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cultura africana contemporánea

Los mejores discos africanos de 2020

Qué año más fatídico para los escenarios. Si en Europa la crisis sanitaria ha dejado renqueante a la escena cultural, en África, la ha destruido directamente. La dependencia de los artistas en muchos casos de las giras para garantizar su supervivencia, ha desembocado en una situación crítica que esperemos que se dirija a una mayor independencia del mercado internacional, buscando tejer redes de trabajo a nivel local. Cómo de supervivencia el continente africano sabe un rato, esperemos que la situación vuelva pronto a la normalidad para que artistas y público puedan reencontrarse. 

A este cierre de conciertos hay que sumarle la desaparición de totems de la música africana, talentos que no nunca volverán a repetirse, y que este año se nos han ido casi en bandada. Gigantes de la talla de Manu Dibango, Tony Allen, Mory Kanté, Aurulus Mabélé, Joseph Shabalala o Idir, se nos fueron para siempre, dejándonos huérfanos aunque con carreras musicales inmortales que siempre podremos disfrutar. Presentamos de nuevo nuestros respetos a sus pérdidas. 

Mientras tanto, y en contraste al annus horribilis 2020 para la escena, la cosecha discográfica ha sido excelente. Tanto nuevos talentos como figuras consolidadas, desde lo tradicional a lo más vanguardista, África no deja nunca de crear música de calidad indiscutible. Aquí presentamos los que a nuestro juicio han sido los mejores LP´s del año, el que destacaremos la presencia de propuestas electrónicas de gran calidad. Para gustos colores, pero no se podrá negar que el menú que presentamos es de tres estrellas Michelin.


1. Tony Allen & Hugh Masekela – “Rejoice” (World Circuit) – Nigeria / Sudáfrica

Qué pocas veces nos damos de bruces con un clásico instantáneo. “Rejoice” nos llegó a principios de este fatídico año, como una sorpresa. Nadie conocía que los maestros Tony Allen y Hugh Massekela se habían reunido para grabar bajo la supervisión de Nick Gold, antes del fallecimiento del trompetista sudafricano en 2018. Aún nos encontrábamos en pleno descubrimiento de las infinitas virtudes del álbum cuando poco más de un mes más tarde, fallece su otro intérprete, el genio nigeriano, Tony Allen. Es fácil llevarse por la sensación de duelo, ya que estas trompetas y baterías serán las últimas que nos llegarán de estos dos maestros absolutos, y aupar a este disco como la quintaesencia musical. Pero los que ya nos encontrábamos en pleno disfrute de “Rejoice” antes de su partida, sabemos bien que este disco es mucho más que un réquiem póstumo. En un siglo XXI plagado de afrobeats vacíos, “Rejoice” nos ofrece una “Alegría”, como bien indica su título traducido. Se trata de un manual vivo de lo mejor de la música africana del s.XX, condensado en la relación de dos leyendas que nunca dejaron de crecer y que seguían ofreciendo momentos imprescindibles en sus carreras hasta su fallecimiento. Es difícil resaltar un tema sobre otro, cada uno posee su propia magia, cada uno tendrá sus favoritos (los míos “Coconut Jam”, “Jabulani” , “Obama Shuffle Strut Bus” o “We´ve landed”) pero todos y cada uno de los ocho son soberbios. Una obra maestra perenne de jazz africano de mano de dos de sus grandes leyendas inmortales. Poco más que añadir.


2. Majid Bekkas – “Magic Spirit Quartet” (ACT records) – Marruecos

Majid Bekkas es la gran figura internacional del gnawa, género magrebí  de influencia subsahariana. Su trabajo a lo largo de los años le ha colocado en un lugar reverenciado que le permite experimentar aunque nunca dejando de lado sus raíces. En esta ocasión, Bekkas, armado con su clásico guembri, se une a un terceto sueco/danés de teclados (Jesper Nordenström), trompeta (Goran Kajfeš) y percusión (Stefan Pasborg), para dar rienda suelta a su creatividad. Lo que podría resultar en el enésimo pastiche de jazz fusión con world music, en este caso se presenta como una colección de composiciones y revisiones sobresalientes. En ellas, el trance del gnawa continúa presente de manera inequívoca, pero la incorporación del terceto añade una excelente visión panorámica colorista al conjunto que catapulta al álbum a lugares musico-espirituales por indagar. La sensación de continua aventura que ofrece “Magic Spirit Quartet” nos extrae de nuestra zona de confort, obligándonos a adentrarnos en sus maravillosos caminos inexplorados. La revisión del clásico “Aicha”, la celestial “Hassania”, la desértica “Chaia Taiba” o la casi freejazz “MSQ”, nos ofrecen una paleta musical excelsa en la que bucear entre notas y paisajes místicos. 


3. Phelimuncasi – “2013-2019” (Nyege Nyege Tapes) – Uganda

Lo que está haciendo el sello Nyege Nyege Tapes para la música contemporánea africana se puede tildar de heroicidad. Partiendo de propuestas periféricas y experimentales, han ido construyendo poco a poco una discográfica sólida, ya referente a nivel mundial. Propuestas como el thrash metal keniata de Duma, el alucinante techno de Nihiloxica o este necesario recopilatorio de gqom del combo sudafricano Phelimuncasi. Esta compilación que abarca desde los inicios del estilo sudafricano de moda en la actualidad en 2013 hasta el año pasado, nos muestra la evolución del gqom a través de este imprescindible trío formado por los hermanos gemelos Makan Nana and Khera y Malathon, oriundos de Durban. Comprobar y disfrutar cronológicamente de la rápida evolución del gqom a través de su fulgurante éxito en los últimos años, supone un verdadero viaje a la electrónica más vanguardista y al mismo tiempo popular del sur del continente. Este recopilatorio es desde el momento de su publicación, un trabajo que quedará en los anales de la electrónica ya no sólo africana, si no también mundial. 


4. Sahel Sounds – “Music from Saharan WhatsApp” 

Sahel Sounds nunca ha sido un sello discográfico al uso. Su manera de editar trabajos, a caballo entre la etnomusicología y la venta de cassettes en el mercadillo, ha supuesto una oportunidad única para conocer lo que realmente se cuece en la música popular saheliana en los últimos años. Gracias a ellos descubrimos a las Filles d´Illighadad, a Mdou Moctar o Luka Productions además de redescubrir la música perdida de Mamman Sani, pero también alucinamos con sus compilaciones de música compartida a través de los móviles sahelianos en “Music from Saharan Cellphones”. Y ¿con qué nos han sorprendido este año? con una apabullante colección de grabaciones realizadas por Whatsapp en terreno, en los lugares más insospechados. Estas grabaciones, disponibles durante un corto periodo de tiempo haciendo hincapié en lo efímero de las redes sociales, han ido publicándose en la plataforma bandcamp durante este año a EP por mes. La gran amalgama de artistas participantes, cuyo medio de comunicación más común con el sello y su entorno es el propio Whatsapp, es tan variopinta y diversa que necesitamos tiempo para poder asimilar esta maravilla, que esperemos algún día compile Sahel Sounds en una edición como se merece. Frescura, desparpajo, desenfreno e incluso documentación etnomusical a través del micrófono del móvil. Nunca se hizo tanto con tan poco.


5. Kadialy Kouyate – “Nemo” (KK sound archive) – Senegal

No es extraño que los álbumes dedicados a la kora como instrumento principal solista se nos atraganten. Aún siendo capaz de desprender una gran belleza melódica, puede ser un instrumento que puede apabullar si no se dosifica. Kadialy Kouyaté, senegalés afincado en Londres, propone usar la kora como una herramienta musical, no como un fin en sí mismo. Para ello presenta “Nemo”, su tercer álbum, en el que la kora, su instrumento, no es protagonista de la música, sino que suma, proyectando sus notas hacia el bien de las propias canciones, verdaderas protagonistas del álbum. Construido como un trabajo de afropop, “Nemo” nos presenta siete canciones con personalidad propia, bañadas por una cálida voz de barítono, que recuerda mucho al registro de su paisano Carlou D. Un álbum luminoso y perfecto para escuchar un domingo por la mañana, que incluye grandes canciones como las evocadoras “Juguya” y “Fondike”, la delicada “Ye Nale” o la juguetona “Agna Bara”.


6. Spaza – “Uprise!” (Mushroom Hour Half Hour) – Sudáfrica

Complemento del documental UPRISE! que narra las revueltas sudafricanas contra la Bantu Education Act promulgada por el gobierno del apartheid, esta propuesta del colectivo de free jazz SPAZA, va mucho más allá de una simple banda sonora. Este trabajo se realizó a modo de improvisación por los músicos mientras una copia del documental sin montar se proyectaba en una pared. Tras un speech del propio documental, por la inicial “Sizwile” pone todas las cartas encima de la mesa: new jazz casi emparentado con el UK jazz, en el que las atmósferas y los detalles melódicos son tan importantes como la propia armonía. “Bana Ba Batsumi” construida con apenas cuatro notas, no oculta su origen sudafricano, creando un espacio sonoro inquietante que contrasta con cortes más mansos como “Xolile Mosi” o la final “We got a lot of work to do”, en la que se insertan discursos de gran incidencia política, contrastando con la fluidez y calma de la música. Todo un artefacto sonoro que alcanza altas cotas de experimentación sin perderse en la boutade arty.


7. Oumou Sangaré – “Acoustic” (No Format!) Malí

Una de las grandes divas de Malí, Oumou Sangaré no siendo griot, ha sido la voz de toda una generación del país. Desde su aparición en la escena maliense, reivindicando el estilo wassoulou de su región, y su primera grabación para Syllart en 1988, su carrera meteórica ha ido modernizándose con cada entrega, con álbumes que le alejaban cada vez más de la música tradicional de su región. Debido a la crisis sanitaria, su sello actual, No Format!, le propone grabar un disco en directo en acústico, reinterpretando muchas de sus canciones en este formato. Y qué bien le sientan. Muchos de los cortes, en ocasiones sobreproducidos en sus versiones originales, en esta ocasión respiran, encontrando los colchones melódicos  y rítmicos tan típicos de la música saheliana, en los que la voz de Sangaré se encuentra cómoda, desarrollándose sin prisas y con buena letra. En definitiva, este disco acústico nos devuelve a una Oumou Sangaré que creíamos ya perdida, y de la que muchos caímos rendidos en su momento. Una chispa tradicionalista, que esperemos no se quede aquí pero que en cualquier caso, podremos disfrutar dejando de lados las modas del momento.


8. Santrofi – “Alewa” (Outhere records) – Ghana

¿Es “Alewa”, el debut de la banda ghanesa Santrofi,un ejercicio de nostalgia? Quizás. La música en Ghana ha cambiado tanto en los últimos diez años, que la propuesta de Santrofi se antoja casi vintage. El highlife, ese estilo creado en Ghana a partir de la música tradicional de la región, el palm wine y la música cubana que definió y reino la escena musical del país durante el s.XX ha mutado a través del azonto, el coupé decalé y los afrobeats vía electrónica. El highlife ejecutado con instrumentos, está en peligro de extinción, y es por esto que “Alewa” se ha recibido con los brazos abiertos. Pero hay mucho más, porque “Alewa” está lleno de aciertos, no sólo de añoranza. Santrofi recupera el highlife más alucinado de finales de los 60 y principios de los 70 justo antes de la explosión del funk. Con Oscar Sulley (“Kwaa kwaa”) , Uppers International (“Kwabena amoah”) o Ebo Taylor (“Alewa”) por bandera, se atreven a retomar la época gloriosa de la música ghanesa y salir con la cabeza bien alta, no sólo continuando la línea abruptamente interrumpida por la situación política del país sino aportando un imprescindible trabajo.


9. Bab L´Bluz – “Nayda” (Real World records) – Marruecos

Gnawa psicodélico, menudo oxímoron. Que el alcanzar el trance es uno de los objetivos de la música “negra” marroquí no es ningún secreto, pero que ahora sea vía rock ácido es ya otra historia. La alocada propuesta de Bab L´Bluz en su debut choca en un primer momento, los ritmos sincopados, las melodías vocales ancestrales junto a la distorsión fuzz aplicada a los instrumentos de cuerda. Una vez pasado esa primera impresión, nos encontramos en “Nayda” un largo plagado de grandes momentos llenos de energía y fuerza. Etiquetado por su sello como música “sensual, visceral e inmediata”, Bab L´Buz suena más que a eso, suena a música de revolución, la de la poesía y la música con la energía que sólo un álbum como “Nayda” puede aportarnos.


10. Dj P2N – “Evolution of Congo” (Moonshine / Isuba drums) – R.D. Congo

Porque todo no es afrobeats o soukous, y nunca lo fue, en la música electrónica africana contemporánea, tropezarse con una propuesta tan fresca como la de DJ P2N, nos reafirma ante tal premisa. El reduccionismo al que la moda ha empujado a la creación de beats electrónicos es especialmente exasperante teniendo en cuenta la riqueza rítmica del continente, que siente especial prisa por cortar por lo sano con su apabullante tradición. Gracias a trabajos como “Evolution of Congo”, cuyo título aunque algo pretencioso no se encuentra desencaminado, permiten liberarse del estrecho corsé de la situación actual. Y no es que el soukous haya desaparecido de la música de DJ P2N, pero éste se revisa para crecer, como en “Mado” o “Mobutu”, o el cuasi techno y el afrobass de “Bo Telema” y “Makasi”, o la dinámica de “Muziko”, todo ello regado de un inteligente y creativo uso de las herramientas de producción.


11. Nesrine – “Nesrine” (ACT records) – Argelia

Nersine ha pasado muchos años deleítandonos con su proyecto NES junto a dos músicos españoles en el que el jazz, el raï, la música meditarránea y la argelina se abrazaban sin complejos.. Ahora ya volando en solitario, Nersine se presenta al mundo con un magnífico álbum bajo el brazo, en el que proyecta de manera más incisiva sus inquietudes y paisajes sonoros propios. Armada con su cello y acompañada del gran percusionista valenciano David Gadea, Nesrine va desgranando canciones vaporosas y translúcidas en su debut con gran delicadeza. Un álbum poliédrico, con muchas capas, que entra muy bien en las primeras escuchas gracias a la suave voz de Nersine y una instrumentación deliciosa pero  que poco a poco va descubriendo sus no tan conformistas aristas. “Nersine” es un álbum anguloso, muy trabajado que hará las delicias de los melómanos más exigentes.


12. Ann O´Aro – “Longoz” (Cobalt) Isla de la Reunión

Un disco tan sobrio y oscuro como “Longoz” no es precisamente lo que esperamos de una músico y bailarina reunionesa. Acostumbrados a los ritmos coloristas de la maloya, encontrarnos con un álbum realizado únicamente con un trío formado por voz, trombón y percusión, se convierte en una experiencia casi espartana. Pero no nos dejemos engañar por su austeridad, Ann O’Aro, magníficamente acompañada por Teddy Doris y Bino Waro, despliega un manto de ritmos, coros imposibles y asombrosas líneas melódicas completamente adictivas. Un disco nada fácil en un primer momento pero que plasma una apabullante personalidad propia, tan necesaria en estos tiempos de estandarización global, y transmitiendo un mensaje feminista de alta carga no sólo política sino emocional. 


13. Tidiane Thiame – “Siftorde” (Sahel Sounds) – Senegal

Nos enamoramos hace tres años de Tidiana Thiame a través del disco que publicó con Amadou Binta Konté. Ahora, de nuevo de la mano de Sahel Sounds, que aporta ese sonido bruto y natural  tan característico de sus producciones, Thiame se estrena en solitario con un fantástico disco de guitarra.  “Siftorde” es prácticamente un manual de lo que significa tocar la guitarra en el Sahel. Los ritmos repetitivos a base de líneas de bajo, las melodías pentatónicas o las armonías típicas de la región, son la base técnica de un estupendo trabajo instrumental que suena crudo y delicado al mismo tiempo. Proveniente de Futa Toro, en la zona senegalesa fronteriza con Mauritania, Thiame bebe de la guitarra de sus paisanos Baaba Maal y Mansour Seck, pero también de la guitarra maliense songhai de Ali Farka Touré y de la música bambara mandinga, tal y como podemos observar en el homenaje a Toumani Diabaté que incluye en su debut discográfico. “Siftorde” es un disco pausado, suave y al mismo tiempo rudo. Una combinación cada vez más difícil de encontrar en la música contemporánea.


14. Kizz Daniel – “King of Love” (Flyboy) – Nigeria

La sobredosis de afrobeats que estamos viviendo no le hace nada bien a la música africana. La fábrica de churros ya no sólo se ubica en Nigeria, medio continente replica el éxito de este pegadizo ritmo creado con FL Studio y plagado de autotune. Entre tanta broza podemos a veces encontrar un grano entre tanta paja y poder disfrutar de un disco placentero como es el caso de “King of Love” del nigeriano Kizz Daniel. Éste, que ya había alcanzado la fama con su anterior largo “No bad songz”, presenta un trabajo plagado de singles, perfecto para ser bailado en cualquier club del planeta. Sus melodías pegadizas, sus ritmos sinuosos y arreglos detallistas nos meten el ritmo en el cuerpo con pepinazos como “Ada”, “Jaho”. “Find a Bae” o “Chana”. Sin complejos. 


15. Art Melody – «FC Paysan» (Miaou Records / Tentacule Records) – Burkina Faso

En 2019 la gira de presentación del disco «Zoodo”, que llevaría a Art Melody a medio mundo, se anula debido al COVID-19. El rapero burkinés decide armarse de valor tras la forzosa anulación de su inminente gira por Europa y, para ello, graba un nuevo album. El resultado artístico de esta iniciativa es básicamente un milagro. Un nuevo disco, “FC Paysan” (Futbol Club Campesino), que se erige como un nuevo pico creativo en su carrera presentando un sorprendente cambio de registro en su sonido. Art Melody se escuda por sus habituales cómplices Redrum y Dj Form, además de colaborar con el grupo estadounidense de post-rock y compañeros de sello, Road of Seahorse, en una sorprendente, acústica y reposada “Pa Nana Ye” o con el electro-jazz experimental que utiliza como base el neoyorquino Afrikan Sciences. A las habituales influencias del hip-hop 90´s y a sus raíces Mossi, que ya forman parte del sello personal de Art Melody y que podemos volver a disfrutar en canciones como “Bour Bouré” o “Tond», se añaden a la ecuación sonidos más techno-industriales como “Som Zita”, las jazzística “Gomdé” y “Africa”. Además, el burkinés se abre a estilos pop de corte contemporáneo a lo Panda Bear a través de ese emotivo homenaje a Thomas Sankara que es “Lost King”, y que ya se encuentra entre lo mejor de su repertorio.

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