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Una performance contada por dentro

Invitado 26 junio, 2013

Autora Invitada: Wana Udobang* (Nigeria) 

Hasta donde alcanzo a recordar, he sido siempre un conejillo de indias para los artistas, tanto haciendo de extra en las películas de la época de estudiantes de mis amigos Claire o Ghandi como en la instalación de Victor Ehikhamenor para su exposición “Entrances and Exits” (Accesos y salidas). Siempre he sido una dispuesta colaboradora. Es la razón por la que no pude negarme cuando la artista nigeriana-americana Wura-Natasha Ogunji me propuso formar parte de su performance titulada “¿Seguiré transportando agua cuando sea una mujer muerta?”. Su idea, según me explicó, consistiría en que yo y otras mujeres transportáramos barriles de agua atados a los tobillos, caminando por las calles del centro de Sabo, Yaba (Lagos), llevando vestidos cortos, conducidas por la propia Ogunji y con todo documentado por la realizadora y cámara Ema Edosio. Durante mis conversaciones con Ogunji me había explicado que estaba muy interesada en utilizar su trabajo para explorar la presencia de mujeres en espacios públicos. También mencionó su obsesión por el baile de máscaras Egúngún y su curiosidad por saber por qué a las mujeres se les había prohibido esta práctica.

Nuestros disfraces eran a la vez una oda y una rebelión al Egúngún, que Ogunji había denominado “Egúngún Futurista”. Se trataba quizás de nuestra propia manera de reescribir la narrativa de la cultura y la historia. Lucíamos minivestidos con capuchas y hombreras puntiagudas, de estilo espacial, cosidos con tela de Ankara y con pequeños orificios en nuestras máscaras para permitirnos ver. Y a los tobillos llevábamos atados barriles de plástico de 25 litros pintados con spray dorado y llenos de agua. Yo opté por arrastrar el mío con las manos, debido a mis débiles tobillos. El viaje empezó en el Centre for Contemporary Arts (CCA) en Yaba, a través de las carreteras traseras de la avenida comercial, hasta el destino final que era la casa de Wura. Yo no tenía ninguna expectativa más allá de que los conductores de autobús y los observadores sorprendidos nos mirarían boquiabiertos o nos lanzarían insultos. Sin embargo, la performance tomó para mí una dirección algo alejada de lo que la misma Ogunji había anticipado; sobre todo antropológica y sociológicamente en términos de participación-observación.

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Cuando empezamos, la gente nos miraba y observaba y algunos preguntaban qué es lo que estábamos haciendo. Un señor llegó incluso a dejar caer sobre mis hombros un billete de 100 nairas. Arrastrábamos los barriles, dejando atrás rastros de agua. El rozamiento del plástico con la carretera de alquitrán hizo que los contenedores empezasen a ceder. Aproximadamente unos 20 minutos después de iniciar nuestro viaje de unas dos millas, la gente paró de mirar, dejó de importarles lo que hacíamos, simplemente volvieron a sus tareas. Algunas de nosotras nos movíamos más rápido que las demás, por lo que al principio nos parábamos para esperar a que las demás nos alcanzasen. De la misma manera en la que los observadores perplejos habían parado de observarnos, nosotras empezamos a dejar de esperar y, durante las pocas veces en las que esto ocurrió, noté la impaciencia y agitación en el lenguaje corporal del resto de las participantes. Comprendí repentinamente que cada mujer tenía su propia carga que transportar hasta el punto de llegada y que existía de esta manera un sentimiento de cierta soledad durante el viaje.

La experiencia para mí fue más allá de una prueba de resistencia física, del dolor, el sentimiento de rebelión o incluso una pérdida de conciencia propia; más bien fue como vivir y respirar una metáfora. Arrastrar los pesados contenedores de agua a través de un espacio público se volvió un símbolo de las esperanzas, deseos y papeles que la sociedad le ha colocado a las mujeres. Más interesante es lo rápido que la curiosidad de los espectadores disminuyó y el darme cuenta de que me había apropiado de la carga que me habían colocado encima. Está por un lado, por supuesto, el elemento de egoísmo que macera entre nosotros; dejas de esperar porque te consumen las expectativas puestas en ti y deseas alcanzar la línea de llegada. Al final del viaje, no hubo un desfile de victoria ni una multitud aclamando; no hubo una vuelta a casa. Uno de los barriles de Ogunji tuvo una fuga durante el recorrido y, al llegar a la línea de meta, estaba vacío.

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¿Quién es Wura Ogunji?

Wura Natasha Ogunji es una artista visual  americana nigeriana, basada en Lagos y Austin. Trabaja una gran variedad de formatos, desde el papel hasta el audiovisual. En sus vídeos y performances, explora  a través de su cuerpo el movimiento y las trazas que éste deja en medios tan diversos como el agua, el aire o la tierra. Ha sido galardonada por instituciones tan renombradas como la Fundación John Simon Guggenheim Memorial, la Idea Fund o la Pollock-Krasner Foundation. Ha presentado sus trabajos en el Centre for Contemporary Art (Lagos), The Menil Collection (Houston) y la Pulitzer Foundation for the Arts (St. Louis).

Más información en la web de la artista: http://www.wuraogunji.com

Y en su blog: www.goldeniron.blogspot.de

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*Wana Udobang  es una periodista y escritora nigeriana que se declara una enamorada de la cultura. Ha escrito para medios como Huffington Post, Contemporary andNEXT, FAB, BellaNaija o Premium Times. Actualmente trabaja como presentadora de radio en la cadena 92.3 Inspiration FM de Lagos. También dirige la web cultural Guerrilla Basement junto a la escritora Tahirah Abdulazeez.

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de la periodista, WanaWana.net,  y ha sido traducido en exclusiva para su publicación en afribuku. 

 

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