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Los 70 años de “Cantos de sombra”: la primera gran obra poética de Léopold Sédar Senghor

Para África, el año 1945 fue también un año de grandes cambios. El término de un sinfín de atrocidades, de una guerra sin cuartel entre concepciones radicalmente opuestas sobre la vida y el mundo, pero también el punto final a una dominación moral impuesta desde finales del siglo XIX.

De un momento a otro, las potencias europeas pierden ese prestigio estampado en un bienestar y consumo incuestionables, construido sobre la base de una lejana colonización que, si bien es imperceptible a los ojos de la opinión pública, afecta y derrumba la estructura ósea de sociedades y culturas enteras.

Despojadas de repente de su manto de intocable superioridad, las naciones europeas son testigos de un cambio irreversible: el despertar de los pueblos colonizados y el reencuentro con su identidad perdida. Los numerosos combatientes africanos y asiáticos que ayudaron las democracias occidentales a preservarse entendieron la fragilidad de la moralidad de la que alardeaban los pueblos del norte.

Léopold Sédar Senghor fue uno de esos combatientes procedente de las colonias que entendieron muy tempranamente, y de primera mano, los límites de la dominación europea. Soldado de infantería de segunda clase inscrito en 1939, capturado en junio de 1940, el entonces profesor de francés –y futuro presidente de Senegal– conoció las peores vejaciones a su paso por diferentes campos. Algunos de sus testimonios hablan del trato duro y humillante de las fuerzas ocupantes, del hambre omnipresente y del frío que amilana y descompensa poco a poco las facultades mentales.

En medio de su cautiverio, el joven Senghor se salva milagrosamente de un fusilamiento pero no de la soledad y de un miedo tenebroso. El tiempo encerrado en el Frontstalag 230 de Poitiers le obliga a replantear su vida, meditar sobre su trayectoria desde que llegó a Francia en 1928, y trabajar redobladamente en la poesía que tanto ama. Gran parte del tiempo lo dedica a los poemas y a una estética que, ya tiene nombre y forma: la Négritude. Esta corriente literaria que vio sus primeros días en la revista L´étudiant noir (El estudiante negro), que Sédar Senghor fundó en 1934 junto con los antillanos Aimé Césaire y Léon Gontran Damas, ya es en ese momento de encierro un punto de referencia para reivindicaciones futuras, tanto políticas como culturales y sociales.

Indultado en 1942 para permitirle tratar la enfermedad que lo debilita, Léopold Sédar Senghor se mejora poco a poco. La libertad recobra un aire nuevo, en el que se percibe el peso de una responsabilidad que va descubriendo día a día. Se reintegra a su oficio de profesor, colabora en actividades de la Resistencia dentro del Frente Nacional Universitario y, como no puede ser de otra manera, se empecina en pulir esos poemas confeccionados a lo largo de horas de un profundo trabajo de conciencia.

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En 1945, ve la luz “Cantos de sombra” (Chants d´ombre): la primera gran obra poética de Léopold Sédar Senghor, publicada en París con la Editorial du Seuil. En este libro se conoce por primera vez, y de manera integral, al poeta nostálgico que anhela sentir y reencontrarse con la tierra africana. Los poemas reunidos en esta recopilación fueron escritos en su mayoría en la década de los 30 y beben en la juventud y fogosidad de un hombre orgulloso de su condición.

La esencia de la Négritude se ve reflejada en un título con doble significado. Está por un lado el “canto” como máxima representación de la tradición oral, sinónimo de poesía y de medio de comunicación, y por otro, la “sombra” del misterio, la inquietud y la sabiduría del continente africano.

A lo largo de los 26 poemas que componen esta obra, Léopold Sédar Senghor mira hacia esos elementos que forjaron su ser e identidad. Brillan las escenas inolvidables de la infancia, la tierra que late en la distancia, el regreso a la riqueza de un pasado glorioso africano, los símbolos de la estética negra, el amor por la mujer universal y la amistad hacia un gran amigo como Aimé Césaire. Todos estos poemas se combinan en una estructura libre e intuitiva que refuerza la idea sagrada del pueblo africano y el respeto a la tradición.

Siete décadas después, “Cantos de sombra” no pierde un solo ápice de vigencia y se establece en el horizonte literario como un momento crucial en la consolidación de una corriente poética trascendental para un país (Senegal) y un continente, pero también un punto clave en la formación de un ser poético como Sedar Senghor, quien más adelante entraría con honores en la Academia Francesa y sería nominado en varias ocasiones para el Premio Nobel.

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Con esta obra, el poeta rehabilita el concepto del “pueblo”, indaga en la unión del ser con los elementos naturales, recupera el poder de la palabra, todos estigmatizados durante la colonización, para rehabilitar los espacios perdidos por la tradición, su esencia socializadora e identitaria. En cada poema brilla la cadencia de todo un universo porque, como bien expresó el periodista Luis María Ansón, “para Senghor, la poesía se divorcia del pueblo cuando prescinde del ingrediente musical” (periódico ABC, edición del 05/10/1986).

Preguntado sobre la obra y la trayectoria del poeta Sédar Senghor, el reconocido profesor de Estudios Africanos de la Morgan State University (Estados Unidos), M’bare Ngom, considera que fue, sin lugar a dudas, una de las grandes voces líricas del siglo XX. “Su contribución a la literatura universal, si bien no fue coronada con el Nobel, fue reconocida por la Academia de Lengua Francesa que lo nombró miembro de la Casa de los Inmortales”.

Según el profesor M’bare Ngom, “Cantos de Sombra” es un homenaje a una África silenciada durante demasiado tiempo y en peligro de caer en el abismo del olvido. “Es un poemario lleno de musicalidad y de imágenes poderosas y metáforas, así como de muchos silencios. También tiene su lado romántico”, expresó el profesor.

Por su lado, la escritora y profesora Berta Lucía Estrada, autora de varios artículos sobre la Négritude, resalta la excelencia de un poeta que consiguió ingresar a la Academia Francesa pese a las barreras impuestas por el color de la piel, y que produjo algunos de los más destacados estudios sobre la lengua francesa en el siglo XX.

A propósito de la obra “Cantos y Sombras”, Berta Lucía Estrada destaca la musicalidad de los tam-tams y el diálogo entablado con su tierra natal. “La música le sirve a Sédar Senghor para cantarle a su África bien amada, a esa mujer mítica; madre de las tribus que viven en las planicies o en los desiertos o en la jungla; la creadora de la vida y la receptora de la muerte. En ella confluyen el principio y el fin”.

Así pues, el tiempo no ha tenido otros efectos que de reforzar el lugar destacado de una obra ineludible. Cantos de sombra ha sabido envejecer y mantener el magnetismo imprimido por un poeta entregado a su continente. Los 70 años de la obra dan fe de los pasos que ha dado –y sigue dando- la literatura de un continente destinado a revolucionar nuestras formas de sentir y contar la vida.

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier

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