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Tinariwen: ¿perdidos en su propia leyenda?

Javier Mantecón 27 febrero, 2014

Tinariwen ha sido y siempre será mucho más que un grupo de música. Son la voz de dos generaciones de tuaregs que han crecido en Malí, Níger, Argelia o Mauritania desde los años 80 con su música, cargada de un mensaje político que ha conectado de manera muy directa con su propio pueblo. Durante más de veinte años Tinariwen han representado al imaginario colectivo de su gente partiendo de su música tradicional adecuada al único instrumento que les permitía transmitir su mensaje: la guitarra. Su líder, el carismático Ibrahim ag Alhabib reinventó la guitarra africana partiendo del blues africano y asentándose en el rock americano de Hendrix o Santana. Tinariwen inventaron un estilo propio fotocopiado hasta la saciedad por sus coetáneos que querían imitar a sus héroes. Los ishumar, o jóvenes tuaregs sin trabajo ni perspectivas como los integrantes de Tinariwen, agarraban la guitarra para expresarse puesto que los instrumentos tradicionales tuaregs y su música sólo podían ser interpretados por mujeres según la tradición.

Tras producir numerosas cassettes en los 90 que les encumbraron como los artistas más populares de su región, editaron internacionalmente “The Radio Tisdas Sessions” (2001), “Amassakoul” (2004) y “Aman Iman” (2007), que les situó en el ojo del huracán a nivel mundial. Y llegó el boom. Tras su excelente disco “Imidiwan: Companions” (2009) todo el mundo se encaprichó de Tinariwen. Robert Plant, Red Hot Chili Peppers, Herbie Hancock y hasta su admirado Carlos Santana, hicieron cola para tocar con ellos y hasta actuaron en la ceremonia de apertura del Mundial de Fútbol de Sudáfrica en 2010. El grupo de música que gritaba a la rebelión según la leyenda, con una guitarra en la mano y una kalashnikov en la otra, habían conquistado el mundo.

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Ibrahim ag Alhabib en el desierto de Joshua Tree (E.E.U.U)

En ese contexto Tinariwen publican el polémico “Tassili” en 2011. Enfocado hacia una escena global, a la que ya pertenecen, y plagado de colaboradores norteamericanos como TV on the Radio o Nels Cline (Wilco), el disco no terminó de cuajar. Por primera vez, tanto las canciones como el sonido general del disco fallaron. Sonaba disperso y vacío, algo que nunca habíamos escuchado en Tinariwen. El experimento no funcionó. Y nos situamos ya en 2014 cuando Tinariwen publican “Emmaar” con su líder Ibrahim ag Alhabib  ya retirado de los escenarios. Nos encontramos con un trabajo algo más ortodoxo y por tanto menos arriesgado que “Tassili” aunque cuente también con célebres colaboradores como Josh Klinghoffer (Red Hot Chili Peppers) o Fats Kaplin .

Grabado en el desierto de Joshua Tree en California, debido a los problemas políticos que acontecen en el norte de Malí, o Azawad, “Emmaar” no presume de actualizar su sonido como lo hacía “Tassili” a nivel superficial pero sí a nivel formal. La estructura de blues africana que ha sido la base de su sonido consistente en fraseos vocales y respuesta de coro adornada con punteos simples de guitarra parece cada vez más difuminada, en pos de un esqueleto más pop-rock, más inmediato. El álbum contiene desde luego momentos muy disfrutables marca de la casa: los coros de “Imidiwanin ahí Tifhamam”, la cuasi bailable “Emajer”, la urgencia de “Changhaybou” o la más atmosférica “Toumast Tincha”. Pero lo cierto es que aunque sus letras continúen la temática reivindicativa, “Emmar” suena con menos importancia, con menos alma que sus anteriores trabajos discográficos, “Tassili” aparte. Da la sensación general que Tinariwen buscan actualizarse para abrirse a otras audiencias de corte más internacional pero no están terminando de conseguirlo. El nigerino Bombino y los malís Tamikrest, partiendo de la fórmula que ellos inventaron y con la que crecieron, están adelantando a sus venerados ídolos Tinariwen por la izquierda en cuestión de logros sonoros.

Esperemos pues que Tinariwen consigan encontrar ese camino que parece han perdido en sus dos últimos trabajos buscando en su propia esencia. No necesitan más. ¿Engullidos por su propia leyenda? No nos precipitemos todavía, seamos pacientes y demos otra oportunidad a este colectivo de rebeldes políticos y musicales que tantas alegrías nos ha dado en el pasado. Se lo merecen.

 

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