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“Madame Courage” de Merzak Allouache: Omar ha cambiado

Invitado 4 mayo, 2016

Autor: Olivier Barlet (africultures)

Seleccionada entre otros festivales en Venecia y en El Cairo, y siendo una de las películas memorables de las Jornadas Cinematográficas de Cartago, evento marcado por el terrible atentado del 24 de noviembre, el nuevo trabajo de Merzak Allouache parece cerrar un ciclo con respecto a su primera película Omar Gatlato. Pero los tiempos han cambiado y la juventud argelina también.

En 1976, Omar Gatlato recibió de un amigo una cinta de segunda mano y al ponerla escuchó la voz de una joven de la que se enamora sin haberla visto. Se pasa toda la película esperando saber de quién es la voz y proponiéndole una cita, pero finalmente acaba por no cruzar ni una sola calle. Esta primera película en árabe dialectal, que se desmarcaba de la temática obligada del homenaje a los combatientes de la independencia, había abierto en el cine argelino una senda hacia lo real y lo íntimo, que permitía confeccionar un retrato lúcido del bloqueo que afecta a la juventud. Cuarenta años más tarde, Allouache escenifica a otro Omar, también atascado en su declaración de amor a la Selma que ha elegido entre sus víctimas, emocionado por su mirada. Él es un pequeño maleante de mirada fija, indiferente al mundo, enigmático y misterioso, que las raras veces que habla es para decir “el viento no le toca”.

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¿Es ese el viento de la Historia? Omar guarda las distancias con quienes lo invitan a expresarse. Prefiere a las “Madame Courage”, las psicótropas que le hacen soñar y también tener la desfachatez de robar bolsos y collares con una cierta sensación de invencibilidad. El viento no le toca. Se cree intocable, pero no en el sentido de aquella película con veinte millones de espectadores: mientras que Intocables de Olivier Nakache y Eric Toledano cultivaba la ilusión de la posibilidad de un encuentro entre clases sociales opuestas y de una integración feliz en el tejido social francés (cf. “Les clefs du succès d’Intouchables, article n° 10507”), Madame Courage se muestra completamente desesperada.

La versión de Omar de 2015, que interpreta Adlane Jemil con una intensidad impresionante, no es el espejo del de 1976, pues para manifestar que nada ha cambiado en el fondo para los jóvenes de la sociedad argelina, Allouache resume el ambiente en el ascenso del islamismo (la madre de Omar se dedica a escuchar los consejos de los imanes integristas en los medios de comunicación, y como en Les Terrasses, las llamadas a la oración marcan el ritmo de la vida), en la pérdida de los valores en medio de una completa miseria económica (la hermana de Omar se prostituye) y en el desempleo masivo. Como en Harragas, el argelino rueda la película en Mostaganem, donde la pobreza de los suburbios es alarmante.

Es la Argelia desilusionada, sin asperezas a las que acogerse, donde no se piensa en otra cosa que en partir, tal y como afirma el propio Adlane Jemil en Babor Casanova de Karim Sayad, documental en el cual lo descubríamos trajinando entre el tráfico de drogas y como gorrilla informal, que gastaba sus escasas ganancias en partidos de fútbol.

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Con sus pastillas de Artane, Omar se cree invencible. El problema del Omar de 1974 era el no atreverse a dar el paso hacia la individualidad. Por el contrario, el de 2015 es un suicida: ya no juega a ser un harragas (los que “queman” el mar, los que emigran en patera), consigue seguir adelante con artimañas mafiosas y se destroza poco a poco con el Artane. Mira el mundo por encima del hombro sin ninguna sensación de peligro, es una especie de funámbulo que vive bajo a la amenaza de la ruptura del hilo.

Allouache rencuentra la precisión de la puesta en escena de la película Le repenti: localización de un espacio geográfico que resumen la ciudad, se centra en un personaje a menudo seguido y filmado de cerca, y adopta su punto de vista en cámara subjetiva, imprevisibilidad sistemática de la acción que deja en el aire el misterio y alimenta la tensión. Es ahí donde sobresale la obra. Madame Courage se grabó al detalle, es apasionante de cabo a rabo, dosifica las sorpresas con un placer consumado, y alcanza varios momentos cumbre llevando al espectador a empatizar con este antihéroe de una poesía desesperada.

Las últimas películas de Merzak Allouache, dirigidas con brío pero con dificultad, con presupuestos mínimos, apuntan a la misma mirada desilusionada sobre el bloqueo de la sociedad argelina. Esa amargura aporta una constatación pero no permite que la juventud pueda forjar cierta esperanza, cierta valentía, en un país donde sin embargo un importante número de personas luchan y tratan de existir, incluso artísticamente. Con un panorama como este, los jóvenes argelinos no han parado de sumarse a la aventura de la partida.

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Traducción: Alejandro de los Santos Pérez.

Artículo original publicado en africultures: http://www.africultures.com/php/?nav=article&no=13328#sthash.StMXRjF6.dpuf

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