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Talking about Trees, de Suhaib Gasmelbari: Los abuelos en la resistencia

Invitado 23 enero, 2020

La primera película del sudanés Suhaib Gasmelbari es trágica y divertida a la vez. Un largometrage fantástico y necesario acerca de los pioneros del cine que nunca han dejado de luchar. Y un éxito cosechado que lo debe todo al dispositivo documental.

Autor Invitado: Olivier Barlet*

No se olvida fácilmente a Ibrahim, Suleiman, Manar et Altayeb. En los años 60 y 70, los tres se fueron al extranjero para estudiar cine y fundaron el Sudanese Film Group en 1989, una especie de cineclub militante, donde se mostraban películas con una camioneta agotada para así traer, contra viento y marea, el cine a Sudán.

Ibrahim Shaddad llegó a realizar películas sobresalientes. Estudió cine en los años 60 en la RDA, en la Filmuniversität Babelsberg Konrad Wolf. Muchos de sus proyectos fueron prohibidos en Sudán. Estuvo varios años en exilio en Egipto y Canadá, antes de volver a su país. Suleiman Mohamed Ibrahim estudió cine documental en el Instituto de cinematografía VGIK de Moscú. Uno de sus cortometrages fue premiado en el Festival de Moscú en 1979. Se negó a exiliarse tras el golpe de estado militar de 1989. Manar Al Hilo y Al-Tayeb Mahdi se recibieron por el Instituto superior de cine del Cairo, ambos en el año 1977. Manar ha producido las películas de sus amigos rodadas en Sudán. En el caso de Altayeb, realizó diversos cortometrages muy valientes desde el punto de vista artístico y político.

© Météore Films

Pero ya no existe ninguna sala de cine en actividad en Sudán. Y aquí es donde los cuatro camaradas deciden renovar y equipar de nuevo una sala al aire libre en Jartum. Sus contactos los llevan hasta el cine Révolution, con un nombre premonitorio (la película fue rodada antes de la revolución que condujo al derrocamiento de Omar el-Béchir el 11 de abril de 2019). Pero no contaban con los esbirros del poder, la «policía moral» y la «seguridad política». En el momento en que intentan llevar a cabo sus objetivos, Omar el-Béchir es reelegido por un 94,5 % de los votos…

«Nosotros somos más inteligentes, pero ellos son más fuertes». Cae como un jarro de agua fría, después de todos sus esfuerzos. Pero no es energía lo que les falta. «Nuestra esperanza se ha forjado desde las mayores desesperaciones». La esperanza, cueste lo que cueste: La aventura continúa, conmovedora y chistosa, teniendo en cuenta la personalidad de los cuatro ancianos.

Si la película cosecha tal éxito en festivales y agrada tanto a los espectadores, no es solo por la vitalidad y tenacidad de estos viejos de trotamundos, como podían ser los músicos de Buena Vista Social Club. Se debe también al dispositivo aplicado por la película.

© Météore Films

Es muy visible desde las primeras secuencias. El grupo explora viejos archivos. Los recuerdos. Y la luz se va: un apagón. Continúan iluminados por una vela, lo que da a la escena una dimensión mística. El hecho de que el rodaje continúe así, en tan mals condiciones, revela la puesta en escena documental: hacer resurgir desde la sombras una época antigua, comprometida y fundadora. Los cuatro camaradas se prestan a ello, ajustándose a su papel perfectamente, disfrutando de manera evidente y con un fuerte sentimiento de socarronería. Al tratarse de actores que creen en el cine, lo que se perdería en espontaneidad se gana en veracidad.

Algo que se comprueba a lo largo de toda la película, que descansa en ellos, sin necesidad de música. Está claro que la limpieza del antiguo cine moviliza a otros benévolos, pero mostrar únicamente a los viejos en la pantalla alimenta el relato de su enternecedora movilización. No se trahiciona la realidad. Lo importante no es saber si tienen algún papel sino el papel que tienen: militantes para el renacimiento de una cinematografía que han contribuido a fundar cuarenta y cinco años atrás. Suhaib Gasmelbari no busca la verosimilitud, sino esa emoción sutil que nos permite compartir el compromiso de los viejos. Más que conocerla, sentimos su realidad, y sin duda la conocemos así de manera más íntima. Es más, sus bromas los transportan y nos transportan también a su juventud y a su lucidez respecto al mundo tal y como es, donde no tenemos más opción que resistir.

He aquí un documental que vuelve a las fuentes: como en Nanook el esquimal de Flaherty (1922), la construcción lúdica de la realidad permite entrar en contacto con lo esencial y resistir mejor a los desafíos. Cuando Ibrahim afirma en la semisión de radio que el cine es un héroe «que puede morir por muerte natural o ser asesinado por un traidor», todo está dicho: ellos luchan a golpe de películas contra un régimen dictatorial político-islamista en un tiempo en el que «hablar sobre árboles es un crimen pues hablar sobre árboles es casi un crimen porque implica silenciar tanta injusticia» (poema de Bertold Brecht citado en la película). Cuando se le consulta, el público dice querer ver una película de acción. Django Unchained de Quentin Tarantino (2012) servirá, pues escenifica la liberación de un esclavo.

Son guiños permanentes, este arraigo a la Historia, este humor corrosivo, esta bohemia frente a la adversidad, la alegre solidaridad, esta impresionante dignidad y determinación sin fallas que hacen de los viejos cineastas, y a partir de la propia película, una escena política, así como una extraordinaria metáfora de la fuerza del cine frente a la barbarie.

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*Artículo publicado en Africultures. Para leer el original en francés, clic aquí.

*Traducción: Ángela Rodríguez Perea.

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