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Miradas femeninas al hip hop senegalés

Invitado 19 febrero, 2016
alif dajamerap

Autora invitada: Fatou Sall*

El peso de las tradiciones, una cultura patriarcal anclada como una matriz de vida, un público compuesto por hombres, en su mayoría, y artistas masculinos celosos de su éxito. Digamos que a la representación femenina en el rap senegalés le cuesta mucho establecerse de manera duradera. Es verdad, nacen algunos grupos. Y también es verdad que emergen personalidades fuertes. Pero no es algo que dure siempre… 

Entre la década de los 90 a 2000, grupos como ALIF (Ataque Liberador para la Infantería Feminista, en castellano, N. del T.) habían conseguido hacerse un lugar privilegiado en los escenarios, antes de desaparecer. A pesar de todo, algunas individualidades siguen tocando a la puerta del hip hop senegalés con la intención de ampliar las modalidades de entrada a este mundo. Orgullosas de los frenos y desilusiones superados, ellas son las que ponen la mira en el seno de este medio, de manera lúcida, revindicando una legitimidad que se pone en duda muy a menudo. 

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Las componentes del grupo Gotal

“Para las senegalesas atrapadas en la maquinaria de una sociedad feudal, patriarcal, musulmana, animista, moderna y asimilada, la esquizofrenia es un hecho”. Estas palabras, extraídas de Walabok, une histoire orale du hip hop au Sénégal (en español “una historia oral del hip hop en Senegal” N. del T.), obra aparecida recientemente en la editorial Amalion, nos llegan de Fatou Kandé Senghor, artista multidisciplinaria que tiene como vocación el provocar en su país un “enfrentamiento pacífico” a través del hip hop. “A pesar de todo lo moderno que pueda llegar a ser “, continúa Fatou, “[el lugar de la mujer] en la sociedad sigue estando ligado a un estatus matrimonial. Este estatus, [la mujer] intenta conquistarlo durante toda su juventud gracias a su talento culinario y su poder de seducción“.

Sister Coumbis, ex miembro del grupo Gotal (“unirse” en pulaar), grupo feminino que se ha recompuesto en numerosas ocasiones pero que sigue vivo, confirma: en el centro de la historia, aún en construcción, de un hip hop femenino, está el lugar de la mujer en la sociedad senegalesa . “En Senegal tenemos la tendencia a confinar a las mujeres al rango de esposas, madres, hermanas, suegras y nueras“. Un síntoma que hace plantearse preguntas. Querer abrirse camino como MC femenina es estar dispuesta a luchar contra “esta herencia“.

Muchas mujeres intentan  cambiar la rúbrica desde hace más de una década. La mayoría trata de imponerse a base de punchlines antes que con un escote provocativo. Lo que cuentan las historias de “mujeres excepcionales” de estas pioneras del género, sin embargo, es un recorrido sinuoso, sembrado de obstáculos.

¿Qué es eso del rap femenino?


Ante todo, el escenario. Fatou Senghor cuenta: “Senegal, nuestro país, es un territorio perseguido por creencias ancestrales. Hay genios que custodian las puertas, las aguas y los callejones. Entre ellos, hay muchas diosas… Mame Coumba Bang en el Norte, Mame Coumba Lamb en Rufisque, en la región de Dakar, Coumba Castel en la isla de Gorea,  Mame Ndiaré en Yoff y Leuk Daour en las islas de la Magdalena. Dakar, tan coqueta, está habitada como debe ser”. Por Mujeres, en primer lugar… 

En esta sociedad, la dominación masculina es algo probado. Son los hombres quienes deciden.  El hip hop simplemente ilustra una tendencia arraigada. Keyti, un rapero comprometido, se aventura sin embargo a trazar un pronóstico, saliéndose de la tendencia dominante: “El rap no es una cosa de tíos. Creo que las mujeres, concretamente, tienen muchas más cosas que decir que los hombres“. Muestra de apoyo familiar en una sociedad escindida y en mutación completa; las audaces que se aventuran fuera de los senderos trazados son pocas, sin embargo. En 1999 hubo un montón de grupos de chicas. La mayoría de esos grupos ya no existen, porque las chicas se casaron o se quedaron embarazadas. Pusieron punto final a sus carreras”, explica Njaaya, ex miembro del grupo ALIF, uno de los primeros grupos femininos reconocidos por un amplio público.

Casey

La francesa Casey con raperas senegalesas

Creado en 1997, ALIF estaba compuesto por Myrièm y Mina. Más tarde, Oumy se integró en el círculo, y después llegaron otras. Su primera producción llega a las tiendas en 1999 y marca la entrada en escena del género femenino en el hip hop senegalés. En 2003, el grupo saca un nuevo opus en el mercado internacional. Después de eso, la realidad senegalesa acabó imponiéndose a la pasión de las intérpretes.

Destinos efímeros

Ina Thiam

Ina Thiam

Engaño o sueño estéril, el destino de las raperas senegalesas parece ser siempre efímero, desmembrado entre modernidad y tradición. Las propias protagonistas lo reconocen: “el hip hop ‘femenino’ es muy joven. Culturalmente, los padres y la sociedad aún no están preparados”. Se está todavía lejos de la consideración que tiene el tassou, un género probablemente primo del rap pero anclado en la memoria del país. El tassou consiste en hablar rápidamente sobre la base de un ritmo entrecortado. Raperos como Awadi o Djoloff lo revindicaban, hace ahora algunos años, como antepasado del rap. Pero los retos de los raperos jóvenes anuncian un mundo diferente, ahogado en sus propias contradicciones, alejado de esta herencia. Es por ello por lo que Ina Thiam, fotógrafa, cámara y documentalista en la asociación AFRICULTURBAN hace esta afirmación acerca de una sociedad aún encojida y timorata. Esta flamante trentañera, enamorada de las culturas urbanas, quiere para sí misma un destino como Marta Cooper, fotógrafa documentalista del hip hop americano.

Como la única miembro mujer del CA de su asociación con base en Pikine, estructura creada por el rapero Matador, está convencida de que el rap y las culturas urbanas harán cambiar las mentalidades en esta sociedad. Sueña con una igualdad efectiva en el medio artístico. Fatou Kandé Senghor relativiza en cualquier caso este impulso de la más joven: “Está toda esa panoplia de la mujer senegalesa que se cruza / dificulta su voluntad [las raperas] de llegar a ser verdaderas artistas. Pero, para mí, hacen falta dos cosas cuando se tiene la condición de mujer senegalesa: ¡La cabeza y el vientre! Lo que ocurre es que hoy las raperas son ante todo productos de sus barrios. Y eso que tenemos muchas heroínas en Senegal y en África. Para mí, es eso lo que el público espera de ellas pero no llegan nunca hasta ahí”.

Toussa, otra rapera del lugar, directora de su propia discográfica, Fam Musik, se defiende a través de un fuerte interés por las vivencias de las mujeres. Además de hacer referencia en sus textos, considera que tiene una responsabilidad social. “La mujer siempre ha existido y sabido crearse su lugar dentro del hip hop. No se la ve delante, quizás por una falta de seguridad, pero está ahí. Pero para hacerse un sitio es necesario mucha determinación”. Una determinación que suele llegar a cansar en el recorrido. 

Una escena femenina todavía en gestación

“Es verdad que hay un vacío femenino en la  familia del rap y eso me duele (…)” constata Moona, rapera de prometedor talento, cuyo próximo álbum está por ser publicado. Moona se mantiene en una posición lúcida acerca de lo que falta en esta escena femenina. En realidad, estos artistas en evolución deben tomar en cuenta dos aspectos, más allá de los frenos culturales: la lucha por su independencia financiera y el contenido de los textos que proponen. En este nivel hay aún mucho trabajo por hacer. Existen fracturas. La hermana mayor, Fatou Senghor, no es suave en lo que concierne este tema, pero se ve benévola.  

Centinela que ha trazado a su manera el camino de los jóvenes artistas apasionados y sedientos de libertad, sugiere un modus operandi: “Debes preparar a tu público para lo que vas a proponer. Es necesaria una densidad antes de llegar ahí y decir ‘Yo hago rap en Senegal’. La dominación masculina hay que comprenderla, sea cultural o religiosa.  Hay tantos obstáculos por superar que los artistas que se deciden a lanzarse deben comprender que la elección de esta carrera es la elección de la vida a la muerte”. Algo extremo, pero no completamente falso…

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* Fatou Sall: Titulada en Ciencias Políticas, especializada en gestión  de proyectos de desarrollo en África, ha trabajado en los ámbitos de desarrollo local y educación en países de África Occidental como Malí, Senegal, Togo, Benín o Burkina Faso, además de Haití. Colabora con las revistas Altermondes, Fumigène, Africultures, Afrik.com, Alterinfo y Youphil. En estos medios, visa a describir una nueva visión del continente, poniendo en valor iniciativas africanas con vocación emancipadora, pero también a abrir el debate sobre la solidaridad entre los pueblos y los individuos.

Artículo originalmente publicado en : http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=13430#sthash.kjdwxqSS.dpuf

Traducción: Ángela Rodríguez Perea

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