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Rijasolo: la mirada artística que retorna desde la diáspora

Javier Mantecón 13 septiembre, 2016

La fotografía en Madagascar ha sido un referente mundial durante años gracias a la figura de Pierrot Men, un pionero de las formas en la Gran Isla. Pero aparte de Men, pocos nombres han saltado a la palestra en las últimas décadas. Hace alrededor de cinco años, un fotógrafo francés de origen malgache volvió a “su tierra» para establecerse y continuar el trabajo de fotografía documental que había comenzado en Francia. Su activa presencia insufló de esperanza a la escena de fotografía malgache que, dejando a un lado a Tolotra Ramboasolo, no recibía demasiadas sorpresas. Rijasolo llegó a la Isla Roja en 2011 y desde entonces se ha eregido como uno de los artistas visuales más importantes y prometedores de Madagascar. Nos encontramos con él en Is´art Galerie, con motivo de la inauguración de su exposición “Atsimo” en la que nos ofrece su visión personal del sur de Madagascar. A mitad de la conversación se une Tahina Rakotoarivony, director de la galería y uno de los artistas plásticos con mayor proyección internacional del país.

Antes de comenzar, ¿podría presentarse?

Me llamo Rijasolo, soy fotógrafo desde hace 16 años. Soy malgache habitante de Antananarivo.

Usted nació en Francia.

Sí, nací en Francia. Mi familia es originaria de Antsirabe y se trasladó a Francia en los años 60. Yo crecí en Francia pero siempre quise volver a Madagascar, aunque nunca viví aquí realmente. Tenía ganas de volver para encontrar mis orígenes. En 2011 me instalé en Madagascar de forma definitiva. No me arrepiento. Los malgaches que viven o crecieron en Francia se sorprenden de que haya vuelto. Hay una imagen muy negativa de la diáspora malgache sobre su propio país. Sin ir más lejos el festival de Aix-en-Provence que organiza cada año la diáspora malgache de todo el mundo meha  invitado para animar una mesa redonda sobre el tema del retorno a Madagascar. El debate está ahí.

Esta imagen negativa de la que habla, ¿se ha generado entre los emigrantes de primera generación o quizás entre los de segunda generación ya nacidos fuera del país como usted?

Son incluso gente de la primera generación. Por ejemplo mi madre, que dejó Madagascar en los años 60, cuando vuelve al país durante sus vacaciones, se comporta como una vazaha (ndr. «extranjero» en lengua malgache). Se fueron del país en el momento en que Madagascar era uno de los países más ricos de África durante los años 60 y 70, cuando muchos africanos venían a estudiar a Antananarivo, y cuando vuelven se encuentran con la realidad actual. Es normal que les choque.

ILAKAKA, AOÛT 2007. PHOTO : © RIJASOLO

ILAKAKA,  2007. PHOTO : © RIJASOLO

Y usted, ¿vivió la cultura malgache en la diáspora?

Sí, claro. Comíamos arroz en casa y escuchábamos música malgache, formábamos parte de la comunidad malgache, pero mi educación es occidental. Hice mis estudios en Francia, mis amigos son franceses, yo soy francés. Pero me siento parte de las dos culturas.

¿Sufrió en algún momento esa nostalgia que muchos emigrantes de segunda generación sienten sin haber vivido realmente en sus países de “origen”?

Sí, pero relativamente tarde. Hasta los 30 años no la sentí. Fue extraño, uno de esos “clics” que te provoca la vida. Quería renovar mi pasaporte francés para viajar pero comenzó una locura administrativa que me hizo replantearme mi futuro. Existe una ley en Francia que hace que, como hijo de inmigrante, necesites probar tu nacionalidad frente a un tribunal, incluso si has nacido en Francia o has hecho el servicio militar. Esta ley digamos que me salvó. Tuve que solicitar mi certificado de nacionalidad al tribunal, y ahí me di cuenta de que en Francia no soy considerado un “verdadero francés”. En ese momento me dije que quería saber lo que era ser un “verdadero malgache”, aunque no lo sea. Quise volver al país para investigar sobre mi identidad. En Francia no soy considerado francés pero en Madagascar soy prácticamente un extranjero. Intento no idealizar tampoco la cultura malgache. Hay muchas cosas que me enfadan del día a día en Madagascar. Me enfrento a no ser aceptado por mis vecinos malgaches por no ir a la iglesia por ejemplo, pero tampoco soy considerado un “verdadero francés”.

Pero, ¿qué es ser un verdadero francés?

Es extraño. No lo sé realmente, y creo que es un debate importante por solucionar. El impacto de la inmigración en Francia es inmenso. Los malgaches no somos considerados africanos, más bien asiáticos, así que no he sufrido del racismo que por ejemplo los magrebíes viven cada día en Francia. Como decía, mis padres se sienten melancólicos respecto a Madagascar pero, una vez ponen el pie en su país de origen, se sienten extranjeros. Los problemas identitarios son difíciles de solucionar.

Hablando de su trabajo, ¿comenzó en Francia?

Sí, de hecho comencé con el cómic. Siempre me he sentido atraído por la imagen. Dejé el comi,c aunque tengo mucha influencia de ese tipo de lenguaje narrativo, como puedes observar en la exposición. Empecé a trabajar en la fotografía por casualidad. Tenía un laboratorio y pude experimentar con el blanco y negro durante cinco años. Con el digital empecé hace cinco  años, sobre todo cuando llegué a Madagascar, ya que no hay laboratorios de revelado, excepto el de Pierrot Men en Fianarantsoa (Ndr. ciudad situada ocho horas al sur de Antananarivo).

PHOTO : © RIJASOLO

PHOTO : © RIJASOLO

¿Tenía alguna idea de incorporar artistísticamente su llegada a Madagascar a su trabajo?

De hecho, como mi trabajo como profesional se centraba en el fotorreportaje, antes de llegar a Madagascar tejí una buena red de contactos para no tirarme al vacío sin red. Es la fotografía documental la que me da comer, trabajo para muchos medios de prensa a los que vendo mis fotografías. Todavía hoy.

Se presenta dentro de la corriente “documental intimista”. ¿Cómo se adscribe a este concepto en Madagascar?

Para mí es una manera de captar mi visión del mundo. Aunque sea contradictorio, busco hacer fotorreportaje subjetivo. Antes de instalarme en Madagascar ya visité el país en varias ocasiones optando por este punto de vista documental, así como lo hice en otros países como Malí o Camboya. Lo que más me interesa de esta corriente a nivel personal es que, aunque haya un principio de un proyecto, no hay un final. El final será cuando ya no quiera continuar el proyecto. Veo mi fotografía como una acumulación de momentos, como un diario íntimo. El reflejo de una realidad desde mi punto de vista, que continúa esté yo presente o no para captarla.

Como bien señala, en su exposición ATSIMO no hay una cronología concreta, es un producto de varios viajes no relacionados entre sí.

Efectivamente. En el sur de Madagascar no busco documentar, busco la luz, la tradición, el drama del sur. Tengo la impresión de que el sur no ha cambiado desde la primera vez que fui en 2004 hasta hoy. Veo personas, pero como algo perenne y atemporal. El sur de Madagascar es una región muy especial, el Estado lo ha dejado completamente a su suerte desde hace décadas. El sur se ha convertido en una obsesión personal. Se encuentra como parado en el tiempo.

Esa obsesión intimista, que ya comenzó en Antananarivo con la serie “Madagascar, Nocturne” y que ha trasladado al sur del país, ¿podría trasladarse a otros países, como por ejemplo, Francia?

Por supuesto. Solo que no vivo en Francia actualmente y no me interesa por lo tanto. Necesito vivir en el contexto que retrato. Si voy a Mauricio a realizar este tipo de trabajo, necesitaría vivir en ese lugar. Es prácticamente una labor de coleccionista de imágenes personales.

Entonces, ¿cuál es el criterio de selección de este coleccionismo a la hora de presentar una exposición?

En este caso sí abogo por un criterio estético. La luz o historias personales que considero bien retratadas. Una vez más, mi pasado en el mundo del comic me influencia. Son como viñetas seleccionadas que juntas pueden crear un conjunto estético que parte de una historia personal mucho más extensa. La luz del sur es muy especial. No retoco prácticamente nada mis fotos. Mis fotos captan mi visión del sur, quizá Temandrota que proviene de esta región lo vea de otra manera. Esa luz es la que busco e intento captar en esta exposición

[Tahina Rakotoarivony se incorpora a la conversación]

Tahina: A mí esta luz me parece que está llena de esperanza. ¡Es lo que yo veo!

Rijasolo: Es interesante eso que dices Tahina. La esperanza es un pilar básico del sur, la cultura del sur piensa más en su vida futura y pasada que en la presente. La importancia de los ancestros, quizá de cómo acceder a ellos. Es una cultura profundísima. Que Tahina capte ese detalle en mis fotos me parece muy significativo.

Sigamos hablando de la luz de Madagascar. Este año completó una residencia en el norte de Madagascar, en Diego Suarez. Compartió esta residencia con artistas de Reunión o Mayotte. ¿Captó en el norte otro tipo de luz?

R: Desde luego. La luz es mucho más baja, Diego Suarez está al borde del mar. Es muy distinta a la luz del sur. Incluso en la propia cámara, la configuración que utilizo es completamente diferente. Incluso la piel de la gente es distinta. En Diego Suarez el bronceado de la gente viene del mar, en el sur viene del desierto y el polvo. Muy distinto, desde luego. Y Diego Suarez es una ciudad desarrollada y rica, no necesitan al resto del país para vivir. Es curioso, no tuve ese “clic” en Diego que sí tuve en el sur. La prueba de que no puedes controlar la inspiración.

¿Cómo ve la escena de fotografía en Madagascar desde el exterior, como extranjero, y desde el interior, como profesional?

R: Se está aún construyendo. Seremos alrededor de 50 fotógrafos profesionales. De entre esos 50, somos cuatro o cinco los que no tenemos una visión comercial de la fotografía. Buscamos contar Madagascar a través de la fotografía documental, desde nuestro punto de vista. El resto son fotógrafos profesionales de negocios, bodas, eventos, etc. Cuando ves la proporción de fotógrafos “artistas” respecto a los videoartistas, es bastante descorazonador. También está muy ligado al gusto del público. La gente no busca más que la fotografía sea bonita, eso es todo.

Eso ocurre también en las artes plásticas, ¿no es así, Tahina?

T: Eso es, los artistas plásticos sufrimos el mismo problema. Los artistas contemporáneos no tenemos mucho público. Es a través de la educación del público, montando exposiciones, como esta de Rijasolo, como podremos crear criterio entre la población.

R: Lo curioso dentro del mundo de la fotografía es que los propios fotógrafos no se interesan por la fotografía artística. Es una profesión como otra cualquiera para ellos. Tienen la técnica y les es suficiente. Cuando hago una exposición, los artistas que acuden pertenecen a diferentes disciplinas, pero es muy raro ver otros fotógrafos. Hago talleres y hay pocos asistentes, envío enlaces para descubrir a otros autores y nadie los consulta.

T: Facebook es curioso, puedo tener 1000 “me gustas” cuando subo una foto de mi hijo y 50 de una buena fotografía artística…

En afribuku conocemos bien ese fenómeno… Cambiando de tema, Rijasolo es considerado el sucesor del gran Pierrot Men, una de las figuras artísticas más reconocidas de Madagascar. ¿Se siente heredero de su legado?

R: Pierrot es un pionero. Un fotógrafo que no tenía ningún acceso a los fotógrafos del resto del mundo y que creó su propio estilo. Es alucinante cómo ha creado su propio lenguaje de la nada y curioso cómo puedes encontrar similitudes con fotógrafos de América Latina. A mí me influenció mucho en mis inicios, ahora mi trabajo ha tomado otros caminos.

Para finalizar: ¿Cuáles son sus planes de futuro?

R: Tengo varios proyectos para 2016, en Francia y Madagascar. Proyectos editoriales y de prensa también. A nivel artístico espero que…. No sé, realmente. Estoy todavía en proceso de adaptación. ¡No puedo proyectar demasiado en el futuro!

Gracias por su tiempo, ha sido una entrevista muy educativa.

R: Gracias a vosotros y lo siento: ¡hablo demasiado!

TOLIARA, AOÛT 2009. PHOTO : © RIJASOLO

TOLIARA,  2009. PHOTO : © RIJASOLO

www.rijasolo.com

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