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Negro, entre pintura e Historia

Invitado 25 julio, 2019
"Portrait d'une négresse", Marie-Guillemine Benoist

*Autora invitada: Ana Paula Rebelo Correia

¿Puede un blanco y europeo representar a un negro y afrobrasileño? Esta cuestión, lanzada por António Pinto Ribeiro en 2006, podría haber sido el lema de la obra Noir, entre peinture et histoire, ahora publicada en Francia, que nos lleva a un periplo por la pintura europea del siglo XV al siglo XX, al descubrimiento del modo en que el europeo, pintor o cliente que encargaba las pinturas, veía, entendía y representaba a las personas negras. 

La cuestión de la representación del negro en el arte occidental no es nueva. Se estudia de forma consistente a partir de los años 60 del siglo XX, con el proyecto de investigación pionero impulsado y patrocinado por los coleccionistas Jean y Dominique De Menil, que llevó a censar más de 30.000 imágenes, diseños, grabados, pinturas, esculturas, fotografías, para la posterior publicación de varios volúmenes abundantemente ilustrados y para una base de datos, disponible en línea en el Hutchins Center for African & African American Research. Sin embargo, al contrario que Estados Unidos y los países anglosajones, en Francia, así como otros países de Europa Occidental, la representación de los negros en la pintura europea y las reflexiones que de ahí se arrojan continua siendoun tema poco estudiado. Hasta la década de los 80, la bibliografía existente es escasa, reveladora del poco interés que suscitan estas cuestiones. En 1969, Ignacy Scachs publicó L’image du Noir dans l’art européen, donde hace una primera incursión en el tema, pero las obras de carácter monográfico o los catálogos son prácticamente inexistentes. Esta laguna fue el punto de partida del libro Noir, entre Peinture et Histoire.

Los autores, Naïl Ver-Ndoye, de ascendencia africana, y Grégoire Fauconier, europeo, ambos profesores de enseñanza media, se enfrentaron a la ausencia de información sobre la representación de hombres y mujeres negros en la pintura europea, algo que les llevó a preguntas muy objetivas: quiénes eran las personas representadas o qué motivó su representación y por qué tenían raramente una identidad individualizada en la pintura. Cuestiones que, aun pareciendo simples, son profundamente complejas y que Jean Genet expresa con la pregunta ¿Qué es entonces un negro? Y, en primer lugar, ¿de qué color es?”, frase que eligieron los autores para la primera página del libro. 

A lo largo de cuatro años, los dos profesores estudiaron cerca de 5.000 pinturas europeas que incluyen la representación de negros, en los contextos más diversos, de las cuales seleccionaron las 300 presentadas en el libro Noir, entre peinture et Histoire. La obra, con un claro componente pedagógico, se estructura de un modo simple y accesible, dirigiéndose así a un amplio abanico de público, culto, curioso, aficionado, estudiante o especialista. A través de una selección diversificada de pinturas, con una descripción y explicación iconográfica detalladas, el lector se dirige al encuentro de una presencia hasta entonces casi siempre anónima y prácticamente ‘invisible’ en la Historia del Arte, a pesar de que a partir del siglo XIV los pintores europeos más destacados ya habían representado a africanos.

Uno de los aspectos particularmente interesantes de este libro es su enfoque, simple, pragmático y objetivo, pero simultáneamente sensible y mutidisciplinar. A través de la historia de la pintura se abre un camino de análisis y de reflexión, no solo sobre los contextos en que se representa a determinadas personas, en ese caso específico personas de piel negra, sino también sobre la propia identidad y la historia de estas personas. Los autores proponen un enfoque transversal, independiente de preconceptos y de ideas preconcebidas. Atentos a las problemáticas inherentes a la colonización, de fuerte presencia en la actualidad, no se ciñen a temáticas como la esclavitud, la ocupación y la explotación de África por Europa o la relación dominante – dominado / blanco – negro. Por el contrario, intentan entender objetivamente cómo y en qué marco representó el pintor europeo a hombres y mujeres negras. 

En la cualidad y variedad temática de las obras escogidas, en un abanico cronológico de cinco siglos, los temas nos ubican ante el papel del arte, concretamente de la pintura, en lo relativo a los preconceptos sociales y las mentalidades vigentes. En realidad, todas las obras fueron realizadas por pintores europeos, en su mayoría proveninentes de países que colonizaron los territorios de origen de los africanos representados. Y todas las iconografías, ya se trate de un simple retrato, de una narrativa histórica o de una representación religiosa o alegórica, revelan, en la representación del negro, cuestiones relativas a la mentalidad, el conocimiento, identidad, memoria, preconcepto, relación entre dominante y dominado, colonización, esclavitud, religión o creencias, traduciendo al mismo tiempor el modo en el que el pensamiento europeo entendía y aceptaba la emancipación de los negros. No podemos olvidar que las iconografías son casi siempre indisociables de la propia historia de la pintura, que entre el siglo XV y el siglo XIX se realiza esencialmente para una elite, lo que también condiciona el tipo de narrativa y representación. 

Las obras están organizadas en 10 temas, que corresponden a los 10 capítulos del libro: Alegoría de un territorio, Religión, Cuerpo, Esclavitud, Figuras políticas, Vida Doméstica, Talentos, Guerra, Vida Cotidiana y Presencia Negra. En lo amplio y exhaustivo de este abanico temático se ilustran vivencias reales o imaginarias, se cuentan historias y se revelan identidades. En la descripción de las obras, en la descodificación iconográfica, en la lectura multidisciplinar que se propone se va desplegando un espacio de reflexión para cuestiones transversales, inherentes a la visión de Europa sobre África y otras regiones que colonizó, la relación entre blancos y negros y también la relación entre la propia pintura y el contexto social y cultural en el que el pintor europeo o el cliente se interesaban por la representación del negro.

Retrato de Ayuba Suleimán Diallo, William Hoare de Bath.

En el análisis de cada una de las obras, el texto interpela, suscita nuevas preguntas, sensibiliza para provocar una abertura hacia el “otro”, punto que los dos profesores señalan como objetivo del libro. En esta selección y estructura, también ha habido una voluntad de mostrar que, de forma paralela a las cuestiones de racismo, existen ejemplos que vienen a “romper el edificio de la intolerancia” y suscitar una visión más ponderada sobre la historia y la complejidad de los contextos de la existencia humana. Algunos retratos ilustran este propósito. Es el caso, por ejemplo, de Ayouba Diallo, retratado en 1733 por William Hoare de Bath, cuya historia se integra en el capítulo Esclavitud. Hombre culto, originario de Senegal, Diallo nace al inicio del siglo XVIII. Africano, negro, él mismo comerciante de esclavos, es raptado y vendido como esclavo, y acaba trabajando en una plantación en Estados Unidos. Entre las más diversas vicisitudes y aventuras, lo acaba comprando la African Company (uno de los pilares del comercio de esclavos) y es enviado para Inglaterra. Allí, su cultura y conocimiento de lenguas lo aproximan a las elites londinenses, que asumen su protección y cotizan entre ellos para comprar su libertad y le permiten regresar a Senegal. Esta narrativa es una de tantas que resultan de las investigaciones realizadas por los autores y que muestran cómo la hitoria de las personas, independientemente del color de la piel, es compleja y se estructura en una imbricada relación entre las más paradójicas circunstancias e intereses. 

El libro también se asume como una contribución en pos de un conocimiento más objetivo de la identidad y diversidad europea y africana, y también para una sensibilización al Arte como medio de acceso a la Historia. Ambos profesores pensaron particularmente en los numerosos jóvenes estudiantes de origen africano, con quienes lidian cotidianamente y que no tienen ningún tipo de relación con el arte occidental. Una de sus preocupaciones fue acercar los alumnos al arte y mostrar cómo la pintura refleja temas, sentimientos o situaciones intemporales y, por eso, siempre actuales, y cómo puede la pintura ser entendida por todos, independientemente de los contextos sociales. Muchas de las obras escogidas, de siglos anteriores, nos transportan hasta problemáticas actuales, como el impresionante retrato  “El chico negro”, pintado en 1844 por William Lindsay Windus (1822-1907). El pintor captó con profunda intensidad la soledad, la resignación y la mirada triste de un niño negro, anónimo, vestido con ropas harapientas, un niño que habría encontrado deambulando por las calles de Liverpool a donde llegó después de atravesar el Atlántico en un barco clandestino. 

«El chico negro», William Lindsay Windus

Pero, y este punto es también relevante, antes de entrar en la cuestión del Arte y de la Historia, los autores encuadran la problemática de la identidad y de la representación del negro en diversas vertientes. Comienzan por la delicada cuestión de la nomenclatura, de la designación, que a lo largo de cinco siglos conoció múltiples versiones, muchas de ellas de connotación peyorativa, pero todas ellas reveladoras, aún a día de hoy, de la dificultad de mirar al no europeo, el negro, y de designarlo a través del color (Être noir – págs. 6-7). Fue precisamente esta dificultad la que llevó a emplear un léxico diversificado, variable según la regiones colonizadoras, cuestión que se trata especialmente en relación con la lengua  francesa y las colonias francófonas. Los autores se asoman, muy concretamente, a la problemática del color haciendo una síntesis de las cuestiones lingüísticas que traducen el malestar en asumir y designar el color de la piel. No se ciñen al orifen africano. Explican concretamenteque el hilo conductor de la investigación que han hecho es la representación del negro en la pintura. Para el pintor, la cuestión fundamental no era el léxico ni la designación, sino la representación anatómica y cromática, también brevemente abordada aquí (Noir en peinture – pág. 9), en aspectos como la obtención de los pigmentos para las diferentes gamas de color de la piel, el estudio de la luz en la piel negra, las graduaciones de tonos en las diferentes partes del cuerpo o la configuración anatómica del rostro. 

Todos estos temas se presentan de un modo simple, en pequeñas síntesis, pero siempre de forma que se abra un espacio de debate para un desarrollo más profundo, como la dualidad subyacente al concepto de negro que “contrariamente a lo que se piensa, no es solo una cuestión de piel (…)”, sino una cuestión de supervivencia y cultura. El albino de origen africano no se ve a sí mismo ni es visto por los otros como un blanco, sino como un negro. En la selección de las pinturas, esta problemática se ilustra en el retrato del joven Benedetto Silva d’Angola, pintado en 1709 por Antonio Franchi (1638-1709), identificado en la pintura como “Moro blanco” hijo de “padre y madre negros”, o en narrativas de la antigüedad, como la historia de Teágenes y Claricleia, escrita por Heliodoro de Emeso en el s. III. Hija del rey de Etiopía, negro, Claricleia nace blanca y busca desesperadamente su filiación, revelando una mancha de piel negra que tiene en el brazo. Esta historia, que convoca la cuestión de la búsqueda de identidad, inspiró al pintor Karel van Mander (1606-1670) que en un conjunto de obras ilustró varios capítulos, imaginando todo un universo exótico alrededor de Etiopía y de sus habitantes. 

Benedetto Silva d’Angola, Antonio Franchi.


Las diez temáticas reunidas en los capítulos del libro, debido al eslabón común entre todas -la representación de negros- no se limitan a ilustrar una parte conocida de la Historia del Arte. Al mismo tiempo, en la paleta de temas y la relación que establece entre sus diversas vertientes, iconografías, historias de las personas, encuadramiento de la narrativa, contexto histórico, alegórico, verídico o imaginario, consolidan la vertiente de una Historia del Arte que se desarrolla en paralelo con una Historia Social y que relaciona de un modo muy concreto el universo de la repreesentación con la Historia de las mentalidades. A través del arte, en los diversos modos de representación, el lector va descubriendo cómo a lo largo del tiempo la percepción del “otro” va cambiando… o no. 

Entre el siglo XV y el inicio del siglo XX, la iconografía del negro en la pintura europea representa en gran medida a figuras anónimas, a servicio del europeo, figuras imaginadas por el pintor, en escenarios exóticos, o figuras alegóricas, como la representación del continente africano, alegoría que ejerce una fuerte seducción en los pintores de los siglos XVI y XVII. Rara vez el africano, el negro, es pintado por él mismo, por sus cualidades individuales. 

La explicación iconográfica de las obras es a la vez un análisis crítico que, encuadrado en esta perspectiva de historia social, se articula junto a temas de reflexión actuales. En el capítulo Alegoría de un territorio, el subcapítulo “Francia en el centro del mundo” evidencia la problemática de la colonización, en la actualidad objeto de un intenso debate. En las pinturas de Louis Bouquet, realizadas en 1931,la colonización se representa como una misión idílica, que favorece a los africanos, que se beneficiaban de ese modo de los “beneficios” de la cultura y la civilización francesas. El texto lleva al lector a observar atentamente las pinturas de forma que se vuelve perceptible la manera en la que su iconografía oculta constantemente aspectos de la explotación y de la violencia inherentes a la colonización. En una de las obras, titulada “Apolo y su musa negra”, se representa en una absurda amalgama temática al dios griego Apolo tocando su lira, rodeado de africanos desnudos bailando, en medio de animales salvajes, imagen que correspondía al estereotipo del “salvaje feliz”, presentado en la exposición colonial de 1930.  En la pintura “Recuerdo del Museo de las Colonias”, también de Bouquet y también realizada en 1931, el arquitecto, decorador del museo y otras figuras de la “buena sociedad” francesa son representados acompañados por una mujer negra, desnuda, despojada de todo atributo que la relacione con la idea europea de “civilización”.  

En los diversos capítulos del libro, cada pintura es un punto de partida para profundizar el tema más allá de la historia de la pintura y hacer emerger nuevas preguntas. En el tema Religión, el retrato del abade Moussa, pintado en 1847 por Pierre-Roch Vigneron, recuerda la problemática de la aceptación por parte de la iglesia a atribuir cargos eclesiásticos a personas negras.Cimentándose en el principio de que, siendo nativos, los negros tendrían más facilidad en evangelizar a otros nativos, y con base en este argumento se van a buscar a niños senegaleses para educarlas en un seminario y, dentro del programa de colonización llevado a cabo por los estados europeos, dar inicio a un clero “autóctono” en las regiones colonizadas. 

En el capítulo El Cuerpo. a través de la representación que el europeo hace del africano, oscilando entre la fascinación por el cuerpo negro, sensual, viguroso, musculoso, y la representación despreciativa, que lo ve como un cuerpo objeto, o cuerpol diabólico, se alzan cuestiones inherentes a la colonización y al racismo como las teorías sobre la desigualdad de razas. Aquí se destaca la obra del holandés Christiaen van Couwenbergh, realizada en 1632, titulada  “El rapto de la negra”, donde se representa a una mujer negra forzada por tres hombres blancos, iconografía rara en la pintura del seiscento, sobre todo en una obra de grandes dimensiones. En un texto simple, conciso, se llama la atención hacia todo un campo de reflexiones sobre la condición humana, la injusticia, la violencia y el racismo. Son varias las obras que ilustran este capítulo, con diferentes formas de abordar el negro desde la perspectiva del cuerpo. Iconografias que ilustran la confrontación entre el cuerpo negro y el cuerpo blanco en temas religiosos, como en la representación de Betsabé en el baño, asistida por una esclava negra, uno de los primeros desnudos de mujer africana, pintados a finales del siglo XVI por Cornelis Corneliszoon van Haarlem (1562-1632), o en una visión romántica y exótica, como en la obra “Baño turco” pintada en 1870 por Jean-Léon Gérôme (1824-1904), en que el cuerpo de la esclava negra contrasta con la anatomía de la mujer blanca, o aún en el bellísimo “Retrato de una negra”, pintado en 1800, una de las  obras primas de la pintora francesa Marie-Guillemine Benoist. 

A través de 28 pinturas, de amplia inclusión iconográfica, realizadas entre el inicio del siglo  XVIII y finales del siglo XIX, el capítulo Esclavitud recuerda cómo la relación entre Europa, África y América estuvo profundamnete marcada por el comercio de esclavos, y retraza momentos representativos de la historia de la esclavitud, sobre todo en las colonias francesas, hasta su abolición en 1794. A través de dos retratos, el ya mencionado retrato de Ayouba y el de William Ansah Sessarakoo, pintado en 1749 por Gabriel Mathias (1719-1804), se llama la atención sobre aspectos menos conocidos, como la intervención de negros en el comercio de esclavos. Ambos retratados fueron comerciantes de esclavos pero, al ser negros, acabaron también siendo vendidos como esclavos. Ansah, originario de Ghana, hijo de un comerciante de esclavosy él mismo también negrero, envía a los hijos a Inglaterra para que tengan una educación europea. En el Caribe, el capitán del barco en el que viajaba lo mezcla con los demás negros y Ansah es vendido como esclavo, condición en la que estuvo varios años hasta ser reconocido por un comerciante de su etnia y liberado.

La colecta iconográfica de retratos, en el capítulo Figuras Políticas, abre el abanico temático hacia áreas hasta ahora menos conocidas y estudiadas, como la de la representación de figuras poíticas negras o mestizas mucho antes de la época contemporánea. En cada retratto, la historia que se descubre es siempre una propuesta de reflexión múltiple y abierta. A través de uno de los más antiguos retratos europeos de un noble africano vestido a la occidental, pintado alrededor de 1643, llegamos a conocer a Miiguel de Castro, de origen angoleño, enviado para Brasil con el fin de mediar la relación diplomática con los Países Bajos. Más reciente, el retrato de Jean-Baptiste Belley, diputado en Santo Domingo, convoca la compleja relación entre el poder y la esclavitud. De origen senegalés, Jean-Baptiste fue vendido como esclavo para trabajar en las plantaciones de la isla dominicana. Consigue comprar su libertad, entra en el ejército francés, se enriquece, gana algún poder y, al regresar a Santo Domingo, se vuelve él mismo propietario de esclavos. Después de la Revolución Francesa, con la abolición de la esclavitud, regresa de nuevo a la isla y, esta vez, como diputado para representar a los negros. 


“Bonheur d’amour Prussien” , Emil Doerstling.

El capítulo sobrel a vida doméstica resalta por la cualidad del de su iconografía, con obras del siglo XVII hasta inicios del siglo XX, a través de las cuales se traza la presencia en Europa de muchos jóvenes negros, comprados, intercambiados, regalados, para servir a la alta sociedad. Muchas veces asosciados al exotismo de países lejanos y al poder que eso simbolizaba, son representados con turbantes lujosos, acompañados de un mono o de un papagayo, o sirviendo café, proveniente de las plantaciones cultivadas por esclavos.

Siguen después los capítulos consagrados al Talento, la guerra, la vida cotidiana. En el capítulo consagrado a la guerra, los autores destacan la pintura de Félix Vallotton “Soldados senegaleses en el campo de Mailly”, realizada en 1917. A través de esta pintura abordan la problemática de los numerosos soldados que murieron por Francia, en el casi absoluto anonimato y amnesia general, cuestionando el olvido que se abatió sobre el papel de estes combatientes. En el capítulo sobre la vida cotidiana una de las obras destacadas es la pintura de Emil Doerstling, “Bonheur d’amour Prussien”, que retrata Gustav Sabac el Cher, negro mestizo, y una joven blanca, de piel muy clara y ojos verdes. El pintor captó el contraste entre el color de piel de ambos y la expresión de felicidad que los une. Como en las obras restantes, la imagen es el punto de partida para otras preguntas, y en este caso es para recordar, por un lado, el apartheid que Alemania imponía en su imperio colonial y que llevó al genocidio de los Herero y de los Nama, en la región de la actual Namibia, y por otro, alertar sobre las paradojas de la humanidad: los dos hijos de Gustav formaron parte del ejército alemán durante el régimen nazi. El capítulo “Presencia negra” reúne una serio de iconografías muy diversas, por los temas y épocas. De las 27 obras presentadas, se destacan las tres pinturas del seicento con vistas de Lisboa, la “ciudad más africana de Europa”. Hasta 1791, llegaron a Portugal cerca de 400.000 esclavos africanos. 


Para concluir, Noir. Entre Peinture et se sitúa entre la Historia y la Historia del Arte. A partir de la mirada de pintores blancos, europeos, el libro da visibilidad a hombres y mujeres negros, cuyo recorrido de vida, muchas veces singular, permaneció casi siempre invisible y anónimo. La pintura es el punto de partida para la recuperación de la memmoria. Memoria de personas, de vivencias y situaciones, indisociables de los contextos de colonización que marcan las relaciones entre África y Europa y que aún hoy tiene fuertes consecuencias en el seno de las mentalidades, suscitando sentimientos controvertidos. Tal vez por eso los autores se hayan encontrado con tantas dificultades a la hora de encontrar un editor para esta obra (se pusieron en contacto con más de 30). El término “Negro” era considerado problemático. Los editores pensaron que no se trataba de un “tema francés”, que no habría un público interesado o que sería muy difícil hacer divulgación proque “el público francés no estaba preparado”. El libro fue editado en 2018 por Omniscience, editora independente fundada en 2005.

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Este artículo fue publicado en Buala y ha sido reproducido con permiso de sus editores. Para leer el original en portugués, clic aquí.

Traducción: Alejandro de los Santos y Ángela Rodríguez Perea.

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