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“Pangea” o el arte de minimizar al arte

Angela Rodríguez Perea 16 julio, 2014

Para conseguir meter -o espachurrar- unos cincuenta millones de kilómetros cuadrados en una única galería hace falta algo más que espacio. A la comisaria Gabriela Salgado le ha parecido suficiente el tectónico título Pangea: nuevo arte de África y América Latina para intentar dar alguna coherencia a esta exposición que desde abril reúne a artistas de los dos continentes en la Saatchi Gallery de Londres.

El coleccionista nos tenía ya habituados a controvesias y a acciones poco acertadas, por eso nos agarramos a los brazos del sillón, con un poco de miedo, cuando supimos que preparaba esta exhibición, con la intención de añadir a su faceta de corredor en el mercado del arte una vocación más “filantrópica”, como hemos podido leer en algunos medios. Saatchi se subió al metro de la “cultura mundializada” más bien tarde. Se inició con colecciones de artistas asiáticos y sólo hoy, tarde también, el dinosaurio inglés toca a las puertas de los dos continentes para pesquisar y sacar partido de nuevos talentos.

De testigos presenciales hemos oído que la muestra carece de conexión conceptual, no sólo al ser engendrada sin también en la propia distribución de las obras dentro de la galería, pasando de una sala a otra sin liazón alguna que conecte los trabajos entre sí. Lo cortés no quita lo valiente y, para descansar un poco de la crítica que nos inspira la invención del comisariado (…), debemos decir que el trabajo de cada uno de los quince artistas no merece desprecio. Como cabeza de cartel está el colombiano Óscar Murillo, una especie de Basquiat al que la propia galería lanzó de la nada a la misma gloria, con un polémico golpe de teatro, cuando el pasado año una de sus obras se llegó a subastar por más de 250.000 libras esterlinas en la famosa Christie´s.

“Pangea” también presenta a artistas consagrados como el fotógrafo mozambiqueño Mário Macilau, a quien afribuku entrevistó unos meses atrás, o el marfileño Aboudia, otro de los hijos pródigos de la Jack Bell Gallery, cuyo nombre estará para siempre ligado con las violencias post electorales de  2011. Les presentamos a tres otros de los que conforman la muestra. Sólo africanos, también en nuestro caso por razones de “título” que no siempre pueden ser justificables; conscientes de ello, tomamos parte en el mea culpa.

La exposición estará abierta al público, con entrada gratuita, hasta el 2 de noviembre de este año y, a pesar de todo lo dicho aquí arriba, recomendamos la visita sin ningún tipo de pudor. Lo que ha separado el océano, que lo vuelva a unir el coleccionista.

Para más información, clic aquí: Saatchi Gallery

Boris Nzebo

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Imagínense a un artista caminando por una ciudad africana, pongámosle que sea Douala, observando el paisaje de las calles y los carteles pintados de las peluquerías. Superpongan el peinado propuesto en el anuncio con el paisaje urbano por el que pasea; apliquen un filtro negativo y súbanle el contraste,  para que se llene de color. Éste es el resultado: una arquitectura psicológica, una introspectiva del individuo enfrentada al ambiente de la urbe, todo sazonado con un estilo propio del diseño gráfico publicitario. Nos hemos quedado prendados del producto final.

Ibrahima Mahama

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Siguiendo la estela de su aclamado compatriota El Anatsui, Mahama crea telas gigantes con materiales de la vida cotidiana como una metáfora sobre la realidad y las condiciones de vida. El ghanés radicaliza el concepto, utilizando como base algo tan rudo como son los sacos de carbón. Dice Ibrahima Mahama que en los sacos, que originalmente fueron creados para el transporte de cacao y que hoy sirven para el carbón, aún quedan “vestigios” humanos, de los trabajadores que mueven la mercancía de un lugar a otro. Una crítica al valor del trabajo y el capital, en palabras del propio creador.

Leonce Raphael Agbodjélou

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Hijo de uno de los fotógrafos más eminentes de Benín, Agbodjelou ha seguido la tradición familiar interpretando la fotografía con un estilo individual y contemporáneo. Sus imágenes rebozan tradiciones de África del Oeste, descifrada en términos de modernidad versus tradición. En la serie “Las señoritas de Porto-Novo”, haciendo referencia directa a aquel cuadro picassiano que inauguraba oficialmente el Cubismo, el beninés nos recuerda la herencia africana de aquel movimiento vanguardista y a la vez la transplanta a un contexto actual. La serie “Egungun” documenta una tradición que perdura hasta hoy en los países de la zona, directamente relacionado con el vudú.

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1 Comment

  1. jl 26 agosto, 2014 at 9:45

    Excelente reseña, seguid así

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