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Algunas ideas sobre lo que un ciudadano puede hacer con 26 letras

Invitado 18 junio, 2013

Autora Invitada: Ángeles Jurado *

La escritura puede hacer que una sociedad sea diferente”, dice un tipo alto, negro, con gafas y chiva, el pelo indómito y tupido formando una aureola alrededor de su ancho y franco rostro. Está en la Casa Árabe, en Madrid. Anochece fuera y un aire caliente, cargado de polvo, contaminación y polen, cerca el edificio. A unos pasos de Casa Árabe, mientras la gente cena en su patio acotado por la circulación y las verjas, bulle la Feria del Libro.

Frente a ese tipo alto y negro se alza un ejemplar de Tiempo de perro, su única novela traducida al español. Un texto que ya tiene más de diez años y que casi no reconoce, empeñado ahora en rescatar la historia de las tensiones fratricidas en su país desde la I Guerra Mundial a la guerra civil de los sesenta y setenta del siglo pasado. Es bamileké y camerunés. Afirma que piensa en alemán, escribe en francés y enseña literatura en inglés. Se llama Patrice Nganang.

La escritura puede cambiar la vida y la escritura está democratizada hoy en día. Todos somos escritores.

Patrice Nganang llegó a Madrid desde Nueva York, donde vive e imparte sus clases, vía Bruselas. Apenas tres días después de la charla en Casa Árabe voló de nuevo a su hogar en Estados Unidos, el país en el que vive desde hace 13 años. Antes de Estados Unidos, le acogió Alemania durante casi una década. Llegaba de un Yaundé que se amodorraba en los trópicos, aparentemente inalterable en el espacio y el tiempo. Fue salir del país y empezar a escribir. Corría el año 1993. Tecleaba sus ideas en su primer portátil casi a trompicones. Patrice Nganang surge en una familia con siete hermanos, hijo de un periodista. Por eso, quizás, le obsesiona lo que un ciudadano puede hacer con los 26 caracteres del alfabeto francés.

Casa Árabe / Alberto Gallego

___Foto: Alberto Gallego/ Casa Árabe

La gente descubre la palabra en el bar. Primero aprende a hablar de la madre y después el alfabeto en la escuela, pero descubre la palabra como acto cívico, la Constitución y demás en el bar. La escritura puede cambiar la vida y la escritura está democratizada hoy en día. Todos somos escritores. Todos nos paseamos con nuestros móviles escribiendo. Es significativa, tiene consecuencias que pueden medirse”, opina. Defiende la combinación de alfabeto más valor más voluntad para lograr la libertad. Y se define, a continuación, como corredor de maratón de la escritura frente al periodista velocista.

La charla de Patrice Nganang en Casa Árabe no rozó apenas las esquinas de Tiempo de perro. Tampoco se hizo eco del excepcional momento de la narrativa africana actual. Se centró, de manera precisa y despiadada, en la obligación de todo ciudadano de utilizar la palabra para vivir su ciudadanía. Su mensaje: hay que usar la escritura con fines políticos. De paso, recordó que África es el único continente donde todavía se dan guerras civiles, genocidios y golpes de estado, donde la gente mata y muere por unas elecciones. Y lanzó una llamada de auxilio al internacionalismo de izquierdas y a la gente de buena voluntad para sacar África adelante. “El África francófona es el último bastión de la opresión, de la tiranía. Los países más pobres de la tierra hablan francés. La economía francesa vive de África”, nos recuerda antes de reivindicar algo de dignidad para su continente.

El África francófona es el último bastión de la opresión, de la tiranía. Los países más pobres de la tierra hablan francés. La economía francesa vive de África.

Heredero de Ibrahim Njoya, un sultán camerunés que creó un alfabeto y escuelas, todo abolido y condenado al olvido por los poderes coloniales, Patrice Nganang también se rodea de colaboradores. En su caso, no son escribas ni calígrafos sino activistas, estudiantes, abogados y periodistas de todos los colores y tendencias, que le ayudan a hacer cibercampañas con incidencia real en las vidas de la gente: Enoh Meyomesse, Paul Eric Kingue o Bertrand Tayou.

Para Nganang, la escritura “se implica en las batallas cotidianas”. Quizás esta forma de pensar la literatura y la escritura como armas pacíficas para lograr fines cívicos parta precisamente de la época en que se desarrolla Tiempo de perro, los 90 del siglo pasado. Nganang pasó los 80 en la calle, dos años blancos mediante, con la universidad cerrada y el país sumido en la agitación social. Recuerda que eran los tiempos de la unicidad: un solo presidente, una sola cadena de televisión, un solo periódico, una sola universidad. La revuelta y el descontento se extendieron a los 90, precursores quizás de las Primaveras Árabes, aunque sin éxitos visibles. Esos años de efervescencia en las calles de Camerún y de otros países africanos marcaron al escritor.

El escritor durante el ciclo de Letras Africanas de Casa África, con motivo de la Feria del Libro de Madrid

El escritor durante el ciclo de Letras Africanas de Casa África, con motivo de la Feria del Libro de Madrid

Hoy la batalla se traslada a la tecnología y el ciberespacio. Lo dice un hombre permanentemente conectado a internet, que no cesa de provocar en sus mensajes de facebook, con puñaladas directas al tribalismo, la dictadura, la corrupción y Francia, aunque sueña con el día en que los africanos dejen de hablar de esa elegante madrastra que amorosamente les asfixia. “La penetración de internet en Camerún es muy baja, apenas un 1 %, así que tenemos que usar multiplicadores para que nuestro mensaje llegue a todos los cameruneses: periodistas de los medios tradicionales, activistas, estudiantes”, afirma Patrice Nganang.

Optimista frente al futuro, planea el próximo viaje a su país, que pisa todos los años. Todos los años también pisa sus cárceles y sus escuelas para tomar el pulso de la realidad cotidiana. Y usa las palabras. Palabras que salen de apenas 26 caracteres y que cambian vidas. Palabras que no pueden gastarse inútilmente, que liberan, que sirven a la paz, que avanzan a pesar los pesares.

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*Ángeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007 y escribe en el blog  África no es un país  del periódico El País.

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