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Desde el armario de los presidentes

Angela Rodríguez Perea 20 junio, 2013

La política no es únicamente un juego de estrategias y negociaciones, es también (y mucho) un trabajo de comunicación. En un terreno en el que casi nada sucede por azar, incluso elegir la ropa del día puede tener un significado y repercusiones profundos. Sentíamos curiosidad por ver qué nos contaban al respecto los armarios de algunos políticos africanos.

Con las independencias, la vuelta a lo tradicional 

De izquierda a derecha: Sylvanus Olympio (Togo), Jomo Kenyatta (Kenia), Sekou Touré (Guinea) y Kwame Nkrumah (Ghana)

De izquierda a derecha: Sylvanus Olympio (Togo), Jomo Kenyatta (Kenia), Sekou Touré (Guinea) y Kwame Nkrumah (Ghana)

Los llamados “padres de las independencias”, los primeros presidentes de los nuevos Estados africanos, tenían en común una educación occidental. Muchos, sin embargo, optaron de manera consciente por dejarse inmortalizar con trajes tradicionales. El gesto era bien meditado y simbólico; se trataba de reivindicar lo genuino, lo propio, por oposición a la cultura del antiguo colono. Y no se limitaba a lo visual. Johnstone Kamau es por ejemplo el nombre con que fue bautizado el primer presidente de la Kenia independiente, pero él mismo lo cambió  por el kikuyu “Jomo“. Su apellido pasó a ser Kenyatta, palabra que denomina una especie de cinturón de perlas tradicional que se coloca en el pecho.

A muchos otros, como el senegalés Senghor o el marfileño Houphouët-Boigny, rara vez se los vio en público sin sus trajes de chaqueta y respectivas corbatas. Hoy por hoy sus nombres, sobre todo el del segundo, están asociados a pie de calle con el colaboracionismo con Francia.

Horror a la sencillez

Mobutu Sese Seko (antiguo Zaire), Haile Selassie (Etiopía) y Jean Bokassa (República Centro Africana)

Mobutu Sese Seko (antiguo Zaire), Haile Selassie (Etiopía) y Jean Bokassa (República Centroafricana)

Cuando un presidente se rodea de pompa y leyenda, por mucho que se autodenomine democrático, incita a que se dude de sus verdaderas intenciones. Los peores dictadores del continente se sirvieron de la glorificación a su propia figura para mantener la legitimidad de su poder. No sorprende que fueran, además, tremendamente estrafalarios. Mobutu Sese Seko, presidente del antiguo Zaire, instauró una política de “autenticidad cultural”. Una de las medidas fue la de prohibir a los ciudadanos llevar nombres occidentales. La vestimenta no se libró de esta legislación. El traje occidental se prohibió y en su lugar fue instaurado el llamado “abacost” (por “à bas le costume“, “abajo con el traje”), una túnica con cuello Mao que el propio dictador llevaba siempre puesta. Es durante esta época cuando hizo popular su imagen: el abacost, las gafas de sol, el bastón y el sombrero de piel de leopardo.

Haile Selassie y Jean Bokassa no se llamaron a sí mismos presidentes sino “emperadores”. Sorprendente es el caso de Bokassa, que más que nada parecía un rey europeo, aunque negro, con todos los abalorios propios de un cuento de princesas: corona y cetro de oros, terciopelo rojo y guardia real emplumada… menos idílica es la leyenda, verdadera o no, que lo describe como el presidente caníbal.

Militar, con más o con menos clase

Thomas Sankara (Burquina Faso), Jerry Rawlings (Ghana) e Idi Amin Dada (Uganda)

Thomas Sankara (Burkina Faso), Jerry Rawlings (Ghana) e Idi Amin Dada (Uganda)

Muchos de los que han llegado a lo más alto del poder lo hicieron como militares y por ello llevaron el uniforme puesto durante parte de sus presidencias. Nunca o casi nunca se lo quitaron Thomas Sankara ni Idi Amin Dada, quizás porque sus mandatos no fueron excesivamente largos, comparados con los de otros. De Jerry Rawlings, todavía vivo, seguimos recibiendo instantáneas con ropa occidental y también con el emblemático paño kente ghanés.

Los tres iniciaron reformas profundas en sus respectivos países, pero mientras Amin Dada ha pasado a la Historia como un dictador sanguinario y despiadado, tanto Rawlings como Sankara son vistos en el continente como figuras positivas. Ambos fueron presidentes jóvenes, atractivos y en cierta medida alineados con las ideas marxistas.

Las cabezas, mejor cubiertas

Salva Kiir (Sudán del Sur), Johnathan Goodluck (Nigeria) y Haile Selassie (Etiopía)

Salva Kiir (Sudán del Sur), Jonathan Goodluck (Nigeria) y Haile Selassie (Etiopía)

En los países subsaharianos situados más al norte, como Senegal, Gambia, Malí, Níger o Mauritania, la población es mayoritariamente musulmana. Sus políticos suelen seguir también unas pautas bastante tradicionales a la hora de elegir vestuario: por lo general llevan una túnica, amplia y fresca, y la taqiyah, el gorro musulmán. En cualquier caso, no descuidan esta última, asegurándose siempre de coronar el “look” con un tocado.

Casualidad o no, existen hoy en día dos presidentes que tampoco olvidan cubrirse la cabeza: Salva Kiir y Jonathan Goodluck. Pero ellos lo hacen con un sombrero occidental y son cristianos en países en los que, por su Historia o situación sociopolítica, la fe tiene un significado definido. En Nigeria, los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes han vuelto algunas zonas del norte altamente convulsas. Sudán del Sur, de mayoría cristiana, se independizó recientemente del norte, musulmán. Los rumores cuentan que, antes de la independencia, George Bush regaló a su presidente Salva Kiir un sombrero de cowboy como el que  lleva siempre puesto. A Haile Selassie también se lo vio alguna que otra vez con sombrero. En esta foto podría recordar a un personaje de la película “Drácula, de Bram Stoker“…

Al más puro estilo occidental

Joseph Kabila (RDC), Teodoro Obiang Nguema (Guinea Ecuatorial), Faure Gnassingbé (Togo) y Denis Sassou Nguesso (Congo Brazzaville).

Joseph Kabila (RDC), Teodoro Obiang Nguema (Guinea Ecuatorial), Faure Gnassingbé (Togo) y Denis Sassou Nguesso (Congo Brazzaville).

En la actualidad, muchos políticos africanos visten sobre todo el clásico traje de chaqueta. Estos cuatro en concreto parecen tener una especial predilección por él, tanto que no recordamos haberlos visto llevar otra cosa, traje tradicional incluido. Curiosamente, con una popularidad cada vez más baja debido a sus políticas, sus relaciones con los países occidentales han ido degradándose durante los últimos años.

Conquistando votantes en el Sur

Manphela Ramphele. En la foto de la derecha, junto al líder Steve Biko en la década de los setenta

Manphela Ramphele. En la foto de la derecha, la candidata junto al líder Steve Biko, con quien tuvo dos hijos, en la década de los setenta

No es presidente ni sabemos si algún día llegará a serlo, pero la sudafricana Manphela Ramphele hizo este año una reaparición estelar en su país de origen para anunciar que fundaba un nuevo partido, el Agang (“construcción” en sotho). En Sudáfrica, Mandela había iniciado la costumbre de vestirse de manera sencilla, acorde con su personalidad y mensajes, con una simple camisa de tela estampada. Al actual presidente, Jacob Zuma, lo hemos visto ya en repetidos eventos con la camiseta de fútbol de su selección y hasta vestido de zulú, festejando a lo grande la boda con su sexta mujer.

Para impactar, a Manphela Ramphele no le quedaba más opción que presentarse ante los potenciales votantes vistiéndose de manera patriótica. Es decir, tradicional. Atrás quedan los días en los que tenía en el Banco Mundial su despacho como directora gerente…

 

 

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5 Comments

  1. FERNANDO ALBERTO BARBOSA DOS SANTOS 22 agosto, 2014 at 8:00

    La profunda falta de respeto que la señora Perea demuestra en este artículo y el más profundo desconocimiento y mirada intencionalmente etnocentrica y colonial sobre la Historia de África es para sugerirle al menos que no se meta en berenjenales que no conoce. Comparar a figuras tutelares de la lucha anti-colonialista y confundir el atuendo con su simbólica función de encarnación del poder en todo el mundo y en todas las culturas humanas, es cuanto menos ignorancia antropológica.. En fin un fracaso en toda regla

    • Angela Rodríguez Perea 22 agosto, 2014 at 10:50

      Estimado Fernando, como siempre, estamos abiertos a las críticas, para mejorar, y yo misma te agradezco el comentario.

      Si has localizado algún dato erróneo, te invitamos y agradecemos que nos lo comuniques, pues va en beneficio de todos.

      En cuanto a la relación de la estética con la figura que encarna el poder, no es ningún invento nuevo, sino toda una estrategia política, también en África.

      Y respecto a los comentarios sobre algunas de las figuras históricas que has podido leer, es quizás necesario precisar que no reflejan mi opinión sino la opinión que he recabado de muchos africanos, más en el continente que en la diáspora.

      En todo caso, la idea no es faltar al respeto, sino simplemente pararnos un segundo a ver la política de manera intencionadamente ligera y alegre. Hablábamos sobre algunos políticos africanos, podrían también haber sido de cualquier otra parte del mundo.

  2. FERNANDO ALBERTO BARBOSA DOS SANTOS 26 agosto, 2014 at 10:04

    Es durante esta época cuando hizo popular su imagen: el abacost, las gafas de sol, el bastón y el sombrero de piel de leopardo.
    Cuando la autora bajo el título “Horror a la sencillez” opina sobre la figura desde luego polémica y dictatorial de Mobutu Sese Seko, se olvida de entender que el atuendo de este ex presidente se inscribe como muy bien afirma en el rechazo de la herencia colonial, buscando la autenticidad en lo negado y oprimido, el atuendo tradicional. Pero se olvida que el gorro de leopardo es un símbolo de poder en toda la historia de la heráldica y que para el Congo, la existencia de la sociedad secreta de los hombres leopardo, llevar sobre la cabeza un gorro del más temible felino es como incorporar un aura de protección y poder atribuidos al leopardo. Mobutu sabía hábilmente interpretar estos símbolos para ganar el miedo y el “respeto” de su pueblo, eso sí, oprimido por una brutal dictadura que sirvió bien a los poderes de Occidente. Una marioneta desechable cuando dejó de obedecer.
    Sorprendente es el caso de Bokassa, que más que nada parecía un rey europeo, aunque negro, con todos los abalorios propios de un cuento de princesas: corona y cetro de oros, terciopelo rojo y guardia real emplumada… menos idílica es la leyenda, verdadera o no, que lo describe como el presidente caníbal.
    La indumentária del auto proclamado emperador Bokassa, emulaba el atuendo de las realezas europeas no de un cuento de princesas, las coronas, cetros y ricas telas siempre fueron expresiones de encarnación del poder real en partes varias del mundo, Bokassa eligió la “imagerie” asociada a la coronación del auto coronado emperador Napoleón Bonaparte. Es un opción, la cuál yo no defiendo, pero responde a una mirada a los símbolos de autoridad, que una figura tan controvertida como Bokassa quiso emular en busca de notoriedad. El dicho no probado sobre su supuesto canibalismo, añade el anatema sobre el estado de barbarie del hombre negro, capaz de las mayores atrocidades, probadas o no, leyenda o no, pero eso sí se repiten ad nauseum sin que nadie se dé al trabajo de verificarlo o desmentirlo…
    En cualquier caso, no descuidan esta última, asegurándose siempre de coronar el “look” con un tocado.
    Cubrir la cabeza no es un acto cualquiera, se reviste de una composición cultural, social, etc. Es desde luego símbolo que encarna la distinción social, sirven o sirvieron para mostrar barreras de clase, el estatus social de la familia del portador, al contrario de los de las damas, que también lo mostraba pero se podía añadir fantasía, lujo o modestia según la clase a que la dama perteneciera. Por tanto “tocar la cabeza”, es signo de aspiración de mantener el estatus social y forma pública de mostrar que se adopta una imagen acorde con su clase social.
    A Haile Selassie también se lo vio alguna que otra vez con sombrero. En esta foto podría recordar a un personaje de la película “Drácula, de Bram Stoker“…
    El Negus, Rey de Reyes, porta en esta foto un “Bowler hat”, que fue inventado en Inglaterra en 1850, destinado a ser usado por los cazadores, pero rápidamente las clases altas para la práctica de deportes, (montar a caballo, jugar al polo), pero hay que recordar que las clases trabajadoras rápidamente lo adoptaron y un ejemplo claro es la figura de Charlie Chaplin que satiriza su uso en muchas de las películas que rodó. El Emperador de Etiopía, lo hacía como un hombre de su clase aristocrática, que incorporaba las tradiciones europeas de sastrería para caballeros.
    En la actualidad, muchos políticos africanos visten sobre todo el clásico traje de chaqueta. Estos cuatro en concreto parecen tener una especial predilección por él.
    ¡No entiendo la afirmación!¿ Es por acaso el traje y chaqueta occidental “propiedad” exclusiva del hombre blanco? Creo que la predilección responde más bien a la cultura de poder (power dress), que el traje oscuro encarna y son los códigos de un lenguaje patriarcal a que los hombres en el poder procuran conformar una imagen ya definida y sin sorpresas.

    • Javier Mantecón 26 agosto, 2014 at 14:49

      Mi lectura sobre el artículo es sin embargo mucho más sencilla. Desde luego que podemos hacer un análisis más profundo acerca de lo que significa cada elemento ostentatorio de poder. En este caso creo que el enfoque va más dirigido a la variedad y diferencias de los atuendos de ciertos presidentes africanos, siempre partiendo de una estética cuidada al milímetro para destacar ciertos aspectos de su propia política, tal y como señalas en muchos de tus ejemplos.

      Recordar que los símbolos de poder nunca son gratuitos pero si personalizados según su portador y el contexto histórico en el que se desarrollen nunca está de más. Bokassa por ejemplo, vestía en actos oficiales ya no sólo como Napoleón sino como las realezas helenísticas que buscaban, al igual que él, perpetuar y demostrar su poder a través de los atuendos más lujosos de la época. Siempre podemos retroceder más en el tiempo pero pienso que la autora nos quería mostrar un sencillo y divertido catálogo de moda según algunas de las personalidades políticas africanas más destacadas de las últimas décadas.

      Recomiendo en el caso de querer profundizar más en el tema este fantástico artículo basado en la simbología del poder en occidente desde un punto de vista visual y antropológico: http://www.gazeta-antropologia.es/?p=108

  3. Angela Rodríguez Perea 28 agosto, 2014 at 17:25

    Querido Fernando, una vez más gracias por tu aportación. Es visible que conoces mucho sobre el tema.

    Después de leerte, quedo más convencida aun si cabe de que no existen datos erróneos en el artículo. La idea no es en absoluto hacer un análisis detallado como el que haces en tu comentario que, por cierto, creo que más que contradecirlo profundiza en el contenido del artículo, en mi opinión.

    Estamos de acuerdo en la misma base, que es que la “imagerie” (como la llamas) asociada al poder es vehículo de un mensaje o una simbología. Pero éste no es un marco académico para presentar las conclusiones de un estudio antropológico. Es importante entender el contexto y cómo utilizamos el lenguaje dentro de él; cuál es nuestra intención, en resumen.

    Podría intentar responderte a cada una de las observaciones: no hemos olvidado “entender” ni negamos que la política de Mobutu fue en gran parte el rechazo de la herencia colonial. Tampoco decimos que Bokassa emulara un cuento de princesas, estamos simplemente haciendo un guiño al lector. Por cierto que hablar de Bokassa y pasar por alto el detalle del “presidente canibal” es casi imposible y no le vemos sentido a ocultar el detalle. ¿Quién a pie de calle, en África, habla de Bokassa sin hacer alusión a eso? Es una “anécdota” asociada directamente a su imagen, que nosotros no desmentimos ni confirmamos. Es cierto que poner en esa misma frase a Bokassa y Selassie puede parecer desplazado: hemos preferido no entrar en polémicas y pasar muy por encima la figura de este último, pues sigue provocando sentimientos extremísimos en la gente: dejando de lado que fuera nombrado príncipe, su llegada y mantenimiento en lo más alto del poder está llena de controversia, especialmente en algunas zonas del país en las que se negaron las expresiones culturales locales o, sin ir más lejos, en la Eritrea vecina.
    Sobre el traje de chaqueta, no estamos diciendo que sea de uso exclusivo de “el hombre blanco” (hablábamos por cierto de “occidental” y no de “blanco”). La lógica es justamente la contraria: lo que nos llamaba la atención es que los cuatro políticos citados los lleven de manera casi exclusiva, pues existen otros atuendos que también encarnan su estatus social y político en sus respectivos contextos, y que otros presidentes del continente sí eligen llevar de manera natural.

    En definitiva, se podría haber pulido muchísimo más la información, pero, como dicen en portugués, “nâo dava” para hacerlo en este contexto concreto. Tu comentario ha añadido bastante; imagino que muchos lectores habrán aprendido con lo que has compartido com nosotros.

    Un saludo y gracias.

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