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Un relato de “Taxi” de Khaled el Khamissi (Egipto)

Alejandro de los Santos 5 febrero, 2012

Hoy publicamos un precioso capítulo de la obra “Taxi” de Khaled el Khamissi (El Cairo, 1962).

La capital de Egipto es conocida mundialmente por el tráfico caótico que inunda sus calles. Gran parte de la vida de sus ciudadanos transcurre dentro de transportes que pueden permanecer estancados en embotellamientos durante horas. El taxi es el espacio donde muchos egipcios pasan parte de sus vidas, y donde comparten innúmeras conversaciones con los taxistas. Estos relatos apasionantes del día a día en la capital de Egipto revelan la idiosincrasia, las frustraciones y las preocupaciones de una sociedad exhausta de una dictadura que se ha perpetuado en el poder durante casi 30 años. “Taxi” está publicado en español por la editorial Almuzara.

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Ramadán. Poco antes del cañonazo que avisa de la ruptura del ayuno. Llevo un cuadro grande y estoy esperando que aparezca un taxi, aunque sea caído del cielo. Como el cañonazo es dentro de diez minutos, es difícil encontrar un taxi a esta hora. Pero la Divina Providencia me envió un ángel la Noche del Destino. Era en realidad un ángel negro, de alas negras, proveniente del negro sur, del lugar más bonito de Egipto: Aswan. Tenía un corazón negro, el color de la pureza, de la autenticidad y la belleza.
–    El cuadro es muy grande, no va a caber en el asiento de atrás. ¿Quiere que lo ate a la baca?
–    No va a dar tiempo para llegar a la ruptura del ayuno.
–    No va a pasar nada porque nos retrasemos unos minutos.
Así que el ángel negro se bajó para asegurar el cuadro en el techo del coche. Después de atarlo, nos pusimos en marca con calma, sin prisa. Era un hombre que no llegaba a los sesenta, de facciones tranquilas, y tenía una voz dulce.
–    ¿Es usted pintor?
–    No, no lo soy. Es que estaba en casa de una amiga que es pintora.
–    ¿Pinta retratos o paisajes?
–    La verdad es que no estoy seguro. Es una pregunta muy técnica. ¿Eres pintor?
–    Antes me gustaba mucho la pintura; ¡ay! Solía pintar.
–    ¡Solías! ¿Y por qué lo dejaste? – me interesé.
–    Uf, yo he dejado muchas cosas. A medida que pasa el tiempo uno deja atrás cosas a las que es imposible volver. Las manillas del reloj sólo avanzan hacia delante.
–    ¿Y después de que dejaras la pintura?
–    La vida es una carrera muy larga en la que hay que correr, y yo he corrido mucho. He viajado por el extranjero y dentro del país. He ido a España, a Alemania, a Francia; allí me quedé una temporada. Trabajaba como mensajero en una oficina de una empresa egipcia. Los domingos iba al Museo del Louvre, porque ese día la entrada era gratuita. La cultura es para todos. Me sentaba todo el día y disfrutaba. Me gustaba mucho el cuadro de David sobre la coronación de Napoleón. Tiene unos detalles extraordinarios y una iluminación preciosa. Es un cuadro de dimensiones enormes, como de diez por seis metros, que fue pintado en 1805. Y como puede ver, seguí corriendo y aquí estoy, llevándolo a usted.
–    Si te gusta tanto la pintura, tienes que pintar.
–    Hay cosas que me gustan mucho. Yo me gasto todo el dinero en mis aficiones. Trabajo en el taxi unas cuantas horas y paso el resto del día en mi casa; no salgo de ella. Es mi nido, lo único que tengo en el mundo. Intento que sea un nido cómodo. Vivo en un bajo en Qatemeyya y hay un jardín frente a mi casa. Yo lo considero mi jardín, trabajo en él todos los días. He plantado madreselva, hiedra, dieffembaquia y buganvillas. También he plantado hibiscos de flor roja, que se cierran de día y se abren de noche. Y me encantan los pájaros: tengo una jaula grande en la que hay veinte. Ayer tuve una bronca enorme con mi mujer porque compré una pareja de pájaros por doscientas cincuenta libras. Vienen de Brasil, son muy bonitos y muy dulces, pero escasean en Egipto. ¿Cómo he sido capaz de pagar esa cantidad por un par de pájaros? Tengo también peceras con peces fantail y guppy. Estoy haciendo un rincón árabe sobre el suelo, y a mi alrededor están las peceras y los pájaros. Enfrente tengo la ventana y veo el jardín. Me siento como si estuviese en un paraíso, lejos del infierno de El Cairo.
–    ¡Pero qué maravilla!
–    Que Dios le bendiga. Sepa usted que cuando estoy en mi casa, estoy fuera del espacio y del tiempo. Mis ojos están en los peces y mis oídos con el trino de los pájaros, y por la noche respiro el aroma de la madreselva. Un día tiene que hacer el honor de visitarme.
Me habló de jardinería, de arte, de peces, de pájaros, de belleza; era una enciclopedia de todos estos temas. ¿De dónde había sacado todo ese conocimiento? Se quejó de su hijo, que desea conseguir todo sin esforzarse nada, y de lo ignorante que es. Recordó cómo solía ir con sus compañeros todas las noches a clases de refuerzo de lo que fuera. Criticó, también, estos tiempos, que han moldeado a su hijo de esta forma.
Este ángel negro dejó un sabor azucarado en mi boca, el aroma de la madreselva en el alma y por primera vez, desde hace tiempo, me hizo romper el ayuno con calma y sin prisas, meditando sobre todo lo que hay a mi alrededor.
Al final, me hizo intentar convertir mi hogar en un nido como el que había descrito.
Pero, ¿dónde consigo unas alas como las suyas?

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1 Comment

  1. Elton M. Caldwell 30 abril, 2013 at 5:35

    Valencia, capital del estado Carabobo, podria decirse con sobrada razon, la ciudad de los pajareros. ¿Por que? Desde antaño en esta ciudad, la tenencia de aves en cautiverio ha sido y seguira siendo un hobby que no pasara de moda. Anteriormente se podian encontrar en cualquier casa, estoy hablando de 30-50 años atras, pajaros en jaulas y nunca podia faltar dentro de esa coleccion, Pico de Plata Negro, bien sea por su canto o por su extraña belleza o sus cualidades, pero, donde mas se concentraban los pajaros eran o es en la Parroquia San Blas, y en la Parroquia Santa Rosa. La primera en el centro de Valencia, y la otra buscando el sur de la misma y donde estaban los pajaros, estaban los pajareros. Siempre y por tradicion, aqui en Valencia, habian sitios, de los cuales ya quedan pocos o no quedan, donde se reunian los pajareros a guindar y a disfrutar del canto de sus aves. Siempre en la tarde, con la fresca, como se dice popularmente, iban llegando uno por uno, y cada quien escogia el mejor sitio para su pajaro. Siempre era en el frente de la casa de algun pajarero de vieja estirpe! Y asi entre charlas y anecdotas la tarde se iba poco a poco, al son de las notas de los Picos de Plata Negros que llevaban. Y eran cantos de verdad!Pajaros claros, claros, claros de verdad! Por la parte de San Blas, la cual es la parroquia donde vivo mas de 30 años, estaba una esquina que esta diagonal a mi casa de habitacion. Todos la conocian como la “Esquina de Medardo”, a quien tuve la fortuna de conocer. Ahi llegaban todos a guindar sus pajaros y a tomar las bebidas espirituosas que Medardo fabricaba: Coloradito, Menta, Hinojo, Malojillo, Berro y muchas mas.

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