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Dak’ART 2016: la Ciudad en el Día Azul

Angela Rodríguez Perea 12 mayo, 2016

Cap Manuel, sur de Dakar; un enorme gigante de ladrillo y hormigón, de un geométrico estilo funcional, se impone al visitante como una aparición que espera tumbada de frente, callada e inquietante. Uno de sus muros llora las últimas letras en metal de lo que queda del Palacio de Justicia que un día fue. Justo abajo, se puede leer la temática de esta bienal, “La Cité dans le jour bleu“, seguido del título “Rencantamientos“. Anuncia  la magia de la exposición que alberga su interior, la muestra internacional gracias a la cual este fantasma arquitectónico ha recobrado vida y razón de ser. Junto con él, una serie de edificios emblemáticos de la capital senegalesa son utilizados dentro del programa oficial de la Dak’ART, que cumple 12 ediciones. Y un programa “off” incluye cerca de 300 eventos paralelos que se desarrollarán durante este mes de mayo y que hacen que la ciudad borbotee pompas de cultura por cada uno de sus rincones.

En medio de este esfervescente panorama que provoca la cita del arte africano, uno puede disfrutar el placer de sentirse como un barco de papel arrastrado por un mar picado, con olas de exposiciones, debates, fiestas o encuentros. afribuku ha tenido la oportunidad de acudir a Dak’ART como medio oficial. Hubiésemos querido poder multiplicarnos para poder aprovechar todos y cada uno de los eventos de esta primera semana profesional que acaba de pasar; con todo, taxi arriba, taxi abajo, hemos conseguido llevarnos un pedazo de la bienal de arte contemporáneo africano más importante del mundo. A continuación, nuestra crónica.

La bienal de la polémica

Durante el vernissage de Cheikh Ndiaye, en el jardín comunitario de Jet d’eau, nos encontramos con el legendario Issa Samb, el “artista total”, el icono de las artes plásticas en Senegal. Y le preguntamos qué es lo que piensa sobre la edición de 2016. “¡Digo que la Biennale ha dado un paso adelante!“, sentencia con el tono grave de un actor de teatro.

Muchos no están de acuerdo con él. La Dak’ART de este año está marcada por la polémica y la razón tiene nombre y apellido: Simon Njami, escritor, crítico de arte y comisario independiente que ha aceptado tomar la dirección artística de la Biennale, a última hora, rescatándola, si se nos permite el término, y para muchos, llevándola a un nivel nunca antes visto. Pero sus retractores critican sin descanso la organización, la elección de los artistas, los problemas logísticos, entre muchas otras cosas. Njami había manifestado al principio su voluntad de “salvar” la Dak’ART, que casi siempre ha basculado debido, sobre todo, a una desestructuración  que ha hecho a veces temer su completa desaparición. La mala gestión administrativa ha llevado a situaciones tan caóticas como, en el caso de la última convocatoria, el bloqueo de obras en el aeropuerto, trabajos que nuncan han sido devueltos a los artistas o salarios que sólo se han pagado años después. Pero el desafío primero de Njami, que cuenta con una larga trayectoria profesional, no es sólo el modificar las prácticas, sino revigorizar el contenido y la conexión con el público.

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Tal vez demasiado directo en la manera de expresar su opinión (como cuando declaraba que el presidente Macky Sall ha sido co-comisario al imponer Qatar como país invitado, que los propios lectores opinen sobre este tema), lo cierto es que su estilo franco y poco sonriente le han valido la enemistad de la mayor parte el mundo cultural senegalés. Se le ha llegado a tachar de advenedizo y de haber elegido a los artistas basándose en sus relaciones personales. Pero la muestra internacional habla por sí misma y, quizás porque hemos caído rendidos a su “encanto”, tendemos a pensar que el balance de la Dak’ART 12 es más que positivo.

Una Historia recuperada

Dak’ART es la única bienal dedicada al arte africano contemporáneo. Nació en 1989 como un acontecimiento consagrado a las letras hasta que, en 1992, las artes plásticas y visuales hicieron su entrada en escena, consolidándose ya en 1996. Promovida por el Estado senegalés – algo casi insólito en otros países subsaharianos, por desgracia- es la bienal más antigua del continente y sin duda el principal escaparate para la creación africana contemporánea, una cita que no sólo busca promover el trabajo de los artistas participantes, sino también aplicarse en el desarrollo de un discurso estético propio y de instrumentos teóricos respecto a las posiciones artísticas.

2016 es un año especialmente significativo, por cumplirse medio siglo del primer Festival Mundial de Artes Negras, el FEMAN, que en su día reunió en Dakar a personalidades de la talla de Duke Ellington, Aimé Césaire o Aminata Fall, entre muchos otros. En el origen de este festival, el presidente-poeta Léopold Sédar Senghor, al que el comisariado rinde homenaje a través de la temática: “La ciudad al azul del día”, extracto de un poema de Senghor. Es el sueño roto de las naciones que, tras despertar de “las independencias”, se encuentran con la pesadilla de una violenta y desoladora realidad poscolonial, como explica Simon Njami en una bella introducción al catálogo.

Recién salidos de un siglo que ha demostrado que el racionalismo no podía dar respuestas a todas las aberraciones acontecidas, el ser humano (y no sólo las naciones africanas) únicamente puede salvarse rindiéndose al “encantamiento”, al reencuentro con su propia esencia irracional y salvaje, pero a la vez lúcida, que sabe interpretar el mundo observando el presente para caminar hacia el futuro, construyendo. Las obras de la muestra “Rencantamientos” son así a la vez un espejo y una especie de exégesis de este mundo actual.

Dejarse rencantar

Como suele ocurrir con muchos artistas africanos, las temáticas abordadas por estos 66 creadores siguen orbitando en torno a la identidad y el poscolonialismo. Nada más acceder a las entrañas del Palacio de Justicia, la obra de Doutes Ndoye (Senegal) nos saluda desde la izquierda; es un collage hecho de recortes de periódicos sobre fondo azul, un tablero de noticias grises con un promesa de claridad, de ese día azul anunciado por Senghor. La luminosidad del patio central es interrumpida por el caballo de Lavar Munroe (Bahamas), que representa a un Don Quijote de cartón. Munroe desmonta la escultura pedestre utilizada como símbolo de poder para recomponerla con materiales “de hombre pobre“, encontrados en la basura. Ya bajo la luz del sol, la “colada” de Mouna Jemal Siala (Francia/Túnez) nos transporta a un universo intimista y familiar. En la ropa movida por la brisa, las fotografías plasmadas muestran imágenes de los borj tunecinos, residencias familiares tradicionales en vías de extinción. Estábamos muy emocionados por poder ver la nueva instalación de Kader Attia (Francia/Argelia). Con la delicadeza y sutilidad que lo caracterizan, Attia ha plantado una fronda de árboles metálicos que dan frutos con forma de tirachinas, como una metáfora de las revoluciones y las revueltas árabes, instigadas por la gente de a pie con los pobres medios encontrados a su disposición. Seguramente la estrella de la muestra a los ojos del gran público sea otra instalación, la de Victor Ehikhamenor (Nigeria), un cuarto azul para la oración, con espejo incluido, en el que el visitante puede sentir el arte de manera casi “física”. Para esta habitación, según explica el artista y escritor, se ha inspirado en los llamados “okoughele”, espacios utilizados por los más ancianos de la etnia esan para la reflexión y la toma de decisiones que afectan a la comunidad. Algunas antiguas salas de tribunal cobijan y potencian la fuerza de otras instalaciones, como la Última Cena de Bili Bidjocka (Camerún) o el trono del fénix de Fabrice Monteiro (Benín), cuyo contenido político se ve magnificado por el contexto.

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Entre los fotógrafos que nos han conquistado está por supuesto Sammy Baloji (RDC), con la serie “Ouakam fractals”, que resulta del estudio de la expansión urbana del barrio de Ouakam, en Dakar, provocada por la construcción del colosal -y controvertido- monumento al Renacimiento Africano. Las fotografías de “Terreno Ocupado” de Délio Jasse (Angola) se mostraban poco favorecidas por la escasez de luz, lo que no nos impidió apreciar el minucioso trabajo casi artesanal de su técnica. Uno de los nuevos nombres es el de Euridice Getulio Kala (Mozambique), que cuestiona la construcción de una identidad poscolonial a través de un elemento hoy tan banal como es el vestido blanco de novia que fue hecho famoso por la reina Victoria.

A falta de espacio para hablar de todos los artistas que nos han hechizado, rendimos un recuerdo especial a nuestro admirado Yassine Balbzioui (Marruecos), que no pudo estar presente en la cita por motivos personales. El artista de la máscara mostró una vez más que es posible utilizar el humor en el contexto más serio del arte y, con sus gamberros carteles de películas en los que él mismo aparece, consiguió arrancarnos una amplia sonrisa.

Dak’ART en Off

En total, algo más de 270 proyectos paralelos florecen en el Off, a la sombra del programa oficial, con el que tienen una relación compleja de amor-odio, por una parte pidiendo inclusión y por otra reclamando independencia. Este año, además, la temática “Contours” (contornos) propuesta por Simon Njami coloca a una serie de eventos en un limbo entre el In – la biennal oficial- y el Off, agrupados en el llamado programa Urbis. Dentro del mismo, por primera vez aparece el proyecto Afropixel en la guía oficial. Afropixel, impulsado por el centro Kër Thiossane, se erige prácticamente como un festival en paralelo, con un asombroso número de propuestas, entre los cuales debates y talleres de su fablab Defko Ak Niep se suceden a ritmo vertiginoso. Llegado desde el MediaLab del Prado, el proyecto itinerante Grigipixel se ha replicado en este centro situado en SICAP, para continuar sus andaduras por Bamako, Lomé, Casablanca y vuelta a Dakar.

El programa Off ha sido publicado por la organización de la bienal tarde, una vez todo comenzado, y no ha sido fácil hacerse con él, hasta que por fin su web ha estado completamente operativa, lo que ha motivado más críticas. Una de las novedades de este año es la primera Feria Africana del Libro de Arte, coorganizada por Pascale Obolo, de  Afrikadaa. Invitados por la comisaria independiente Koyo Kouoh, la revista presentó el contenido su última y deliciosa edición en el nuevo espacio de Raw Material Company, con una instalación producida por el artista jamaicano Satch Hoyt. Tras un año sabático, Raw Material ha vuelto a abrir sus puertas poniéndose manos a la obra sin perder un segundo, abriendo con un ciclo de discusiones conducidas bajo el nombre “Decolonizing Knowledge – Artists talk to philosophers” (Descolonizando el conocimiento – los artistas conversan con los filósofos). Dak’ART 12 fue también la ocasión de presentar el segundo volumen de la revista sobre arte no occidental PR?TOCOLLUM, dirigida por Safia Dickersbach y en cuya edición nuestro equipo ha tenido el honor de colaborar. Otra de las revistas más prolíficas sobre arte contemporáneo africano producida desde Europa, Contemporary &, organizó una fiesta en la que, entre muchos otros, pudimos reencontrarnos con nuestro querido Bonaventure Soh Bejeng Ndikung, director de Savvy Contemporary (Berlín). Por encima de un soundsystem que inundaba con Afro House y R&B, el camerunés dictaminó a nuestro oído: “¡Esta es la mejor edición de todas!“. Además del claro celeste del día, la noche también se cubre este mes por el azul de la bienal, agitada por proyectos como Afrosiders, Electrafrique u Okayafrica, que se han apropiado de espacios como la antigua Estación Ferroviaria de Dakar, spot central de muchos eventos en donde, precisamente hoy 12 de mayo, actuará en concierto nuestro ya conocido Elom 20ce junto a Keziah Jones, DJ Cortega y muchos otros. Al rapero togolés pudimos verlo fuera de su actividad habitual, la música, en una performance que rendía homenaje al desaparecido fotógrafo congoleño Kiripi. La performance, así como una serie de instalaciones de artistas internacionales, ha sido promovida por la institución IFAA, en colaboración con las asociaciones KAANI (danza) y Yataal Arts.

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Dak’ART Off tuvo también un hueco para la presencia española. En una especie de oasis en medio del barrio de Plateau, el casi pintoresco hotel Villa Racine, la galería bilbaína Kalao Panafrican Creations presentó la obra de Cheikhou Ba (Senegal), en colaboración con la Embajada de España en Dakar. La exposición de Kalao, que ya había pasado por Bilbao, rinde homenaje a Rafael Padilla, el payaso “Chocolate” de la ciudad vizcaína cuya historia ha sido llevada al cine, no sin ser previamente colada y alterada por momentos. El Aula Cervantes de Dakar, en la Universidad Cheikh Anta Diop, propuso la muestra “Mother Tongue” (lengua materna), temática para la que artistas de República Dominicana, Colombia, Estados Unidos y Senegal realizan una interpretación personal. Una de las propuestas que más destacó en esta primera semana fue la serie de Video Mappings, proyectadas durante tres noches en diferentes puntos de la ciudad. Pudimos disfrutar de las proyecciones en el Ayuntamiento y en el centro de Medina, esta última concebida por un equipo con el creador español Fausto Morales Gil a la cabeza. Fue sin duda uno de los hitos: llevó el espectáculo a la calle, acercando la cultura a ese público que la Dak’ART, esa “señora anciana” como la llamaba Simon Njami, necesita volver a conquistar.

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Más información:

Sitio oficial de la Bienal de Dak’art

Web y aplicativo de Dak’art Off

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Fotos © Ángela Rodríguez Perea / afribuku

 

 

 

 

 

 

 

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5 Comments

  1. Midodji 12 mayo, 2016 at 18:24

    Trabajo muy profesional, como si estuviera Dakar. Gracias Afribuku!!!

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