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Thó Simões: «El arte urbano revela y denuncia los monstruos del alma humana»

Artista precursor del arte urbano en Angola, el graffitero Thó Simões acaba de presentar en Luanda la exposición «Entre hombres y monstruos». En ella se pregunta cómo el arte puede cambiar las experiencias de una ciudad y un país en crisis económica y social y todavía con las secuelas de la guerra civil y la ocupación colonial.

*Autor invitado: André Soares

Thó Simões, artista angoleño, acaba de presentar en Luanda su más reciente exposición titulada «Entre hombres y monstruos». Las imágenes creadas pretenden ampliar el debate sobre las microviolencias de una ciudad en constante mutación. El artista fue uno de los precursores del arte urbano en Angola con una trayectoria con paso por Linda-a-Velha, Oeiras, Malanje y Luanda. El ejercicio profesional en agencias de publicidad y luego en la calle le llevó a querer intervenir políticamente a través del arte mural y urbano. En esta conversación se cuestiona cómo el arte puede cambiar las experiencias de una ciudad y un país en crisis económica y social y aún con las secuelas de la guerra civil y la ocupación colonial.

Acabas de presentar tu útima exposición en Luanda, ¿cómo se llama y de qué trata?

Ni siquiera sé muy bien cómo empezar. Es mi primera exposición en solitario en esta era post-covid, y para mí tiene la misma importancia que mi debut como artista, mi primera exposición individual. La sensación es abrumadora. El título de la exposición es «Entre hombres y monstruos» y lo elegí porque es un intento de mostrar lo que absorbo a mi alrededor. Mis obras reflejan las cosas que absorbo a diario. La pregunta que me ronda por la cabeza es: ¿qué define lo humano frente a lo antihumano? ¿Cómo distinguir entre uno y otro?

Las obras presentadas se centran en este tema. La paradoja entre realidad y fantasía es extraña en la sociedad en la que me encuentro. La normalización de lo anormal y viceversa es tan evidente que plantea esta cuestión. Parece que la sociedad experimenta problemas que ni siquiera deberían serlo, nunca se resuelven, sino que se asimilan e integran en el modus vivendi.

Cuando hablas de monstruos, ¿Quieres decir que la humanidad se convierte en inhumanidad?

La humanidad se convierte en su propio monstruo. Cuando me vuelvo insensible a un problema cotidiano hasta tal punto que deja de ser un problema, pasando a formar parte de mi vida si, en lugar de resolverlo, me veo obligado a adaptarme.

Te pongo un ejemplo: si me despierto en mitad de la noche con la casa inundada, porque ha llovido fuera, pero no me asusto, aunque pueda estar irritado y enfadado durante unos momentos, pero después afronto la situación como si fuera algo banal, hay algo anormal y extraño en ese supuesto. Lo normal sería que cundiera el pánico, al fin y al cabo… en circunstancias normales una casa nunca debería inundarse porque lloviera. En un escenario así, muchas otras situaciones y acontecimientos rutinarios del día son extraños.

¿Cómo explicaría este proceso?

Creo que ha estado sucediendo, es una suma de varias cosas. Muchas anormalidades ocupan un espacio y nosotros se lo permitimos. Vamos dejando de reivindicar y al cabo de un tiempo acabamos entrando en esta anormalidad. Como con la lucha contra la corrupción en mi querida Angola. El esfuerzo y el compromiso del Estado en la lucha contra la corrupción es enorme, y esto es bueno y reaviva la esperanza de tiempos mejores. Se nota la intención de sacar al país de una dura situación de crisis y extrema pobreza. Pero sigo pensando que faltan muchos planes y estrategias concretas y suficientes centradas en la educación, la salud y la familia sustentadas en la ética, la cultura y los valores morales. Eso es lo que quería ver mucho más, en contraste con lo que he visto en las medidas.

Debemos invertir hoy para aquellos que no han nacido todavía. Con la atención a los más necesitados, en veinte años aparecen los primeros resultados de la lucha contra la corrupción a esta escala. Lo que yo interpreto de lo que ocurre a mi alrededor es una guerra campal, que tiene su efecto, con cabezas rodando y todo, no sé «si» y «hasta qué punto» afecta y garantiza un futuro mejor. Pero cuando esa guerra termine…, ¿cómo quedarán las prácticas en el «pueblo» donde todo comenzó? ¿Abandonaremos los viejos hábitos y prácticas? ¿O seremos los mismos, sedientos de volver a las mismas prácticas? ¿Cómo somos de humanos? ¿Y cuándo nos convertimos en monstruos? Esa es la cuestión.

En relación con el archivo y la recopilación de datos sobre los murales y el arte urbano, ¿no cree que hay pocos trabajos de investigación que valoren este arte y que hagan de puente entre un cierto carácter artesanal y la innovación?

Sí, creo que hay poca investigación, pero por muchas razones. Una de ellas es la falta o la incipiencia de una estructura que estimule y proyecte un archivo a la altura del desafío.

La implicación y el papel de las instituciones culturales también deberían ser mayores. Poner a disposición, apoyar y financiar programas e iniciativas en este ámbito… No sé si existen, tal vez sí. Lo que hay es mucha voluntad de hacer cosas. Soy uno de los precursores del arte urbano en Angola. Cuando empecé ni siquiera se sabía que se hacía arte urbano por estos lares. Nuestra presencia se hizo muy llamativa, logramos hazañas como los Murales de la Serra da Leba, que generaron un hermoso documental titulado «Los colores de la serpiente» del director brasileño Juca Badaró y en el que participé como productor. Conquistamos el espacio y conquistamos la presencia. Y, lo que es más importante, pusimos a Angola en el mapa del arte urbano.

¿Crees que en Luanda se tiende a desacreditar a las personas que iniciaron el movimiento de arte urbano?

Lo que me parece que pasa, de hecho (pero espero equivocarme) es que los intereses en utilizar el arte urbano para fines distintos a la promoción del arte y la cultura son cada vez mayores. Hay una tendencia de ciertos agentes en aprovechar la popularidad del arte realizado en las calles por «verdaderos artistas callejeros» para promocionar y publicitar campañas que difieren de lo que es nuestra esencia. No es difícil ni complicado que lo hagan, suelen tener un poder financiero, unos conceptos y unos socios que los artistas no tenemos, incluso cuando crean proyectos enfocados a la promoción del arte urbano, no nos llaman a nosotros para producir ni incluso para consultarnos. Y cuando llaman a los artistas de la calle para que ejecuten sus proyectos, no valoran justamente su arte y su compromiso, salvo algunas excepciones. Sólo esto y la generalización de esta tendencia «no es normal».

¿Por qué es importante la pintura mural para la gente?

Es importante porque comunicamos. Es una poderosa herramienta de comunicación que le permite transmitir sus propios mensajes y los de la gente de la calle. No puedo transmitir esos mensajes por otros medios. Hay que recordar que si pinto un mural en una zona determinada, lo que deje allí afectará a esa zona y a las comunidades que la habitan. Esa realidad ya no será la misma, los colores, el tema, el mensaje. El día a día cambiará. El hecho de que se pinte un mural allí significará que el entorno de esa zona también cambiará, las vibraciones positivas y negativas también se ven afectadas por los colores, un mural con colores vibrantes y positivos sin duda aportará esa energía a ese lugar.

¿Puedes darme un ejemplo de una zona en la que hayas pintado y haya ocurrido eso?

Uno de los ejemplos que suelo poner es la rua dos Mercadores, en el centro de Luanda. Una de las calles más antiguas y bonitas de la ciudad. Una calle que durante años estuvo olvidada, infravalorada, con bares, tabernas, casas de dos plantas y un antiguo teatro que convirtieron en un garaje de coches. Incluso la gente del centro no iba allí. ¿Y qué hicimos? De vez en cuando iba allí y pintaba un grafiti, luego era un mural y después otro, entonces también pasaban algunos amigos grafiteros y dejaban su huella. Siempre hubo bares como el Royal, que también se conoció como la Taska dos Mercadores, que han resistido el paso del tiempo.

¿Qué ha pasado? La realidad de la calle cambió, se convirtió en un lugar concurrido, popular y prestigioso. También nació el proyecto de revitalización de la calle promovido por la Asociación KALU con la campaña «Reviver» y el CCBA (Centro Cultural Brasil Angola). Acabamos pintando toda la calle, los vecinos y la administración local revitalizaron toda la manzana. Se convirtió en un lugar bello y acogedor una zona alternativa, con lenguajes artísticos multidisciplinares que dieron la vuelta al lado siniestro de esa zona.

¿Crees que hay que salvaguardar este patrimonio?

Sí. Será una forma de salvaguardar la pintura mural, así como de ayudar a transmitir y compartir ese conocimiento. También es una gran herramienta para sacar a muchos jóvenes de la inercia y de las prácticas que no son beneficiosas. Imagínese crecer en un lugar sin grandes perspectivas de vida y con una enorme tasa de desempleo, incluso en términos de acceso a la educación, con dificultades para la formación. Jóvenes que llegan a los 15 años y no tienen perspectivas. Si existieran estas escuelas y esta formación, sería una alternativa a caminos y trayectorias casi imposibles de seguir y conquistar para las comunidades más pobres.

¿Entraste en la vida artística después de haber pasado por el mundo del trabajo gráfico comercial? Angola tiene su propia lógica de la imagen. ¿Piensas que las empresas apuestan por este archivo visual híbrido, que mezcla tradición e innovación?

A finales de los años 90, cuando aquí había paz, es decir, al principio del fin de la guerra, yo y dos amigos que estudiaban bellas artes en el INFAC – Instituto de Formação Artística e Cultural – conseguimos un trabajo en un taller de rotulación. El dueño se llamaba Xavier, la empresa Xavier Designer, el trabajo consistía en hacer anuncios pintados en las paredes de los clientes y en cajas iluminadas, era lo que llamábamos una agencia de publicidad. ¿Qué era entonces una agencia de publicidad? Era una especie de taller en el que había gente que hacía anuncios. Hacíamos anuncios por encargo. La tienda donde trabajaba ya tenía grandes clientes como Coca-Cola. Los primeros grandes frontones que pinté eran de esta época. Se colocaron andamios por todas las fachadas laterales de los edificios con, y los chicos pintaron el producto y la marca, las herramientas eran rodillos, brochas, pinceles, compresores y pistolas de pintura. Y así, creo, fue como me inicié en el arte urbano, años más tarde con la aparición de los primeros grafiteros en la urbe luandense, me fue involucrando más y más.

Pero volviendo a mi trayectoria, seguí avanzando y conociendo a personas y proyectos que empezaban a nacer. Uno de los clientes de Xavier nos invitó una vez a producir un set para un evento. A partir de entonces, empezamos a recibir encargos para realizar trabajos más elaborados en espacios donde se celebraban eventos, especialmente actuaciones musicales. En esa época el país empezaba a abrirse, porque hasta entonces todos vivíamos aislados, separados por la guerra, el país estaba fragmentado. En esa etapa, los agentes culturales comenzaron a pensar más abiertamente y a ser más exigentes en relación con los eventos que producían, los aspectos visuales, especialmente los decorados y los escenarios. No había este tipo de servicio por aquí, en cierto modo también fuimos precursores del relanzamiento del espectáculo en Angola. Comenzaron con los concursos de misses en Luanda, que luego se extendieron a las provincias de Angola.

En esa época empecé a conocer a profesionales del área técnica de la escenografía y la iluminación que pertenecían al antiguo Teatro Avenida. El teatro había dejado de funcionar (sigue inactivo), pero ellos enían formación y mucha capacidad técnica. Empecé a involucrarme con esta gente en el trabajo escénico. Hicimos más escenografía y empecé a aprender de los carpinteros, técnicos de luces, etc. y un amigo y yo unimos fuerzas para diseñar los decorados y montar los escenarios. Hubo mucho tejemaneje, montamos mesas de luz con unos interruptores eléctricos normales, de encendido y apagado, eso era lo que la gente utilizaba para hacer una mesa de luz para un espectáculo de dos o tres horas. Pasé dos o tres años con esta gente en la carretera haciendo espectáculos y eso me dio mucha práctica. Después de este tiempo empecé a trabajar en publicidad y comunicación en agencias de prestigio como Executive Center, Publivision, Young Network, Zwela, por nombrar algunas. Con la llegada de la crisis económica por el caos del mercado financiero, decidí que era el momento de parar, dedicarme y centrarme casi exclusivamente sólo en mi arte y mi carrera artística.

Trabajas mucho en colectivo. ¿Por qué?

En primer lugar porque soy un privilegiado, incluso en esa dura realidad, tuve la oportunidad de aprender muchos oficios con los mejores, no todo el mundo tiene esa suerte. Adquirí muchos conocimientos, que se pueden compartir en mi vida diaria y en el contacto con mis compañeros artistas. Cuando me reuní con la gente que hacía arte en el centro de Luanda, mi bagaje creativo y técnico era enorme. La voluntad y la determinación de la gente de mi familia artística, «Os Nacionalistas», de hacer grandes cosas era aún mayor, y yo estaba dispuesto con mucho entusiasmo a participar y compartir mis conocimientos técnicos en los eventos y proyectos que creaban. Fue en ese momento cuando conocí el teatro Elinga, que era un granero lleno de artistas y creatividad y actividad, donde conocí a artistas en áreas que no conocía. El teatro, la música y la danza siempre estuvieron presentes en mi vida en esta época, estábamos tan adelantados a nuestro tiempo que no siempre se nos tomaba en serio. En cualquier caso, lo que aprendí es que la mejor manera de alcanzar la excelencia es intercambiar y compartir conocimientos. A pesar de ser polivalente, nunca dejé de valorar el trabajo en equipo. Además, el colectivo nos permite alcanzar mayores cotas y para mí lo más importante es lo que aprendo de esa fórmula.

¿Cree que el arte urbano puede humanizar los monstruos que existen en el ser humano?

Sí puede, al principio no estaba muy seguro de ello, pero ahora estoy seguro de que sí, el Arte Urbano involucra, agrega y estimula lo mejor que hay en nosotros, esto es un hecho. Obsérvese cómo la comunidad se involucra cuando la intervención de los artistas urbanos está en proceso en la comunidad, en el barrio, brotan otras manifestaciones artísticas la participación de todos en este proceso cambia y vuelca paradigmas, ofrece nuevas perspectivas a los residentes, inspira los sueños de los niños y jóvenes, enriquece y estimula el gusto por la belleza y la armonía. En definitiva, revela y denuncia los monstruos del alma humana y sus semillas.

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*Artículo publicado en Buala. Para leer el original en portugués, clic aquí.

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1 Comentario

  • Cesar

    Interesante entrevista considero que el arte de un medio que nos involucra a combatir las desigualdades sociales.Os deseo ingentes exitos.

    Responder

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