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Yaya Coulibaly, tradición y modernidad a través de la marioneta

Alejandro de los Santos 12 junio, 2012

La palabra en África ha sido el elemento que ha fundamentado la transmisión de epopeyas, cuentos, leyendas, la historia de antiguos reinos o las memorias familiares. Los títeres son unas de las formas culturales que mejor representan la tradición de varias etnias del África occidental. Países como Malí, Benín, Togo, Nigeria o Costa de Marfil han sido la cuna de un soporte que ha servido para avivar la creatividad de los artistas locales, que desde tiempos remotos han participado en representaciones de expresiones orales a través de las marionetas.

Yaya Coulibaly es probablemente quien mejor haya contribuido a salvaguardar esta tradición en Malí y a difundir su existencia por todo el mundo. Seis generaciones de marionetistas de esta familia se han encargado de conservar como oro en paño los secretos de un oficio que lleva implícito el traspaso de la historia y de los valores que constituyen los cimientos de la sociedad maliense. La simple construcción y manipulación de las marionetas no son suficientes para que alguien se considere portador de una tradición familiar que data del siglo XV, según calcula el propio Coulibaly. El conocimiento de la propia cultura y la sensibilidad a la hora de narrar toda la herencia oral del reino bambara de Ségou son primordiales para asegurar el mantenimiento de esta práctica.

tradición mali marionetas

@ Rebecca Fenton

Domingo por la mañana. El célebre marionetista se encuentra en un terreno anexo a su residencia, que podríamos definir como el centro de operaciones de la compañía de títeres Sogolon. Debajo de un hangar de chapa, Yaya Coulibaly se encuentra rodeado del resto de sus colaboradores, que permanecen en silencio, concentrados en la creación de nuevas marionetas o en la restauración de otras predecesoras, a las que suele resucitar para retomar antiguos espectáculos. Enseguida nos invita a tomar asiento, a sentirnos integrados dentro del espacio y del ritmo de trabajo de los carpinteros, que únicamente interrumpen los golpes del cincel para saludarnos. Los títeres que nos muestra Yaya Coulibaly representan diferentes aspectos de la mitología bambara, aunque muchas de las creaciones están relacionadas con problemáticas actuales. El catálogo de figuras que encontramos es de una variedad extraordinaria: máscaras, marionetas de mano individuales o colectivas, figuras gigantes manejadas por varias personas desde el interior de la misma, otras manipuladas desde fuera, etc. Los colores de las figuras también adquieren una especial simbología que, al igual que el resto de la imagen, los artistas atienden hasta el mínimo detalle.

La compañía Sogolon abrió sus puertas en el año 1980 y desde entonces no ha parado de indagar en el estudio del legado de sus antepasados, al mismo tiempo que se ha asomado hacia nuevas formas de expresión artística. Yaya Coulibaly estudió durante varios años en el Instituto Internacional de la Marioneta de Charleville Mézières (Francia), donde entró en contacto con artistas procedentes de todo el mundo. Esa apertura le ha servido posteriormente para sostener que la marioneta, al igual que otros géneros artísticos, debe adaptarse a los tiempos actuales para conectar con el público de la sociedad contemporánea. Ha presentado espectáculos en medio mundo, y en España se ha convertido en un habitual de festivales de la talla de Titirimundi, el famoso festival de títeres de Segovia.

marionetas africanas

@ Rebecca Fenton

Cerca de 15.000 marionetas se amontonan entre las varias estancias del espacio de trabajo y de la residencia familiar. Facinet, uno de los hijos de Yaya, explica con todo lujo de detalles la falta de medios para resguardar todo aquel material de amenazas tan frecuentes en Malí como la carcoma o las tormentas de arena procedentes del Sáhara. Los Coulibaly muestran su preocupación por la protección de un patrimonio que no se circunscribe exclusivamente al ámbito familiar, sino que pertenece a todos los malienses. La familia se esmera diariamente en el cuidado de uno de los mayores acervos de títeres de toda África pero este esfuerzo resulta insuficiente ante la enorme cantidad de material que disponen. Piden a gritos respaldo institucional para la creación de un museo de la marioneta maliense, que además de permitir su preservación, ampliaría las posibilidades de expandir su conocimiento a las nuevas generaciones. Aunque en uno de los países más pobres del mundo, la cultura se relega a un plano secundario y apenas se atienden este tipo de iniciativas. No obstante, Yaya y su familia no pierden el ánimo, continúan haciendo presentaciones por todo el mundo y sueñan con que algún día sus títeres ocupen el lugar que se merecen.

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