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Cómo el cine indio moldeó la cultura urbana de África del este

La influencia de la población asiática del este de África en la cultura cinematográfica de la región ha sido poco reconocida, a pesar de que el cine indio moldeó durante décadas los paisajes urbanos, la moda, las imágenes populares y diversos géneros musicales de la zona. De Nairobi a Kampala y a Zanzíbar, el cine indio transmitió conocimiento, unió a familias, y dio pie a numerosos sueños y evasiones, especialmente durante los años 60, 70 y 80, período considerado como la edad de oro de la cultura cinematográfica india en la región.

Autora: Rasna Warah

En un momento en que el «distanciamiento social» se está convirtiendo en la norma como consecuencia de la pandemia del coronavirus, puede resultar autoindulgente recordar un período en el que ir al cine era una característica habitual de la vida de la población asiática de África Oriental. Quizá ahora que el mundo está cambiando, y que cada vez más gente ve películas en casa a través de Netflix y otras plataformas, es importante documentar lo que se ha perdido en la guerra contra el COVID-19 y con el advenimiento de la tecnología. Una de ellas es la emoción de ir al cine con la familia.

Lo que también se ha perdido es una cultura urbana especialmente arraigada dentro de la comunidad de los asiáticos meridionales de África del este, para quienes ir al cine era parte integral del tejido social de una minoría económicamente exitosa.

Quienes pasen por la famosa rotonda del Globe Cinema, que a menudo se identifica con carteristas y niños de la calle, se sorprenderán al saber que el Globe Cinema (que ya no muestra películas pero se usa para otros propósitos, como encuentros religiosos) fue en otra época para la comunidad asiática de Nairobi el lugar donde había que ir un domingo por la tarde. Recuerdo bien ese cine porque en la década de los 70 mi familia solía ir allí a ver el último estreno del cine indio, o para ser más específicos, hindi (India también produce películas en idiomas regionales como telegu, bengalí y punjabi), las películas más taquilleras de un domingo a las seis de la tarde. El domingo era el día del cine para mi familia, e ir al cine era un ritual que todos esperábamos. El Globe Cinema era considerado uno de los cines más «elegantes» de Nairobi; no solo era el más lujoso de todos, sino que también tenía la mejor acústica.

Como escribe el veterano periodista Kul Bhushan en una edición reciente de la revista Awaaz (dedicada en su totalidad al cine indio en África Oriental desde principios de 1900 hasta la década de los 80), «Encaramado en una colina con vistas a la rotonda de Ngara, el Globe se convirtió en la primera opción que tenían cinéfilos para asistir a los estrenos [indios], y se convirtió en el lugar para comerse con los ojos y ser comido con los ojos por viejos y jóvenes «.

El cine indio fue, y es, la principal fuente de conocimiento sobre la cultura india entre la comunidad asiática del África oriental. Los primeros inmigrantes indios tenían poco contacto con la patria, los viajes de regreso a casa no solo eran costosos, sino que el viaje por mar desde Mombasa a Bombay o Karachi duraba varias semans. (Con la independencia en 1947, el subcontinente indio se convirtió en dos países, India y Pakistán, de ahí la referencia a los indios de África Oriental como «asiáticos»). Así que confiaron en el cine indio para aprender más sobre las costumbres y tradiciones del país que ellos o sus ancestros habían dejado atrás.

El cine Embassy de Kenia

La exposición a las lenguas y a la cultura indias a través del cine fue una de las formas que los indios en el extranjero o en la diáspora encontraron para conservar su identidad, además de aprender sobre sus tradiciones y costumbres. Yo conocí el festival de primavera de Holi y a diosas como Durga viendo cine indio. También aprendí hindi, o más bien indostaní, una mezcla de hindi (que se basa en el sánscrito) y urdu (que también se basa en el sánscrito pero que toma muchos préstamos del persa y el árabe), que es la lengua franca del norte de la India y de Pakistán, y que es a su vez el idioma más utilizado en el llamado cine hindi.

Por otro lado, la cultura sexista retratada en la mayoría de las películas indias también reforzó la discriminación sexual entre los asiáticos de África oriental. La idea de que las mujeres están subordinadas a los hombres y de que es la mujer la que debe sacrificar sus propias necesidades y deseos por el “gran bien” de la familia/comunidad, era y sigue siendo dominante en el cine indio. Las historias de amor retratadas en las películas, donde jóvenes tortolitos desafían las expectativas sociales y trasvasan las barreras de clase, religión o casta, no debían ser emuladas; eran consideradas puro entretenimiento y no reflejaban una sociedad en la que los matrimonios concertados eran y siguen siendo la norma. Escuché muchas historias de cómo si una mujer asiática se atrevía a cruzar barreras raciales, religiosas o de casta, sería severamente reprendida o estigmatizada.

Ver cine indio era también una forma de estar al día de la última moda. Los hombres y las mujeres intentaban copiar a menudo los peinados y la ropa de sus estrellas de cine favoritas. Cuando se estrenó la exitosa película Bobby en 1973, muchas chicas adoptaron el peinado de la actriz principal (que apenas tenía 16 años cuando protagonizó la película) Dimple Kapadia. (En esa época yo tenía una blusa que era una réplica de la que llevaba la actriz en la película). Cuando la célebre estrella de cine Sharmila Tagore se atrevió a llevar un bañador revelador en Una noche en París, película de 1967, abrió la puerta a que muchas mujeres indias decidieran ir a nadar sin cubrirse por completo.

Dado que la música a menudo definía el éxito de las película, los mejores cantantes como Lata Mangeshkar, Kishore Kumar y Muhammad Rafi, eran muy respetados y la gente en Nairobi acudía en masa a ver sus actuaciones en directo. La riqueza y la opulencia estuvieron completamente en juego durante estos eventos.

El Cine Shan de Nairobi, Kenia

La edad de oro

Los años 60, 70 y 80 se describen a menudo como la Edad de Oro del cine hindú/indio. Nairobi, Mombasa y Kisumu, donde había grandes concentraciones de población asiática, disponían de muchos cines dedicados a proyectar cine realizado en Bombay (ahora Mumbai), conocido popularmente como Bollywood. Este fue el momento en que actores y actrices como Rajesh Khanna, Hema Malini, Amitabh Bachchan y Sridevi se convirtieron en superestrellas.

Los cines en Nairobi estaban siempre llenos, sobre todo los fines de semana, cuando las familias asiáticas acudían en masa al Shan en Ngara, al Liberty en Pangani, al Odeon o al Embassy, en el centro de la ciudad. (A excepción del cine Shan, todos los demás ya no son salas de cine, ahora se utilizan para otros fines. El Shan fue rescatada de la decrepitud por el Sarakasi Trust, que cambió su nombre a The Dome; y ahora se utiliza para la realización de actividades culturales). Con el paso de los años, un número creciente de africanos comenzó a ver películas indias. Oyunga Pala, el curador en jefe de The Elephant, recuerda haber ido al cine Tivoli en Kisumu, donde vio por primera vez a Amitabh Bachchan en acción.

El Odeon Cinema

“Justo al lado del Liberty Cinema estaba ubicada la clínica de un médico indio muy famoso”, recuerda Neera Kapur-Dromson en un artículo publicado en la edición sobre cine indio de Awaaz. “La pequeña sala de espera siempre estaba abarrotada de pacientes. Pero eso nunca le impidió tomarse largos descansos para disfrutar de algunas escenas de la película que se estaba proyectando… «

Pero para los niños y niñas adolescentes asiáticos de Nairobi, el lugar donde había que ir los domingos por la noche era el cine Belle Vue Drive-In en Mombasa Road. Los jóvenes asiáticos hacían alarde de sus coches (más bien de los padres) y las mujeres jóvenes exhibían la última moda, todo con la esperanza de captar la atención de una posible pareja. La comida se compartía, y a veces incluso se cocinaba, en las ligeras pendientes de los aparcamientos. Ir al Drive-In era como ir de picnic. Y a medida que las luces se atenuaban, los voluminosos altavoces se ponían a todo volumen para que todo el mundo (generalmente el padre, la madre y tres o cuatro niños en el asiento trasero) dentro del automóvil o junto a él, pudiera escuchar los diálogos. También el cine Fox Drive-In de Thika Road fue un lugar popular, pero principalmente dentro del público más joven que prefería ver las películas de Hollywood, que era allí lo habitual.

Lo mismo ocurría en Kampala. Vali Jamal, recordando sus días de juventud en la capital de Uganda, dice que la escapada de los domingo al Drive-In era el único momento en que había atascos en Kampala. «Idi Amin quedó una vez atrapado en uno de ellos, mientras conducía de regreso a Entebbe, junto al ministro de Asuntos Exteriores Wanume Kibedi», escribe. «¿Dónde estamos?», dijo el presidente, «¿En Bombay?». Y se produjo la expulsión «.

“Bueno, no quiero exagerar, pero los domingos se mostraba la riqueza del sur de Asia acompañada de ideas excluyentes, y no olvidemos que esas dos variables, la desigualdad de ingresos y la arrogancia racial, influyeron mucho en la decisión de Amin de expulsarnos «, afirma Jamal. (En agosto de 1972, el presidente Idi Amin expulsó a más de 70.000 asiáticos de Uganda).

Conversaciones urbanas

En su libro, Reel Pleasures: Cinema Audiences and Entrepreneurs in Twentieth Century Urban Tanzania, Laura Fair describe cómo los eventos de los domingos por la tarde se convirtieron en el centro de las conversaciones urbanas entre la comunidad asiática de Tanzania. Eran puntos de encuentro, al igual que los templos, las mezquitas o las iglesias, donde la gente buscaba autoafirmarse.

Al igual que en Kenia, los espectáculos dominicales de Tanzania fueron eventos de unión familiar y comunitaria. “Las salas de cine no eran pedazos de ladrillo y de cemento sin vida; resonaban con alma y espíritu. Eran lugares que daban sentido a las vidas individuales, espacios que daban vida emocional al pueblo. Durante varias generaciones, los cines fueron fundamentales para la construcción de comunidad ”, sostiene el autor. Así pues, el cine indio desempeñó un papel integral en la vida social de la comunidad asiática meridional del África oriental.

El Cine Regal

Todo comenzó en la década de los 20, cuando Mohanlal Kala Savani, un comerciante textil, importó un proyector de manivela y comenzó a proyectar películas indias mudas en un almacén alquilado de la ciudad costera de Mombasa. En 1931, cuando dos hermanos, Janmohamed Hasham y Valli Hasham, construyeron el Regal Cinema, empezó a alquilar el lugar para proyectar películas en hindi. Dos años más tarde, construyó su propio Majestic Cinema con 700 butacas en Mombasa, donde mostraba películas indias y también presentaba espectáculos en directo.

El difunto Mohanlal Savani era un hombre de visión, recuerda su hijo Manu Savani en un artículo que relata cómo su padre expandió el acceso al cine en África Oriental. “Con el paso del tiempo, el Majestic se convirtió en un cine de referencia en la costa de Kenia. Los propietarios del Majestic también se convirtieron en distribuidores de películas de verdad, con vínculos que se extendían, para empezar, a Uganda y [lo que antes se conocía como] a Tanganica”.

Las estrellas más famosas del cine indio empezaron a servir de adorno en estas salas, con el fin de aumentar el número de espectadores. Entre ellos destacaron el legendario Dilip Kumar, un rompecorazones de la década de 1950 cuya interpretación de amante no correspondido hizo palpitar a muchos, y Asha Parekh, que se hizo famosa por historias trágicas de amor como Kati Patang.

Dharmendra y Asha Parekh

El cine indio tuvo un gran éxito no solo en Kenia, sino también en la vecina Zanzíbar, donde la vida nocturna urbana estaba dominada por las películas indias. Muchas melodías de la música taraab provienen directamente de las películas indias de mayor éxito. A diferencia del cine occidental (a menudo denominadas cine inglés), las películas indias apelaban a la sensibilidad de los swahili, centrándose en valores como la modestia, el respeto por los mayores y la moralidad. 

En Zanzíbar, Lamu y otras zonas costeras donde existía una segregación sexual estricta, se presentaban espectáculos especiales de zenana (solo para mujeres), en los que las mujeres se vestían con sus mejores galas para acompañar a otras mujeres a ver cine indio y egipcio. Para muchas mujeres asiáticas y swahili, el espectáculo vespertino de zenana era una oportunidad única para dejar de lado su existencia enclaustrada y soltarse el pelo, y también para encontrarse con amigos fuera de los confines de sus hogares. (Una vez, un miércoles por la tarde, cuando tenía unos ocho o nueve años, fui con mi abuela a un espectáculo solo para mujeres en el cine Shan de Nairobi y puedo decirles que durante el espectáculo se veía menos cine de lo que se conversaba y se cotilleaba). 

Desgraciadamente, los viejos cines de Zanzíbar ya no existen, algo sorprendente pues la isla es la sede del Festival Internacional de Cine de Zanzíbar. El Cine Afrique, la única sala de cine en pie en Zanzíbar cuando visité la isla en 2003, era una tenue sombra del antiguo edificio, con el techo agujereado y los asientos rotos. Creo que ha sido demolido recientemente para allanar el terreno y construir un centro comercial. El Empire, otro cine famoso de la isla, es ahora un supermercado y el que fuera el impresionante Royal Cinema se encuentra en un avanzado estado de decadencia.

El antiguo Cine Teatro Majestic de Zanzíbar

El declive de las salas de cine

Hay muchas razones para el declive del cine indio en África oriental, entre ellas la piratería, la disminución de las poblaciones procedentes del sur de Asia y la tecnología que permite a la gente ver cómodamente películas desde sus hogares. La introducción de las multisalas en los centros comerciales también ha disminuido el atractivo de los cines independientes y ha hecho que ir al cine ya no sea tanto un “acontecimiento”, sino algo que se puede hacer mientras nos ocupamos de otras cosas.

El cine indio también ha evolucionado. El amor no correspondido, los dramas familiares, el bien contra el mal y el género del «joven enojado» popularizado por Amitabh Bachchan, temas recurrentes de las películas indias «masala» de los años 70 y 80, han sido reemplazados por tramas más sofisticadas y matizadas, tal vez en respuesta a la gran diáspora india en Occidente, que suele estar más interesada en tramas más realistas que reflejen sus propias vidas. Del escapismo del cine indio de antaño se ha dado paso al realismo, que hace que ir al cine sea menos “entretenido”.

Además, los actores y actrices indios obtienen cada vez más papeles en películas hechas en Hollywood, y las películas estadounidenses y británicas encuentran en la India un escenario o un tema cada vez más interesante para sus películas, como lo demuestra el gran éxito de obras como Slumdog Millionaire. Este hecho ha ampliado el alcance y la definición de lo que se suele entender como «cine indio».

Algunos dirán que el cine indio en realidad se ha deteriorado, con su tendencia hacia los bailes semipornográficos y las tramas que giran en torno a la angustia de la gente de clase alta. El llamado «cine de arte», producido por directores galardonados como Satyajit Ray y Shyam Benegal, que retrata la vida de los oprimidos y aborda importantes problemas sociales, o películas claramente feministas como Parama (dirigida por Aparna Sen), que explora el mundo interior de las mujeres indias, son pocas y distanciadas entre sí.

Pero como le podrá decir cualquier cinéfilo indio (y yo me incluyo en este grupo), la experiencia de ver una película india en un cine no se puede comparar con la de hacerlo en una pantalla de televisión o de un ordenador. El cine indio en su apogeo fue una fiesta para la mirada. Si querías entrar en el mundo mágico del cine indio, con bailes completos elaborados y bien coreografiados, música y emoción conmovedoras, había que ver películas indias en una sala de cine.

Por desgracia, esos tiempos están desapareciendo rápidamente debido al terrorismo, a la tecnología y ahora al COVID-19. Y junto a todo ello, la cultura urbana del este de África se ha perdido claramente para siempre.

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Traducción: Alejandro de los Santos

Artículo original publicado en Africa Is a Country

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