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Los castillos de esclavos en Ghana

Javier Mantecón 20 octubre, 2016

El mundo está repleto de huellas que nos recuerdan tiempos pasados, contextos diferentes que en ocasiones, vistos desde el prisma actual, podrían considerarse aberraciones. Este fenómeno ha ocurrido en todas las épocas, mirar a los ojos al pasado nunca fue tarea fácil.

La esclavitud es una de las grandes vergüenzas que arrastra la humanidad consigo. Y digo arrastra porque, aunque muchos piensen que es una práctica extinta enterrada en la historia, los datos nos muestran que la actividad esclavista está bien viva en 2016, aunque de manera menos evidente. Hasta hace menos de 200 años, los esclavos eran un bien normalizado en la sociedad. Su presencia en la vida cotidiana de la población mundial era constante y su función, básica. La industrialización y el encarecimiento de la mano de obra consiguieron frenar la práctica esclavista en masa aunque no hacerla desaparecer completamente.

Existen muchos rastros que nos obligan a no olvidar lo que en el pasado fue una práctica común y como es sabido, vació el continente africano. Más de 20 millones de esclavos fueron forzados abandonar África, especialmente entre los siglos XVI y XIX, sin tener en cuenta los que eran esclavizados en sus propios territorios. Los esclavos “viajeros” eran normalmente captados por las jefaturas locales para ser vendidos posteriormente a los europeos quienes, tras acumularlos convenientemente, fletaban barcos para enviarlos a América, el continente de las oportunidades. La acumulación de esclavos se producía básicamente para abaratar costes: los barcos fletados debían completarse para que el precio del transporte fuera rentable. Estos esclavos posteriormente serían vendidos en su mayoría en diferentes puntos del continente americano, siendo despojados de su cultura y cualquier atisbo de dignidad para trabajar en los campos de cultivo.

Puerta de No Retorno en el castillo de Cape Coast

En África aún encontramos las huellas de estas prácticas. Muchas pistas nos revelan un pasado no tan lejano, los términos lingüísticos (como “quilombo”) las relaciones culturales de ida y vuelta (un buen ejemplo sería la rumba) o en el patrimonio histórico material que sobrevive en el continente. Dentro de este último grupo destacan complejos arquitectónicos como los preservados en la Isla de Gorea en Senegal o los castillos que nos ocupan, Elmina y Cape Coast situados en Ghana.

Estos dos castillos suponen un verdadero ejemplo de lo que supuso la práctica esclavista durante siglos. Establecidos en un primer momento como emporios comerciales de explotación de recursos como el marfil, la madera y sobre todo el oro, pronto se articularon como puntos de contacto con las jefaturas locales. El castillo de Elmina fue erigido por los portugueses en el siglo XV y el  de Cape Coast por los suecos en el siglo XVII, ambos fueron conquistados por los holandeses y daneses respectivamente a lo largo del siglo XVII y posteriormente por los ingleses, quienes colonizaron el país, cuyo nombre fue establecido como Costa de Oro. La corona inglesa comprobó que el comercio del oro proveniente de las minas explotadas durante siglos por los ashantis se repartía en varias direcciones, ya que los clientes del norte de África o de próximo oriente también ansiaban tan precioso metal. Pero los esclavos no eran tan demandados. Los esclavos demandados por el norte del continente provenían fundamentalmente del Sahel así que Inglaterra tenía vía libre para comerciar con los esclavos que eran fácilmente obtenibles gracias a la ayuda de los jefes locales. Así pues, los castillos construidos inicialmente como puntos de acumulación de productos inertes de gran valor comercial, pronto amontonaron otros productos, más preciados, aunque con más actividad vital.

Los pingües beneficios que suponía la compraventa de esclavos favorecieron que estos centros se dedicaran casi exclusivamente a esta actividad. Los esclavos eran capturados en sus lugares de trabajo según su físico y valía para esperar hacinados en los almacenes o mazmorras de los castillos antes de ser transportados bajo riesgo de muerte debido a las nulas condiciones sanitarias existentes en los barcos que les llevarían al Nuevo Mundo. Todas las condiciones miserables que nos podamos imaginar son pocas. Se calcula que entre 300 y 450 esclavos podían apelotonarse en un solo barco en el que emprenderían un viaje que duraría al menos 100 días. Había nacido el comercio triangular.

Disposición de los esclavos en los barcos camino a América

En los castillos los esclavos capturados esperaban entre 6 y 12 semanas en las mazmorras de los castillos en los que podían acumularse más de 1000 hombres y 500 mujeres. El castillo de Cape Coast, más espacioso que de Elmina, supuso un verdadero centro de internamiento para los esclavos de la zona, que en muchos casos, desconocían el destino final de su viaje. Es aún imponente contemplar las “Puertas de No Retorno” en ambos castillos, aquellas que atravesaban miles de esclavos para nunca volver a sus hogares.

El esfuerzo que Ghana ha realizado para preservar estos complejos arquitectónicos es encomiable, primeramente impulsados por un discurso antiesclavista (y en ocasiones victimista) típico de los periodos directamente posteriores a la descolonización y posteriormente por la inscripción de dichos bienes a la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las visitas a ambos castillos suponen una verdadera inmersión en la historia mundial reciente gracias a la presencia de especialistas en cada uno de los lugares despojados de prejuicios que ofrecen una visión científica de lo que realmente ocurrió en estos lugares.

A partir del estudio de estos dos castillos se han podido dilucidar cuestiones tan importantes para aclarar la historia de estas víctimas como cuales eran sus relaciones con los comerciantes tanto europeos como africanos o su vida cotidiana en estos espacios. Hay quien incluso sostiene que el góspel nació en las mazmorras de estos castillos, cuando los esclavos escuchaban en la oscuridad las armonías eclesiásticas que emanaban de las capillas situadas directamente encima de sus cabezas, en un alarde de humanidad cristiana por parte de los esclavistas. Estas melodías se unirían a las estructuras rítmicas y vocales africanas, como los célebres coros de pregunta-respuesta, dando lugar a una versión primitiva de lo que hoy conocemos como góspel.

Los castillos de Elmina y Cape Coast poseen una estructura arquitectónica diferenciada. El primero, construido con anterioridad posee un trazado más enjuto, que sería prácticamente fotocopiado una infinidad de emporios fundados por los portugueses en la costa africana, desde Cabo Verde hasta Kenia. Erigido bajo el nombre castillo de San Jorge de la Mina (nombre cuya etimología nos indica la función para la que fue construido originalmente) y considerado como el primer edificio europeo prefabricado de la historia, éste aprovechaba un punto de comercio de cabotaje anterior a la llegada portuguesa. Su trazado fue diseñado en Portugal para contener los posibles ataques de los nativos por tierra  y de otras fuerzas europeas por mar al mismo tiempo que constituía un almacén de bienes que serían enviados posteriormente a Portugal, en una primera etapa. El castillo de Elmina formó parte del Imperio Portugués durante 155 años hasta su conquista por los holandeses en 1637, quienes lo controlaron como enclave de gran importancia en lo que fue conocido como la Costa de Oro Holandesa hasta la definitiva colonización moderna de Ghana a manos del Imperio Británico a finales del siglo XIX.

Castillo de Elmina

Castillo de Elmina

Los daneses y holandeses pues, fueron claves para establecer las rutas de comercio triangular de esclavos, aunque la historia en muchos casos lo haya olvidado. Las posteriores colonizaciones inglesa, francesa y portuguesa borraron de la memoria colectiva la presencia y actividad holandesa de África, que sin duda fue de gran importancia para la posterior ocupación de los territorios por las demás potencias europeas. Los holandeses y daneses apenas se introdujeron en los territorios que rodeaban a los castillos bases de sus emporios, excepto para establecer tratados comerciales. El castillo de Cape Coast fue construido en 1653 por los suecos, que también querían su parte del pastel. Una década más tarde los daneses tomaron el enclave, y un año más tarde por los británicos quienes lo ocuparían hasta la independencia de Ghana en 1957. El enclave era de tal importancia para el Imperio Británico que en 1844 se convertiría en la sede del gobierno colonial británico en la Costa de Oro.

El castillo de Cape Coast fue edificado inicialmente en madera para ser rápidamente reconstruido en piedra estableciendo el núcleo de la planta que conocemos actualmente, a la que se fueron añadiendo diferentes espacios. A mediados del siglo XIX el castillo sufrió graves daños estructurales durante la Guerra de los Siete Años entre Francia e Inglaterra. Su reconstrucción añadiría nuevos elementos defensivos que fijarían la disposición que llegaría hasta nuestros días.

Siendo la edificación del castillo de Cape Coast posterior a la de Elmina comprendemos el porqué de su mayor tamaño. La presencia europea en la costa africana estaba más consolidada y normalizada, y si a este hecho sumamos los avances técnicos que el renacimiento europeo añadió a la arquitectura militar, es lógico constatar las diferencias estructurales entre ambos castillos, que fueron de vital importancia para el comercio europeo en la zona, aunque vivieron diferentes momentos de apogeo y siempre a través de la explotación de materias primas, ya fuera el oro, el marfil o mano de obra barata.

Se calcula que al menos 20 millones de esclavos fueron enviados de diferentes puntos de África Occidental hacia América entre los siglos XV y XIX. Algunas fuentes históricas señalan que al menos 5000 esclavos eran embarcados al año desde la Costa de Oro a través de la red de 37 castillos-emporios de los que los de Elmina y Cape Coast eran simplemente los de mayor tamaño y los que han sobrevivido en mejores condiciones a lo largo del tiempo. Durante los años 90 ambos castillos fueron restaurados y rehabilitados gracias al apoyo de la UNESCO para ser poder ser estudiados y visitados. Un gran número de personalidades internacionales han pasado por sus muros para conocer la historia de un pasado no tan lejano que no debemos olvidar. Y no podemos olvidar simplemente porque esta historia no ha acabado aún.

Barack Obama en su visita oficial a Cape Coast en 2010

Barack Obama en su visita oficial a Cape Coast en 2010

Se calcula que en la actualidad existen alrededor de entre 10 y 30 millones de esclavos en el mundo. La esclavitud se practica impunemente en países como Mauritania, Yemen, China, Nigeria o la India, de diferentes formas. Muchos expertos consideran también la dependencia económica forzada como una forma de esclavitud, así como los matrimonios concertados o, obviamente la explotación infantil. Sólo en Europa se cuentan más de un millón de casos, poniendo de así de manifiesto que la esclavitud no es exclusiva de los países no occidentales. La esclavitud no ha sido enterrada definitivamente por muchas Declaraciones de Derechos Humanos que se firmen. Lugares como Elmina y Cape Coast deberían recordarnos que la lucha por la igualdad de derechos de todos los humanos no ha hecho más que empezar.

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