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Elogio a la diversidad

Invitado 3 noviembre, 2015

Autor: Olivier Barlet (africultures)

Run es una gesta. Como en las canciones de gesta medievales, en esta película encontramos la palabra, el canto y la mímica, todo lo que permite imprimir a la acción un carácter heroico. Run (Abdoul Karim Konaté) – ese personaje que no para de correr – es un héroe que elige su destino en cada etapa. Trata de integrarse, de aprovechar las oportunidades, pero siempre acaba huyendo, pues lo que le proponen nunca le conviene: “Me llamo Run, y si huyo, es para defender mi libertad”. Huye de la violencia de la tradición que lo obliga a matar a su maestro, huye de la glotona del mercado que lo arrastra a un ciclo sin futuro, huye del envilecimiento de los jóvenes patriotas. Siempre huye de los que juegan a ser Dios.

Sus tres vidas atraviesan la Historia contemporánea de Costa de Marfil: el sueño de grandeza (aproximarse a Dios convirtiéndose en hechicero), el milagro marfileño (asistente de Gladys la glotona) y la decadencia (joven patriota defendiendo la ivoirité*). Estas son las fuentes de la violencia que se plantean y Run corre para no acabar encerrado en ellas. De esta forma surge el magnífico propósito de esta película: concentrar la Historia de Costa de Marfil de los últimos veinte años en un personaje de ficción. Run podría haber sido el Teza marfileño si hubiese sabido darle forma a ese propósito. El esfuerzo es terriblemente difícil: encontrar la distancia poética y el lirismo necesarios para representar a la vez el futuro de un hombre y el de un país. Philippe Lacôte lo intenta con los planos hipnóticos que dejan que las miradas y las imágenes duren, que convoquen (como en los cantares de gesta) lo fantástico, alternándolos con escenas de acción en las que se practica la violencia. El relato entremezcla las tres vidas prescindiendo de la cronología, que convertiría la película tan solo en una progresión iniciática, y dota a la película de una reflexión transversal tanto de la historia como de la Historia: no se trata de traducir la Historia marfileña en accidentes sucesivos sino de cuestionarlos en su conjunto, en su significado dentro de la Historia humana en general. “La violencia llama a la violencia”, dice el viejo militante Assa (Isaach de Bankolé). Lacôte sondea el origen de la violencia examinando su país, que ha naufragado en la guerra civil, para evitar una posible repetición de los hechos.

A scene from Philippe Lacôte's RUN, playing at the 58th San Francisco International Film Festival, April 23 - May 7 2015.

Philippe Lacôte no es Haïlé Gerima y el resultado es desigual. Algunos momentos de buen cine se ven arruinados por escenas en las que la intención vuelve a surgir con recursos demasiado explícitos como una voz en off o un diálogo, e incluso con la pesadez de un plano. Pero si superamos estos defectos, se vislumbra el interés de la película: Run es una gesta inestable, una gesta a la que no le falta potencia. Run cumple lo que pocas películas logran: visualizar el todo en su conjunto, evitando cualquier limitación. Por la pantalla circula toda Costa de Marfil: de la sabana al océano pasando por el bosque o por paisajes del Sahel. Como hizo Jua Zhangke en A Touch of Sin, que se inspira en los pintores chinos clásicos que mezclaban paisajes diferentes, es la diversidad del país lo que encuentra su unidad en la pantalla. Pero no se trata de agitar la bandera identitaria: esa diversidad, para ser riqueza y no nivelación, debe poder existir. Como en las relaciones amorosas, no se trata de fusión sino de diferenciación: el absurdo del concepto de la ivoirité, planteado como el origen de un país rico en su pluralidad, lo ha llevado a la perdición, al igual que un milagro económico gestionado como vector de desigualdades. A ese mítico elefante que sube los escalones del meeting político, que no es otro que Amiral convirtiéndose en presidente dictador, hay que matarlo para seguir adelante, aunque haya que huir de nuevo. Y por eso, hay que hacerse pasar por un loco, pues no se desconfía lo suficiente de los locos. Sin embargo, son ellos quienes, al entrar en contacto con las aguas apetitosas de la pesadilla de Run, conocen las entrañas del alma humana.

“Quien tiene el dinero tiene el poder”: en cada una de sus vidas, Run se hunde en la fascinación por un Dios. Pero su relación con Assa no es de ese estilo: ella respeta a los mentores, a los que lucharon a favor de la Independencia y contra la corrupción de las élites de esa época. Assa baila la canción Moussio Moussio de Amédé Pierre, decano de la música marfileña, que cantaba en lengua bété. Él, que lucha contra el elefante, baila al ritmo de la música del que apoyó a Laurent Gbagbo. Por esta razón, la película no puede ser tachada de partidista. La denuncia que hace de la deriva de los jóvenes patriotas sólo describe el cambio producido en un contexto de violencia, incluso no hubiera estado mal insistir en el hecho de que era un fenómeno compartido por los dos bandos. Las fuentes de la violencia hay que buscarlas en la tergiversación de las tradiciones y en el acaparamiento de las riquezas por parte de los devoradores insaciables. A partir de entonces sólo queda la introspección como perspectiva para extirpar cualquier desviación en el camino. Ésta sólo sería posible concentrando todo lo positivo: el sentido de la armonía del mundo aprendida junto al hechicero, sin olvidar la libertad, el retroceso y el humor de la glotona. Pero también aceptando verse de frente para conjugar el círculo vicioso de la violencia. Como en el final de Xala de Sembène Ousmane, los escupitajos y los huevos permiten protegerse de los maleficios y recuperar esa pizca de locura lúcida necesaria para evitar los balbuceos de la Historia y el retorno al caos.

*Ivoirité: concepto utilizado por el primer ministro Henri Konan Bedié en 1994 que pretendía definir culturalmente a todos los marfileños. Sin embargo el término se ha convertido en una forma excluyente de segregar a parte de la población procedente de algunas regiones del país como el norte.

Traducción del francés al español: Alejandro de los Santos Pérez.

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