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Nayaband: “El discurso del odio no nos lleva a ninguna parte”

Javier Mantecón 4 octubre, 2018

Nayaband, grupo liderado por el senegalés Naya, es un proyecto musical muy personal en el sentido literal de la palabra. Nayaband ha sido un reflejo de la vida, los sentimientos y las circunstancias de Naya desde que éste comenzó su andadura en 2003. Durante tres discos editados por Slow Walk Music,“Globalización”, “Hope” y ahora “Plus d´Amour”, podemos trazar una línea vital continua de Naya, tanto lírica como musicalmente. De unos primeros discos en la onda de Tiken Jah Fakoly, esto es, reggae roots con letras muy politizadas, a una música afropop de corte acústico de corte íntimo y sensible. Conversamos con Naya, aprovechando que el grupo Nayaband presentará “Plus d´Amour” el 6 de octubre en el auditorio Alfredo Krauss en Las Palmas de Gran Canaria. Un artista que ha abierto su corazón a la conciliación dejando el rencor de su juventud a un lado.

Antes de comenzar nos gustaría saber cómo se inicia el proyecto Nayaband.

Empecé a actuar en Senegal con el grupo Banor Z y anteriormente cantaba en coros de Iglesias. Viajé por mi país y Gambia para aprender de la tradición de los griots, de su sabiduría. Al mismo tiempo escuchaba los discos de mi madre, una gran aficionada, que podían ser rock, blues, jazz o las grandes bandas africanas del momento. En 1999 me establecí en Canarias y en 2003 formé Nayaband. La idea del grupo era huir del concepto de fusión y comenzar a trabajar bajo la consigna del “abrazo”.  Unir todo aquello que había experimentado y expresarlos a mi manera. Me dejaron cuatro horas en un estudio y saqué lo que tenía dentro.

Ese fue el primer disco, “Globalización”. El segundo, “Hope”, fue grabado con una big band, de manera más profesional. Pero durante esa época, mi situación personal era un poco complicada y “Hope” se convirtió en un disco que no expresaba lo que sentía en ese momento. Decidí volver a Senegal para volver a encontrarme con mis raíces. Allí mi maestro no me reconoció, me decía que me había occidentalizado demasiado, decía: “¿qué es eso de tocar con púa?” Nos juntamos guitarra y kora y la música fluyó. En esos momentos encontré el camino para construir “Plus d´Amour”, este nuevo disco. Tengo también que destacar que Ismaël Lô me dio un consejo que me abrió un mundo. Me dijo: “cuando tocas tienes demasiadas cosas en la cabeza. Toca un acorde solo, pero tócalo bien, que signifique algo. Cuando toques mira hacia arriba, pero sólo un escalón, sube poco a poco, tómate tu tiempo, pronto te darás cuenta de lo que todo lo que has subido.”

Han colaborado muchos músicos de muy diversos orígenes en “Plus d´Amour”, ¿no es cierto?

Está el violín de José Enrique Rodríguez, de mi hermano cubano. La historia con él es genial. Una vez, tocando yo solo en una sala, se plantó con su violín en el escenario a tocar en directo conmigo sin avisarme. Nos hicimos uña y carne. Y ahora ha colaborado conmigo en “Plus d´Amour”. Otros músicos amigos míos también han colaborado,  como Edu Manga a la Kora, Macoumba Ndiaye a la percusión y, desde Canarias, José Carlos Cejudo al contrabajo.

Soy una persona muy nerviosa, he colaborado con mucha gente porque no paro quieto tampoco. Me gusta mucho compartir y ahí está “Plus d´Amour”,  en el que los demás han puesto también su amor.

¿Este disco está grabado en diferentes localizaciones?

Sí, yo me he desplazado a tocar con los diferentes músicos. El disco está planteado en directo, yo tocando con los músicos que conozco en vivo. Nada de grabación por pistas.

“Plus d´Amour” suena desnudo pero no limpio, hecho que se agradece en estos tipos de música sobreproducida. ¿Es una decisión consciente?

¡Sí! ¡Gracias! El concepto de partida era la expresión pura del amor, del corazón, por tanto no quería procesos fríos de grabación en este disco. Buscaba un sonido cálido y cercano, y eso te lo da el directo. Juntando instrumentos de cuerda delicados y antiguos como el violín, la kora o la guitarra, quería acercar al oyente al sentimiento que genera la música. Su humanidad.

Este disco representa por tanto una fotografía de Nayaband en este momento preciso. Las letras han evolucionado mucho, desde una posición más política y reivindicativa a una más conciliadora.

Sí, es menos radical. En el primer disco hablaba alto de la situación de Cassamance, en Senegal. En “Hope” sí que acusé con el dedo a lo que yo pensaba que eran los problemas de mi país. En ese momento pensaba que, con la cantidad de mierda que hay en África, ¿cómo voy a hablar de amor? Fíjate en mi región, el conflicto de Cassamance se ha arrastrado durante generaciones, ¡la gente ya ni sabe por lo que lucha! Es todo tan absurdo…

¿Qué cambió en usted entonces para sufrir este cambio de registro?

Pues todo surgió a partir de la célebre foto del niño sirio muerto en la playa tomada en 2017. Me hizo sentir un temblor en las piernas que achaqué no a mí mismo sino a la propia Tierra. El planeta está temblando, todo se desmorona. Necesitamos más amor… El discurso del odio no lleva a ninguna parte. A ver si con amor podemos hacer que la gente se entienda ¡hay que intentarlo!

Con las letras parece que también ha cambiado el estilo de música. Del reggae reivindicativo al estilo de Tiken Jah Fakoly a una música más pausada… con un discurso también más pausado. ¿Ha dejado el reggae de lado?

No, no he dejado nada atrás. Voy acumulando conocimiento. En el proyecto hay muchas influencias y músicas diferentes. Cada músico que colabora añade su visión a las canciones, así que no dejamos nada de lado si suena bien. Lo único que me ha costado más en este disco es ensayar con los músicos que han colaborado, porque cada uno está en un rincón del mundo. ¡Los aviones son caros! Pero lo cierto es que en este proyecto vas escuchando los temas, y a veces escuchas sólo la percusión y contrabajo y alucinas, la kora y los violines y flipas. ¡Al final el que sobra soy yo! (risas)

¿Cómo destaca un disco tan relajado y “de domingo por la mañana” en este bombardeo constante de volúmenes atronadores que vivimos?

Quizás el disco no tenga que competir con esas músicas. Este disco es para escuchar relajado, para respirar un poco, es el contrario a la competición. Ese el concepto que quiero poner en valor.

Entiendo que la vuelta a Senegal le vuelve a poner en contacto con otras sonoridades.

Claro, el xalam por ejemplo. Que, por cierto, qué difícil es tocar ese instrumento…

Doy fe de ello… La producción de “Plus d´Amour” es muy orgánica, como ha señalado anteriormente.

Sí, es lo que te comentaba. Está grabado en directo a propósito para evitar la edición por pistas y la frialdad del estudio. Creo que lo hemos conseguido.

Quería señalar la coincidencia de su evolución discográfica con la de su compatriota Cheikh Lô. De producciones más ampulosas hacia discos más orgánicos.

Es cierto, no me había fijado. A mi amigo Cheikh le pasó algo parecido pero más exagerado. Youssou N´dour le dejaba su banda para acompañarle cuando era su telonero y claro, se acostumbró a ese sonido.

Es que la banda e Youssou N´dour es una ametralladora, ¡es normal!

Claro, pero al tiempo volvió a retomar sus pasos, al igual que yo, y actuar en pequeños cafés sólo con su guitarra acústica. Como decimos en nuestro país, “Si no sabes a dónde vas vuelve para saber de dónde vienes”. A Ismaël Lô le pasó también. Es normal cuando tomas contacto con la música occidental. Te entran mil influencias nuevas al mismo tiempo y es normal que te equivoques o te confundas. También el maestro Salif Keita pasó por algo parecido.

Bueno, pero en el camino se aprenden muchas cosas: cómo funcionan otras sonoridades, un estudio profesional, otros músicos…

Eso es. “Plus d´Amour” no podría haberlo hecho hace 15 años. Es un disco que es una fotografía de lo que es la música para mí en este momento, de un proceso de aprendizaje como dices. Hablabas de esa “vuelta a las raíces”, yo creo que es redescubrirse a sí mismo.

Sí, le pasa a mucha gente. Tienes que salir de tu propia cultura para descubrirla. Quizá se necesita un poco de perspectiva para poner las cosas en orden.

Sí, en los 80 muchos músicos africanos aprovecharon el boom de la world Music para salir del continente y probar cosas nuevas. Es normal. Le pasó también a Touré Kunda, que para nosotros en Cassamance fue un bombazo.

¿Le ha gustado el disco nuevo de retorno que acaban de lanzar?

Mmmmm. La verdad es que no. Suena a plástico. Demasiado comercial. Mucha compresión en la producción, demasiado brillante y pulida.

¿Quiénes son sus referentes?

Sin dudarlo Cesária Évora. Y Ali Farka Touré. Dos leyendas, pero auténticas. Nunca se vendieron. Cesária Évora era simplemente pura.

Para acabar ¿cómo se va a presentar “Plus d´Amour”?

Vamos a presentarlo primero en el auditorio Alfredo Krauss en las Palmas de Gran Canaria el 6 de octubre. Vamos a llevar al equipo de músicos que han participado en el disco al completo. Además cada músico llevará la iniciativa de presentar canciones suyas a los que el resto acompañaremos. Y habrá más sorpresas.

http://www.nayaband.com/

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