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Wallay: La naturalidad de un pueblo de Burkina Faso

Javier Mantecón 27 abril, 2017
Wallay-1

Especial FCAT 2017

Gracias a la escena burkinesa de cine alimentada durante años por ese milagro cultural africano llamado FESPACO, somos capaces de disfrutar de producciones fílmicas de manera periódica de alta calidad.

El largometraje que nos ocupa, Wallay, se une a la ya larga lista de grandes obras realizadas en Burkina Faso. Dirigida por el director suizo-burkinés Berni Goldblat, quien no es ya familiar gracias a su excelente documental Ceux de la colline (2009), Wallay centra sus esfuerzos narrativos en presentarnos una historia cercana, costumbrista y realista. La historia de un joven francés mestizo de origen burkinés, que vuelve al pueblo del que su padre es originario para pasar las vacaciones de verano, nos transporta directamente a esas poblaciones medianas del Sahel en donde la vida pasa entre paseos al mercado y tés a las puertas de las casas.

El gran acierto de Goldblat es utilizar recursos naturalistas (luz, montaje, personajes) para reflejar esa vida apacible en la que la tradición es igual o más importante que los escasos acontecimientos que ocurren en el pueblo. La visita del joven extranjero desarraigado y completamente ajeno a sus orígenes sirve como casi como macguffin para presentarnos la vida cotidiana de una familia que inicia al preadolescente en las costumbres de su familia africana. A lo largo del film, personajes antológicos como el tío Amadou (intepretado por un enorme Hamadoun Kassogué), la abuela Mamé o el francés Ibrahim Koma, primo del protagonista, que trazan una trama sencilla, amable y cercana que abstrae magníficamente al espectador al mundo recreado por Goldblat.

Momentos de nostalgia, de incomprensión y de cariño reflejados en el primer largometraje de un autor que reniega de la “africanidad” de su propuesta, mostrando una historia humilde que, aunque se desarrolla en Burkina Faso, podría sin duda ocurrir en cualquier rincón del mundo. La suavidad y naturalidad con la que la película se construye repercute en la creación de un espacio en el que los personajes estructuran sus relaciones, en ocasiones de primeros encuentros, en otras de respeto ancestral, de incomprensión o de amor y curiosidad juvenil. Un espacio en el que el tiempo se quiebra tendiendo al infinito, en el que la luz saheliana hace olvidar el paso de los días, sólo marcado por las cosechas y las lluvias. Y es este infinito el que reduce la historia del joven mestizo francés a una mera anécdota durante la película, en la que sus conflictos internos debidos al desconocimiento de sus orígenes, se presentan a través de una depuración de los sentimientos del joven, sin grandes elocuencias psicosociales. El desarraigo sometido a la naturalidad social contextual.

Wallay es un film que nos ayuda a comprender el día a día de una comunidad rural en África Occidental, más concretamente en Burkina Faso, de la mano de un elenco de personajes reales y realistas. Una delicia de película que ha provocado más de una sonrisa nostálgica a quien escribe estas líneas y que nos recuerda a cada momento que no necesitamos de twisted endings para tener una vida emocionante y completa.

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Wallay será proyectada durante el Festival de Cine Africano de Tarifa que tendrá lugar del 28 de abril al 6 de mayo en Tarifa y Tánger.

http://www.festival.fcat.es/

 

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