamos en la Chartreuse y trabajaríamos. El trabajo del artista no se resume solo en la representación. El arte y la cultura son elementos de resistencia, elementos esenciales para la vida. Si no ponemos eso en marcha, creo que todo lo demás será difícil. 

¿Qué pasará con las Zébrures d’Automne a finales de septiembre/principios de octubre?

Hasta ahora, nada me dice que no pueda hacer el festival. Por lo tanto, continúo trabajando, pues lo que está a mi alcance, lo hago. Este festival será posible, incluso si las fronteras permanecen cerradas. Habrá doce espectáculos en las próximas Zébrures d’Automne. Diez son realizables sin desplazamientos internacionales. Así pues, el festival podrá tener lugar con artistas de la diáspora. Por tanto, trabajo con ambas hipótesis, con y sin desplazamientos internacionales. 

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* Muriel Mingau es periodista cultural. 

*Esta entrevista fue publicada en el periódico Le Populaire du Centre du groupe Centre France y ha sido reproducida con permiso de los editores y de la autora. Para leer la entrevista original en francés, clic aquí.

*Traducción: Alejandro de los Santos

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