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El largo viaje de la rumba: Congo, Cuba y España

Javier Mantecón 13 noviembre, 2012

Existen conceptos culturales presentes en diferentes puntos geográficos del mundo conectados de maneras inverosímiles que comparten sus raíces y sus motivaciones, su idiosincrasia y sus intenciones. La rumba es uno de ellos.

Podemos preguntar a cuatro individuos de cuatro puntos distintos del mundo qué significa para ellos la rumba, qué definición le etiquetarían, y los cuatro nos darían respuestas diferentes, aunque en la realidad estarían conectadas por un contexto histórico común de un pasado remoto que ya parece olvidado. Este contexto deberíamos encuadrarlo en la siguiente práctica socio-económica: el comercio triangular entre Europa, África y América.

El comercio triangular fue practicado por Europa durante más de tres siglos, partiendo del siglo XVI. Los reinos de Portugal y España buscaban nuevas rutas de comercio debido a la marginación y encasillamiento político y geográfico del primero y las necesidades económicas e inflacionistas del segundo. Este hecho sumado al bloqueo de las rutas terrestres y marítimas tradicionales hacia el Este por el Imperio Otomano, fuerza a estas dos potencias europeas a buscar nuevas rutas de comercio. España descubrirá América, Portugal bordeará África para establecer colonias comerciales que le permitan contactar con el comercio asiático en la India. Esta apertura geográfica mundial pronto será el inicio de una política colonizadora que tendrá como protagonistas también a otros reinos europeos, ávidos de materias primas a bajo coste. El establecimiento de enclaves coloniales europeos en la costa africana facilitará el contacto entre los nuevos colonizadores, aún no invasivos y las poblaciones indígenas.

Por otro lado, Europa encontró también en América un lugar más habitable en el que elaborar los productos que quería vender a sus propios habitantes. En América existían abundantes materias primas pero la mano de obra, ya interrelacionada por vínculos de parentesco durante los siglos anteriores de mestizaje no era tan eficiente y controlable como se buscaba. Las jefaturas africanas completaron la ecuación. Estas ofrecieron en venta a su población masculina, fuerte y manipulable que los europeos aceptaron de buena gana. El comercio triangular había nacido. La práctica comercial consistía en fletar barcos desde Europa con productos de baja calidad que intercambiaban por materias primas y ahora ya sí, esclavos, que se transportaban directamente a América en dónde trabajaban estas materias primas africanas y las americanas en condiciones inhumanas. Estas materias primas eran llevadas a Europa en dónde se vendían a su población por un precio mucho más elevado. Los restos de estos productos se trasladaban a África en donde las jefaturas apreciaban esta nueva aunque barata y mal producida tecnología. La práctica comercial resultaba perfecta. No se desperdiciaba ninguna carga marítima y los precios de producción resultaban ínfimos respecto a las ganancias obtenidas que se veían nutridas por una venta residual en tierras africanas de los productos rechazados por la población europea.

Este tipo de comercio fue el eje fundacional de muchas de las potencias europeas, que en muchas ocasiones incluso colaboraban financiando una o dos partes del viaje teniendo en cuenta su posición ventajosa de colonizador según el área geográfica en el que se encontraran. Sólo la abolición de la esclavitud, ya a principios del siglo XX, significó la decadencia de este sistema, verdaderamente debilitado por la industrialización que convirtió a la mano de obra humana en algo prescindible.

Grupo de rumba del Congo.

El comercio de esclavos supuso un negocio que proporcionó pingües beneficios tanto para las naciones comerciantes como para las jefaturas vendedoras y para los explotadores americanos. Los esclavos africanos fueron, sin duda alguna, los grandes perdedores de esta práctica comercial que denigró sus derechos hasta límites inimaginables. La práctica de este comercio proporcionó grandes riquezas económicas  a sus beneficiarios pero otros tipos de procesos culturales se estaban desarrollando paralelamente de manera completamente espontánea que marcarían el devenir de la música y la religión de las áreas afectadas.

Los expertos citan a la etnia africana gangá como introductora de la rumba en las Antillas. El origen exacto de este grupo étnico ha supuesto una gran controversia, aunque se considera generalmente como de origen bantú y del Congo, por lo que podríamos situarla en la vasta región del África Central.

La eclosión de la rumba cubana

Los esclavos viajaban sin posesiones materiales de las que eran despojados, pero si lo hicieron con su tradición cultural que pronto hizo mella en las culturas receptoras. Los esclavos trabajaban durante el día pero durante la noche continuaron realizando sus prácticas y ritos tradicionales. Estos ritos nocturnos se basaban en la música y la religión de tradición animista, mezcladas en una única liturgia inseparable que suponía la única vía de escape y la sola conexión con su tierra madre. Pronto los esclavistas, ya cristianizados en América, prohibieron estos ritos peligrosos y paganos a sus ojos. En muchas áreas americanas los instrumentos de percusión fueron prohibidos, ya que se relacionaban con la religión oscura e impía de los africanos. Éstos, ya despojados paulatinamente de su tradición religiosa animista tomaron los instrumentos que se les permitía tocar para desarrollar su música, entre ellos, la guitarra, que los españoles habían llevado a América durante esos siglos.

De esta fusión “bastarda” entre ritmos y bailes prohibidos africanos, las melodías americanas y la armonía europea, nació la rumba, cuyo origen se establece según muchos autores en el actual Congo y se configura en el Caribe como rumba caribeña a través del baile para desembarcar en Europa mutada una vez más continuando la ruta comercial que anteriormente apuntábamos. A esta rumba, al igual que a la guajira o la colombiana, el flamenco la definió como cante de “ida y vuelta”. Esta terminología ha quedado impresa en los musicólogos de todo el mundo que ya consideran no únicamente a la rumba, sino al reggae, la salsa, el highlife, el blues, el soul, el gospel o el calypso como estilos musicales de “ida y vuelta”. Esta rumba primero americanizada y posteriormente europeizada retorna una vez más a África a través del soukouss, estilo musical muy popular en todo el continente que hunde sus raíces en Europa, América y en su propia tradición pasada.

Antonio González “El pescaílla”, uno de los precursores de la rumba catalana, junto a Lola Flores

La tipología de la rumba varía pues dependiendo de su localización. En las tres áreas afectadas por la práctica del comercio triangular, el estilo ha evolucionado de manera distinta, pero siempre manteniendo sus patrones rítmicos basados en el compás del 4/4, su aceleración y su carácter festivo. En África hablamos del soukouss, de zouk o de benga, en América de colombianas, el guaguancó, el yantú e incluso el son, y en Europa de rumba flamenca, catalana y francesa. Un inabarcable número de artistas han practicado el estilo durante sus años de historia, su evolución ha permitido que los subgéneros nacidos a partir del mismo patron rítmico sean tan diversos y ricos que nos permitan disfrutar de la rumba en cada una de sus diferentes versiones.Podemos establecer una relación directa y compartida a través del ritmo de cada uno de estos estilos, aunque la rumba europea se haya mezclado más con propuestas de otros orígenes como el son, o con elementos locales como el flamenco.

El viaje de la rumba pues, se inicia en África Central como un baile de fertilidad, de allí, a través del esclavismo, se asienta en las Antillas para ser una vez más transportado a Europa habiendo adquirido su carácter melódico ya en América. Los fenómenos musicales actuales africanos del soukouss o el zouk se configuraron como una nueva mezcla de “ida y vuelta”, los ritmos contemporáneos africanos se unen a las melodías y patrones cubanos que desembarcan y se ponen de moda en África durante el periodo colonial, durante el cual los europeos buscaban reproducir el ocio y por tanto, la música, de la manera de vivir colonial que ya conocían, la americana.

La rumba pues, ya sea en África Central, en las Antillas o en el sur de Europa, es portadora de una historia, ya no sólo musical y cultural si no política, social y económica, reflejando y fosilizando un periodo histórico concreto, superándolo, manteniendo y haciendo crecer algo que ningún comercio de esclavos podrá nunca arrebatarle: el ritmo.

Vídeos

Wendo Kolosoy, padre de la rumba congoleña

 

Los Muñequitos de Matanzas (Cuba)

Antonio González “El pescaílla”

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9 Comments

  1. Iaco 9 septiembre, 2015 at 18:40

    La rumba congoleña de los años 50 y 60, al igual que la rumba catalana, es fruto de la enorme popularidad que alcanzó la música cubana a nivel mundial a partir de los años 20 y 30, y poco tiene que ver con la auténtica rumba cubana, sino más bien con el son y la guaracha.

    • Javier Mantecón 9 septiembre, 2015 at 20:17

      Gracias Iaco por tu comentario.

      Efectivamente la gran popularidad que obtuvo la música cubana en todo el mundo en los años 20 y 30 introdujo una gran cantidad de cadencias y melodías en músicas ajenas, como la africana o el flamenco. El son y la guaracha fueron estilos cubanos muy populares en aquellos años, al igual que el cha-cha-cha o el mambo. En los países africanos adscritos al eje comunista tras su independencia, es relativamente sencillo rastrear esta influencia en su música popular, ya sea en la mandiga, el highlife o la benga. Cierto es también que tanto en Cataluña como en Francia se asoció el término “rumba” a ritmos festeros, no forzosamente provenientes de la rumba cubana, pero no debemos olvidar que la rumba flamenca en este caso tiene mucho de clave en todo este asunto. La tangos flamencos, de orígen claramente saheliano, son la raíz rítmica de la rumba flamenca, del sonido de Caño Roto, y en gran parte de la rumba francesa y catalana, practicada en sus inicios en los años 50 en muchas ocasiones, por gitanos. La influencia del son y la guaracha, al igual que el pop y el rock´n´roll, son claras en el caso catalán, pero eso no elimina su orígen.

      Sería interesante rastrear la influencia de la rumba flamenca en todo este proceso. Ver hasta qué punto está influenciada por los ritmos caribeños, como sí lo están otros palos del flamenco como la guajira, la milonga o la vidalita. Como bien señalas, la influencia de la rumba en Europa no es en muchos casos la rumba cubana, pero sí su raíz africana, más directamente relacionada con el blues y los ritmos binaros de África Occidental que con la rumba original centroafricana. La conexión entre la rumba centroafricana (que no la congoleña, que como acertadamente apuntas, tiene más influencia del son que la flamenca) y los ritmos de África Occidental serían fácilmente trazables a través de la expansión bantú.

      Sí que creo que por otra parte la rumba congoleña reciente, aunque tiene una gran influencia caribeña, posee también un sustrato local importantísimo, al igual que la catalana. Si no fuera así, en ambos casos escucharíamos patrones muy similares, lo que no es el caso. Pero lo cierto es que el ritmo sí está ahí. La rumba cubana, tiene sin duda alguna origen africano, al igual que la flamenca (y por ende la catalana) y obviamente la congoleña. Lo bonito es que, aunque la palabra “rumba”provenga de un significado más que de un patrón musical (al igual que el tango), ésta posea un ritmo identificable en lugares tan distantes. Un ritmo que ha viajado con los esclavos, soldados y aventureros y que nos llega hasta nuestros días en plena forma.

      • Iaco 9 septiembre, 2015 at 21:05

        Música de ida y vuelta sin duda, por eso gustará tanto a los africanos la música cubana, reconocerán elementos propios en ella.
        Gracias por tu respuesta.

        • Javier Mantecón 10 septiembre, 2015 at 17:40

          La música cubana tuvo (y tiene) mucha influencia en África, pero probablemente de manera inconsciente, no siempre creo que se relacione directamente con su música tradicional.

          La cooperación cultural que realizó cuba en los 60´s y que se extiende hasta nuestros días promovió el intercambio de músicos entre África y Cuba. Muchos músicos de Malí, Senegal, Kenia, Congo o Ghana se formaron durante estos años en Cuba tras la revolución. Estos músicos reformaron una vez más la presencia de las formas cubanas una vez retornados pero interiorizándolas aún más en su tradición que las orquestas de los años 50, que fotocopiaban los ritmos caribeños demandados por los colonos.

          Un viaje sin duda apasionante. Si te interesa el tema te recomiendo el disco-libro de Raúl Rodríguez, “Razón de Son” de 2014. Un compendio antropológico-musical delicioso, tanto como lectura como disco. En él Raúl, que conoce muy bien el tema, profundiza desde el punto musicológico, a través de unas canciones alucinantes. ¡no te defraudará!

          • Iaco 10 septiembre, 2015 at 17:50

            Muchas gracias por la recomendación, intentaré conseguir el disco libro. Este verano lo vi actuar en Cartagena y me pareció muy interesante su proyecto. Lo mejor para mi del Festival fue Vadou Game

    • Isabel 5 septiembre, 2017 at 22:58

      Hola! Me pareció muy interesante el artículo. Lo que me pareció incorrecto representar un rumba cubana con la canción de Celia Cruz que es más bien una salsa neoyorquina con una pequeña introducción de rumba. ¿Por qué no usar una verdadera rumba cubana como de los Muñequitos de Matanzas o los Rumberos de Cuba?

      • Javier Mantecón 6 septiembre, 2017 at 12:48

        Gracias por el comentario Isabel. La verdad es que los Muñequitos de Matanzas son mucho más próximos a lo que consideramos música afrocubana más que a Celia Cruz que sin duda es más salsera. Otros grupos como Yoruba Andabo o los Papines son más cercanos al concepto de rumba de ida y vuelta de que hablamos. Corregido queda.

        Un saludo,

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