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El genocidio de Ruanda contado a través del cómic

Alejandro de los Santos 7 abril, 2014

La viñeta ha sido un recurso literario bastante habitual para ofrecer un testimonio de los conflictos más sangrientos. Ante realidades tan crudas, de entrada podríamos plantearnos si sería el lenguaje idóneo para fotografiar una realidad que ni siquiera las imágenes a tiempo real consiguen captar. Sin embargo, a lo largo de los últimos años se han producido verdaderas obras maestras sobre genocidios que manifiestan que  la capacidad expresiva de un ilustrador y de un guionista a pueden provocar un efecto más emotivo que un documental o un reportaje televisivo. Los cómics tienen la particularidad de establecer una ceñida proximidad entre el narrador y el lector, sobre todo al adentrarse profundamente en la experiencia de un personaje. Maus de Art Spiegelman es seguramente el relato autobiográfico en cómic que mejor ha plasmado los entresijos del holocausto judío. Otros como Impasse et rouge de Séra o Palestina de Joe Sacco han tratado de dar una explicación, si cabe, a barbaries como las vividas en Camboya con la masacre de los jemeres rojos o de los palestinos en Oriente Medio.

Tira de la obra de Jean-Claude Ngumire

Tira de la obra de Jean-Claude Ngumire

Hoy que se cumplen 20 años del inicio del genocidio de Ruanda, quizá una de las masacres más veloces de la historia de la humanidad: cerca de octava parte de la población ruandesa fue asesinada en apenas 100 días. La virulencia del conflicto apenas permitió a los intelectuales africanos tener tiempo para reflexionar y ofrecer una explicación reposada de lo sucedido. Más complicado fue para los propios ruandeses, para quienes no fue tarea fácil volver a la normalidad y sobre todo deliberar acerca de su pasado más reciente. Curiosamente, en un país en el que el cómic no es un lenguaje narrativo muy desarrollado, el noveno arte fue una de las primeras formas utilizadas por los artistas ruandeses para retratar algunos episodios del genocidio. La primera experiencia en este sentido fue la obra Umwana nk’undien (Hijo como otro, 2001) del ilustrador Jean-Claude Ngumire, que plasmó el destino desconsolado de dos hermanos huérfanos justo después del genocidio. Con estas viñetas el autor pretendía denunciar los abusos que se estaban cometiendo tras el exterminio contra jóvenes desamparados, algo que prácticamente pasaba desapercibido en la época. No obstante, Ngumire no se atrevió a desentrañar los motivos del estallido de la demencia colectiva y prefirió centrarse en los efectos colaterales del conflicto. Al igual que miles de ruandeses, años más tarde el autor decidiría tomar distancia de su propia realidad y exiliarse en el extranjero con su familia para intentar recobrarse del trauma. La segunda publicación destacada en viñetas sobre el genocidio vio la luz en el año 2005 de la mano de Rupert Bazambanza con el libro Sourire malgré tout (Sonreír a pesar de todo), donde cuenta la historia de una familia tutsi.

La Fantaisie des Dieux de Patrick de Saint-Exupéry

La Fantaisie des Dieux de Patrick de Saint-Exupéry

Desde otros rincones del planeta algunos autores de cómics también se han acercado a la masacre de Ruanda con un exhaustivo trabajo de investigación y de documentación. Entre ellos destaca la trilogía del belga Jean Philippe Stassen iniciada en el año 2000 con el magnífico álbum Deogratias. Recientemente, Patrick de Saint-Exupéry, cofundador de la revista francesa Revue XXI, ha reconstruido la historia del genocidio en el cómic La Fantaisie des Dieux (La fantasía de los dioses, 2014) mediante la selección de secuencias clave que ayudan a comprender mejor el curso de los hechos históricos. Además, el autor plantea el polémico papel de Francia y de la comunidad internacional como forma de descomponer las versiones aún existentes en la memoria colectiva sobre un conflicto provocado supuestamente por el enfrentamiento milenario entre dos etnias enemigas.

Deogratias de Jean Philippe Stassen

Deogratias de Jean Philippe Stassen

Con todo, la producción de mayor reconocimiento internacional sobre el genocidio sin lugar a dudas es el cómic Rwanda 1994 del ilustrador congoleño Pat Masioni y de los franceses Cécile Grenier y Alain Austini. Los guionistas recogieron diferentes testimonios y relatos personales en el terreno durante siete meses y se dedicaron más de cinco años a realizar diversas pesquisas sobre lo ocurrido en aquella primavera de 1994. El libro, basado en hechos reales, versa sobre el periplo de una joven tutsi y de su hijo por diferentes escenarios bañados por la sangre y por la sinrazón. La calidad de las ilustraciones elevó el nombre de Masioni a la posición más alta del noveno arte de denominación de origen africana junto con la marfileña Marguerite Abouet. Su trabajo alcanza un equilibrio extraordinario a la hora de abordar una cuestión que puede dar lugar a enfoques algo alejados de la realidad. El congoleño impregna de intensidad la expresión de los personajes mediante trazos bastante mesurados según los diferentes momentos por los que nos va llevando la narración. El color es uno de los elementos más visibles de la obra y se utiliza sin abusos de tonalidades fuertes en las situaciones en que la masacre gana dimensiones inimaginables. Masioni trata de impregnar de colores fríos las escenas en las que se muestran fosas comunes o cuerpos sin vida. Por lo tanto, observamos que su intención va más allá de un simple reflejo a través de imágenes tópicas o de despertar la lágrima fácil. Sin duda, una obra necesaria para el conocimeinto de la vida cotidiana de una familia durante el conflicto y que lamentamos no poder encontrar en español hasta el momento.

Rwanda 1994 de Grénier, Austini y Masioni

Rwanda 1994 de Grénier, Austini y Masioni

Rwanda 1994 está plagado de momentos emotivos que nos permiten determinar no sólo las causas sino también las consecuencias del genocidio. Al final de la obra, uno de los personajes pregunta a otro: “Cuando encuentres a tu hijo Paul, ¿qué vas a hacer conmigo?”. A esto el otro le responde: “Si quieres puedes quedarte con nosotros. De aquí en adelante eres otro hijo para mí. De hecho, todos los chicos que llamen a mi puerta serán mis hijos”. Suponemos que negar esto último nos alejaría de la condición de seres humanos. A pesar de 100 días de esquizofrenia común y de esas 800.000 víctimas.

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5 Comments

  1. Mariela 8 abril, 2014 at 19:04

    Hi. How can I get this comic?

    Greetings

    • Alejandro de los Santos 8 abril, 2014 at 20:01

      You can find some comics at http://www.amazon.com Thank you very much. Kind regards.

  2. Maria 7 abril, 2015 at 13:10

    Hola Alejandro. Los Jemeres Rojos masacraron ….no fueron masacrados….

    • Alejandro de los Santos 7 abril, 2015 at 20:25

      Hola María, esa es la intención de la frase, pensábamos que se entiende que los jemeres masacraron y los palestinos fueron masacrados. Gracias por la precisión.

  3. Jorge 7 abril, 2017 at 13:46

    “A pesar de 100 días de esquizofrenia común y de esas 800.000 víctimas.”

    Entiendo que es un recurso del autor pero identificar los hechos acontecidos como una “esquizofrenia común” no me parece muy apropiado. La esquizofrenia es una enfermedad que puede conllevar diversos síntomas con un amplio espectro de manifestaciones y que sólo en una minoría de casos conlleva violencia hacia terceras personas. Se podría decir locura, caos, sin sentido etc… Pero calificar estos atroces hechos como esquizofrénicos deja a los verdaderos enfermos de esta enfermedad con una etiqueta que no se merecen.

    Por lo demás, muy interesante. Un saludo.

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