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cultura africana contemporánea

Achebe, Kane, Miano: Lecturas en tiempos de pandemia

Chinua Achebe, Cheikh Hamidou Kane, Léonora Miano

Hace no mucho, Literáfricas nos pedía recomendar una lectura a la que volver en estos días de confinamiento generalizado. Supongo que, entre quienes leen más o menos habitualmente, mucha gente recurrirá a los libros en su vieja función de viaje virtual a otras geografías y otras épocas, para así huir del aburrimiento. Pues para algunos -lo han dicho abiertamente- la cuarentena está siendo un tiempo “tedioso”. Tengo que decir, sin embargo, que “aburrido” es el último adjetivo que se me ocurre al pensar en esta coyuntura que nos ha tocado vivir. Entre la crispación política, los enfrentamientos en las redes sociales, las sobreexposición y el exceso de contenidos y, más importante aún, la multitud de situaciones personales que se están viviendo, algunas especialmente dramáticas, me parece más bien un tiempo especialmente intenso. Como especie, estamos seguramente pasando por algo complentamente nuevo, algo que aún no conseguimos comprender del todo. Esa es una de las razones por las que Afribuku ha decidido enfocar sus publicaciones actuales en discusiones relacionadas con la pandemia.

Si es por hablar de libros, quizá sea un buen momento de entregarse a ese ritmo pausado que impone la buena literatura. Al menos, para quienes tenemos la posibilidad de hacerlo. Contarnos entre las personas privilegiadas que no temen por su integridad física -por mucho que allá fuera aceche el maldito virus- no debería eximirnos de mesurar lo trascendente del momento inaudito que vivimos, de reflexionar sobre nuestra historia y sobre lo que queremos construir el día que todo esto acabe. Opino que no es la hora de recurrir a las novelas como método de evasión aunque, evidentemente, cada cual es libre de hacer lo que le parezca.

Volviendo a la sugerencia, no fue una obra, sino tres las que me vinieron automáticamente a la mente: “Todo se desmorona” , de Chinua Achebe; “La aventura ambigua” , de Cheikh Hamidou Kane y “La estación de la sombra”, de Léonora Miano. Se trata de tres clásicos -el de Miano es reciente, pero no tengo ninguna duda de que pasará a los anales como tal- en el sentido de fundacionales. Para quien aún no los haya leído, pensé en escribir unas líneas más allá de la recomendación. Los tres están situados en diferentes fases del periodo colonial, y tienen en común contar la reacción de sus personajes ante una misma catástrofe: el derrumbamiento de un mundo, el el orden precolonial y sus valores de base.

«Todo se desmorona» (1958) es una obra que apenas necesita ya presentación. Primera de la llamada «Trilogía Africana» de Achebe, tiene como protagonista a Okonkwo, uno de los personajes más marcantes de la literatura universal (si creen que saben de literatura y no conocen a esta figura, en mi humilde opinión, deben leer a Achebe con gran urgencia). Esta historia está ambientada en los primeros momentos de la colonización, en una comunidad igbo, en el este de la actual Nigeria. Narra el recorrido vital completo de Okonkwo, que coincide con los grandes y terribles cambios por los que deberá pasar la aldea de Umuofia con la llegada de los colonos. Su título ilustra bien el sentimiento actual de incertidumbre y miedo, especialmente en Occidente. Precisamente, Tania Adam publicaba hace poco un artículo con el título de la obra, refiriéndose a estas cuestiones que nos envuelven e, incluso, acorralan hoy en día.

En el caso de «La estación de la sombra» (2013), el relato describe una realidad precolonial, justo en el fatídico momento en el que una comunidad sufre las perversas consecuencias indirectas del sistema colonial. Estamos en el s. XVII, aunque este dato no se menciona en la obra, pues está contada desde el punto de vista de la población, habitante de una zona de interior alejada de la costa del continente, y que en la época no contabiliza el tiempo utilizando el sistema occidental. Léonora Miano hace un esfuerzo enorme de investigación en este sentido, purgando los archivos disponibles para recrear una narración y un ambiente lo más parecidos a esa realidad, en buena medida llena de lagunas para los historiadores hoy. Es, además, un relato que aborda el capítulo de la esclavitud y la trata o, como la propia Miano escoge denominarla, Deportación atlántica de subsaharianos, desde una perspectiva poco o nada usual, el de una población víctima de los comerciantes de seres humanos, centrada además en los personajes femeninos.

Redactado a partir de su diario de estudiante en París, «La aventura ambigua» (1961) es el primero de los dos únicos libros que ha escrito Cheikh Hamidou Kane en toda su vida. De nuevo, se narra aquí el paso desde la sociedad tradicional (pulaar, musulmana y oral) a la colonial, a través de la llamada «escuela nueva» y la posterior estancia en la «metrópolis». Testimonio autobiográfico personificado en la figura de Samba Diallo, alter ego del autor, es un libro sumergido en reflexiones filosóficas desde el principio hasta el final, expresadas en un lenguaje prodigioso. Su título encuentra un eco perfecto con la encrucijada en la que nos encontramos. Igual que Samba o su comunidad, tendremos que tomar decisiones, en cuanto que individuos y sociedad, que suponen desafíos, pero que exigen compromisos claros.

Me parece pues que este es un contexto más que adecuado para leer -o releer- estos libros y someterlos a conversación entre ellos. Abordan una temática similar, pero cada uno trata también problemáticas muy diversas. Los autores se adentran en las complejas psicologías de sus protagonistas. Estos individuos tendrán que lidiar con el nuevo sistema y luchar por su supervivencia, cada uno a su manera: a través de una asimilación más o menos estratégica, de la huida y la formación una nueva comunidad a partir de la simbiosis; de la adaptaciónm en la mayoría de los casos, o de su ausencia en el ejemplo de la resistencia pasiva de Okonkwo y su gesto de rabia y frustración.

En este momento de desconcierto que vivimos, en el que el hemisferio occidental siente una vulnerabilidad insólita para nuestras generaciones, siendo además una situación completamente inédita, tenemos mucho que aprender de la experiencia africana de los grandes extremos a lo largo de estos últimos siglos. En el caso de los lectores occidentales, creo además que es un deber acercarnos a esas terribles vivencias ligadas al hecho colonial. Nuestra habitual posición dificulta comprenderlo. Pero puede que esta nueva condición nuestra, más concientes de nuestra propia fragilidad, nos facilite una mayor comprensión; empática, emocional, definitivamente más profunda. El filósofo Achille Mbembe decía que esta pandemia revela que nuestra permanencia en la Tierra no está asegurada ni a medio plazo. En estas tres obras, por encima de la hecatombe, palpita la vida. Siendo algo optimistas, tal vez leerlos nos permita pensar cómo queremos vivir y luchar por lo que nos queda por delante en este planeta.

1 Comentario

  • Ramiro Delgado Salazar
    Ramiro Delgado Salazar

    Muy importante y necesario abrir la dimensión del pensamiento entre otras literaturas, cosmovisiine y realidades muy cercanas a America y Colombia. Valioso leer Africa desde sus propias viced

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