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Una infección cultural toma las calles de Ciudad del Cabo

Alejandro de los Santos 11 marzo, 2013

La gran “infección” de la cultura contemporánea africana se expandirá por diferentes rincones de Ciudad del Cabo desde esta misma tarde hasta el próximo viernes 16 de marzo. El festival Infecting the city (infectando la ciudad en español) conmemora su 6ª edición, dando así continuidad a una de las ideas más creativas del panorama artístico de la capital legislativa de Sudáfrica, un evento que transforma las plazas en teatros, las fuentes en escenarios y las parolas en mástiles chinos. Para este año, un total de 54 propuestas de danza contemporánea, artes visuales, música, artes plásticas, instalaciones y performances, se ubicarán en diferentes espacios abiertos de una ciudad especialmente marcada por la contradicción urbanística y social. En medio de la desconexión entre sus habitantes surge esta iniciativa ciudadana, que eleva el valor de la cultura como dispositivo de cohesión social y como forma de ofrecer a todos los ciudadanos creaciones que hablan de sensaciones humanas en una urbe moderna. La sensualidad, la estética, la fealdad o la desconfianza reflejadas en estas obras no dejan de reproducir fielmente las percepciones más frecuentes de los protagonistas de unas ciudades, que poco tienen que ver con las imágenes tópicas creadas para oportunidades efímeras de negocio.

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La innovación es sin ninguna duda lo que mejor resume el carácter de este evento, que concuerda con el espíritu de Ciudad del Cabo, considerada como el epicentro de las nuevas expresiones artísticas de África. En el programa de esta edición, la danza contemporánea ocupará un lugar destacado, quizá por tratarse de un lenguaje más camaleónico a la hora de adaptarse a espacios callejeros. La compañía sudafricana iKapa actuará por partida doble, presentando dos de sus obras más destacadas, Mine! y Power, en dos espectáculos repletos de potencia y de contundencia. También, el coreógrafo Shaun Acker asociará artes circenses y danza en otra de sus magníficas composiciones, siempre impregnadas de un lirismo y una sensibilidad apabullantes. Desde Mozambique aterrizarán los bailarines de la compañía Horácio Macuácua con Orobroy, Stop!, propuesta que desmenuza la profundidad del flamenco para componer un nuevo modo de entender la danza, que se hizo con el primer premio de la bienal Danse l’Afrique Danse en el año 2010. Esta gran pluralidad escénica nos mostrará la exposición fotográfica del francés Antoine Tempé, que ha recorrido el continente entero captando momentos únicos de bailarines, marionetistas o acróbatas.

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La música estará representada en sus más diversas formas. La Orquesta Filarmónica de Ciudad del Cabo se sumará a las actuaciones en la calle y desplegará un repertorio ligado a la importancia de la clase trabajadora en Sudáfrica. Dentro de lo más tradicional, el mozambiqueño Matchume Zango ofrecerá un aperitivo de la sonoridad de la timbila, un instrumento de la familia del balafón que fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Asimismo, el sudafricano Neo Muyanga tomará rumbos más excéntricos con un repertorio cargado de composiciones y actuaciones que lucen por su extravagancia. En la misma línea, los Afro Galactic Dream Factory transportarán al público a otros horizontes con una actuación marcada por la mezcla de diferentes géneros musicales combinados con otras disciplinas artísticas. Por otro lado, el prestigioso artista y arquitecto británico Aeneas Wilder presentará la exposición Under construction, para la cual ha fabricado complicadas estructuras con madera y arena que son automáticamente destruidas por él mismo en cuestión de segundos. Así refleja la historia del Distrito Seis de la ciudad, cuyas construcciones endebles son realizadas continuamente por los propios habitantes, y se han convertido a su vez en una especie de símbolo institucional la ciudad.

Todo ello, y otra serie de actuaciones, podrán ser apreciadas durante esta semana en la segunda ciudad más pobladas de Sudáfrica. La reivindicación de los espacios públicos se convierte en una tarea necesaria en lugares donde el encuentro espontáneo entre sus habitantes resulta extraño, y donde la jerarquía social ha sido la principal razón de desplazar a unos a barrios más vulnerables y a otros los ha mantenido recluidos en zonas casi protegidas del contacto humano. Este tipo de iniciativas suscitan el contacto, la sorpresa y la risa conjunta. Y justamente esto es lo que necesita una ciudad con identidades tan contrapuestas. Cultura.

Para más información visitar: http://www.infectingthecity.com

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