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Las marcas urbanas de la violencia colonial en Brasil

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La historia oficial de la urbanización ha invisibilizado la participación negra e indígena en la construcción de las ciudades y en la formación de la nación brasileña, aunque también en el resto del Sur político. Frente a este borrado, urge reconocer el patrimonio arquitectónico y la espacialidad, pero también la participación de figuras afrodescendientes preminentes.

Autoras Invitadas: Andréia Moassab, Joice Berth e Thiago Hoshino*

Cicatrices de la ciudad

La raza, aunque es un concepto biológicamente obsoleto, sigue funcionando como criterio de clasificación de los sujetos, estructurando la distribución del poder en el sistema capitalista. Convertido en el período posterior a la abolición en una construcción social que legitimaba la explotación de la llamada mano de obra «libre», el racismo sobrevivió incluso después del colapso de las premisas eugenésicas en boga en el mundo «científico» a principios de siglo. Como proceso de producción de identidades políticas y contrastivas, atraviesa la clase y el género, constituyendo un factor fundamental para entender la dinámica jerárquica de las relaciones interraciales.

Desde esta perspectiva, la historia hegemónica de la urbanización, elaborada por intelectuales blancos y predominantemente masculinos, ha invisibilizado la participación negra e indígena en la construcción de las ciudades y en la formación de la nación brasileña, estableciéndose como una estrategia de deshumanización de las personas y pueblos no blancos. Es la máxima expresión de la violencia cognitiva: un epistemicidio voraz.

Este borrado de la Historia, unido por un lado a la conformación sectaria del espacio urbano, por otro, debe leerse como una manifestación de las mecánicas racistas de la sociedad en su conjunto: no es sólo el territorio habitado el que define la segregación que en él se produce, sino que son las interacciones sociales, en diversas esferas de la vida, las que, guiadas por la blanquitud normativa, pretenden mantener el statu quo, es decir, la misma lógica colonial de la Casa Grande/Senzala, traducida en el tejido urbano como Centralidades/Periferias.

Enedina Alves Marques, la primera mujer ingeniera de Brasil, que trabajó en los edificios del Centro Cívico de Curitiba. Colección del historiador Sandro Luis Fernandes

El legado de la esclavitud no sólo ha dejado cicatrices en los cuerpos y los espíritus. Las marcas de la violencia colonial están impresas en la carne de las ciudades brasileñas y de todo el Sur geopolítico. En este contexto, raza, clase y género incurren simultáneamente para imponer el lugar sociopolítico de la persona negra. Las ciudades expresan los conflictos y las desigualdades en la producción del espacio, al mismo tiempo que los exacerban y (re)producen. Esto ya era evidente en la génesis decimonónica del urbanismo, cuya perspectiva higienista marginaba a las poblaciones estigmatizadas bajo la falsa neutralidad de la técnica. Actuando como un conocimiento o disciplina de cuadratura y control, el urbanismo contribuye a profundizar la segregación socioespacial, que también es etno-racial. Flagrantemente eurocéntrico, ha ignorado el impacto del racismo en las principales decisiones geopolíticas en un marco de globalización conflictiva.

A lo largo y ancho de América nos encontramos con los dramáticos vestigios de este pasado tan presente. El escenario no es diferente en las ciudades africanas, masivamente colonizadas en los siglos XIX y XX y gravemente heridas por el urbanismo modernista, que bajo los preceptos (y prejuicios) del orden, separaba física y simbólicamente a blancos y no blancos. Así, la institucionalización del apartheid sólo sería la explicitación posterior de un régimen urbano ya vigente. La matriz funcionalista imperante en la época iba de la mano de la política colonial: las ciudades africanas, construidas por manos negras, no les pertenecen realmente.

Vicente M. de Freitas fue uno de los hábiles constructores al frente de  la reforma de la Iglesia Matriz, hoy Catedral, y uno de los fundadores de la Sociedad Obrera Benéfica 13 de Mayo.

Por aquí y por allá, del quilombo a la favela, los nudos de una red urbana racialmente jerarquizada denuncian continuidades perversas. Las zonas dotadas de mejores infraestructuras y mayor capital político son las grandes casas contemporáneas. Mientras tanto, la precariedad de las periferias evoca las senzalas de antaño. No es casualidad que el hip-hop los haya designado como «periafricanías», ya que en ellos la fuerte presencia afrodescendiente es descaradamente evidente. La actitud crítica del hip-hop desvela así una territorialidad fragmentada, excluyente y segregadora, cuestiona el lugar del negro en la sociedad y transforma estos territorios en espacios de resistencia y esperanza: los quilombos del siglo XXI.

Patrimonio, memoria y blanqueamiento

Las fronteras simbólicas de las ciudades se ven acentuadas por el desconocimiento casi total de las espacialidades africanas y afrobrasileñas. Es hora de cuestionar la fabricación de la memoria y su deliberado blanqueamiento. Es vergonzoso comprobar el insignificante número de bienes arquitectónicos declarados a nivel nacional en alusión a la historia del pueblo negro y su conocimiento. Cabe recordar que el surgimiento de las políticas de preservación en el país fue un período en el que se buscó construir el patrimonio cultural a partir del deseo de unidad y homogeneidad de la nación brasileña. A mediados de los años 30, las directrices para su institucionalización se basaban en los valores de la élite, consagrados en la monumentalización de la arquitectura colonial de las estructuras de poder, a menudo apaciguando y encubriendo su lado opresivo. Es una memoria parcial que pretende ser universal, bajo los moldes de la razón metonímica de la modernidad occidental: eurocéntrica, androcéntrica, urbanocéntrica, etnocéntrica y heteronormativa.

La cristalización de una única memoria arquitectónica también acaba perpetuando los sistemas de dominación social a favor de determinados grupos. Este enfoque prevaleció hasta la innovadora Constitución de 1988, que incorporó referencias culturales de los diversos grupos que componen la sociedad brasileña. Sin embargo, tres décadas después, esta transición discursiva no pudo revertir significativamente el paisaje blanqueado de la historiografía oficial. En el libro de registros del IPHAN, los bienes culturales indígenas y afrobrasileños siguen siendo escasos, tanto en términos de grupos urbanos como de iconos arquitectónicos aislados. De los casi mil bienes materiales protegidos por el gobierno federal, sólo el 1% se refiere a la memoria afrodescendiente: 02 quilombos, 09 terreiros, 01 senzala y 01 museo de «magia negra», en un total irrisorio de 13. Es urgente, pues, la reinvención del pasado. Otros significados, técnicas, materiales y modos de vida merecen ser registrados, valorados e integrados, de hecho, en la memoria colectiva nacional.

Construyendo la ciudadanía negra

Acompañando al borrado de los bienes construidos hay un silencio casi generalizado en torno a importantes personalidades negras de la construcción brasileña. Los hermanos ingenieros André y Antônio Rebouças son uno de los pocos ejemplos que han recibido la debida atención de la historiografía reciente. Su contribución, sin embargo, va mucho más allá de las audaces empresas ferroviarias con las que se hicieron populares: fueron autores del primer gran plan de saneamiento de Río de Janeiro, responsable de inaugurar el suministro de agua doméstica a los más pobres de la entonces capital nacional. Se encargaron estudios similares para la Curitiba imperial, hasta el punto de que se les dedicó la fuente de la plaza Zacarías.

Los hermanos bahianos André y Antonio Rebouças, dos negros libertos que vivieron en plena época de la esclavitud, escribieron sus nombres en la historia de Paraná

En la capital de Paraná, cabe destacar otros nombres, como el de Vicente Moreira de Freitas, uno de los maestros que se adelantó a la reforma de la Iglesia Matriz, actual catedral. Tras conseguir su libertad a mediados de la década de 1880, el excelente constructor también tuvo un destacado compromiso político. Fue miembro de la Irmandade do Rosário dos Pretos, un importante espacio de asociacionismo y resistencia de la comunidad negra de Curitiba. En el año de la abolición, participó en la fundación de la Sociedad Obrera Benéfica 13 de Maio, siendo responsable de la construcción de su primer edificio. Esta Sociedad, que hoy, por cierto, celebra su aniversario.

Décadas más tarde, Enedina Alves Marques, de Curitiba, fue la primera mujer en graduarse en ingeniería civil en el sur del país. Y la primera brasileña de raza negra que se incorporó a esta categoría profesional. Se graduó en la Escuela de Ingeniería de Paraná en 1945, a pesar de los prejuicios, y se convirtió en profesional del Departamento de Transportes y Obras del Estado. Su producción y su trayectoria sólo empiezan a desvelarse ahora. Participó activamente en la Unión Cívica de Mujeres y en el Centro Cultural de Mujeres. También colaboró activamente con Octávio Ianni para su libro Metamorfosis del esclavo (1962).

Reconocer el protagonismo de mujeres y  hombres negra/os es ineludible para descolonizar la memoria, clave para el empoderamiento y la emancipación colectiva. Constructores de ciudades y de ciudadanía, sus historias deconstruyen la versión blanqueada de un 13 de mayo que desde hace tiempo pretende reiterar la subalternización y la apasivación. Más que una fecha conmemorativa, es una fecha de lucha contra las marcas de la violencia colonial arraigadas en las estructuras y los territorios brasileños. 

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*Autoras:

Andréia Moassab. Arquitecta y urbanista con un doctorado en comunicación y semiótica. Autor del libro Brasil Periferia(s): a comunicação insurgente do hip-hop (2011), finalista del premio Jabuti 2013, en la categoría de ciencias humanas. Profesor de la UNILA – Universidad Federal de Integración Latinoamericana. En sus artículos ha abordado las políticas públicas, la vivienda, el territorio, el género, las relaciones raciales, los movimientos sociales, la producción simbólica y los medios de comunicación. En Cabo Verde fue consultora del Ministerio de Desarrollo, Vivienda y Ordenación del Territorio y de las Naciones Unidas. Fue coordinadora de investigación en el Centro de Investigación para el Desarrollo Local y la Ordenación del Territorio de la Universidad de Cabo Verde (2009-2012). Es responsable de la línea de investigación Ciudades Afrolatinoamericanas del Núcleo de Investigación y Extensión Afrolatinoamericana de la UNILA y coordinadora, en la misma institución, del MALOCA Grupo de Estudos em Cidades e Arquiteturas do Sul.

Joice Berth. Arquitecta y urbanista, estudiante de posgrado en Derecho Urbano en la PUCMG, investigadora en temas raciales y de género, columnista del portal Justificando y del sitio Nó de oito

Thiago Hoshino. Máster en Derecho por la UFPR, investigador del INCT Observatório das Metrópoles y profesor universitario.

*Este artículo fue publicado en Buala. Para leer el original en portugués, clic aquí.

*Traducción: Ángela Rodríguez Perea.

2 Comentarios

  • Cesar
    Cesar

    Interesante cronica de vida la cual hace parte de casi tota Latinoamerica,donde nuestros antepasados fueron considerados como de segunda clase y aun continua hipocritamente dandose esta situacion en algunos nucleos urbanos de algunas ciudades.

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  • Errol Montes Pizarro
    Errol Montes Pizarro

    En la versión en portugués comienzan con esta cita:

    Das várias formas de preconceito que continuamos a experimentar no século 21, um racismo muito mais perigoso do que o racismo institucional do passado é o racismo que está arraigado nas estruturas.

    Ângela Davis

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