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El teatro de la resistencia: Julien Mabiala Bissila

Javier Mantecón 24 noviembre, 2016

El teatro en el Congo proviene de una larga tradición que se remonta a manifestaciones artísticas intrínsecas a la cultura popular. Inseparable de la danza, la música y la oralidad, el teatro, al igual que en muchos puntos del continente, ha sido siempre portador de un contenido, un mensaje, que transmitir al público. La influencia de la cultura francesa tuvo un gran impacto en el África colonial, tanto la literatura, como el teatro de origen francés, aportaron consigo una reestructuración de las formas tradicionales, que si no desaparecieron, sí se adaptaron a un nuevo lenguaje dramatúrgico.

La intelectualidad de la República del Congo estaba muy conectada a la red francófona que tenía a en Senghor o Sony Labou Tansi como faros culturales que aún brillan en la actualidad. Sería este último una de las grandes influencias de Julien Mabiala Bissila, uno de los dramaturgos con más talento de África Central.

Estamos viviendo en estos momentos lo que podríamos denominar una explosión de creatividad en el teatro de Congo – Brazzaville que recoge el testigo de lo que en los años 80 se denominó “La edad de oro del teatro congolés”, formada por las tres grandes figuras que proyectan su obra hasta la actualidad: los conocidos como SOMADO, o lo que es lo mismo, Sony Labou Tansi, Matondo y Dongala. En esta última década, esta tripla ha sido reivindicada por los dos autores más destacados e internacionales del país, nuestro protagonista y Dieudonné Niangouna pero también por dramaturgos no tan reconocidos como, Felhyt Kimbirima, Arthur Batouméni, Ludovic Louppe o Abdon Fortune Koumba.

Este grupo de autores, conocido como “La generación de la resistencia” se ha caracterizado por continuar la senda temática de reivindicación política que ya comenzó SOMADO en los 80 pero actualizando su discurso a la realidad actual. Esta línea de trabajo que abraza el mensaje contestatario ha puesto en aprietos a algunos de estos autores, sin ir más lejos, las obras de Niangouna, fueron vetadas en los teatros públicos del país en 2016.

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Un tema recurrente en las obras de esta generación y aún más palpable en la producción de Julien Mabiala Bissila, es sin duda las consecuencias de la guerra civil que sufrió el país de 1993 a 1999 y que aún perduran en el país. Bissila, al igual que la mayor parte del país, sufrió la guerra en sus propias carnes, refugiándose durante dos años en la espesura de la selva tropical. Una vez la guerra cesó, Bissila comenzó a escribir y pronto había creado su propia compañía de teatro llamada Nguiri-ngiuri. Tras años de duro trabajo en Brazzaville, Bissila obtiene la beca de residencia del festival Francophonies en Francia en donde escribe su obra “Au nom du Père du fils et de J.M. Weston” que a partir de 2015 será representada en teatros de medio mundo.

A partir de 2011 Bissila combinará la representación de sus obras con la escritura de nuevos textos. Ya establecido en Francia y tras serios problemas con las autoridades congolesas debido a la politización de sus textos, en 2014 gana el premio Journées de Lyon des Auteurs de Théâtre con su obra “Chemin de fer”, en 2015 publica « Crab Rouge » que ya había sido representada anteriormente en Limousin  durante el Festival des Francophonies de 2013 y también en 2015 comparte su primer texto autobiográfico “Après une longe apnée” en el que relata su huida de la República del Congo.

Si tenemos en cuenta lo recurrente de la temática bélica en su obra, podríamos pensar que Bissila es un autor pesimista y oscuro. Nada más lejos. Su obra combina la fina ironía y el humor con el drama como trasfondo contextual. El texto de “Au nom du père du fils et de J.M. Weston” que representa el propio Bissila junto a Criss Niangouna (hermano de Dieudonné), nos introduce en la historia de dos hermanos que retornan a Brazzaville tras la guerra intentando buscar las huellas del pasado ya perdido en su antiguo barrio. En la obra, que cuenta con una escenografía limitada pero muy eficiente, nos trasladamos a una ciudad en ruinas que intenta recuperarse del trauma de un enfrentamiento desgarrador. En ella los hermanos tratan desesperadamente de encontrar cualquier señal que les recuerde su origen y su infancia al mismo tiempo que unos zapatos Weston, lo último en moda Sape, que fueron enterrados por su familia durante la guerra. La aparición de un viejo sapeur antiguo amigo de su padre, encarnado por el gran Marcel Mankita, encandila al público aportando humor sarcástico y perspectiva histórica a toda la trama.

La complejidad y al mismo tiempo sencillez que desprende toda la obra hace fácilmente comprender por qué Bissila ganó también el premio RFI de teatro en 2014. El gran triunfo que supone “Au nom du père du fils et de J.M. Weston” es la combinación de drama histórico con humor actual sin que se sospechen las costuras. Reímos, aprendemos y añoramos en una obra de teatro que hace reflexionar al mismo tiempo que entretiene a través de unos personajes que miran al futuro desesperadamente, huyendo de un pasado y un presente que ya no les pertenece.

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Que la producción de Bissila continúe cosechando éxitos allá donde se representa no es una sorpresa. Su inteligencia y gusto por narrar historias cotidianas en trasfondos dramáticos nos recuerda que más allá de las guerras, del sufrimiento y los refugiados, existen las personas cuyos sueños, recuerdos, vivencias, lágrimas y sonrisas persisten más allá de las adversidades.

El teatro congolés se encuentra en un momento brillante de su historia. La desbordante creatividad de sus dramaturgos son un ejemplo a seguir por todo el mundo francófono, y no sólo africano. Ni siquiera el exilio forzado de sus dos autores más reconocidos, Dieudonné Niangouna y Julien Mabiala Bissila, ha podido frenar la cristalización de la escena. O quizás sea esa represión la que aporte más energía a través de la rabia que infunde. Sea como fuere, el público está de enhorabuena, puede que en algunos años oigamos hablar de la Segunda Edad de Oro del teatro congolés que se desarrolló a principios del siglo XXI. Mientras tanto, disfrutemos del teatro congolés, que desgraciadamente se representa más en el extranjero que en el propio Congo, en donde tras la guerra civil, las cenizas del país han dejado una sociedad renqueante cuyos jóvenes no pueden acceder a los textos teatrales de sus propias figuras nacionales, publicados a precios prohibitivos. “La generación de la resistencia” pone en evidencia la dificultad que supone poder vivir digna y libremente del arte, pero también que la creatividad no tiene ni debe tener límites.

 

 

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