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Salif Keita: «Tenemos el deber de promover la cultura africana»

Sandra Quiroz 13 octubre, 2015

¿Qué escribir de Salif Keita que no se haya escrito antes? Cuando se piensa en la música del continente es inevitable pensar en él. Y es que son más de cuatro décadas subido a un escenario las que han hecho que este artista se haya posicionado como una de las voces más importantes de África. Con un sonido propio e inconfundible, instrumentos como la kora, el ngoni, la guitarra y la percusión de la música tradicional de Mali se mezclan con ritmos de jazz, pop y funk. Salif hace música que sale del corazón y «tiene la capacidad de aliviar y activar la conciencia«. No le gusta clasificar su música como World Music, porque para él es un término que «no significa nada«.

Salif Keita nació en 1949 en Djoliba, a las orillas del río Níger en Mali. Es descendiente directo del gran Emperador Sundiata Keita, el rey guerrero fundador del Imperio de Mali en el siglo XIII. En su familia ser músico era algo prohibido, una ocupación a la que sólo se dedicaban los griots que pertenecían a una casta inferior y no para la suya, la mandinga. Pero Salif tenía claro que la música era su camino y tampoco tenía otra alternativa. Ser albino en Mali no fue un camino de rosas precisamente. Salif  fue marginado por su familia y apartado de su sociedad por su color de piel.

Contra todo pronóstico a los 18 años desafió el orden establecido. Abandonó su casa para ir a vivir a Bamako, pasó un tiempo como músico callejero cantando en bares de la capital maliense y poco después se unió a la Rail Band, una agrupación patrocinada por el Estado que tenía su sede en el hotel de la estación de trenes. En su momento fue la mayor plataforma para el lanzamiento de muchos músicos de la zona, entre ellos Kante Manfila y Mory Kanté.

Lo demás, ya es historia. Hoy es conocido como «La voz africana de oro», ha editado más de 16 discos que lo han llevado a recorrer medio mundo y ha compartido escenario con grandes artistas. Las letras de sus canciones hablan de la amistad,  de la lucha de los inmigrantes por ser reconocidos lejos de su país, como en el tema «Ko-Yan», o de tolerancia hacia los albinos como en «La différence». En África, los albinos sufren mutilaciones, asesinatos y discriminación.

Soy negro, mi piel es blanca y a mí me gusta, lo lindo es la diferencia.

Soy blanco, mi sangre es negra, a mí me encanta, lo lindo es la diferencia”.

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El escenario es el medio a través del cual transmite mensajes de paz y tolerancia. Y en Colombia aterrizó por primera vez para dar un único concierto en Bogotá. Afribuku tuvo la oportunidad de entrevistar a este maestro de la música africana y de disfrutar de una actuación, que sin duda dejó huella en la capital colombiana.

¿Qué es la música para usted?

La música es una medicina.

¿Qué música escucha Salif Keita?
Mucha música africana y pop music. De hecho, la verdad es que un poco de todo. Me gusta todo tipo de música y también todos sus formatos todas las músicas, en internet como en cds o acetatos.

El 3 de octubre empezó su gira por América Latina en Brasil que terminará a final de este mes en México. Será la primera vez en algunos países, ¿Hay alguna fecha en particular que usted esté especialmente esperando?
Todas las fechas son importantes para mí. Siempre es agradable estar con la gente y sobre todo hacer conciertos para ellos.

¿Cómo ha sido la recepción de su música en los países donde ha tocado antes de venir a Colombia?
La acogida ha sido muy calurosa y la gente estaba entusiasmada. Fue una fiesta con toda la gente de Brasil, Argentina y Chile.

Fue uno de los primeros artistas en poner la música africana en el mapa. Hace más de dos décadas abrió la puerta a la música de Malí y de África occidental en general. ¿Cuál es la situación de la música maliense hoy en día?
Puedo decir que la música maliense anda muy bien. Cada vez hay más y más artistas malienses que tienen éxito en no sólo en África sino también en el resto del mundo. Eso es una buena señal.

¿Y cómo definiría su estilo?
Sobre mi música, pues no tiene un estilo realmente. Es una mezcla entre música africana y otras influencias. Pero sigue siendo música maliense. No me gusta el término «world music», son unas palabras que no significa nada.

¿Cuáles cree que son los principales obstáculos a los que se enfrenta la música africana hoy en día?
La falta de industria principalmente. La música africana viene todavía de los guetos. Creo que se tiene que formalizar de alguna manera.

¿Qué otras iniciativas podrían promoverse a nivel multilateral para apoyar la producción musical africana y su difusión?
Creo que la música tiene que estar más presente en la mente de la gente y necesitamos promoción. El problema es que si no trabajas con un círculo de promotores especializados en música africana, nunca tendrás el mismo apoyo. Sabes, en cierta forma se volvió como una mafia.

¿Cuál es el peor enemigo de África?
La corrupción.

Abandonó su país a causa de una dictadura. ¿Es más fácil vivir en Mali en estos momentos con la presión que el islamismo ejerce sobre la libertad de pensamiento?
Yo ahora estoy muy bien en Mali.

Usted tiene una Fundación de apoyo a las personas albinas y de hecho en algunos de sus álbumes denuncia la discriminación a la que se enfrentan no sólo en Mali sino también en otras partes de África. El tema por ejemplo “La Différence” es un ejemplo de ello, ¿qué más cree que se puede hacer?
Los albinos tienen una salud frágil y hay que apoyarlos pero sobre, hay que amarlos. Amor, eso es lo que más necesitan.

En su álbum “Moffou” tiene un tema con la fallecida cantante caboverdiana Cesaria Évora, ¿cómo fue la experiencia?
Fue un logro enorme. Me encantó lo que hice con ella. Creo que es la mejor colaboración de mi vida.

Y para terminar, ¿qué papel cree que juegan los artistas africanos hoy en día?
Creo que no sólo representamos a un país sino también tenemos el deber de promover la cultura africana y darle el valor que merece.

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Más sobre Salif Keita: http://www.salifkeita.net/en/

Gracias una vez más a nuestros amigos de Afropicks que nos facilitaron el trabajo.

 




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