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La urgencia de una política lingüística africana contracolonial. Lectura de “Descolonizar la mente” de Ngũgĩ Wa Thiong’o

Invitado 30 enero, 2019

Autor invitado: Apolo de Carvalho*

“Descolonizar la mente” (1986) es el título de una de las grandes obras del escritor keniano Ngũgĩ Wa Thiong’o. Dramaturgo y ensayista, considerado a sí mismo cuentacuentos, autor de obras icónicas, entre las cuales “No llores niño” (1964), “Un grano de trigo” (1967) o “Pétalos de sangre” (1977), Ngũgĩ Wa Thiong’o es un intelectual comprometido con la causa panafricanista, uno de los arquitectos contemporáneos del Renacimiento Africano preconizado por el senegalés Cheikh Anta Diop. A través de una escritura militante y a pesar de la censura política, el exilio y los varios atentados contra su vida y dignidad, Wa Thiong’o sintetiza e interconecta, magistralmente, nutrientes esenciales al espíritu de quienes resisten y sueñan con un África libre del “miasma” esclavista-colonial.

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En “Descolonizar la mente”, Ngũgĩ wa Thiong’o aborda la cuestión del uso de las lenguas maternas africanas en la literatura producida en el continente, tejiendo duras críticas a los escritores africanos que escriben en lenguas europeas. Su propuesta es radical, en el sentido etimológico de la palabra. Busca el rescate, el retorno y la valorización de las lenguas maternas como condición indispensable para que los africanos puedan “retomar la iniciativa de su propia historia” y lograr el desarrollo de todo el continente pero, también, para romper con la histórica situación de subordinación frente al imperialismo colonial, para que entendamos el contexto histórico-lingüístico que interconecta a los países que usan las lenguas coloniales como oficiales y, por ello, su traducción en nuestros idiomas maternos, peor también en portugués, deviene urgente y necesaria.

Inscripciones en tifinagh, alfabeto milenario utilizado en la lengua Tamasheq, del pueblo tuareg.

Este libro es mi adiós al inglés en toda o cualquier tipo de escritura“, declara el autor desde la primera página, afirmando que “en adelante, escribiré solo en kikuyu i kiswahili“. El kikuyu, lengua bantú, hablada por cerca de siete millones de personas en todo el mundo, es la lengua predominante en Kenia (lo que corresponde al 22% de toda la población). El kiswahili, igualmente lenguas de origen bantú, hablada sobre todo en el África oriental y en los Grandes Lagos, es una de las lenguas africanas con mayor número de hablantes y de las pocas que tienen un recorrido “político-lingüístico significativo”, considerando su larga presencia en la
literatura escrita y en la enseñanza, tanto en África como en las diásporas.

La Conferencia de los Escritores Africanos de Lengua Inglesa, 1962

“Descolonizar la mente” es, desde mi punto de vista, una obra-manifiesto de un intelectual que, conocedor del contexto lingüístico anómalo beligerantemente pensado y forjado en la Conferencia de Berlín de 1885 (que descompuso de forma inédita todas las estructuras del continente y cuyas consecuencias se siguen sintiendo), busca establecer las bases de una purga y reconciliación con esas lenguas “ignoradas, marginadas y despreciadas” que aspiran, también ellas a ser algo mucho más que meros objetos de folklore (si parafraseamos a Alfred Sauvy).

El “episodio” a partir del cual el autor estructura gran parte de su pensamiento es la Conferencia de los Escritores Africanos de Lengua Inglesa (1962), organizada por la Universidad Makerere en Kampala (Uganda). En esta conferencia, participarían como estudiantes, entre otros algunos de los nombres más reconocidos de la literatura del continente africano como Chinua Achebe, Wole Soyinka, Gabriel Okara, Christopher Okigbo y el propio Wa Thiong’o. Esas personalidades formaban parte de la más alta élite intelectual africana de la época y escribieron obras de referencia que alimentaron diversas trincheras de las luchas anticoloniales. Con todo, todos, sin excepción, se expresaban y producían en lenguas europeas. Según Wa Thiong’o, el tanzano Shaaban Robert, considerado el mayor poeta del África Oriental de la época, escribía en kiswahili, así como el escritor nigeriano Chief Faguna que escribía en yoruba, fueron los grandes ausentes de esta conferencia.

Vista de artista de los participantes en la Conferencia de Escritores de Lengua Inglesa. Ilustración: Dada Khanyisa, via Chimurenga Chronic.

En el orden del día estuvo la sempiterna cuestión de la naturaleza de la literatura africana. Todos procuraban problematizar lo que sería eso de la “literatura africana” centrando el cuestionamiento en dos dimensiones: el cuerpo que la produce y el lugar o la geografía donde es producida. En ningún momento se problematizó la cuestión del dominio de las lenguas europeas y la importancia de las lenguas maternas africanas en la producción literaria. Esto nos muestra que las lenguas coloniales (inglés, francés y portugués) alcanzaron un estado tal de naturalización que no constituyeron ni siquiera un tema de debate. Se consideraban más como un dato adquirido y se vivía una situación de plena conformidad en relación a esas lenguas. Este era el sentimiento generalizado no solo de la conferencia, sino de gran parte de la alta élite intelectual africana. A título de ejemplo, el autor cita a Senghor, uno de los precursores del movimiento de la Negritud que, en el prefacio de los Cuentos de Amadou Koumba, felicita a Birago Diop por haber resucitado el estilo y el espíritu de los cuentos africanos, gracias al “francés, esta lengua de gentileza y honestidad”.

El sentimiento de gratitud en relación a las lenguas europeas atraviesa también el campo político, en el cual, tal como el tema de las fronteras heredadas del colonialismo, nunca fueron objeto de cuestionamiento o de discusión amplia. Me atrevo a decir que las lenguas impuestas por el colonizador no pasaron (tal vez por un cierto pragmatismo utilitarista, como podemos desprender, por ejemplo, del posicionamiento de Amílcar Cabral sobre la lengua portuguesa), por el escrutinio radical de los movimientos de liberación nacional en África y que ese legado aún existe.
Según Ngũgĩ wa Thiong’o, para hacer que las lenguas africanas se retiren de esa posición de subalternidad es necesario simplemente que estas se enseñen en las escuelas. Esta es una condición fundamental para que la propia cultura tenga las condiciones suficientes para “renacer”, dignificarse como motor de desarrollo de los países africanos. Este paso sería un gesto importante de afirmación de la soberanía de una África que se ve y se piensa como centro de sí misma. Llegados a este punto, se sitúa en la misma posición de Cabral y Ki-Zerbo que también reflexionaron sobre estas cuestiones.

Centrarse en una educación endógena, en la cual se haga uso y se valoren los métodos locales y culturales de transmisión del conocimiento, como es el caso de la oralidad, es una de las grandes propuestas del autor para quien la enseñanza de la literatura oral complementaría de forma útil y simbiótica, la enseñanza de una literatura africana moderna sin que esta pierda sus raíces.

El escritor tanzano Shaaban Robert y una página de su libro “Kufikirika”, escrito en suajili.

Debate de Nairobi, 1968

Estas cuestiones llegaron a abordarse con entusiasmo en el gran Debate de Nairobi de 1968, sobre la enseñanza de la literatura en las escuelas y en las universidades que el autor describe. Este debate, que reunió a una serie de personalidades kenianas, criticó el papel hegemónico del departamento de inglés en la enseñanza de la literatura, haciendo emerger en el seno de las universidades un movimiento a favor de la enseñanza de las lenguas africanas.

La enseñanza de la literatura africana en las escuelas kenianas, 1974

En 1974, y teniendo en cuentas las lagunas de la primera, se organizó otra conferencia sobre el tema “La enseñanza de la literatura africana en las escuelas kenianas”, con la presencia de 200 personas, entre académicos y técnicos del gobierno, editores y delegados de los departamentos de literatura de Tanzania y de Malaui en Kenia. El espíritu de la conferencia
está patente en las conclusiones del comité de redacción que, para el autor, se afirma con fuerza, al aspirar a una conciencia panafricana. “Los autores del informe consideran África un todo, rechazan la división entre África del norte y África subsahariana. Ellos cuetan con un continente unido al resto del mundo”.

Para los conferenciantes, también era importante transmitir a los niños la idea de un África anclada en sus diásporas y, en este sentido, hacer que se familiarizasen con las literaturas afroamericanas y caribeña. La consciencia histórica presente en el informe abraza así los propósitos del Panafricanismo, declarando que, tal como la literatura del continente, las
literaturas de las diásporas encarnan un combate por la identidad cultural, en la medida en que varios africanos de las diásporas contribuyeron incansablemente a la emancipación cultural y política de África. A pesar de todo, el informe se mostraba favorable al enseño de literaturas de otras partes del mundo y Tolstoi, Gogol, Gorki, Zola, Sinclair, Dickens, Shakespeare, Mann y Brecht son algunos de los nombres galvanizados como pertinentes para enriquecer el bagaje cultural de los niños africanos y kenianos en particular. Es interesante ver de qué modo esta porosidad en
el sentido Cesariano del término, está presente en toda la historia africano. La vemos por ejemplo ya en la primera mitad del siglo XVI, en las cartas que Manicongo, Nzinga Mbemba le escribió a Don Manuel I, rey de Portugal (que consideraba como su hermano), solicitando el intercambio de tecnología y de conocimiento. Nunca existió un complejo así en cuanto a
recibido contribuciones de otras partes del mundo.

Inscripciones ndisibili, pictogramas del Sudeste de Nigeria, insertas en una tela.

Achille Mbembe, en una reciente entrevista al periódico portugués Público, plasma reflexiones interesantes sobre “herencia común” y la necesidad de usar sin complejos los recursos críticos exógenos. Se trata, considero, de un elemento esencial para darnos cuenta de la propia concepción africana del mundo, la importancia de la circulación de las “cosas de la mente”, y la confluencia de los saberes y el rescate de mucho de lo que África dio y ayudó al mundo a crear pero que nunca fue/es reconocido.

…ninguna lucha, ninguna descolonización, ningún proceso de liberación y ninguna catarsis será eficaz mientras teoricemos, produzcamos y archivemos conocimientos e instrumentos de combate prescindiendo de nuestras lenguas maternas

En “Discurso sobre el Colonialismo” (1950), Césaire hace una referencia magistral sobre esta cuestión. En este informe, se presentaron varias recomendaciones como la enseñanza generalizada del kisuajili. Sin embargo, as recomendaciones encontrarían una fuerte resistencia política por parte de las autoridades gubernamentales. La misma resistencia servil que aún a día de hoy, en varios países africanos, se hace presente, dificultando la valoración de jure et de facto de las lenguas maternas. A decir verdad, esta obra, por su contenido emancipatorio y panafricano, debería ser un manual de iniciación para gran parte de nuestra clase política y,sobre todo, debería ser incluida en los programas nacionales de lectura en toda África. Y, exactamente desde esta perspectiva, Ngũgĩ Wa Thiong’o termina diciendo que “Descolonizar la mente” es una propuesta para la “emancipación nacional, democrática y humana, una llamada al redescubrimiento y a la revalorización de las lenguas africanas y un apelo al reencuentro con millares de voces revolucionarias de África y del resto del mundo. Un apelo al redescubrimiento del verdadero lenguaje humano: el de la lucha. (Porque) son las luchas las que hacen la historia. Son las luchas las que nos construyen. Sin ellas no tendríamos historia, ni lenguaje, ni ser”.

Ngũgĩ Wa Thiong’o, el arquitecto de la contracolonización lingüística

En el rescoldo del 17º Encuentro de la Francofonía, celebrado en octubre de 2018 en Armenia 13, que culminó con la elección de la ruandesa Louise Mushikiwabo como secretaria general de esta organización que considero neocolonial y, ahora que urge una profunda reflexión sobre los rumbos de la descolonización de las instituciones africanas, aconsejo fervientemente la lectura de este libro y de las obras de este autor imprescindible.

La existencia de la Francofonía como institución y la inversión política que los líderes africanos realizan en su mantenimiento, revela una continuidad colonial que atrasa el desarrollo pleno de una política lingüística que sea verdaderamente panafricana. Por otro lado, como instrumento de softpower hexagonal, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), simboliza la propia hegemonía francesa en África, siendo incompatible con los propósitos del Renacimiento Africano, muy por lo contrario, la estrangula en los moldes en los que funciona. Esta misma
continuidad colonial se verifica en relación a instituciones como la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP) o la Commonwealth, que alimentan y se alimentan de quimeras identitarias que no existen, tales como la lusofonía o la anglofonía.

El papel desempeñado por Wa Thiong’o en la lucha por la descolonización de las mentes, no solo de Kenia sino de todas las Áfricas, es imprescindible. Su nombre es constante entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura, pero el hecho de hacer elegido escribir en una lengua periférica para Occidente, el kikuyu, provoca que nunca haya sido galardonado. Y esto también es importante para que percibamos las dinámicas de la geopolítica de la lengua, la asimetría de poder entre los mundos Norte y Sur. En la misma línea, también las instituciones y las organizaciones civiles y estatales africanas han fracasado en reconocer el trabajo de este carácter y de gran clarividencia. Sus libros y toda su obra debería constar en los programas de educación a nivel nacional por todo el continente, por ser instrumentos de liberación y consecuente desarrollo endógeno, en la línea
de Ki-Zerbo.

Considero a Ngũgĩ Wa Thiong’o, de la aldea de Kamiriithu, hijo de Thiong’o Wa Nducu y de Wanjiku Wa Ngugi, uno de los arquitectos más elevados de una palabra-mundo, que traza puentes y construye residencias de libertad y, tan solo por eso, merecedor de nuestro agradecimiento. Y porque ninguna lucha, ninguna descolonización, ningún proceso de liberación y ninguna catarsis será eficaz mientras teoricemos, produzcamos y archivemos conocimientos e instrumentos de combate prescindiendo de nuestras lenguas maternas, tenemos que leer y releer “Descolonizar la mente”, leer a Ngũgĩ wa Thiong’o. Urge traducir y dar a conocer esta obra.

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* Estudiante en la gran universidad de la palabra enseñada a la sombra de los babobas. Con esta fórmula prestada al maliense Amadou Hampâté Bâ se define Apolo Carvalho. Miembro de la asociación Afrolis y de la iniciativa Djidiu e investigador dentro del proyecto AFRO-PORT. Su formación académica pasa por Burdeos y Coimbra y sus intereses orbitan en torno a las relaciones internacionales, expecialmente geopolítica y geoestrategia, política externa de los pequeños estados, seguridad internacional, Panafricanismo y Afrocentricidad, Historia de África y de su diáspora, poesía y literatura negro-afrodiaspórica, entre otros.

*Este artículo fue publicado en Buala y ha sido reproducido con permiso de sus editores. Para leer el original en portugués, clic aquí.

*Traducción: Alejandro de los Santos.

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1 Comment

  1. Yohama 31 enero, 2019 at 19:29

    Me encanta alimentarme con tus articulos

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