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Lumumba en el arte: historia de una iconografía

En el aniversario del nacimiento de Patrice Lumumba, Primer Ministro de un Congo independiente, preguntamos: ¿Qué iconografía surgió en torno a su figura y por qué esa iconografía es tan diversa? El libro «Lumumba en el Arte», editado por Mathias de Groof, trata de responder a esas cuestiones.

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Autor invitado: Matthias de Groof*

La carrera de Patrice Emery Lumumba como Primer Ministro del Congo después de la independencia duró sólo tres meses, antes de que fuera arrestado y ejecutado cinco meses después de su nombramiento. Sin embargo, Lumumba continúa vivo en forma de idea, meme, símbolo, icono, modelo, logo, metónimo, espectro, imagen, figura y proyección.

Durante cuatro años, he estado trabajando en la edición del libro «Lumumba in the Arts» (Lumumba en el arte), que examina esta iconografía. Ese libro se encuentra hoy disponible, por fin.

Aunque Lumumba se ha ganado un lugar equiparable al de otros iconos políticos como Malcolm X, Che Guevara y Nelson Mandela, y aunque también se ha desarrollado alrededor de su figura un imaginario igual o incluso más rico, esta iconografía ha permanecido inadvertida y prácticamente sin comentarios críticos.

Marlene Dumas, «la Viúdua».

La diversa iconografía de Lumumba comenzó con los muy variados nombres que recibió desde su misma infancia: Élias Okit’Asombo («heredero de los malditos»), Nyumba Hatshikala l’Okanga («el que siempre está implicado«), Osungu («blanco«), Lumumba («una multitud en movimiento»), Okanda Doka («la sabiduría del hechicero«) u Omote l’Eneheka («el cabezón que detecta la maldición«). Y fue ampliándose a lo largo de su vida, especialmente a través de canciones y de la prensa, aunque la mayor parte de estas expresiones surgieron después de su muerte.

Desde su asesinato, Lumumba ha sido objeto de apropiación a través de la pintura (por ejemplo, Chéri Samba, William Kentridge), la fotografía (Sammy Baloji, Robert Lebeck), la poesía (Henri López, Ousmane Sembène), la música (Pitcho, Miriam Makeba), cine (Raoul Peck, Zurlini), teatro (Aimé Césaire) y literatura (Barbara Kingsolver) así como en espacios públicos, sellos y dibujos animados. Ninguna forma de arte parece escapar a la figura de Lumumba. Si bien a primera vista parece oscilar entre la demonización y la beatificación, es la brecha entre estos dos opuestos lo que ha resultado fructífero para una iconografía muy polimórfica que, entre otras muchas cosas, observa la memoria y el sufrimiento no digerido que se inscribió en el cuerpo de Lumumba y en la historia del Congo.

Eddy Masumbuku, «Malgré l’acide,» (2015), colección . Roland Lumumba

Excepciones notables como «Patrice Lumumba entre Dieu et Diable. Un héros africain dans ses images«, editado por Pierre Halen y János Riesz, y «A Congo Chronicle. Patrice Lumumba en Urban Art«, editado por Bogumil Jewsiewicki, son fundamentales y seminales en mi trabajo sobre la iconografía de Lumumba en lo que respecta a la literatura y la poesía en el primer caso, y a la pintura en el segundo.

Dos preguntas guiaron nuestro trabajo: ¿Qué iconografía surgió alrededor de Lumumba y por qué es tan diversa? Una de las pinturas más llamativas sobre Lumumba es «Les pères de la démocratie et de l’indépendance» de Sam-Ilus (2018). La pintura demuestra tanto la beatificación de Lumumba como la recuperación política de su figura. Demuestra críticamente que las creaciones artísticas de la figura de Lumumba y las escenas en las que se reconfigura no son solo una ventana a la veracidad histórica; más bien, a menudo lo reinventan por razones políticas. En este ejemplo, Patrice Lumumba se alinea con el anti-luminista Etienne Tshisekedi, que siguió a Albert Kalonji en su aventura secesionista en Kasai contra el gobierno central de Lumumba, y que es el padre del actual presidente de la República Democrática del Congo, Félix Tshisekedi. En contraste con la representación más realista de Etienne Tshisekedi (que murió en 2017), Lumumba -que murió casi sesenta años antes- está más abstraído e iconizado. 

En la imagen, Lumumba es la referencia: el modelo al que aspirar. Tshisekedi intenta posar como él e identificarse con él, buscando la legitimación política y la expiación del pecado. Pero mientras Lumumba tiene los dos brazos en alto, Tshisekedi sigue tratando de encontrar el equilibrio adecuado y no está muy seguro de recibir la expiación. Lumumba no parece estar muy contento de que lo hayan metido en este encuentro con su enemigo. La parte superior de su cuerpo, que se aleja ligeramente de su compañero, muestra cierta incomodidad. Lumumba no sólo «parece desconfiado porque Tshisekedi es probablemente cómplice de su muerte», como me explicó el artista Sam-Ilus en una entrevista personal, sino también porque su figura está siendo apropiada y arrastrada a un extravío. Además de la beatificación, la recuperación política y el contraste con la historia, la pintura de Sam-Ilus también ilustra que los significados que se atribuyen a Lumumba dependen de la interacción de diferencias y oposiciones dentro de la construcción. Además, estos significados no son fijos sino diferidos a lo largo de l’hors cadre: las personas que están debajo de Lumumba sosteniendo sus carteles de protesta y también las otras obras de arte del libro, así como las no reproducidas en él, y las que están por venir. La portada funciona así como un posible portal a otras ficciones que desafían en mayor o menor medida lo que Alexie Tcheuyap llama la triple censura infligida a Lumumba: censura contra su persona (su asesinato), contra sus discursos y contra todo intento de constituir un discurso alternativo sobre su existencia.

La respuesta a la primera pregunta -qué iconografía surgió a su alrededor- depende de las diferentes formas de arte, que el libro trata en relación con la historiografía en la primera parte, y que el libro divide en diferentes capítulos en la segunda parte (cine, teatro, fotografía, poesía, cómics, música, pintura y espacio público). A través de las diferentes formas de arte, podemos distinguir una iconografía que ha sido injertada en una tradición judeo-cristiana (como la diabolización o la beatificación) de una tendencia más profana. Sorprendentemente, la figura del chivo expiatorio/mártir con rostro de Jano, la más recurrente entre todas las cosas diferentes e incluso contradictorias que Lumumba representaba, se encuentra en ambas. La respuesta a la segunda pregunta – por qué una iconografía tan diversa – se responderá desde tantos ángulos como autores haya. Sin embargo, cuatro ámbitos interrelacionados siguen siendo recurrentes: el espectral, el poscolonial, el de los mártires y el político.

Al hablar del rico patrimonio iconográfico que nos legó Lumumba y al reflexionar sobre las diferentes formas en que se le recuerda, no sólo respondemos a las dos preguntas que guiaron nuestro trabajo, sino que esperamos contribuir igualmente a este imaginario haciendo más presente su ausencia, aunque sin dejar de lado su legado.

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* Matthias De Groof es investigador postdoctoral afiliado a la Universidad de Amberes.

* Este artículo fue publicado en Africa is a Country. Para leer el original en inglés, clic aquí

* Traducción: Ángela Rodríguez Perea. 

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