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La templanza de Gabriel Eklou

Javier Mantecón 6 marzo, 2013

La escena plástica africana y más concretamente la pictórica siempre se ha contemplado desde Occidente con cierta condescendencia. Es difícil encontrar artistas africanos en las galerías más punteras de la escena internacional, excluyendo su vertiente antropológica y por tanto separando cualquier propuesta plástica “seria” de la curiosidad étnica del continente negro. Lo costoso en tiempo, recursos y promoción del arte plástico africano ahoga a muchos talentos incipientes que en la mayoría de los casos se ven superados por la dificultad de su entorno. En dicho contexto el artista plástico africano tiene tres opciones: 1. Abandonar su carrera artística. 2. Lanzarse al mercado previsible y casi nunca formado de la venta al turista o 3. La menos probable, continuar su propio camino.

En Ghana, país que ha sufrido un auténtico boom de inversiones extranjeras y, por tanto, visitas cortas cargadas de dólares, la opción del arte turístico barato y de baja calidad se ha extendido como la pólvora. La escena plástica pues, ante esta demanda, ha crecido por su propio interés. Pero la cantidad no implica calidad y pocos artistas, que aunque también se benefician del poder adquisitivo de los extranjeros, escapan a esta explosión de creatividad artificial que produce obras de arte como modelos de Ford T. Gabriel Eklou sin duda es uno de ellos.

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Nacido en Ghana y de etnia ewe, Gabriel Eklou crece entre tres países, Togo, Benin y Ghana. Sus padres, de nacionalidad togolesa y ghanesa educan a su hijo en dichos países reproduciendo la historia de muchos africanos, en la que la movilidad entre países representa la normalidad más absoluta. Ya desde joven demuestra su talento apoyado por su entorno más cercano, realizando las ilustraciones en la pizarra que los profesores necesitaban en la lección del día. Poco a poco, el joven Eklou se comienza a dar cuenta de sus posibilidades y pronto decide vender pequeñas tarjetas con sus primeras pinturas. Tras pasar una breve etapa como agente turístico, Gabriel Eklou decide dedicarse íntegramente a su capacidad creativa. A partir de este momento Eklou, que continua con su formación artística de manera autodidacta, decide apostar por expresar su entorno de una manera más grandilocuente y expresiva. Es en este momento cuando comienza a ganar cierta notoriedad en su país, exponiendo en centros como el Artist Alliance en Accra o en el Centro Cultural Francés en Lomé.

A partir de este momento Eklou entra a consolidar su carrera y su propuesta, definiendo su trazo y su universo cromático y figurativo. En él encontramos formas suaves y colores apastelados (terrosos y acuáticos) y muy limitados que plasman su realidad urbana y rural. Será en sus obras más centradas en la vida en la ciudad en las que encontraremos temas relacionados con el bullicio y la actividad humana desarrollada en este tipo de entornos y, consecuentemente, un estilo formal más afilado y agresivo. Sin embargo, en sus lienzos de temática alejada de la gran urbe su trazo se suaviza y sus obras ganan en espacio, respirando el aire que ofrece la vida en el campo. Utilizando una paleta cromática corta pero extremadamente expresiva, Eklou nos transmite ante todo una sensación de calma y tranquilidad incluso en los momentos más estresantes de la ciudad.

Kasoa Market

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Su estilo que ha ido perfilándose con cada vez más personalidad a lo largo de los años, estilizando aún más sus líneas y acotando sus colores, hasta encontrar y reducir su lenguaje, en muchos casos, a una dimensión  bicromática. Es este sello distintivo único el que ha permitido a Gabriel Eklou exponer en países como Dinamarca, Canadá o España, en donde estuvo presente en su feria de arte más importante: ARCO en el año 2008.

Una vez encontrado su propio estilo Gabriel Eklou no ha cesado de crear, consolidando su carrera dentro y fuera de las fronteras de los tres países que le vieron crecer como artista. La serenidad y la templanza que transmite su propuesta artística es de agradecer en ese maremágnum expresivo que supone la escena plástica internacional que en muchas ocasiones busca más llamar la atención durante cinco segundos, que el disfrute de la obra propia. Eklou se aleja diametralmente de este hecho dejando respirar al observador. Una formalidad sencilla, que no simple, que nos libera del incesante flujo de estímulos que recibimos cada segundo de nuestra vida. En definitiva, arte relajante.

The revolution

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