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Paulina Chiziane: «Mozambique nunca ha conocido momentos de paz»

Paulina Chiziane es la primera mujer africana en hacerse con el galardón más prestigioso de la literatura en lengua portuguesa: el Premio Camões. Es también la primera mujer mozambiqueña en publicar una novela en su país, Balada de amor ao vento, en 1990. Y toda una referencia de las letras femeninas africanas y del pensamiento feminista del continente. En esta entrevista, reflexiona sobre el porqué de recibir este premio, ahora, y qué significa hacerlo. 

Autora: Luciana Leiderfarb

Es la primera mujer que publicó una novela en su país. Y la primera africana en ganar el Premio Camões, en 2021. Ser todo esto le llevó a «¿Por qué ahora?». La respuesta ocupa toda su conversación con Expresso. En ésta, volvemos a los inicios y hablamos del rumbo del continente africano, de la autocolonización y de la colonización del lenguaje.

En Maputo, esta es la temporada de más calor. «Calor para que alguien se derrite», confirma Paulina Chiziane. Cosas que sólo permite el ciberespacio: a un lado alguien en Maputo pasándose un pañuelo por la cara sudada, al otro alguien en Lisboa resguardándose del frío, mirándose uno al otro. Paulina está fuera, en el jardín, derritiéndose, y el verde contrasta con sus ojos grises. Su hijo Domingos, al que llama «asistente», corrige la posición de la pantalla: ambos muestran la misma sonrisa. Paulina también tiene una hija y cinco nietos. Y 11 libros en un catálogo que traza un retrato de Mozambique, un país que aún busca su identidad.

En 2021, Paulina ganó el Premio Camões y volvió a marcar un momento histórico. Fue la primera mujer en publicar una novela en Mozambique, con Balada de Amor ao Vento en 1990, y la primera mujer africana en recibir el premio más prestigioso en lengua portuguesa. Amar la lengua no le impide a veces luchar contra ella, los conflictos con un léxico que se resiste a nombrar a África y, cuando lo hace, no evita un discurso de supremacía.

Nacida en Manjacaze, provincia de Gaza, al sur de Mozambique, en 1955, Paulina Chiziane creció en Maputo, donde asistió a la escuela católica y estudió lingüística en la universidad. Fue miembro del Frelimo (Frente de Liberación de Mozambique) en su juventud y trabajó para la Cruz Roja durante la guerra civil. Se trasladó a Zambezia, al norte, donde vive actualmente.

En Portugal, ha publicado las novelas Balada de Amor ao Vento, Vientos del Apocalipsis, El alegre canto de la perdiz y Niketche: Una Historia de Poligamia, todas ellas con la Editorial Caminho.

Después de A Voz do Cárcere, su último libro, escrito con Dionísio Bahule -con las voces de los presos en las cárceles, que los dos fueron a escuchar- tras el cual se ha impuesto un parón.

«Me estoy tomando un tiempo libre. No he estado escribiendo mucho, pero estoy haciendo textos para música», declara a Expresso.

«¿Canciones?», preguntamos.

«Sí, hermosas. Me arrimo a los jóvenes y ya hemos publicado algunos vídeos. La temática es sobre la libertad, el pueblo africano y el medio ambiente. Valores universales».

Dijo que nunca tuvo la intención de ser la primera. Pero fue la primera mujer de Mozambique en publicar una novela: se estrenó así. ¿Qué significa esto para usted y para las mujeres de su país?

Significan muchas cosas. Cuando empecé a escribir, existían el prejuicios culturales que consideraban que las mujeres eran seres inferiores. También había prejuicios coloniales, según los cuales las mujeres sólo podían escribir pequeños poemas de amor y canciones de cuna y no tenían capacidad para trabajar en lengua portuguesa. Esas fueron algunas de las barreras que tuve que superar.

No era fácil y no sabía exactamente lo que estaba haciendo, pero el gusto por contar una historia me hacía escribir y escribir.


¿Y de dónde viene la escritura? ¿Cómo empezó?

Recuerdo una nota en la escuela primaria [católica]. Hicimos una redacción y la profesora, que era monja, dijo que mi texto estaba muy mal escrito en portugués, pero que había elegido palabras con alma. La miré —era la hermana Francisca— y pensé: ¿de qué está hablando? Luego corrigió mi redacción, lo arregló un poco, y se leyó el domingo de Pascua en la iglesia. Eso me llenó de orgullo.

Pero la duda persistía: ¿qué es eso de que las palabras tienen alma? Más tarde, en la secundaria, entré en contacto con la poesía de Florbela Espanca y encontré un verso que nunca olvidé: «El corazón de las piedras que laten». Mi confusión aumentó.

Entonces, ¿las piedras tienen corazón? ¿Las palabras tienen alma? En mi adolescencia, solía escribir mi diario, el «diario de los sueños». Me despertaba por la mañana, intentaba recordar los sueños que había tenido durante la noche y los anotaba en el diario. Siempre llegaba tarde a la escuela. Siempre era la última en bañarme, la última en salir de casa, porque tenía que grabar el sueño de la noche anterior. Por desgracia, ese pequeño cuaderno se perdió. Puedo decir que soy un ser nocturno. Incluso hoy, durante el día, veo el mundo correr y pasar, pero las noches, para mí, tienen un encanto especial. Pienso en lo que pasó, en lo que ha hecho la gente, y cuando me doy cuenta ya estoy garabateando palabras. Ser escritor forma parte de mi naturaleza. Puedo estar en una multitud, pero siempre estoy sola, procesando lo que veo.

El Premio Camões le sitúa como una de las principales representantes de las literaturas en portugués. ¿Cuál es su relación con la lengua portuguesa?

Es una relación de amor. Y en las historias de amor siempre hay conflictos. Mis luchas con la lengua portuguesa son varias. Mozambique es un país enorme, con diferentes lenguas locales, y hablar portugués es algo que nos da facilidades para la comunicación y la movilidad. Salgo de Mozambique, viajo por Brasil, Portugal, voy a otros países, me comunico con otras culturas y personas a través de la lengua portuguesa. Sin embargo, desde un punto de vista práctico, hay conflictos. La lengua portuguesa, por venir de Europa, nombra la cultura, la flora y la fauna de Europa. Para nosotros, los escritores africanos, es muy común hablar de los pájaros.

En esta región, donde se habla changana, la lengua los nombra. Pero el portugués no penetra tan profundamente, porque este pájaro es característico de este lugar. De vez en cuando me río de los glosarios que hago. Tenemos una fruta muy bonita, que llamamos massala, redonda, muy perfumada, que comen todos los niños, pero ¿qué digo para hablar de ella en un texto portugués? ¿La massala es una fruta esférica de cáscara dura que se parece a un coco pero no es un coco? Es una verborrea interminable decir que hay un fruto, en este lugar, que la lengua portuguesa no puede nombrar. Lo mismo ocurre con las flores. Creo que el tiempo resolverá estos problemas, que el léxico acabará abriéndose.

Una vez dijo que el conflicto también tiene que ver con el hecho de que el portugués es una lengua de dominación, lo que la convierte en una lengua de segregación.

Yo, de vez en cuando, doy unos cuantos gritos, unos cuantos chillidos. Porque utilizamos principalmente los diccionarios que vienen de Portugal, aún no hemos producido el nuestro. Y en estos diccionarios portugueses hay una supremacía que muchos de nosotros todavía no hemos tenido la capacidad de ver. Nos distraemos con el tema, como los propios portugueses.

En el diccionario de Porto Editora aparece la palabra «catinga», que para ellos es más o menos esto: «Olor nauseabundo propio de la raza negra». ¿Acaso no es esto un insulto? Mi trabajo me obliga a trastear mucho con los diccionarios, y estas definiciones me despertaron la curiosidad, así que empecé a revisarlas. Y encontré, por ejemplo, «palhota», que se describe como «vivienda rústica propia de los negros». Eso es mentira: la «palhota» está reconocida como vivienda ecológica. 

¿Cree que hay un tono peyorativo?

Exactamente, en varios niveles. La palabra «prostituta» aparece como «mujer de mala conducta». Mientras que «prostituto» es «aquel que disfruta teniendo sexo». Algo no funciona. Así que tenemos el tema del racismo y también el del lugar que ocupan las mujeres. Es un lenguaje de supremacía. Mira otra palabra: «matriarcado» es «costumbre tribal africana». Por otra parte, el «patriarcado» es la «nobleza de los grandes hombres de hechos heroicos». La «heroína» es una mujer de extraordinaria belleza. El «héroe» es el hombre valiente en la guerra.

Se aprende mucho sobre el orden del mundo leyendo un diccionario…

Yo aprendí, y fue por accidente. Me demostró la urgente necesidad de descolonizar la propia lengua, especialmente en estos libros, que son obligatorios para quien quiera aprenderla y estudiarla. Pero toda descolonización, toda liberación es un proceso. Y siempre hace falta que alguien grite para que las cosas cambien. Por curiosidad, fui a buscar el diccionario brasileño, y descubrí que Brasil, que tiene muchos más años de libertad, hace diccionarios que integran todo su léxico. La palabra «catinga» en Brasil ya tiene un significado diferente. Hicieron un trabajo de limpieza de las impurezas y los vicios de la lengua.

Es la primera escritora negra que gana el Premio Camões, y ahora dudo en decir «negra» o «preta».  ¿Qué es más correcto?

A mí me da igual. Pero tienes razón al preguntar, porque no es lo mismo. Se utiliza «negro» o «negra» para incluir a todos los que tienen sangre negra. Tenemos a los negros, que somos nosotros, y tenemos a los mulatos, que se consideran negros. Cuando se dice «negro» se incluyen muchas cosas. Pero «preta» es específico. Soy «preta».

Volviendo a la pregunta, he leído que el premio le planteó algunas preguntas: ¿por qué ahora?, ¿quiénes somos?, ¿a dónde vamos? ¿Cómo responder?

Son preguntas muy profundas. Empezaría hablando de la trayectoria de la literatura en Mozambique. Los primeros nombres de mujeres que aparecen son de mujeres blancas. Me estoy acordando de Glória de Santana, Clotilde Silva, personas a las que admiro, a las que leí mucho y de las que aprendí mucho. Pasó el tiempo y aparecieron nombres como Noémia de Sousa, Lília Momplé y luego Lina Magaia y yo. Ahora bien, ¿qué ha pasado para que exista esta jerarquía racial? En primer lugar, durante el periodo colonial, debido a la segregación racial, eran los hombres blancos los que tenían acceso a la educación. Poco a poco, este acceso se abrió a los hijos de blancos con mujeres negras. Los últimos en recibir educación fueron los negros. Esta es la explicación que encuentro.

En otras palabras, el acceso tardío a la educación condicionó una literatura plenamente mozambiqueña.

Determinó el curso de las cosas. Venimos de un régimen colonial, hubo luchas de liberación y finalmente entendimientos. Por eso, solo empezamos a aparecer ahora.

La literatura de un escritor es lo que el escritor es. ¿Es posible escribir ignorando el ángulo político y social donde uno se sitúa?

Es una pregunta sencilla y complicada de responder. Como estoy en este suelo, estoy en este entorno, hay un árbol de mango detrás de mí, ¿lo consigue ver? Se puede oír el canto de los pájaros, cuyos nombres no existen en lengua portuguesa. Tengo una cultura y una experiencia. No soy capaz de desvincularme del entorno en el que vivo. Por otro lado, vengo de una historia, desde el colonialismo hasta las luchas por la liberación, ese fervor del alma, ese grito de libertad, el grito colectivo de los pueblos africanos.

En los libros que escribí en Maputo, me encuentro con mangos, anacardos… Nombro las plantas de esta flora que me rodea. Pero cuando escribía en Zambezia, ¿cuál fue mi sorpresa al descubrir que había puesto demasiadas palmeras? Zambezia fue en su día el mayor palmeral del mundo. Sin darme cuenta, mi subconsciente estaba haciendo lo que creía que tenía que hacer. Además, hay otro aspecto interesante para nosotros, los mozambiqueños. Mi generación fue la primera en tener acceso a la educación. Somos los primeros en tener acceso al mundo. Entonces, ¿de qué servirá mi literatura? ¿Sólo imaginar, decir frases bonitas? ¿O ayudar a mi pueblo a clamar por la libertad y a negociar su identidad?

Vientos del Apocalipsis fue la primera novela que escribió, aunque no fue la primera que se publicó. Su contexto es el de la guerra civil que usted presenció «en directo» —según sus palabras— como ciudadano y al servicio de la Cruz Roja. ¿Cómo surge este libro y qué representa para usted?

Es un libro que está en el centro de mi corazón. Estaba trabajando en un campo de refugiados y vi a una anciana. La primera vez que nos vimos cara a cara se fue. Eso ocurrió de nuevo unas cuantas veces. Hasta que fui tras ella, entré en su tienda y le pregunté: «¿Qué pasa?».

Se puso a llorar y me explicó: «Cuando te vi, imaginé que mi hija volvía de la muerte».

Eso me interesó. Le pregunté qué había pasado, y comenzó a relatar que su hija había sido asesinada días antes y, según ella, era muy parecida a mí: la altura, la voz. Así que se sintió sorprendida. Nos abrazamos y lloramos. Fue la primera vez que sentí la profundidad de la guerra. Eso me movió a escribir algunas notas y a seguir la historia de la guerra, para dar un grito colectivo y decir: no más sufrimiento. Escribí el libro, pero al intentar publicarlo me encontré con los obstáculos de una época de diversas carencias, como la falta de papel, de electricidad.

El editor de la Asociación de Escritores sólo tenía papel para un libro más pequeño. Dije: no, no voy a mutilar esta obra, pero voy a escribir otra historia. Así que publiqué Balada de amor en el viento.

¿Qué recuerdos tiene de la guerra civil?

Fue terrible. La guerra civil es algo que debería ser borrado de la historia de la humanidad.

No había una sola familia que no estuviera de luto. De norte a sur, sólo hubo muertes, masacres. Por parte de mi madre perdí muchos familiares, por parte de mi padre un poco menos. Fue entonces cuando empecé a comprender la importancia de la expresión «buenos días». Porque dormíamos y no sabíamos si íbamos a despertar.

Y cuando nos despertamos, la alegría de despertarnos vivos y decir «buenos días» fue algo muy profundo. E, inmediatamente después, correr a casa de los vecinos para saber si habían tenido un buen día. Cuando llegaba la noche, saludábamos con un «buenas noches», pero era un verdadero deseo, porque no sabíamos qué podía pasar durante esas horas de sueño.

¿Qué dice hoy cuando ve que la violencia en su país no ha terminado, que todavía hay focos de presencia devastadora en Mozambique?

Es realmente de una profunda tristeza. Porque este país nunca ha conocido momentos de paz. Y no sólo nuestro país: desgraciadamente el continente africano está siendo asolado por intereses varios que existen en el mundo. Ayer fueron los portugueses, hoy no sabemos quiénes son ni por qué, pero siempre utilizan los argumentos más terribles.

Algunos de estos conflictos actuales, en concreto el de Cabo Delgado, utilizan el nombre de la religión, de los profetas, del profetismo, del proselitismo: esto se parece a lo que ocurría durante las invasiones europeas, que venían con todo ese bonito discurso de cristianización, civilización, evangelización…

Pero en el mundo no fue nada de eso: fue saqueo, tortura y muerte.

Suelo decirle a la gente: Vale, tuvimos una invasión colonial y los llamados civilizadores vinieron con su religión, prometiendo llevarnos al cielo. Pero, ¿cuál fue el precio de ese cielo desde que nos invadieron? Todos los negros han conocido el infierno de la colonización y la esclavitud.

No siempre me entienden, sobre todo los grupos evangélicos radicales. A ellos les respondo: es bueno conocer la historia, conocer tu pasado y sabrás ver el presente y proyectar el futuro. La nueva colonización, una vez más, llegará al continente africano en forma de religión.

La colonización adopta nuevas formas, ¿verdad?

La colonización duró muchos siglos, casi 400 años. Y la liberación no tendrá lugar de un día para otro. Mira: 400 años de colonización produjeron una forma de ver el mundo, de pensar.

Lo digo sin rodeos: el proyecto colonial ha tenido éxito porque ha transformado a la persona negra o al hombre negro en algo que reniega de sí mismo constantemente.

Niega su lengua, su cuerpo, su piel, su pelo. De vez en cuando digo locuras como ésta: Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, así que, para mí, Dios es negro. Es una mujer. Así pues, interpretemos los hechos y saquemos conclusiones a partir de ahí. Esta es mi tierra, este es mi terreno, si Dios me hizo así es porque así lo quiso. ¿Por qué tengo que aceptar cambiar mi ser para complacer a otro, como si el otro fuera un nuevo Dios? ¿Qué belleza tendrá el mundo con una sola raza?

¿Cómo describiría la identidad mozambiqueña en la actualidad?

Es una búsqueda permanente. La identidad hay que construirla y reconstruirla cada día. No es un producto acabado. Hablar de identidad es hablar de un proceso de liberación. Es saber convivir con todas las culturas, saber de dónde vengo. La cultura que viene a destruir la mía tiene que saber que yo tengo valores, valores culturales que tal vez necesita y no tiene. Entonces, en lugar de opresión, ¿por qué no una negociación? Parece muy sencillo.

Pero no lo es…

No, no lo es. Le daré un ejemplo. Cuando las mujeres europeas llegaron a África, a Mozambique, y más concretamente a Tete —una de las provincias más calurosas—, llegaron con esas faldas, fajas y corsés, sombreros, guantes, botas… Llegaron a Tete y se encontraron con un calor de 50 grados.

Su primera impresión fue decir: «Estos negros no son civilizados, andan desnudos, son un pueblo pecador, deberían vestirse y ser más modestos. Esto aparece en varios escritos históricos.

Al cabo de un tiempo, los europeos empezaron a quitarse los sombreros y los guantes, y poco a poco descubrieron que la desnudez o el uso de un taparrabos tiene su valor, porque preserva el frescor y el bienestar. Hoy ya lo reconocen, fue un proceso que llevó mucho tiempo. En consecuencia, hoy los negros llevan más ropa que los blancos. Pero hay otro ejemplo que me gusta mucho citar cuando se habla de los valores de la cultura africana. Para el europeo, el cuerpo de la mujer es un lugar de pecado. El niño es bautizado en nombre del padre y del niño, y la madre que dio a luz al niño y que lo llevó durante nueve meses queda completamente excluida, porque su lugar es el del pecado. En Mozambique, las mujeres más vistosas, las que más cuidan su cuerpo, son las del norte, las de Nampula. La razón —simple y compleja— es que, en la cultura local, el cuerpo de la mujer es el lugar de lo sagrado, porque guarda dentro de sí misma las semillas de la eternidad. Hoy nos encontramos en estas guerras, en estas luchas por la liberación y por los derechos de las mujeres, pero este es un valor que en la cultura africana ya tenemos. Las mujeres de esas regiones son verdaderas flores, por este aspecto cultural.

Pero cuando se prodijo la invasión —porque no hubo comunicación, ni mucho menos negociación, sino la supremacía de uno sobre el otro— cada uno dijo las tonterías que quiso. En conclusión: todos los pueblos tienen valores, es necesario negociar.

No hay que agredir.


Estamos hablando de las mujeres, y el jurado del Premio Camões destacó el papel que les ha dado en sus novelas, la discusión sobre cuál es el lugar de lo femenino africano y la evolución de ese lugar —estoy pensando en el libro Niketche. Me gustaría que me hablase sobre esto.

A veces, cuando las mujeres africanas hablan de cuestiones femeninas, colocamos los prejuicios de los demás sobre nosotras mismas porque no conocemos las raíces de nuestra identidad. Las mujeres africanas no conocemos las raíces de nuestra identidad. Y se debería hacer un trabajo muy profundo y de mucha valentía para rescatar nuestra propia historia. La mujer africana tiene un pasado grandioso. Hablemos de Egipto, donde tuvimos una reina muy poderosa, de dimensión intemporal, Cleopatra. Luego tuvimos a la Reina de Saba, originaria de Abisinia. Y seguimos teniendo importantes figuras femeninas. Uno de los últimos monomotapas de esta región tenía una guardia femenina en su ejército, que formaba parte de la tradición bantú. Cuando llegaron los colonos, tanto  el colonialismo árabe como el europeo, dijeron: pobres mujeres, están siendo utilizadas y maltratadas por estos hombres poderosos.

Luego vino la cristianización, la islamización y las mujeres empezaron a quedarse en la cocina. La tradición de la mujer guerrera no es nueva en nuestra historia.

Y en la historia de la esclavitud, en el reino de Daomé, tuvimos uno de los peores ejércitos en la caza de esclavos —y ese ejército era femenino. Así que se quitó todo lo que eran valores intrínsecos y se puso a la mujer en la cocina, en nombre de la civilización. ¿Qué dice la literatura europea sobre la Reina de Saba? Que era hermosa, que ofreció al rey Salomón ochenta bolsas de oro y que él se enamoró de ella. Si tenía tanto oro, tenía poder, ejércitos y una estrategia para gobernar, pero los libros sólo dicen que era hermosa.

Lo mismo ocurrió con Cleopatra, de la que se enamoró Julio César.

Pero esa mujer gobernaba Egipto, conducía carros de guerra, enviaba diariamente caravanas de trigo al Imperio Romano. Hablar de esto es hablar de la historia de África, de las mujeres africanas. Porque la «modernidad» de poner a mujeres en el ejército ya era una práctica común en este continente.

Niketche es una historia de poligamia. ¿Por qué lo escribió?

No busqué este libro, vino a mí. Estaba sentada en el balcón de mi segundo piso en Zambezia cuando vi un lío en la calle.

Dos mujeres insultando a una tercera con palabrotas muy vulgares.

Me puse alerta, porque estaba ocurriendo en la casa frente a la mía. La señora que vivía allí tenía un bebé de tres meses. Y las otras le dijeron: «Hemos venido a informarte de que también somos las esposas de tu marido. Mientras tú estabas en la sala de maternidad, él vivía con nosotras. Me pareció extraño, cogí el teléfono, llamé a mi vecino y le conté lo que estaba viendo.

Vino corriendo y cuando llegó vio a las tres mujeres juntas discutiendo e insultándose.

Se dio la vuelta y desapareció. Me enfadé mucho con este hombre y no le hablé durante unos días. Unos meses después, cuando me di cuenta, yo ya estaba poniendo por escrito las palabrotas y todo aquel lío, y el libro salió a la luz. Aproveché la oportunidad para comparar las culturas del norte y del sur de Mozambique, que son muy diferentes.

¿Es usted del norte o del sur?

Soy del sur, de Gaza, la provincia más machista del país. Y me fui a trabajar a la menos machista, que es Zambezia y Nampula, donde los hombres son menos agresivos y menos posesivos.


En otro de sus libros, El alegre canto de la perdiz, pone el dedo en la llaga sobre las cuestiones raciales. En él, el personaje de Delfina quiere tener hijos blancos, «para aliviar al negro de su piel como se alivia la ropa de luto». Es un libro duro, que habla de la violencia de los negros contra ellos mismos, ¿no?

Esa es otra historia real. Conocí a una señora que era mulata y tenía una criada negra. Un día descubrí que las dos eran hermanas.

Me llevé un susto. Lo que ocurría es que la hija negra se quedó con el papel de criada doméstica de la hija mulata, nacida del segundo marido de su madre. Esta historia me llevó a querer entender mejor eso que llamamos racismo. Porque a menudo pensamos que el racismo es lo que hace el blanco contra el negro. Pero, en una situación de colonización que duró 400 años, en la que el negro perdió su identidad y se niega a sí mismo, es muy normal encontrar casos como éste. Son casos comunes en la provincia de Zambezia, que es la de mayor mestizaje, y en la de Nampula.

¿Y qué es el racismo? ¿Quién lo promueve? Estamos en un país independiente y libre, pero todavía no estamos libres de los prejuicios del mundo.

Fíjate en esto: hoy en día las mujeres, especialmente las jóvenes, se sienten más guapas si se ponen extensiones en el pelo, lo que supone un intento de tener el pelo de un blanco. Esta es una prueba muy obvia de abnegación. A veces les digo, en broma pero en serio: el pelo es un cuerpo, este es tu cuerpo. ¿Por qué el hombre o la mujer negros tienen que intentar ser lo que nunca serán? ¿Cuándo vas a estar orgulloso de lo que eres?

En esencia, invertir la colonización mental y de identidad. Usted ha dicho que el mundo nunca ha querido saber lo que África tiene que enseñarle. ¿Cuáles son esas cosas hoy en día, en el siglo XXI?

No sólo en el siglo XXI, sino en el milenio.

África es virgen, completamente virgen. Cuando llegó la colonización, cortó las ramas del árbol.

Hubo mucho sufrimiento, pero no hubo tiempo de pararse y darse cuenta de que este individuo es un ser humano y que tiene sus raíces escondidas en la tierra. Estas raíces, poco a poco, van dando forma a un nuevo árbol, que es una nueva África. Podemos hablar de nuestra fauna, nuestra flora, nuestro subsuelo. Nuestra naturaleza: tenemos todo lo que todo el mundo desea, pero nos bombardean cada día con ideas de la supremacía del otro.

Tenemos una tierra, un mar, lo tenemos todo. Y por eso las grandes potencias no quieren alejarse de África.

Es necesario despertar la conciencia de la nueva generación de africanos para que sigan luchando por su dignidad, por su espacio, un espacio que, cada día que pasa, es usurpado.

Es un tema que me apasiona, y utilizo la literatura para contribuir a este despertar. Tenemos mucho que aportar al mundo, y el mundo no sabe de nosotros, o mejor dicho, considera que sabe lo que no sabe. Los libros que los europeos escriben sobre nosotros pueden ser incluso buenos libros, pero hablan de lo que ellos creen que somos.

Un ejemplo de ello es el feminismo: quieren introducirlo en África, como si fuera algo nuevo aquí. Pero, como ven, no hay ningún continente donde se haya derramado tanta sangre como el africano. Los mejores hijos de África fueron vendidos, y las que quedaron para ocupar este espacio fueron las mujeres. Lloraron, sufrieron, pero no se rindieron. La mujer africana se convirtió en la piedra angular de la construcción de este continente. La construcción de África es femenina. Y, por supuesto que necesitamos conocer la historia de las mujeres de Europa y Estados Unidos, por supuesto que aprendemos de su lucha, esto es cultura, pero si queremos saber cómo luchar y cómo resistir, el mundo tiene que arrodillarse ante las mujeres africanas. Y pedir perdón.

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Publicado en Buala.org

Traducción: Alejandro de los Santos Pérez

1 Comentario

  • Cesar

    Definitivamente me ha parecido excelente esta entrevista realizada a tan sobresaliente escrittora ,es una bellisima descripcion de sus obras literarias y de la perversa colonizacion europea que tambien sufrimos los paises del Continente Americano por mas de tres siglos,en la cual las victimas fueron indigenas y negros…Os envio mis felicitaciones tanto a la periodista como a tan digna escritora…

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