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La Historia a cada paso: Bobo Dioulasso

Javier Mantecón 12 junio, 2013

Los profesionales de la cultura bien conocen la dificultad que supone llevar a cabo y consolidar cualquier tipo de iniciativa en el sector. Batallar por nuestra cultura y por la próxima es una actividad agotadora: pocas inversiones y muchas iniciativas idealistas que no se vinculan con un contexto social en el que la cultura siempre queda apartada como si se tratara de una actividad ociosa, ejecutada por artistas y gestores, más ociosos aún. Es por esto que comprobar cómo una ciudad entera, perteneciente a un país tan poco visible como Burkina Faso, se vuelca en la protección, en la conservación y en la difusión de su patrimonio histórico y cultural como una de sus principales fuentes de desarrollo, supone una gran alegría. Hablamos de Bobo Dioulasso, segunda ciudad en importancia del país y epicentro de su cultura más tradicional.

El animismo es la segunda práctica religiosa en importancia de Burkina Faso, sólo por detrás del islam, con alrededor de 30% de practicantes en todo el país. Bobo Dioulasso es la ciudad más importante del país en este tipo de ritos y debido a estas prácticas, su estructura urbanística y social se ve afectada de una manera muy acentuada. Antigua capital del país anteriormente llamado Alto Volta (hasta que tomó su moderna denominación en 1984 por decisión del líder revolucionario Thomas Sankara), Bobo Dioulasso ha mantenido una riqueza histórica con la que pocas poblaciones de África Occidental pueden competir. Su locativo es oriundo de un intento de confraternización que define el carácter de toda la ciudad en sí. La etnia Bobo y la Dioula se batían por un territorio estratégico por su emplazamiento entre caminos comerciales que finalmente fue compartido por ambas etnias de una manera conciliadora y pacífica.

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En sus calles podemos encontrar rastros de cada uno de los períodos que han definido a este lugar tan cargado de historia y además vivirlos a través de un patrimonio que respira y que impregna la vida de cada uno de sus habitantes. Los diferentes barrios de la ciudad nos ofrecen distintas visiones aún vigentes de las diversas etapas que ha vivido Bobo Dioulasso. El esfuerzo de toda la población ha logrado que esta herencia se mantenga viva.

Podemos constatar que uno de los barrios más interesantes es sin duda el barrio antiguo, a partir del cual se articula el resto de la ciudad. En él podemos situar un poblado creado hace más de mil años incrustado en la ciudad colonial contigua. Allí se puede localizar la casa más antigua de la ciudad, datada del siglo XI, el barrio de los griots o guardianes de la tradición y el barrio de los artesanos que trabajan la madera y el bronce con técnicas milenarias. Dichas áreas han sabido sobrevivir a lo largo de los siglos bebiendo de su propia historia y, en estos momentos, supone uno de los puntos turísticos más fascinantes de Bobo Dioulasso. Encontrarse en sus estrechas calles altares de sacrificios, el estanque en el que habitan los peces gato sagrados guardianes de la ciudad o modernas asociaciones de desarrollo a través del artesanado, supone una inmersión en la historia olvidada de una región que mantiene para ella misma su propia memoria. El barrio antiguo, construido entre muros de barro, es también el lugar en donde se celebra anualmente el famoso Festival de Máscaras de Bobo Dioulasso, en el que las etnias de toda la región despliegan su tradición a través de las máscaras utilizadas en sus rituales religiosos que tanto influenciaron a Pablo Picasso. La variedad, calidad y cantidad de máscaras utilizadas en este festival es tanta que se ha configurado como uno de los más importantes (si no el más) de toda África Occidental.

No es fácil recuperarse de la impresión que supone la inmersión en el barrio antiguo de la ciudad, pero una vez salimos de él, ahí se erige frente a nosotros la gran mezquita de Bobo Dioulasso, construida en estilo sudanés durante los años 80 del siglo XIX. Su arquitectura en barro, sus dos minaretes y su buen estado de conservación la configuran como una de los bienes inmuebles más destacados e impresionantes de todo el país. Gracias a una política de entendimiento entre las múltiples religiones que pueblan el país, el turismo y el sentido común por parte de su Imán, la mezquita es por fin visitable en su interior e incluso en su parte superior a la que podemos acceder de mano del líder del propio templo. Sus pasillos estrechos están rodeados por 52 columnas que sostienen un techo de madera que alberga un espacio para capacidad para más de 300 varones. En un anexo anterior a esta sala podemos encontrar el espacio reservado para el rezo de las mujeres. Desde su ardiente techo inspeccionamos de cerca sus imponentes minaretes y los espacios destinados a la meditación, durante una visita en todo momento bien detallada por su amable Imán.

© Javier Mantecón / afribuku

© Javier Mantecón / afribuku

El barrio antiguo y la gran mezquita se ven rodeados, como mencionamos anteriormente, por el barrio colonial que alberga el centro comercial y administrativo de la ciudad. La herencia de la colonización puede observarse en cada uno de sus rincones, en sus edificios oficiales y en el trazo hipodámico de sus calles alineadas por una vegetación exuberante que dota de una muy agradecida frescura a la ciudad. En este área podemos encontrar una pintoresca catedral católica (de gusto un tanto polémico), el zoo o el gran mercado, reconstruido en estilo historicista sudanés durante el siglo XX, al igual que la imponente estación de ferrocarril que alberga aún hoy en día una de las líneas de tren más importantes de la región cubriendo desde Níger a Abiyán. Esta línea ferroviaria, aún en uso, fue creada por Francia para acelerar la colonización de la zona suponiendo un punto de inflexión en las relaciones comerciales y militares de África Occidental .

La ciudad moderna postcolonial se ve también representada en su parte más meridional. Las rotondas de estilo socialista-africano, el estadio, el ayuntamiento o los mausoleos a los héroes de la independencia o de la lucha contra la colonización como la princesa Guimbi Ouattara, pueblan esta parte de Bobo Dioulasso, menos visitada e impactante pero igual de importante en la historia de la villa.

Todas estas zonas de la ciudad, impregnadas de vida y de actividad, se ven aderezadas por instituciones culturales tales como el Museo Municipal, la Casa de los Artistas o el imprescindible Museo de la Música de Ayer y Hoy, que bien merecen una visita pausada. Bobo Dioulasso se caracteriza también por albergar  una vida nocturna y artística envidiable. Una sala de cine que programa películas de alto nivel (muchas de ellas presentadas en FESPACO, el festival de cine más importante de África), dos centros culturales muy activos, salas de música con conciertos a diario y más de media docena de discotecas con muy buen ambiente configuran una ciudad perfecta para ser visitada y habitada que no sólo bebe de su memoria si no que además, disfruta su presente.

© Eric Sauzit

© Eric Sauzit

El empeño de su ayuntamiento y la propia población por hacer de Bobo Dioulasso una ciudad con una gran calidad de vida, que no renuncia a su pasado y que se abraza a él para lanzarse al futuro está siendo envidiable. Un esfuerzo que por desgracia, no siempre es suficiente. La creciente inestabilidad de la zona debida a la proximidad de la ciudad con la frontera con Malí y Costa de Marfil han supuesto un fuerte varapalo para la actividad turística de toda la región que ha visto disminuidos sus visitantes en más de un 80% desde que los conflictos en los países vecinos comenzaran en 2010. Los habitantes de Burkina Faso, pacíficos y con un sentido de la hospitalidad tan fuerte que en ocasiones roza lo surrealista para un occidental medio, se sienten impotentes ante una situación contra la que nada pueden hacer pero que aplasta todos los esfuerzos de un país tan apasionante para visitar como para vivir. Que un país como éste juegue la carta del desarrollo cultural desde una perspectiva tan encomiable. sostenible y pacífica, debería ser un ejemplo para muchos otros del planeta. Esperemos que la inestabilidad de la zona no impida a sus habitantes y a su gobierno mantener esta actitud y políticas de crecimiento.

Desde afribuku instamos a descubrir la ciudad Bobo Dioulasso, antigua capital del reino de Gouïriko, la región adyacente de Banfora y su riqueza natural, el país Lobi y sus parajes y gentes desconectadas del mundo moderno o Uagadugú, ciudad moderna y activa con la mejor escena cinematográfica de todo África Occidental. Burkina Faso, la tradición y la modernidad en un entorno de paz eterna.

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